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RODOLFO WALSH


Porque cuando tengo que cantar verdades
las canto derecho nomás a lo macho
aunque esas verdades amuestren bicheras
donde naides creida que hubiera gusanos

por eso en el pago me tienen idea
porque entre los ceibos estorba un quebracho
porque a tuitos ellos le han puesto la marca
y tienen envidia de verme orejano

OREJANO vals interpretado por Jorge Cafrune

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RODOLFO WALSH

¿Quién mató a Rosendo? Nadie supo la verdad hasta dos años después cuando Rodolfo Walsh comenzó a publicar las notas de su investigación sobre este hecho, en el semanario CGT. A pesar de las abundantes contradicciones y dudas en el proceso de investigación policial, cuya respuesta brinda Walsh en forma clara, sustentadas con pruebas irrefutables (llegó a hacer un curso de balística para probar que el disparo sólo podía haber sido de la mesa de Vandor), la justicia mantuvo su veredicto erróneo. Se deduce de su relato que tanto la policía como la C.G.T. borró pruebas y ocultó hechos. La denuncia del escritor cayó, como tantas otras, en saco roto.
Pero esto no desmiente sino que enaltece la tarea de Rodolfo Walsh. No como el denunciante de aberraciones cometidas, sino como un investigador incisivo hasta la obsesión por dar con la verdad y tener el valor de darla a conocer. En clara contradicción con el periodismo actual que denuncia sin tener certeza, Walsh da tantas pruebas, tantos argumentos, de una manera clara y precisa que resulta imposible su refutación. También en su momento, Walsh se diferencia del periodismo de su época mencionado como “oficial”, que no solo no se encargó de investigar, se conformó con la versión “oficial” sino que tampoco tuvo el valor de publicar la verdad de una investigación seria. En sus palabras:

“Mis colegas periodistas de los grandes diarios podrían tomarse –ahora que no hay peligro- el trabajo que yo me tomé, en vez de copiar lo que les dicta el teniente coronel fusilador”

En el caso de Rosendo, Walsh inicia su investigación buscando disipar los interrogantes que la respuesta oficial dejaba. Supone, sabe, que es una investigación mentirosa y decide dar con la verdad. En cambio, en Operación Masacre el móvil que lo impulsa es otro. Es el asombro, la incredulidad como él mismo dice en sus manuscritos:

“…en la hipótesis de seguir escribiendo, lo que más necesito es una cuota generosa de tiempo. Soy lento, he tardado quince años en pasar del mero nacionalismo a la izquierda…(…)… sé que me falta mucho para poder decir instantáneamente lo que quiero, en su forma óptima…”

No en vano escribió nueve veces el mencionado libro. Un año, antes él apoya la Revolución Libertadora y al enterarse del caso de los fusilados en aquel bar, no lo podía creer hasta que conoce al resucitado Livraga, cuya historia cree en el acto. Sin embargo, esta contradicción interna no lo coarta sino que se lanza a la caza de la verdad. Tampoco anula su compromiso con la protección de la fuente. En el primer articulo de lo que luego fue Operación Masacre, prácticamente “reta” a la policía a “tocar” a Livraga, aclarando que cualquier cosa que le pase, “la opinión publica sabrá como interpretarlo”. Al mismo tiempo, también las protege, inventando a Casandra como informante del paradero de otros fusilados vivos, en vez de la verdadera fuente, seguramente para salvar su integridad. También en este libro la abundante cantidad de pruebas, datos, testimonios, deja en claro su “paranoia” por el esclarecimiento. Las pruebas que busca no son para convencer al lector sino para convencerse a sí mismo. He aquí otro punto destacable de su obra: jamás menosprecia al lector. Supone que, habiendo él necesitado tantas pruebas, los demás las necesitarán también. Jamás ofende al lector con explicaciones obvias ni omite las que cree necesarias.
El modo de argumentar es el rasgo más destacable del Walsh periodista. El periodismo cae frecuentemente en dos errores: conformarse con una versión y “tirar bombas”. Sobre todo en el periodismo actual que hace un culto del “radiopasillo”. Rodolfo Walsh, nunca cae en estas trampas. La argumentación es seria, basada en datos, cifras, fechas. Su último trabajo “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” es el más acabado ejemplo de este modo de trabajar.

“Tampoco en las metas abstractas de la economía a las que suelan llamar “el país”, han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia”.

En otros trabajos, si se quiere menos comprometidos políticamente, como Carnaval Caté, este rasgo no falta. También argumenta sobre la base de hechos, testimonios.
La manera de darle voz a los excluidos es otra de sus características. En sus textos todos hablan, no hay diferencias ni preferencias. Su trabajo consiste en darle lugar a quienes no lo tenían, como en el articulo sobre la Colonia de Leprosos.
Sus inclinaciones políticas, partidarias, afectivas nunca opacan su trabajo, sus contradicciones internas se traducen en una fuente de constatación para sus denuncias. Es más, el propio Walsh reformula sus convicciones a lo largo de sus investigaciones: se modifica como persona y no manipula la información para justificar su accionar. Esto es un fiel reflejo de su vida, donde constantemente pone en tela de juicio: se cuestiona y cuestiona sus ideas. Es puntilloso a la hora de aseverar y eso lo hace creíble.
La contradicción es una constante en su vida. Pero no desmerece su accionar. En un país donde no se permite a los próceres ser humanos (caso actual del libro sobre la vida de San Martín y el anterior de Terragno sobre el mismo prócer), Walsh muestra su humanidad de forma descarnada. Es un hombre que siente, que se equivoca y no por eso deja de ser WALSH. Justamente porque admite sus equivocaciones. Porque tiene la mente amplia, no solo de replantearse sus creencias en el momento de la duda, sino que busca corroboración de las mismas.

“(…)… aun mis convicciones más auténticas no están profundamente arraigadas sino que tienen algunas raíces al aire.”

El uso de las citas tampoco es caprichoso. No necesita de ellas para hacer “hablar” a sus personajes pero las incluye cuando tiene una fuerte presencia, cuando aclaran el panorama. Tal es el caso de las copias de veredictos o resoluciones judiciales.
Walsh es un escritor “exquisito” en muchos aspectos:
• Su compromiso con la verdad y con la difusión de la misma.
• Su obsesión por dar datos que avalen su historia.
• Su compromiso con los excluidos.
• Su forma clara, precisa y no por eso mediocre de escribir.
Alguna vez se dijo de él que era un escritor de “novelitas policiales” para pobres. Obviando la ignorancia de esta aseveración, en el adjetivo “para pobres” radica su grandeza, como el mismo dice:

“Recuperar la verdad del pueblo, de las masas, que es más importante que la de los individuos (…)”.

No subestimó, informó de manera clara y correcta. Sin diferencias, con un lenguaje accesible y no por eso incorrecto. Esa es la grandeza de su obra.