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MANAYLU: EL PAIS DE LA PAZ

El país de la paz.

Ad hoc signo vices.

Manaylu es un país felíz. Sus habitantes viven en armonía, pacíficamente. Manaylu. Manaylu. Sólo pronunciar su nombre y parece que la paz y la tranquilidad inundan el espíritu.

Caminando por las calles y viendo a su gente, un extraño, un forastero, se preguntaba el secreto de tanta paz. Fue interrogando a quienes se cruzaban en su camino. Pero todos le contestaban a Nahuel, éste era el nombre del forastero, que no sabían, que siempre había sido así.

De vuelta en su hotel, se sumergió en sesudas tribulaciones. Maquinaba teorías, fórmulas secretas y hasta llego a pensar en el lavado de cerebro por parte de un grupo selecto de hombres. Descartó esta idea por ser demasiado fantasiosa. Se le ocurrió preguntarle al encargado del hotel, al gerente. Éste le contestó que únicamente el anciano, más anciano del pueblo, Don Carlos, conocía la respuesta. Luego agregó cínicamente: “…pero no de la dirá a un forastero”.

Paso toda la noche Nahuel pensando la mejor manera de abordar al viejo. Tal vez, si llegaba gimoteando el noble hombre se apiadaría de él y le contaría su secreto. Sin embargo, más tarde, llegó a la conclusión de que la mejor forma de conseguir su objetivo era contarle al viejo sus intenciones.

A la mañana siguiente, encontrándose frente a Don Carlos le dijo:

-Yo sé que su secreto debe ser importante y tendrá recelo de compartirlo con un extraño. Pero deseo saber cuál es la forma de vivir en paz, como usted y su pueblo lo han logrado, para transmitirla a otros pueblos y así lograr la paz general.

El anciano que, además de ser anciano, era sabio le respondió:

-Se equivoca mi amigo, no tengo intenciones de ocultar a nadie la razón de esta paz. Se fue transmitiendo de generacion en generacion en mi pueblo y es mi deseo que se sepa. Porque mientras más gente lo sepa más rápido se difundirá.

Hace años, cientos de años, un sabio de nuestro pueblo se preguntaba cuáles serian los requisitos para la paz. Después de mucho pensar descubrió que eran simplemente cinco palabras. Libertad. Honradez. Respeto, sinceridad. Educación.

LIBERTAD porque es la condición esencial para vivir en plenitud y estar en paz con uno mismo.

HONRADEZ para que los hombres confíen unos en otros y para que puedan vivir con la conciencia limpia. Para que no existan mentiras ya que corroen la confianza.

RESPETO porque es la única forma de tratarse unos a otros para lograr armonía.

IGUALDAD porque todos deben tenr las mismas oportunidad, algunos triunfaran otros no, pero dependera de cada uno

EDUCACION para comprender el valor de las otras cuatro palabras.

Este sabio no era ambicioso, sabia que aunque solo lograra convencer a unos cuantos, esos cuantos seguirían transmitiendo estos valores y, algún día, todo el mundo viviría en paz y armonía.

Como ves tenia razón. Ayer empezó con un hombre. Hoy ya es un país. Mañana será el mundo.

Ten esta tablilla con estas palabras y su significado, transmítelas alrededor del mundo. Dásela a otros hombres como hago yo contigo, ten fe: con este signo vencerás- terminó el anciano.

Cuando Nahuel se alejaba, volvió la vista atrás pero el anciano ya no estaba. Él conservaba en su mano la tablilla.

VISPERA DE AÑO NUEVO

A MIS PRIMOS. LOS AMO PENDEJOS!!!

Víspera de año nuevo

Todas las vísperas de año nuevo se repite la misma historia. Llega la Tía Amanda del campo con el lechón, al mediodía se pica cualquier cosa y todo el mundo a dormir la siesta. A eso de las 17, el Tío Raúl prende el fuego y a las 18 30, ya están todos alrededor de la parrilla. Amanda, Nilda, la Abuela Cata, el Gallego (Sebastián), Ana y Pota (Diego). El sobrenombre Pota viene de un jugador de fútbol Bertoni. Cuando eran chicos el Gallego lo vio parecido y empezó a decirle Bertoni, que degenero en Bertolsi, de ahí a bertolcianuro, cianuro de potasio, potasio y termino en Pota. Ana no se cansa nunca de escuchar la anécdota.

A eso de la las 19:00 ya empieza a sentirse el calor de la parrilla y todos los presentes le dan indicaciones al asador. Indicaciones del tipo “tiene poca brasa en los costados”, “para mi tiene mucha abajo se va a quemar”, “sacale un poco de mas allá y poneselo mas acá”. A cada una de ellas, el Tío Raúl responde, de manera sistemática “no me rompan las pelotas”. Se van sacando las cartas mientras cada uno se sirve algo. Ana Gancia que comparte con Nilda, el Gallego y Pota, birra y el Tío y la Tía vino tinto. Empieza el truco y las risas.

Siempre se ríen. Hasta en las circunstancias más duras. Hace años, Pota tuvo un accidente en el trabajo y casi se amputa el brazo. Dos días después de la primera operación ya hacían chistes sobre el tema:

– ¿Como andas che?

Acá Fucking mutilado—respondía Pota

– ¿Que te dijo el medico?

Que en 6 meses voy a poder cortar puré

Voy a pedir que venga un fisioterapeuta—dijo Ana con cara seria.

– ¿Para que si todavía no puedo ni mover el brazo?

Para que ten enseñe a hacerte la paja con la mano izquierda ¡¡¡nabo!!!!

