QUEMAR LAS NAVES

Convencidos que no podemos

vamos caminando la vida

como en un campo minado,

con el miedo incrustado hasta en los huesos

y apretando talismanes en los puños.

Somos culpables y débiles por decreto,

nuestro destino esta marcado hace rato

y alguien se ocupa de nosotros sin haberlo contratado.

Se ha hecho ley nuestra debilidad

y se han edificado monumentos interminables

para remarcar nuestra pequeñez irremediable.

No confíes en ti mismo.

Confía para arriba,

confía para afuera,

que la muerte asecha en cada paso

y sólo la fe podrá alejarte por un rato;

porque los Dioses saben todo y no son mancos

por eso han escritos numerosos libros al respecto.

No confíes en ti mismo.

Ni lo intentes.

Confía para arriba.

Confía para afuera.

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Quiero sentar, en la punta de mis letras

( y sin otra espada que esta)

una escuela de guerreros de la vida,

donde se aprenda a confiar en uno mismo,

donde se descubra el gigante que todos llevan dentro,

ese,

que no sabe de imposibles y no puedos

el que tiene todo para ser hombre

sin dejar de ser universo,

ese guerrero,

que tiene la inconciencia, la locura y el coraje

de un Alejandro Magno;

ese que desconoce de dioses protectores y gerentes extorsivos,

porque sabe de su grandeza y de sus fuerzas infinitas

ese,

que nunca duda cuando llega el momento preciso

de

quemar las naves.