Taio sigue buscando Historias de vida, historias que llegan al corazón, en este caso Graciela nos da un ejemplo con sus 55 años por que la lucha día a día para llevar el dieron suficiente para darle de comer a sus 9 hijos en la provincia de Buenos Aires.
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viaja todos los días levantándose a las 6 de la mañana recaudando alrededor de 150 pesos por día, un gran ejemplo para todos nosotros que muchas NO TENEMOS GANAS NI DE IR A TRABAJAR, SENTADOS FRENTE A UNA COMPU O EN UN LOCAL DONDE NO NOS MOJAMOS NI CORREMOS RIESGOS COMO LOS QUE CORRE GRACIELA, una mujer con TODAS LAS LETRAS que podría ser tu abuela o la mía. Historias Argentinas, Historias reales, la verdadera Argentina está a la vuelta de la esquina.
Fue una hermosa experiencia, algunas peronas no querian saber nada-especialmente la gente grande- algunos asombrados preguntaban qué era y lo aceptaban, un poco de todo en un ambiente muy diverso.
Alli estuvo Cristian Taio Medina entregando los mismos acompañado en la produccion y filamcion por Sebastian Vercelli.
Seguiremos durante todo el verano lllevando adelante activiadades relacionadas a llevar la informacion a toda la comunidad.
Radio Lusida www.radiolusida.org Haciendo Prevencion
La tasa de mortalidad descendió en Suráfrica ante una disminución del VIH-SIDA y un alza de la esperanza de vida, de acuerdo con datos difundidos hoy por la Oficina Nacional de Estadísticas.
El informe expone los índices de mortalidad y las causas de muerte en esta nación de Africa austral que padece uno de los niveles de infestación por VIH más altos del planeta.
Sin embargo, el empleo de terapias antirretrovirales de última generación ha hecho retroceder a la mortalidad de los seropositivos, la cual registró una escalada a partir de los años 90.
El reporte, abarcador del período 1997-2007, señala, sin embargo, que el año 2004 fue el más crítico, en tanto la esperanza de vida descendió a 42,5 años, como promedio general, y a 41,4 en las mujeres.
Hasta comienzos de los años 90, la esperanza de vida general del país era de 60 años.
Expertos consideran que aunque no se alcanzan esos resultados, ya se aprecia una mejoría en los indicadores e incluso el sida pasó a ocupar el noveno lugar entre las causas de las defunciones.
Organizaciones humanitarias alertaron durante esta semana sobre las nefastas consecuencias que podrían derivarse de la congelación de los fondos internacionales destinados a los tratamientos con antirretrovirales en Africa y otras regiones pobres del planeta.
Aunque en el caso de Suráfrica el gobierno destina recursos a la lucha contra el sida, también se beneficia de las donaciones internacionales, actualmente en riesgo de terminar.
(Reuters) – La disminución en el financiamiento brindado por donantes para la lucha contra el VIH/sida podría tener consecuencias catastróficas para millones de personas que necesitan tratamiento, así como revertir los progresos logrados hasta el momento, dijo el jueves Médicos Sin Fronteras (MSF).
Alrededor de 33 millones de personas en todo el mundo son VIH positivo. En su mayoría, se trata de habitantes de países en desarrollo que dependen de la ayuda de donantes para minimizar las infecciones y tratar la enfermedad.
A continuación se presentan algunos hechos sobre el sida:
* Africa subsahariana sigue siendo la región más afectada por el VIH. Representó dos tercios de todas las infecciones y el 75 por ciento de las muertes por sida en el 2007.
* Las muertes globales por sida alcanzaron alrededor de 2 millones en el 2007, por debajo de los 2,1 millones del 2006. Desde que la pandemia del sida se inició a comienzos de los 80, más de 25 millones de personas han fallecido como consecuencia de la infección.
* La cantidad anual de nuevas infecciones se redujo a 2,7 millones de personas en el 2007, desde 3 millones en el 2001.
* Unos 33 millones de personas tenían infecciones con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en el 2007, en su mayoría en Africa, según el informe del 2008 de Naciones Unidas sobre la epidemia de sida.
* Alrededor de 1,9 millones de personas se infectaron con VIH en el 2007 en Africa subsahariana, lo que eleva a 22 millones el número de africanos que vive con el virus.
* Más de la mitad de los 9,5 millones de personas que requieren fármacos para combatir el sida no los recibe, según indicó un reporte de Naciones Unidas a fines de septiembre.
* En Sudáfrica, unos 5,7 millones de habitantes viven con VIH y unos 350.000 murieron de sida.
Fuentes: Reuters/ONUSIDA
(Por David Cutler; London Editorial Reference Unit; Editada en español por Ana Laura Mitidieri)
Suministrar breves choques eléctricos durante la inyección podría ayudar al cuerpo a responder mejor a algunas clases de vacunas experimentales contra el sida, según indicaron el jueves investigadores estadounidenses.
Los expertos emplearon un dispositivo similar a una pistola para inyectar la vacuna acompañada de tres breves pulsos eléctricos para abrir las membranas de las células de modo que la vacuna pueda penetrar.
Sandhya Vasan, del Centro de Investigación del Sida Aaron Diamond en Nueva York, señaló que la técnica, llamada electroporación, puede ser especialmente útil al suministrar vacunas de ADN, que utilizan un agente infeccioso con material genético para provocar una respuesta inmunológica.
“Con un breve pulso de electricidad, nuestra membrana celular se abre temporalmente y permite que entre mucho más ADN. La razón por la que las vacunas de ADN por sí solas no despiertan una potente respuesta inmunológica es porque la mayor parte de ello (el ADN) no entra en nuestras células”, explicó Vasan a Reuters en una entrevista.
En su estudio, Vasan y sus colegas utilizaron una vacuna experimental de ADN relativamente débil, diseñada en 2001 con cuatro genes de una cepa del virus de sida que circula por China.
Cuando la vacuna se administró sólo con inyección, apenas el 25 por ciento de los participantes desarrollaron una respuesta inmune. Pero en su último ensayo entre 2007 y 2009, cuando la misma vacuna se administró utilizando electroporación, la respuesta inmune parecía mucho más fuerte, dijo Vasan a una reunión de investigadores de este campo en París.
