EMMA ZUNZ
Hace unos años, en la facultad, tuvimos que escribir una serie de notas de distintos generos periodisticos, basadas en algun cuento. En esa oportunidad, yo elegi el cuento de Borges, Emma Zunz. Recomiendo su lectura y aquí va lo que en periodismo se denomina Nota color:
El puerto de Buenos Aires, en las tardes de sábados y domingos, se transforma. Durante la semana la actividad es abundante. Barcos que llegan y barcos que zarpan. Operarios que manejan pesadas maquinas y obreros que hombrean bolsas. Carga y descarga en las bodegas. Ires y venires de camiones y fletes que llevan o traen la mercadería, los artículos de abastecimiento y los enceres que transportan los barcos. Es un lugar de trabajo, trabajo pesado, trabajo duro.
En cambio los fines de semana el trabajo cambia… y no cambia. Se sigue utilizando el cuerpo como herramienta, pero pocas veces queda exhausto. Los bares se llenan de marineros extranjeros y de mujeres que con sus rutinas y manejos ejercen el viejo oficio. El más antiguo del mundo.
Ante este panorama se encontró Emma Zunz la tarde de un sábado como cualquier otro, pero muy particular para ella. En varios bares estudio las formas, las rutinas, el “negocio” de las mujeres. Buscó ella también un hombre. Primero desecho a los jóvenes, luego a los caballerescos. No quería involucrarse con nadie y quizás alguno de esos hombres le inspirara ternura u otro sentimiento agradable. Ella estaba en busca de sentimientos, pero no de esos. Por ultimo, opto por un hombre petisito, desagradable y grosero.
Su objetivo: aparentar una violación. En realidad fue muy fácil. Cuando el hombre la condujo por pasillos oscuros por el zaguán para luego llegar al cuarto, cuando por fin consumaron lo que habían ido a hacer, Emma sintió que había sufrido un abuso. Lo sintió en todo su horror. Pero la joven sabia que el fin justificaba los medios. Su sacrificio le serviría para vengar la muerte de su padre.
Cuando el marino se fue, Emma rompió el dinero que había dejado en la mesita de luz, se vistió lentamente mientras sentía que el asco y el horror se apoderaban de su cuerpo. Salió del cuarto, en él que solo quedaban penumbras, y salió sin que la vieran. Tomo un Lacroze, que la llevo rumbo a su venganza.
Historias como la de Emma Zunz y otras tantas se pierden en el Paseo de Julio en el Puerto de Buenos Aires. Historias que se multiplican en sus espejos, que se desvanecen en la indiferencia de algunas miradas y cobran vida en otras que las desnudan con ojos hambrientos.
El Puerto de Buenos Aires, en las tardes de sábados y domingos se transforma. Pero el lunes vuelve a su rutina de trabajo, de otro tipo de trabajo. El trabajo duro pesado.
