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De La Liga y la cuarta y de Estudiantes y la tercera

En un partido en el que el gol no se hizo presente, Liga Deportiva Universitaria de Quito se alzó con la Recopa Sudamericana, reteniendo así el título.

Es la cuarta presea que consigue tras la obtención de la Copa Libertadores de América en 2008 y la Sudamericana 2009.

El equipo de Bauza juega y aunque no golea, gusta. Y se afianza y lo demuestra con títulos.

Estudiantes gusta pero no logra ganar el partido decisivo y así, es la tercera corono que se le niega: frente a Inter de Brasil, Barcelona y en la noche de ayer.

Sin embargo, en todas las ocasiones estuvo cerca de coronarse jugando en equipo y buscando el triunfo. Se le escapó frente a Barcelona y frente a los ecuatorianos, no pudo quebrar el cero y vencer al arquero.

Sin trofeos, Estudiantes se mantiene en el fútbol internacional. Otros equipos, en cambio, hace años que no disputan este tipo de finales (incluso de torneos).

Y así, el Patón volvió a demostrar que querer es poder. Ya que logró la confianza en el equipo y la consolidación que le permite seguir jugando y ser parte de las grandes ligas.

El extraño encanto del fútbol

Se habla mucho de Boca y River, “los grandes” del fútbol argentino, pero se habla desde afuera. Porque en la cancha, poco dicen sobre todo, los xeneizes.

River está queriendo ser River nuevamente, escapándole a la sombre del descenso y la tabla del promedio. Pero en el querer ser, en esa desesperación tiene baches de grandes y momentos de fortuna. Como el gol al minuto noventa convertido en la primera fecha o el gol evitado sobre la hora. Y ese envión anímico le viene bien, y en los números –hasta ayer- era puntero. Y su rival, Boca, no puede despegar. Prometía mucho con varios cambios pero aun no concreta. Y pierde, no suma. Porque los jugadores no se convencen del planteo, porque esa fortuna que tiene River, a Boca no le toca (como el blooper de Clemente Rodríguez frente a Racing) porque no está encontrando la vuelta.

Van sólo cinco fechas para tanto análisis, es cierto. Pero en esos cinco partidos, equipos como Vélez, Estudiantes y Godoy Cruz dan clase sobre fútbol. Saben que se juega en equipo. Que se va para adelante, con juego asociado y sobre todo, con trabajo y formación.

Porque si en cada torneo que empieza los nombres cambiarán casi completamente, cuesta obtener resultados a corto plazo. Y ahí, es cuando llueven las críticas, reina la impaciencia y todo esfuerzo parece poco.

Se ensalza lo negativo y no se repara en lo positivo: Vélez tiene buen fútbol. Estudiantes es un equipo y Godoy Cruz, así de menos a más, demuestra que querer es poder.

Se sabe de la condición de impredecible que tiene el futbol. Pero también se sabe, que a esa condición hay que ayudarla. Con trabajo y dedicación, como lo hacen en Liniers, como lo demuestra el Tomba.

El fútbol es lindo porque vira, cambia, porque de nada sirve ser el mejor o tener historia si cualquiera le puede hacer frente y frustrar la estadística. Por eso se criticaba a Vélez por dos caídas, y se ensalzaba a River. Y hoy, es a la inversa. Cambia todo cambia.

Y lo lindo del fútbol, ese extraño encanto que tiene, es que siempre hay revancha.

De aymar y las emociones, o la garra misma

El deporte ennoblece, imparte valores, genera un sinfín de sensaciones y sentimientos que se entremezclan y yuxtaponen a lo largo de lo que dura no sólo un campeonato si no un partido (o un tiempo de ese partido). Y vaya, si el hincha lo sabe. Que sufre, grita, celebra, se queja, llora y ríe todo casi en la misma -y con la misma- jugada.

Y no solamente el hincha sabe de esto. Los deportistas mismos, también, esos actores principales son los que los generan. Y lo sabe Luciana Aymar. Esa deportista increíble. Tan grande como todos las veces que fue coronada y reconocida como la mejor del mundo. Y lo es en un deporte conocido en el país a nivel selección por ella y sus compañeras Leonas. Por esas que saben de sufrimientos y alegrías. Que tienen en claro lo que es la garra, la unión y pasión. Y que no desconocen que toda esa movilización de Rosario 2010 la generan ellas y la tienen bien ganada no sólo por “jogo bonito” si no por sacrificio y perseverancia. Por aprender a domarse, entendiendo a la perfección eso de que para ganar, no basta con la suerte y un gol mal cobrado por algún árbitro si no que hay que superarse y superar al rival -al mejor de todos- en un campo de juego, jugando bien. Y eso es lo que consiguieron en Perth 2002 frente a Australia (por entonces el mejor) y lo que consiguieron en la última edición del Champios Trophy y por lo que luchan en estos días en la agitada ciudad de Rosario.