“Mejoramos la tasa de respuesta, mejoramos la duración de la respuesta y también mejoramos la amplitud de la respuesta. Había cuatro genes diferentes del virus, para la dosis más alta, la gente respondía a 3 o incluso 4 de los genes”, afirmó.
En el estudio participaron 40 personas divididas en cinco grupos de ocho. Tres grupos recibieron la vacuna en distintas dosis con el pulso eléctrico. El cuarto grupo recibió placebos con electricidad, mientras que el quinto recibió la dosis más alta con una inyección convencional.
Los resultados mostraron después que estos últimos no habían presentado respuesta inmune, mientras que tres de los ocho que recibieron la dosis más baja de inmunización con electricidad sí la tuvieron, y todos los vacunados con la dosis más alta y la electricidad tuvieron respuesta inmune. “Esta es la primera prueba clínica de electroporación en voluntarios sanos para una vacuna preventiva. Puede aplicarse a muchas enfermedades, muchas vacunas, no sólo para el VIH”.
Ahora, su grupo tiene previsto pasar a la segunda fase de la prueba suministrando otra vacuna de ADN más fuerte a través de electroporación.
Los investigadores están luchando para desarrollar una vacuna contra el sida que pueda proteger a la gente de infectarse del incurable VIH. Aunque hay decenas en investigación, sólo una ha mostrado alguna eficacia y los expertos no están seguros de lo fuerte que es su efecto.
Con frecuencia, los pacientes desarrollan alguna clase de respuesta inmune a las vacunas de VIH, pero esto no implica que estén protegidos, y los científicos no han descubierto por qué.
Al bajar temprano por la mañana de las alturas de Pétion Ville, donde aún sobreviven restos de verdura en este país de montes y sabanas desnudas de toda vegetación, entramos en el caos de la ruta de Delmas que desciende hacia la planicie de Puerto Príncipe, mientras arriba, adheridos a los cerros, ascienden los cubos blancos de las casas que se apiñan sin concierto desafiando el abismo.
Una ruta sin andenes donde los muros de las casas sirven de escaparates a los comerciantes callejeros, y vigilada a trechos por los carros blindados de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (Minustah), que desde el año 2004 tiene estacionados en Haití 9.000 soldados y 2.000 policías de una fuerza internacional. En una pared, en letras precarias que ya se borran, se lee “Vive Titi”, el nombre con que el pueblo bautizó al sacerdote salesiano Jean-Bertrand Aristide, dos veces presidente, y dos veces depuesto, exiliado ahora en Suráfrica, y quien surge en todas las conversaciones como un fantasma impenitente.
Las tap tap, como se llama a los coloridos vehículos de transporte colectivo, desesperan por abrirse paso entre el tráfico, cargadas de pasajeros hasta los topes. Son autobuses y camionetas pick-up, mezcla de carrusel y carroza fúnebre, que llevan inscritas encima del parabrisas invocaciones a la piedad, a la resignación y a la fe ciega en la divinidad, mientras las ventanillas muestran las más diversas formas gracias a sus molduras flamígeras: escudos de armas o chapas de policía, o redondas u ovaladas como espejos, y sus costados estallan en un entramado de arabescos y flores carnívoras.
parvadas de escolares con sus mochilas a la espalda se mezclan en la barahúnda, nítidamente vestidos en sus uniformes de dos tonos, las niñas peinadas con múltiples lazos, y son como una aparición benéfica que se repite aún en la medida que entramos en la cruda miseria sin fondo de las calles de Puerto Príncipe. Maurice, el chófer que nos lleva en la camioneta blanca de Médicos sin Fronteras (MSF) que también sirve de ambulancia, señala con alborozo la puerta por donde ha desaparecido un grupo de esos niños, y dice con una sonrisa plena de orgullo: “Mi hija”.
Paga 1.200 gourdes al mes por su educación, unos 25 euros, lo que se lleva buena parte de su salario. Hay centenares de escuelas privadas en manos de laicos, órdenes religiosas e iglesias protestantes, que se alojan en los lugares más insólitos y se anuncian bajo nombres pomposos, por precarias que sean sus instalaciones, y que atienden al 90% de los niños que pueden ir a la escuela, la mitad de la población en edad escolar.
El escritor Lionel Trouillot me dirá luego que, igual que Maurice, miles de padres de familia invierten en la educación de sus hijos como la única luz que ven en el túnel de la miseria. Serían capaces de matar por ello. Pero para la gente que vive con menos de un dólar al día ?que es el 60%? se vuelve imposible pagar la escolarización que cobra el Estado en las escuelas públicas, aunque se trate de una cantidad simbólica; y aun así, en el campo hay niños que caminan dos horas, sin desayunar, para llegar a las aulas. Otros, menos afortunados, terminarán como restaveks(reste avec) en Puerto Príncipe, entregados como siervos a familias no precisamente ricas, igual que en tiempos coloniales, para desempeñar las más duras tareas domésticas, sin paga, y durmiendo en el suelo.
En el inmenso barrio marginal de La Saline, vecino al puerto donde atracan los barcos de cabotaje, he visto esas escuelas públicas de una sola aula, entre las casuchas de láminas herrumbradas que se apiñan al lado de las corrientes de aguas negras y los túmulos de basura. Una de ellas más bien parece una capilla por su frontispicio, con una puerta de reja en arabescos que se creería clausurada si no fuera por el coro de voces de los niños que repiten en su encierro la lección. Otra, a poco trecho de allí, parece más una cárcel, oscura y calurosa, cerrada por un portón que tiene abajo una lámina y arriba una reja; el profesor se desvive, yendo de un lado a otro, para atender a los 80 alumnos de todas las edades que forman la clase. Y hay una tercera que parece un gallinero, cerrada con latas viejas y malla ciclón.
