Septiembre 4, 2008 | Por giselle85 | Claves: libros, novelas | # Enlace permanente
Debo confesar que soy una especie de “lectora rata”, que adoro comprar libros y libros, pero siempre intento conseguirlos a buen precio, por lo cual rara vez leo novedades: o me las regalan, o espero a que bajen de precio. Sin embargo, cuando me prestaron el primer capítulo de “El infinito en la palma de la mano”,
de la nicaragüense Gioconda Belli (una simpática edición promocional que imitaba al libro en miniatura), y lo disfruté tanto, poco tiempo pude resistir sin comprar el libro y poder devorarlo entero. La estrategia de marketing es excelente: me diste un mordisco del dulce, ¡ahora lo quiero todo!
En esta breve y poética novela, la autora describe las peripecias de Adán y Eva. Uno podría pensar ¿qué más se puede decir sobre el mito del primer hombre y de la primera mujer? Sin embargo, Belli se lanzó a la aventura de narrar estos hechos, tal como se lanzó Mark Twain en su momento, y con muchísima sensibilidad, creatividad y una belleza conmovedora, logra describir cada sentimiento, pensamiento y reacción de los únicos seres humanos que no nacieron.
La inocencia y la incertidumbre de esta frágil pareja atraviesan constantemente el relato, desde la primera relación íntima que tímidamente ensayan sin saber ni qué les está sucediendo (digamos, la primera vez que se hizo el amor en el mundo!), en la que ambos descubren sus más tiernas sensaciones y se dejan llevar por lo desconocido y el recién nacido instinto, hasta las dudas sobre la muerte. Me resultó más que interesante la forma de abordar este tema. Es simpático, por ejemplo, que los personajes se crean muertos la primera vez que perciben la oscuridad, cosa que me ha pasado de muy niña. Además, la descripción de este concepto es una de las frases que hasta ahora más me gustó. Eva pregunta a la serpiente, “¿qué sentiré si muero?”, a lo que la maliciosa agente del destino responde: “No sentirás nada. Ese es el problema precisamente. Nunca más sentirás nada. La muerte es de una simplicidad terrible“.
No quiero escribir mucho más porque recién leí poco menos de la mitad del libro, pero prometo un comentario más exhaustivo al terminarlo. Mientras tanto, lo recomiendo, ¡es exquisito!
Marzo 4, 2008 | Por giselle85 | Claves: autores, autores argentinos, libros, literatura | # Enlace permanente
A la magia que, de por sí, posee el barrio de Flores, Alejandro Dolina le suma sus propias leyendas. Nadie cree en los fantasmas, pero que los hay, los hay…
El barrio es, para muchos, ese espacio donde simplemente vivimos, pero para otros, para los más románticos, es ese espacio que es parte del corazón, que entre sus calles encierra a los amigos, los primeros amores, los éxitos y frustraciones.
Así concibe Alejandro Dolina al barrio de Flores. Y si algo no falta en sus escritos, es la magia, la mística, además de los personajes melancólicos y entrañables. Los hombres que él coloca en el barrio de Flores son tristes e interesantes, tiernos y con una cuota de eterna búsqueda, de intentos fallidos que llevan a otros intentos. El poeta Jorge Allen, siempre enamorado de una mujer imposible o de un viejo amor, el escritor Manuel Mandeb, autor de una interminable lista de obras sobre trivialidades, el ruso Salzman, perdido en las garras del juego, o el músico Ives Castagnino, rodeado de melodías que dejó inconclusas…
En las calles de Flores, para Dolina, se encierran innumerables misterios, y estrafalarios personajes, como la mujer de la calle Aranguren que, por su belleza, muchos sospechan que es el mismísimo Diablo, o el contestador de reportajes, un hombre que dedicó su vida a ser un entrevistado profesional, aunque sin haber hecho nada importante.
Pero la estrella del barrio de Flores, el verdadero personaje principal de sus relatos, es el Ángel Gris. Él es el ángel del barrio de Flores, si es que cada barrio tiene su propio ángel. Los “Refutadores de Leyendas”, esos mismos que de niños se empecinaban en contarle a sus compañeros de escuela que Papá Noel no existía, prefieren no creer en él, aunque los “Cronistas soñadores” aseguran que el fantasma es real, tan real como la geografía del barrio al que Dolina homenajea.
Y hablando de esa geografía, según el “Atlas Secreto de Flores”, en alguna de las plazas del barrio hay un jacarandá que silva canciones. Cerca de la vía del tren, se encuentra el Corredor del olvido, que muchos dicen útil a la hora de olvidar tormentosas penas, aunque Manuel Mandeb halla intentado usarlo para olvidarse de uno de sus tantos amores, y lo único que consiguió fue olvidar la identidad de la señorita que amaba, pero la pena siguió intacta. También en la calle Pedernera, los geógrafos describen un almacén que vende objetos perdidos, donde uno puede recuperar, por ejemplo, su propia muñeca de la infancia…
Muchos misterios encierra el barrio de Flores, aún sin imaginar estas mágicas situaciones, y muchos más si queremos creer en las leyendas que con maestría nos relata Alejandro Dolina. Además, leer sus libros siendo vecino de Flores, es una experiencia mágica, que no es igual para quien desconoce dónde queda la calle Aranguren. Es maravilloso tomar algo de la inocencia de los “Cronistas soñadores”, e imaginar que, quizás, el diablo vive a cinco cuadras de nuestra propia casa, envuelto en el cuerpo de una hermosa mujer.
Para seguir en tema…
- Página oficial de Alejandro Dolina
- Cuentos de Alejandro Dolina
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