Como contra Sudáfrica, convirtiendo tres goles. Como en el segundo encuentro, apilando rivales para que su compañera marque. Como hace tanto tiempo, Luciana Aymar, nos hará vibrar frente a España. Para ir por más, para continuar por la buena senda, para seguir entregando emociones.

Porque si la vida es una sucesión de hechos impensados, en los 70 minutos de partido se vive más de una vida. Y esos hechos impensados, son los que le dan esa cualidad de “lindo” al deporte, por emocionante y poco racional a la hora de los resultados. Mostrando que no siempre gana el mejor juega y más cotiza, si no el que más garra tiene. Y, por fortuna para nosotros, a Las Leonas, le sobran.

Racing, o como las apariencias engañan

Hablamos de lo guerrero que son los hinchas de Racing, de su estoicidad frente a la adversidad que le tocó vivir al club en esta campaña –no sólo la mala racha deportiva sino también los problemas institucionales-.

Ellos alientan, ellos apoyan, ellos sufren. Porque Racing todo es sufrido. Parecía que se quedaba con una victoria en Córdoba que sería por la mínima diferencia pero que por lo realizado en el campo de juego debía haber sido, al menos, por un gol más. Parecía que una sonrisa se le dibujaría tras tantos desencantos. Parecía.

Pero como reza el dicho, las apariencias engañan, y lo que era victoria de La Academia, se transformó en un empate que dejó sonrientes (aunque no satisfechos) a los Piratas.

El próximo domingo se define la Promoción, ¿serán los últimos 90 minutos de Racing en Primera en este 2008? ¿Dejará de sufrir y se abrirá un camino de esperanza de cara al Apertura 2009 en la Primera División? Parecería que sí. Pero las malditas apariencias, suelen jugar una mala pasada.

¿Festejar la propia gloria o la derrota del rival?

Se lo considera normal pero no lo es. Se lo mide con las misma vara que se lo hacía hace tiempo, pero no corresponde. Esta vez, con este presente, no está bien ponerlo en el mismo escalafón que hace un tiempo atrás.

Lamentablemente, no se puede ni se debe. Porque hoy por hoy, la verborragia de muchos alimenta la euforia desenfrenada de otros, para mal. Porque se habla, se escribe, se dice demasiado. Y eso, en este fútbol producto de la actualidad se cobra un alto precio sobre la mala fortuna de los otros. Los que no triunfan como mi equipo, o los que hacen una campaña peor que la nuestra. Más que alegrarse por los propios triunfos, se disfrutan más las derrotas ajenas. El dolor ajeno, su desgracia.

Sí, esto está alimentado por varias manos: periodismo, dirigentes. Pero dejemos de señalar y comencemos desde nuestro propio rincón. Aprendamos a gozar de los propios buenos momentos y dediquemonos a nosotros las alegrías, compartamosla. Que no todo se centre en la caída del rival, porque si él cae en parte también caemos nosotros. Porque sin rival, no hay partido.

El link es de una nota del periodista Ariel Scher para la edición del día del diario Clarín que aclara aún más el concepto expresado anteriormente.

http://www.clarin.com/diario/2008/06/12/deportes/d-07010.htm

River campeón, o las peripecias del fútbol mismo

La gráfica tiene el encanto de poder grabar y perpetuar sus palabras en la hoja, en el papel, para quedar por siempre. Eso puede ser muy favorable, como comprometedor. Resulta ser que, hoy en día, del fútbol se habla y mucho. Tanto, que por momentos cansa. Y agota porque los temas mismos se agotan y entonces, comienzan las suposiciones, las conclusiones tempranas, las conjeturas. Y es ahí, cuando la gráfica juega en contra.


Lo que se dijo ayer ya cambió rotundamente. Lo que se sostenía hace tres horas ya no es cierto. ¿Los motivos? Simples. Tanto como el deporte mismo. El fútbol cambia, los resultados afectan mucho al desarrollo del torneo y eso, queda a la vista en este Torneo Clausura 2008 que tiene como campeón –a una fecha de culminar- al River de Diego Pablo Simeone. El mismo al que se le puso en duda el puesto, por los resultados, por la eliminación de la Copa. A un Oscar Ahumada que pasó del barro al oro en segundos. A un fútbol que es tan pasional que se permite estas licencias. Para bien o para mal. Pero que también tiene una previa que lejos de ser pasional es carnal. Tanto que, muchas –muchísimas y excesivas veces- incide en el juego mismo.

Peripecias y malabares de este, nuestro fútbol argentino que, hoy, tiene a River campeón.

Que sube, que baja, que no sé que pasa

Cuando hay pasión, sentimiento, dinero y dignidad en juego es difícil que no se salga lastimado. Es un cocktail peligroso teniendo en cuenta el espectáculo mediático y marketinero que se crea y recrea alrededor de este popular e impredecible deporte. Sí, el fútbol.