La población paupérrima de Puerto Príncipe suma la inmensa mayoría de sus casi 2,5 millones de habitantes, y sólo los barrios vecinos de Martissant y Carrefour alcanzan medio millón. Gaetan Drossart, un joven sociólogo belga, dirige el proyecto del Centro de Emergencia de Salud de MSF en Martissant. El centro ha sido establecido en lo que fueron en un tiempo las instalaciones adyacentes de un car wash y un night club; ahora, en la pista circular de baile, funciona una sala donde quedan en observación las mujeres recién alumbradas. Además de labores de parto, en el centro se atiende a víctimas de agresiones sexuales y a los heridos con armas de fuego y armas blancas en los constantes pleitos callejeros, no pocos entre pandillas.
En la oficina de Gaetan, por todo adorno, cuelga de una pared el denso plano de los dos barrios vecinos, marcado con banderines rojos en los que están escritas las iniciales de cada uno de los jefes de las pandillas, sin cuyo consentimiento no les sería posible a las ambulancias adentrarse por los callejones. Precisamente, ante la necesidad de atender a las víctimas de los enfrentamientos de las pandillas con las fuerzas de la Minustah, es que el centro fue establecido en el año 2006. Hubo momentos en que se hizo ineludible negociar periodos de alto el fuego para poder sacar a los pacientes en necesidad, mujeres sobre todo.
las pandillas juveniles nacieron como milicias populares, las temidas Chiméres (Quimeras), organizadas como sostenes de poder de Aristide, y después de su segundo derrocamiento, en 2004, mantuvieron acciones armadas para exigir su regreso del exilio, en Martissant y en Cité Soleil, otro de los populosos barrios marginales de Puerto Príncipe. Tras continuos enfrentamientos con las fuerzas de la Minustah han sido severamente golpeadas, y sus jefes han resultado capturados o muertos; de los que quedan, unos siguen fieles a Aristide, pero otros no tienen ninguna identidad ideológica, y son capaces de servir por paga a cualquier partido político, y aun a los narcos.
Salimos con Gaetan a recorrer las calles de Grand Ravin, uno de los numerosos asentamientos que forman Martissant, llevando los chalecos con el emblema de MSF a manera de protección. Antes le he pedido que llame al jefe de las Quimeras de este sector para pedirle una entrevista, pero el muchacho responde negándose, aunque autoriza la visita con la condición de que no se tomen fotografías, y manda apostarse en el trayecto a subalternos suyos que nos saludan con frialdad. Al final sabremos que no concedió la entrevista porque se hallaba escondido, después de haber ordenado matar a balazos, por disputas de poder, a su segundo al mando, el cual sobrevivió.
Gran Ravin toma el nombre de un arroyo del que sólo queda el cauce, ahora un botadero de basura, que es necesario atravesar a saltos por encima de los charcos, mientras al lado mujeres y niños se abastecen con recipientes plásticos del chorro de un tubo roto, o se vierten el agua encima. Arriba, entre la aglomeración precaria de los techos, se alza, como un fantasma en el muladar, el edificio del liceo que Aristide regaló a los jóvenes de Martissant, una obra que aún le paga lealtades entre sus seguidores.
Cabras y cerdos comen entre la basura derramada, los vendedores callejeros anuncian las virtudes de sus medicinas homeopáticas por los megáfonos portátiles, y a cada vuelta de esquina la perspectiva en los callejones es siempre la de centenares de mujeres sentadas pacientemente al lado de sus escasas mercancías. Son las eternas revendeuses o Mesdames Sarah. Sobre sus hombros descansa la responsabilidad de mantener al menos a cinco personas en el hogar, y al mismo tiempo son víctimas de los maridos que las apalean sin piedad, como la mujer con la cabeza partida que recogimos dos días después, de camino a nuestra visita al hospitalSainte-Catherine de Labouré (CHOSCAL), y que entregamos en el servicio de emergencias.
en una economía en la que el comercio informal es un puntal de supervivencia, no importan las charcas bajo sus pies ni los hedores, ni el sol inclemente, ellas venden de todo, oraciones y hierbas medicinales, guisos que cocinan en hornillas de carbón, malanga, casabe, tomates tristes y golpeados, sin faltar las tortas de lodo que ofrecen bajo descoloridos parasoles de colores a un precio de cinco centavos, y que ellas mismas redondean con las manos, agregando sal y margarina al barro antes de cocerlas.
La loa Erzulie Dantó es la madre soltera del panteón de los dioses del vudú que los esclavos negros trajeron consigo del reino de Dahomey, y que se revisten con las vestiduras de los santos católicos. Junto con la lengua creole, mezcla de francés y africano, el vudú es uno de los signos fundamentales de la identidad cultural haitiana. Erzulie, la virgen negra, engañada, golpeada y violada, no deja de ser por eso la fuente de la vida, como deidad que encarna el amor y la belleza.
Cada principio de Cuaresma, durante las celebraciones del carnaval de Mardi Gras, se producen miles de embarazos que parecerían un rito anual de la fertilidad en honor de la loa Erzulie Dantó, fruto del libre desenfreno. Pero resultan más bien de las violaciones callejeras de muchachas adolescentes, muchas casi niñas. Algunas logran abortar, o mueren en el intento, pero la mayoría dan a luz a hijos que nunca quisieron, y para los meses de octubre y diciembre, nueve meses después del carnaval, las salas del hospital de maternidad Solidarité de MSF Holanda se llenan de parturientas.
Es lo que nos cuenta la doctora Wendy Lai, una afable y delicada muchacha canadiense que dirige el hospital, de 65 camas, instalado en un edificio moderno de tres plantas, construido originalmente para oficinas, en un populoso sector de la ruta al aeropuerto. El hospital atiende entre 350 y 400 partos por mes, salvo para el desbordamiento causado por los desmanes de Mardi Gras, o por otras situaciones de emergencia, como la última huelga de médicos y enfermeras del Hospital General, cuando tuvieron que recibir mujeres que daban a luz aun en los baños y en los pasillos, a razón de 80 por día. El índice de muertes por parto es en Haití uno de los más elevados del mundo, 600 por cada 100.000, mientras que en Canadá es apenas de tres.
la clínica de mujeres de msf Bélgica en La Saline, un galerón caluroso donde las mujeres que esperan la consulta se apretujan en bancas de madera enfiladas, como en una iglesia, está a cargo de otra muchacha tan joven como Wendy. Se trata de Irene Abotou, que ha venido a prestar sus servicios desde Costa de Marfil. Todo funciona en la clínica con orden y eficiencia, pese a la pobreza del ambiente, y hay cuartos acondicionados para las evaluaciones de las pacientes, la consulta ginecológica, y una farmacia en un rincón, donde ya están listas en bolsitas de plástico las dosis de hierro y ácido fólico para las embarazadas. También se brinda tratamiento a los varones, parejas de las pacientes, cuando sufren enfermedades venéreas. Después de los cuatro huracanes sucesivos del año pasado ha aumentado la población de La Saline y, por tanto, el número de mujeres que demandan consulta.
Las clínicas de MSF atienden de manera gratuita, pero igual que en el caso de la educación, el 90% de los servicios de asistencia médica en Haití se haya en manos privadas, y hay clínicas de todo tamaño y de todo precio. Existen más cirujanos haitianos en Montreal que en Puerto Príncipe, y los pudientes viajan a Miami a examinarse con los especialistas que han emigrado hacia allá.
Las tropas de la Minustah temían hasta hace poco entrar a Cité Soleil, que se llamó primero Cité Simone Duvalier, en honor a la esposa del dictador. Ahora hay un nuevo cuartel de la policía nacional que se alza imponente como para demostrar que la autoridad empieza a tomar cuerpo. La justicia, sin embargo, no goza de esa misma majestad de presencia. El alojamiento de un Tribunal de la Paix, que divisamos al pasar, semeja más bien la capilla de un cementerio, con su capitel de columnas estriadas en el frontis, coronado por el lema “Justicia para todos”, y un carnero y un león pintados de cualquier manera a cada lado, como por la mano de un artista naïf.
El cineasta Arnold Antonin dice que Puerto Príncipe fue hasta la llegada al poder de Papa Doc Duvalier, una hermosa capital de poca población, paseos y avenidas e imponentes edificios públicos, visitada por celebridades de Hollywood de las que quedan las fotos en los bares de los viejos hoteles de glamour perdido, como el Ibo Lele de las alturas de Pétion Ville, donde nos alojamos.
el continuo éxodo rural ante la creciente pobreza en el campo hizo que la ciudad empezara a crecer desmesuradamente, y que al mismo tiempo se lumpenizara. Luego, la deforestación, los huracanes, las maquilas, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que acabó con lo que quedaba de agricultura, han multiplicado los desplazamientos.
Aquí, como en La Saline, o en Martissant, lo que impresiona, más que la miseria misma, es la convivencia con la miseria, la normalidad con la que la gente aparenta vivir entre las montañas de basura que se va aposentando mes tras mes, año tras año, y que nadie pareciera preocuparse de recoger, las marismas rebosantes de desechos, la vida cotidiana al lado de las corrientes de aguas negras, la falta absoluta de letrinas que vuelve algo natural defecar en los pantanos que luego bate la marea.
Cuando caminamos por los callejones de Cité Brother, un asentamiento junto a la playa que pertenece a Cité Soleil, esa convivencia entre miseria y desidia resulta perfecta. Parece que sus habitantes se han olvidado de la basura, del detritus, de los agujeros en que viven, y que el Gobierno, cuya presencia parece siempre invisible, se ha olvidado para siempre de ellos, o ha desistido de acordarse. En medio del paisaje se alza una construcción de cemento armado nunca terminada, con balcones en el segundo piso y una escalera, que parece la idea loca de alguien que quiso hacerse una casa sobre el lodazal pestilente de la playa, hasta donde entran las aguas en pleamar. Pero se trata de lo que se planeó alguna vez como una elegante letrina comunal.
“Sólo vienen a ver la mierda”, dice un muchacho con cara hostil cuando pasamos, recordando quizá otras visitas de extranjeros a estos parajes del olvido. Los vecinos se alborotan, nos siguen por trechos. Nos siguen los niños. Los varoncitos van desnudos, las nalgas al aire, cubiertos con camisetas y camisones viejos, sin botones, a veces sólo harapos. Uno lleva un gabán rojo, como un príncipe de los mendigos. Juegan, discuten, hablan alrededor de nosotros, quieren que les tomemos fotos, y ríen como locos y hacen cabriolas cuando se ven en el monitor de la cámara.
graham greene recuerda en Los Comediantes, su novela de 1966, que las vueltas de la frontera entre Haití y la República Dominicana estaban marcadas por el contraste entre las rocas desnudas de un lado, y la frondosidad de los árboles del otro. Grises montañas erosionadas de la pobre tierra seca de Haití frente a la que parecía detenerse el verdor, como ante un mal conjuro; pero este paisaje contrastado no viene a ser tan el mismo más de cuarenta años después, porque el bosque dominicano ha sufrido no poca merma desde entonces, asolado también por la deforestación inclemente. Pero del lado de Haití, nunca volvió a crecer nada.
Nos acercamos a la frontera por la carretera bordeada de maleza que lleva desde Puerto Príncipe a Malpasse, y que cuando alcanza las orillas del lago Saumâtre, que también se llama Azuei, su ancestral nombre taíno, desaparece a trechos bajo el desborde de sus aguas azufradas. Al otro lado del lago, los promontorios montañosos, despojados del último vestigio de vegetación, se derraman hacia la carretera en cascadas de cascajos blancos, y los viejos camiones de volquete retumban por delante de nosotros en sus viajes de acarreo, sacando piedra y arena de los cerros que parecen sostenerse milagrosamente encima de las grutas excavadas en sus extrañas, como fauces prehistóricas que enseñan sus grandes muelas cariadas.
Ya cerca de Malpasse, nos topamos con el mercado de carbón, un campamento donde se afanan los camiones recogiendo los cargamentos de sacos que traen los barcos de velas renegridas desde la orilla dominicana del lago. El 80% del combustible para cocinar se saca de la leña y el carbón en Haití, y los campesinos echan mano hasta de los matorrales secos para alimentar el fuego, me ha dicho días atrás el ex ministro de Medio Ambiente, Yves André Wainwright. Dos veces ministro, bajo el segundo Gobierno de Aristide, y bajo el primero de René Préval, el actual presidente, nunca encontró apoyo para hacer que se aplicara una nueva Ley de Medio Ambiente, la que sucumbió bajo el peso de las competencias y disputas entre los miembros del Gabinete.