Parece ser que hoy Ramón Ángel Díaz es el peor enemigo de San Lorenzo. La más oscura de las incorporaciones que realizó el club. Sin embargo, y hasta el partido ganado ante River Plate por la Copa Libertadores de América, el técnico seguí siendo “San Ramón”. Aquel “santo” al que los cuervos le rezaban y agradecían por la obtención del campeonato local. Ni santo ni demonio. Una persona más, expuesta en este “fútbol espectáculo” de nuestro país. Lástima que ese concepto no sea el mismo de años atrás, cuando lo que se mostraba era un buen juego. Hoy por hoy, el show está en los medios. Y, muchas veces, alimenta la relación amor-odio que nace de esa yuxtaposición de pasión, dinero, gloria y dignidad.

Así como la gloria misma, el aprecio hacia un director técnico o un jugador es efímero, frío y calculador. Está signado solamente, parece ser, por los resultados. Todos queremos ganar. Pero aflojemos un poco. ¿Cuántos partidos hay de tolerancia para un DT? Cada vez menos, cada vez menos.

¡¿Riquelme está cagado?!

El enganche del club de la ribera sufre un cuadro de gastroenterocolitis que lo aqueja desde el fin de semana, motivo por el cual, ayer, no estuvo presente en la práctica en Casa Amarilla.

Por su estado, necesita reposo entre 24 y 48 horas. Si los síntomas desaparecen, Riquelme mañana estará presente en el estadio Maracaná desde el inicio del encuentro ante Fluminense.

Boca lo necesita. Boca sufre por su creador de juego. Boca sabe que, en la Libertadores 2007, Román fue el estandarte del equipo. Boca lo sabe y él también. Pero no puede ser que por esta presión Riquelme esté cagado. No, claro que no. Esta vez, su cuerpo le jugó una mala pasada.

Por el bien de los xeneizes y del espectáculo de mañana, se espera que Román se recupere y esté en la cancha para buscar el pase a la anhelada final del certamen.

Querer, poder y deber…

Cuando se quiere, se puede. Querer es poder. Pero a este Boca de Ischia, en esta edición de la Copa Libertadores de América, a su afán de querer para poder disputar la tan ansiada final del certamen se le adhiere casi como en un combo que viene desde hace años, el deber. La gran mayoría concuerda en que “debe ganar la Copa” por su historia, por su gente y, claro está, porque es el defensor del título.

Entonces, Boca no sólo puede volver a tener esta presea en sus vitrinas, sino que quiere y debe. No está lejos, para nada. Al contrario, está bien cerca de conseguirlo. A noventa minutos, más exactamente. Pero enfrenta al Fluminense en el Maracaná. Ni más ni menos.

Lo de anoche pudo ser victoria abultada para Boca (al menos 3-1) pero las peripecias del fútbol –sumado a la mala fortuna y el mal cálculo de Migliore- dejaron el resultado empatado en dos.

Boca debe. Boca quiere. Boca puede. Boca busca y no espera ni desespera. Va por más. Tiene revancha y tendrá que aprovechar las oportunidades que no supo concretar en el partido de ida. Tal vez ahora, la suerte se da vuelta y le juega una buena pasada. Méritos hizo ayer para salir victorioso pero no se dio. Boca puede y quiere. Lo refleja el equipo y la garra de Palermo, Riquelme, Battaglia –entre otros- que juegan como si nunca hubieran alzado una Copa. Y vaya, si entienden de qué se trata. Eso refleja Boca. La síntesis entre querer, poder y deber.

San Martín, el grande

La dulce miel del éxito. El poder de la conquista. La gloria. El goce del deber cumplido. La satisfacción de lograr un objetivo. Y vaya, si realizó méritos para estar en la cima. En tiempos de bonanza, San Martín de Tucumán, continuó fiel a su estilo y logró –por tercera vez en su historia- ascender a Primera. Sí, el santo es grande.

Y entre otras cosas, por su gente, claro está. Esa que con la misma pasión cuando los tiempos no son tan benévolos alienta y se apiña en ese estadio que pronto, comenzará a refaccionarse para estar a la altura de las circunstancias. También, San Martín de Tucumán demuestra su grandeza a lo largo de su historia porque fueron muchas las adversidades que debieron sortear pero también inconmensurables las alegrías: como el lujo de golear a Boca por 6-1 en la Bombonera allá por el año 1988.

Fue hace tiempo sí, pero son esas pequeñas grandes conquistas que tiene el fútbol y que quedan marcadas a fuego en el corazón de propios y la memoria de ajenos. Como quedará esta huella imborrable, la del ascenso. Fue con un empate y sin su gente en la cancha (por la resolución tomada a causa de la violencia) pero fue tres fechas antes de concluir el campeonato. Fue delirio, fiesta y emoción en La Paternal con los jugadores, el cuerpo técnico y la hinchada de Chacarita (son amigas con la del santo). Fue locura en Tucumán (menos para los de Atlético que también están haciendo una gran campaña): en el estadio, en la plaza Independencia los hinchas celebraron esta gloriosa página que comienza a escribirse. Y así, tras 15 años de ausencia, San Martín, vuelve. Todo un grande.


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