Hemos venido a la frontera en compañía del padre Julín Acosta para ver el mercado que se abre del lado dominicano, a las orillas del lago, los lunes y jueves de cada semana. El padre Julín, al que todos los policías de los retenes y los guardas de ambos bordes conocen y saludan con afecto, tiene su parroquia del lado dominicano, donde dirige la Casa del Caribe, pero también está a cargo de la pastoral de emigrantes haitianos, por lo que tiene que entenderse con dos obispos a la vez, el de Barahona, y el de Puerto Príncipe.
Desde territorio dominicano hay un incesante tráfico de camionetas que acarrean en las toldas grandes bultos de mercancías, y las motocicletas de alquiler llevan en ancas a los pasajeros cargados con sus compras, mientras los viandantes hormiguean entre los puestos del mercado que se extienden por más de un kilómetro, otra vez en manos de las revendeuses instaladas en las tierras fangosas a la orilla del agua, en la que baten contra la orilla, hasta perderse de vista, envases plásticos y de cartón y los desperdicios de las cocinas.
El mercado fronterizo se inició cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) impuso un embargo comercial a la dictadura de Raoul Cedrás, que asumió el poder tras el primer golpe de Estado contra Aristide en 1991. En Jimaní, el poblado dominicano más cercano a la frontera, visitamos en su casa a Soledad, una dirigente sindical del magisterio que forma parte de la red de apoyo a los inmigrantes haitianos. Dice que el mercado fronterizo representa unos 600 millones de dólares al año, casi todo mercancías dominicanas, como hemos podido ver, pues desde el otro lado es poco lo que se puede exportar, salvo donaciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) que pasan de contrabando gracias al “macuteo”, las mordidas con que las autoridades de frontera sacan su propia tajada en el comercio.
Los haitianos que viven en Jimaní y se dedican al comercio fronterizo son gente pacífica y trabajadora, afirma Soledad, contrario a la mala fama de vagos y pendencieros con que han sido marcados en la República Dominicana. Contratados como braceros que entraban por miles para el tiempo de la zafra azucarera, los haitianos fueron siempre víctimas de la discriminación, y más. En 1937, el Generalísimo Trujillo, tan sanguinario como Duvalier lo fue en Haití, ordenó una masacre en la que perecieron más de 20.000, lanzados a las aguas fronterizas del río Masacre, que ya se llamaba así desde antes.
La frontera es abierta y porosa, y las constantes deportaciones sólo hacen que los deportados regresen días después, aunque ya no principalmente como braceros, porque hay menos plantaciones de caña y el corte está siendo mecanizado. Pero las dificultades siguen sin resolverse. Los niños de doble condición no pueden ser inscritos en el Registro Civil dominicano y quedan en tierra de nadie, como ha ocurrido recientemente con una pareja de siameses, todo un símbolo del drama. La madre, que es haitiana, no puede documentarse, y los niños no tienen derecho a atención médica de parte de la seguridad social, aunque el padre sea dominicano. Un médico hizo de manera voluntaria la operación de separarlos, pero aún quedan cirugías complementarias pendientes para que puedan sobrevivir.
la gran pregunta acerca del futuro de Haití es qué pasará al retirarse la Minustah, lo cual está previsto para cuando sea electo el sucesor de Préval en 2011. A quien se lo he planteado, cualquiera que sea su manera de pensar, responde que sin la presencia de las tropas multinacionales, la anarquía y los enfrentamientos armados volverían a explotar de inmediato.
El Estado no parece capaz de hacer frente a la seguridad nacional, ni a la educación, ni a la salud. La corrupción rampante, el sistema judicial en ruinas, las cárceles tenebrosas, son asignaturas pendientes. Tampoco puede hacerse cargo de enfrentar la deforestación y la erosión, ni organizar las emergencias frente a los desastres en un país expuesto a la furia de los huracanes. Un país con muletas.
Uno de los avances en la estabilidad del país ha sido la disminución en el número de secuestros, que creció en 2007 hasta un promedio de 40 por mes. Se habían convertido en un arma política para desestabilizar el Gobierno, pero luego pasaron a ser una industria económica a todos los niveles, pues eran plagiadas hasta personas de recursos modestos, a veces por sus mismos familiares, para obligarles a compartir las remesas enviadas por sus parientes desde Canadá y Estados Unidos. “El secuestro es una contradicción en un país que nació de la lucha contra la esclavitud”, dice Arnold Antonin.
El otro asunto que conspira cada vez más contra la estabilidad es el narcotráfico, desde luego que la posición geográfica de Haití resulta privilegiada para el trasiego de droga hacia la Florida y Puerto Rico. En 2004, el presidente del Senado y el jefe de la policía eran parte de los carteles.
El poeta Jorge Castera reconoce que hay una conquista esencial, la libertad de palabra. Ahora, cualquiera puede insultar al presidente por la radio, sin peligro de ir a dar con sus huesos en la cárcel. “Antes sólo había tres meses de libertad, entre que caía un presidente y venían las nuevas elecciones”, dice Castera. Y Sussy Castor piensa que, por muchas que sean las debilidades institucionales, también se ha avanzado en lo político. El Parlamento, pese a sus trabas y debilidades, juega un papel de equilibrio, porque antes sólo debía decir que sí al presidente.
El jefe de la Minustah, Hédi Annabi, con quien he hablado largo tiempo en su despacho del último piso del hotel Christophe, se duele de que los avances logrados hasta el año 2007 hayan sufrido un retroceso dramático bajo los efectos de la crisis financiera mundial, los últimos huracanes en serie y la inestabilidad política. Cuando le pregunto si no hay una fatiga de la comunidad internacional alrededor de Haití, dice que los países latinoamericanos con destacamentos en las fuerzas de seguridad tienen la disposición de seguir cooperando, y para Estados Unidos y Canadá, abandonar Haití no es una opción, porque un nuevo colapso multiplicaría las oleadas de emigrantes. “A fin de cuentas”, dice Annabi, “habrá que irse. Pero irse para no tener que volver”.
Y Sussy Castor, mi vieja amiga, afirma que hay esperanzas. Para ella, las esperanzas vienen de que todos se dieron ya cuenta de que el país se puede perder.
Hablar de VIH-sida no es fácil porque significa, antes o después, hablar de sexualidad, de parejas, de embarazo, de drogas y también de la muerte. Y es natural que estos temas provoquen vergüenza, miedos, incomodidad e inseguridad.
Pero aunque sea difícil, hay que hacer el esfuerzo de encarar el asunto. Pensar que el sida es “cosa de otros” no va más: sólo en la ciudad de Buenos Aires viven cerca de 30 mil personas infectadas con el VIH. Esto quiere decir que todos convivimos con el virus, dentro o fuera de nuestro cuerpo.
Esta guía brinda información confiable, simple y probada científicamente. Sin embargo, queremos remarcar que saber más sobre el sida no es suficiente para responder de manera adecuada a la epidemia. Además, y sobre todo, debemos enfrentar el tema de manera más humana. Intentando no juzgar, no condenar, no censurar.
Si queremos que cada vez se infecte menos gente y que las personas con VIH-sida tengan una buena calidad de vida, tenemos que ganarle a la discriminación y a los prejuicios que son los verdaderos obstáculos para la prevención.
Lo que queremos subrayar es que, si bien es cierto que el sida es una enfermedad producida por un virus, es también una preocupación social, un tema que aparece en nuestras conversaciones y en los medios de comunicación, algo sobre lo que casi todos tenemos una opinión. Y estas opiniones a veces nos ayudan a cuidarnos y, otras veces, son una traba para la prevención.
Por eso es importante que, al leer esta guía, estemos dispuestos a reflexionar sobre nuestras propias creencias y que podamos animarnos a analizar esas cosas que siempre damos por sentadas, a cuestionar lo que habitualmente nos parece indudable.
Coordinación Sida Ministerio de Salud
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
www.radiolusida.org Haciendo prevencion.
1. ¿Qué es el sida desde el punto de vista biológico?
El sida es la etapa más avanzada de la infección por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Por eso lo correcto es hablar de la Infección VIH-sida sabiendo que es algo que cambia con el tiempo. Este virus va debilitando las defensas del organismo porque ataca a las células encargadas de protegernos de las enfermedades. Puede afectar a cualquier persona que no adopte las medidas preventivas y, por el momento, si bien existen tratamiento, no hay una cura definitiva.
No. El sida es una enfermedad transmisible pero no contagiosa. La diferencia es que las enfermedades contagiosas pueden pasar de una persona a otra por un simple contacto (como en el caso de las paperas, la tuberculosis, etc.). En cambio, se ha demostrado científicamente que el VIH no se transmite por abrazar, besar, compartir vasos y cubiertos, tomar mate o intercambiar ropa. Tampoco por compartir el baño, la pileta o dormir en una misma cama. Los insectos no lo transmiten; el sudor o las lágrimas de las personas infectadas, tampoco. En una palabra: querer y apoyar a quienes tienen VIH-sida no trae riesgos y tiene efectos positivos sobre su salud y la de quienes los rodean.
Los que rechazan a las personas que tienen VIH-sida ignoran las verdaderas características de la enfermedad y se dejan llevar por prejuicios y falsas creencias. Estar informado ayuda a prevenirse y a no discriminar a las personas afectadas por el VIH.
Al compartir agujas, jeringas o canutos o al recibir una transfusión de sangre no controlada.
En el caso de las mujeres embarazadas que están infectadas, el virus puede pasar al bebé mientras está en la panza, en el momento del parto o durante el amamantamiento.
Es importante conocer la diferencia entre tener VIH y estar enfermo de sida. Son dos cosas diferentes que muchas personas confunden, aun en las instituciones de salud. Se dice que una persona vive con el VIH cuando está infectada pero no presenta síntomas. Y se utiliza la expresión “persona que vive con sida” para quienes han desarrollado la enfermedad. Podemos estar infectados con el VIH -o sea, ser “VIH positivos” o “seropositivos”- y, todavía, no haber desarrollado el sida.
La sigla SIDA significa Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida. Es decir que uno ha desarrollado el sida cuando presenta un conjunto de signos y síntomas (Síndrome) que indica que sus defensas están disminuidas (Inmuno Deficiencia) porque contrajo el virus (Adquirida).
En esta etapa aparecen las llamadas “enfermedades oportunistas o marcadoras”, que se desarrollan aprovechando la caída de las defensas. Las más frecuentes son afecciones pulmonares, de la piel y algunos tipos de cáncer. A ello se suman los efectos directos del virus en el organismo, que incluyen trastornos del sistema nervioso y el aparato digestivo.
Desde que el virus entra en el cuerpo hasta que aparecen los síntomas pueden pasar muchos años (si se realiza tratamiento temprano, más aún).
Suele llamarse así a aquellas personas que viven con VIH pero que no han desarrollado los síntomas del sida. Sin embargo la expresión “portador sano” es confusa, ya que puede hacer pensar que las personas que viven con el virus no lo transmiten, y esto es un error. Si bien no están enfermos des ida, sí pueden transmitir el virus.
Hay estudios para detectar la presencia del virus. Esto permite iniciar oportunamente los tratamientos y tomar medidas para evitar la reinfección y la transmisión del virus. Con la medicación actual se retrasa la aparición de las enfermedades marcadoras y por lo tanto del sida.
Mantener relaciones sexuales sin preservativo, compartir una jeringa o recibir una transfusión no debidamente controlada son comportamientos que justifican hacerse el test del sida.
Pensar en tener un hijo o estar embarazada es también una buena oportunidad para que la pareja se haga el test, no sólo por la salud de ambos, sino para cuidar al bebé.
El test de sida es un análisis de sangre sencillo, gratuito y confidencial que se hace en los hospitales y centros de testeo. Sólo te lo pueden hacer si estás de acuerdo y siempre te tienen que dar el resultado en privado. Nadie puede recibirlo por vos.
Las pruebas que suelen hacerse (Elisa, Western Blot) sirven para detectar los anticuerpos producidos por el organismo para defenderse del VIH. Si hay anticuerpos, hay virus.
Hay una primera etapa de la infección, de alrededor de tres meses, en que la presencia del virus no es detectable por las pruebas de laboratorio: es el llamado “Período Ventana”.
Pero más allá de que no se detecten los anticuerpos, durante el Período Ventana el virus se está multiplicando de manera muy rápida. Por lo tanto, aun si las primeras pruebas han dado negativas, es necesario continuar cuidándose. Aunque no se puede generalizar, lo normal es que el médico recomiende repetirlas.
La Ley de Sida prohíbe a los médicos o a cualquier otra persona que por su ocupación se entere de que alguien tiene VIH o sida, revelar esta información públicamente.
10. ¿Para qué sirven los estudios de “carga viral” y “CD4″?
Complementan el examen clínico y ayudan a definir la conducta terapéutica a seguir: cuándo comenzar o modificar un tratamiento.
Una vez detectada la infección, lo más importante es averiguar cuál es el estado de las defensas del paciente. Para esto se utilizan el recuento de linfocitos CD4 (indicadores de la capacidad de defensas del organismo) y la cuantificación de virus circulante en sangre (lo que se denomina carga viral).
A mayor carga viral hay más rápida caída de las defensas (CD4), y más posibilidades de que aparezcan rápidamente las enfermedades que conforman el sida.
Sí. Hay tratamientos que, aunque no erradican el virus, hacen más lenta su multiplicación. De este modo, frenan la destrucción de las defensas del organismo y, por lo tanto, retrasan el comienzo de las enfermedades oportunistas.
Los avances logrados en la medicación han hecho que sean cada vez más las personas que viven con el virus sin desarrollar el sida.
Hoy, el consenso mayoritario es comenzar un tratamiento con, por lo menos, tres tipos de drogas (lo que se conoce como “cóctel”).
Si bien hay muchas combinaciones efectivas, la elección de las drogas a utilizar dependerá de la evaluación que hagan cada persona y su médico.
Es muy importante asegurar la regularidad de las tomas de medicación en los tratamientos combinados actuales, pues la discontinuidad permite que el virus se haga resistente, es decir, que las drogas no surtan más efecto.
Las leyes nacionales establecen que en los hospitales públicos el tratamiento es gratuito y que en las obras sociales e instituciones de medicina prepaga, los estudios y tratamientos deben brindarse sin costo adicional alguno.
12. ¿Existe una vacuna?
No. En la actualidad se están llevando a cabo investigaciones sobre dos tipos diferentes de vacunas: unas, para aplicar a las personas que ya tienen el VIH (como un tratamiento) y otras, para evitar que las personas se infecten (como las tradicionales que se dan a los chicos). Sin embargo, no existen resultados científicamente probados que permitan su aplicación en personas de manera masiva.
Las vacunas de tratamiento se diferencias de los cócteles en que buscan mejorar la capacidad del sistema inmunológico para que éste pueda eliminar al virus, mientras que los cócteles atacan el virus en los diferentes de su evolución. En síntesis, las vacunas buscan mejorar las defensas y los cócteles, debilitar a los agentes que agreden al organismo.
13. ¿Cómo prevenir el sida?
Dado que conocemos las vías de transmisión podemos enumerar los modos de no infectarnos.
Prevención de la transmisión sexual:
Usar correctamente el preservativo. Correctamente significa usarlo siempre que se mantengan relaciones sexuales con penetración (oral, anal, vaginal) desde el comienzo de la penetración. Es muy importante ponerlo de manera adecuada, ya que prácticamente todas las roturas del preservativo se deben a que no está bien colocado.
Usar un preservativo nuevo y en buen estado en cada ocasión (hay que verificar la fecha de vencimiento y el sello IRAM en el sobre).
Si se usan lubricantes deben ser los conocidos como “íntimos” o “personales”, a base de agua. La vaselina o las cremas humectantes arruinan el preservativo.
El calor también, por eso no conviene llevarlo en bolsillos ajustados del pantalón ni dejarlo en lugares expuestos a aumento de temperatura.
La presencia de otras enfermedades de transmisión (ETS) y de lastimaduras en los genitales aumentan las posibilidades de transmisión del virus, por lo que tratarlas es también una medida de prevención.
Conocer estas medidas es fundamental; pero lo más difícil es no dejarnos llevar por los prejuicios, superar la vergüenza y el temor que significa hablar de sexo con nuestras parejas, nuestros hijos, nuestros padres o nuestros amigos. Todavía existe mucho machismo, mucho miedo a lo diferente. Aceptar y respetar los distintos modos de vivir la sexualidad, entender que la vida sexual puede cambiar con el tiempo, nos permitirá comprender más y juzgar menos para poder cuidarnos mejor.
En la ciudad de Buenos Aires hay más de 200 lugares que distribuyen preservativos en forma gratuita.
Prevención de la transmisión por sangre:
Un 40 por ciento de los enfermos de sida de la ciudad se infectó por compartir jeringas u y otros elementos de inyección cuando consumía drogas.
Usar un equipo nuevo en cada inyección es la forma de prevenir la transmisión del VOH y las hepatitis B y C por vía sanguínea.
Con el canuto pasa lo mismo: no hay que compartirlo.
No debemos compartir máquinas de afeitar, alicates, cepillos de dientes ni instrumentos que pinchen o corten en general. En el caso de los tatuajes, debemos llevar nuestras propias agujas o verificar que sean descartables.
Si vamos a ser operados, a recibir sangre o un transplante de órgano, tenemos derecho a exigir que la sangre, sus derivados o los órganos estén efectivamente controlados. El instrumental que se use debe ser descartable o estar debidamente esterilizado.
Es necesario no delegar toda la responsabilidad en los profesionales y técnicos cuando se tarta de nuestro cuerpo.
Los trabajadores de la salud, a su vez, deben reclamar el cumplimiento de las normas de bioseguridad correspondientes.
Prevención de la transmisión madre-hijo:
Si una pareja espera un hijo, es importante que los dos se hagan el test. Porque si la mujer está infectada puede empezar un tratamiento para ella y para evitar que el bebé nazca con el virus. Y si el varón está infectado, además de iniciar su tratamiento, puede usar preservativos para no transmitir el virus a su mujer.
La probabilidad de que el virus pase de la madre al hijo si no se realiza ningún tratamiento es de alrededor del 30%. En cambio, con la medicación y los controles adecuados esta probabilidad baja a menos del 2%.
Como la leche materna puede transmitir el virus, se recomienda que las madres que tienen VIH no den el pecho a sus bebés. En los hospitales de la Ciudad se entregan gratuitamente inhibidores de leche materna y leche maternizada para los primeros seis meses de vida del bebé.
14. ¿Por qué nos cuesta cuidarnos?
Cambiar actitudes, opiniones y sobre todo prácticas, es difícil. El VIH-sida plantea interrogantes y desafíos para los que no siempre tenemos respuestas. El temor a lo desconocido, los prejuicios, las creencias y valores a los que estamos aferrados explican en gran medida nuestras dificultades para cambiar.
El desconocimiento. En general, tenemos miedo a los desconocido; en cualquier terreno y en el de la salud y el sida también. Lo mejor es informarse, preguntar y sacarse las dudas con gente que sepa. Centros de Prevención Asesoramiento y Diagnóstico (CePAD)
La confianza. Confianza significa compartir y poder hablar de todo, incluido el sida. No sirve usar la confianza para no preguntar, no dialogar, o para olvidarse de los riesgos propios y de los de la pareja.
Lo femenino y lo masculino. En cada sociedad hay una manera dominante de entender lo femenino y lo masculino que muchas veces es un obstáculo para llevar adelante una vida sexual segura.
Por ejemplo, la idea de que el varón, además de ser heterosexual, debe estar “siempre listo” y demostrar su masculinidad, lo lleva a no poder rechazar una relación sexual aun cuando pueda ser riesgosa. En cambio, a la mujer se le suele adjudicar un rol pasivo -de inexperiencia o inocencia- por el cual no debería llevar preservativos ni proponer su uso. Contradictoriamente, recae en ella la responsabilidad de adoptar métodos anticonceptivos. Esta representación social de lo femenino reduce la sexualidad de las mujeres a la función reproductiva, quitándoles la posibilidad de pensar su cuerpo desde el placer, privilegio reservado sólo a los varones.
Los prejuicios. Aunque no nos demos cuenta, muchas veces las palabras que usamos encierran prejuicios. Hay términos que, gracias al trabajo de sensibilización y concientización de las personas que viven con VIH y sus organizaciones, evolucionaron desde el inicio de la epidemia. Por ejemplo, la expresión “persona que vive con VIH” ha reemplazado a “portador” y la categoría “grupo de riesgo” (que asociaba la infección a las trabajadoras sexuales, a los homosexuales, o a los usuarios de drogas) fue desplazada por la de “vulnerabilidad frente al VIH”, que se refiere a las situaciones concretas en las que cualquier persona tiene posibilidad de infectarse.
Creer que el sida es un problema de “homosexuales”, “drogadictos” o “prostitutas”, no sólo es negar los hechos, sino que es seguir fomentando la discriminación. La falsa seguridad de quienes se sienten “normales” es uno de los principales obstáculos para la prevención.
La Santa Sede sostuvo ayer que las recientes declaraciones de Benedicto XVI, sobre el uso del preservativo en la lucha contra el sida, fueron aisladas del contexto.
La nota llegó en respuesta a la declaración de condena, aprobada días atrás por el Parlamento de Bruselas, contra “las declaraciones inaceptables del Papa en ocasión de su viaje a África”.
Benedicto XVI sostuvo ante la prensa que el sida “no se puede superar con la distribución de preservativos” que, “por el contrario, agravan los problemas” .
Pero la Secretaria de Estado del Vaticano dijo que “algunos grupos” aprovecharon la polémica creada para lanzar “una campaña mediática sin precedentes” a favor del “uso exclusivo” del preservativo.
Solo algunos, dijo la Secretaría de Estado, “comprendieron y apreciaron las consideraciones de orden moral desarrolladas por el Papa”, y entre ellos figuran “los africanos y los verdaderos amigos de África”.
En un cocktail que incluye la falta de agua, la pobreza y la desidia de las autoridades de Salud a nivel nacional, el dengue encontró en el norte de nuestro país el ambiente propicio para propagarse con rapidez.
Consultada por la situación la titular del Ministerio de Salud Nacional, Graciela Ocaña, habló de un “efecto Bolivia”, culpó a las anteriores autoridades y defendió la gestión de su cartera en la materia.
Aunque la funcionaria afirmó que ya comenzó a bajar “el nivel de infectación”, los datos extraoficiales de la localidad de Charata en el Chaco, por los que el 40 por ciento de su población (que ronda los 30 mil habitantes) tiene o tuvo la enfermedad, la desmienten.
Según datos oficiales el dengue llegó desde Bolivia -donde la epidemia afecta actualmente a más de 50 mil personas- y en nuestro país comenzó a propagarse por el norte a finales del año pasado.
Desde la localidad de Salvador Mazza en la provincia de Salta fue bajando por la Ruta Nacional 34 y logró llegar a Jujuy y Tucumán; y a través del la ruta 16, de intenso tránsito que comunica al noroeste con el noreste del país, arribó al Chaco.
A su vez, el mosquito transmisor del dengue superó las previsiones y logró adaptarse a un medio que le era supuestamente hóstil como la Provincia de Catamarca, que no estaba incluída en los mapas de riesgo debido a su clima seco.
En la Ciudad y en la Provincia de Buenos Aires los casos detectados son “importados”, es decir que sus portadores la contrajeron en zonas de transmisión. Aún así el temible Aedes Aegypti está presente.
La enfermedad del dengue puede llevar a la muerte en su variante hemorrágica y al no haber vacuna la única forma de combatirla es la prevención a través de la concientización de la sociedad.
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