Esa navidad, después del accidente, Pota le pidió a Ana que le cortara el matambre. Muy sobre protectora se lo corto bien chiquito. Pota lo miro y dijo:

– ¡¡¡Yo con un petardo hacia lo mismo!!! ¡¡¡Me lo dinamitaste al cacho de matambre!!!!—

A medida que se van jugando los chicos del truco y van desapareciendo litros de alcohol, las risas son mas frecuentes. Casi siempre, a esta altura llegan Alberto y Liliana. Se guardan las cartas, se sigue con las indicaciones al asador, que ya a esta altura esta queriendo matar a alguien, Pota insiste que quiere comer los “huevitos del chancho” o los riñones, nadie entiende bien pero todos miran con cara de asco.

Le piden al Gallego alguna “historia del muchacho y la muchacha”. Son historias que va inventando y las cuenta con una gracia difícil de traducir, Además, cada uno le va tirando alguna idea y va modificando la trama. Esta buenísimo. Siempre hubo algo de teatro en las vísperas de año nuevo. Cuando eran chicos los primos hacían representaciones, al principio de chistes o historias de la revista Condorito, cuando fueron mas grandes empezaron a hacer video clips. Ahora de adultos son historias o anécdotas. Casi siempre terminan siendo escatológicas.

Cuando llega la hora de comer, todos se abalanzan sobre el lechón como si fueran desnutridos. En la mesa las charlas siguen siendo escatológicas:

– ¿¿Che será posible que nunca podamos comer sin hablar de caca, vómitos o algo así??—reclama alguien

Todos se ríen y contestan a coro “noooo!!!”

Cuando eran chicos los primos pasaban el día en la casa de la Abuela, en esa época todavía vivía el abuelo Ismael (en realidad, Ismael es el apellido pero decirle Raschit era muy complicado para los mas chicos) y había algunas cosas características. Una era robar empanadas, no se por que las robaban, la Abuela se las hubiera dado, pero supongo que era mas divertido arrastrarse por el piso, esconderse de habitación en habitación, y comer la empanada debajo de la cama. Esas si que tenían rico sabor, el sabor de la travesura. También había que hacer enojar al Abuelo. Se escondían en la pieza chiquita, llamada “peluquería”, porque era donde había funcionado al principio la peluquería de la Tía Nilda. Se escondían en la “peluquería” y marcaban el 115 en el teléfono. El Abuelo venia corriendo a atender y se iba a las puteadas porque habían cortado. Esta escena se repetía 4 o 5 veces hasta que el abuelo se daba cuenta y … a correr!!!

Tal vez las anécdotas escatológicas tengan su razón de ser en las siestas de esos días. Los primos se quedaban en una carpa improvisada con hilos y mantas y comían ciruelas arrancadas del árbol. Ciruelas calientas en las siestas de 35 grados.

Después de cenar, se va trayendo la ensalada de fruta, las frutas secas. Alberto, Nilda y Ana hacen anana fizz casero. A las 12 se brida y acto seguido se le canta el feliz cumpleaños a Nilda. Solo a ella se le ocurre nacer el 1 de enero. Y de ahí, derecho afuera a brindar con los vecinos y mirar “los cuetes”. La Abuela y la tía Amanda desde adentro con miedo a que los mate una bala perdida y protestando por el ruido y “la plata quemada, después dicen que hay pobreza” “cuanto se habrán gastado comprando esas cosas que solo hacen ruido y asustan a los perros”. Es también sistemático el miedo a que se escapen los perros de la casa y que la Tía Nilda cuente la anécdota del perro al que le estallo la cabeza por morder un “cuete prendido”

Los más grandes se van a acostar, Alberto y Liliana vuelven para su casa y los tres primos se sientan afuera y empiezan a contarse sus vidas. Ahora en serio, a compartir. Siempre hay algún consejo, alguna cargada, risas. Ya cuando empieza la madrugada, se miran sonrientes, callados, sabiéndose amigos, silenciosos.

Bueno, Hasta mañana primos—dice Ana

Hasta mañana prima—contestan

Creo que siempre se quedan pensando que todavía falta un año entero para volver a repetir la historia.

Creo que siempre desean que no se corte esa tradición.

Así es la víspera de año nuevo.

Tercera Generacion

Es dificil, escribir un dia como hoy donde pasan un monton de cosas por mi cabeza, pero dejo un cuento que escribi hace unos años, espero sea de vuestro agrado.

Tercera generación

No codiciaras a la mujer del prójimo.

El pueblo todavía no existía. Eran sólo campos. Separados unos de otros por lo menos, una legua. El aburrimiento la estaba matando. ¡Si tan sólo pudiera verlo! Pero él hoy no la buscaría. Lo sabía. En casa estaba su padre, que era un gran obstáculo. Podría divertirse con ese peón que siempre la miraba. Sería jugar con los sentimientos de un ser humano. Pero, ¿qué importaba? ¿Acaso no jugaban con los de ella a diario? Esto de estar con un casado no le gustaba nada. Al principio, había sido divertido. La adrenalina que provocaba lo prohibido la excitaba. Pero, luego, las cosas se empezaron a complicar. La mujer de él sospechaba. Su padre, que era un gran amigo del amante, se preguntaba por qué su Dionisia no tenia novio. La preocupación iba en aumento con el paso de los meses. Si no se casaba antes de los 21 iba a quedar para vestir santos.

¿Por qué tenía que haber nacido en ese tiempo? Si hubiera nacido años antes, podría haberse casado con Miguel. O años después, y él ya sería un viejo que no le llamaría la atención. También podría haber nacido en iguales circunstancias, pero en la Capital. Allí, había escuchado, eran mucho más liberales. Si se enteraran no la colgarían. No, no había nacido años antes o después, ni en la Capital. Había nacido en un pueblo que recién comenzaba, por lo cual, para ella, no debía ser llamado pueblo. En esos años, cualquier cosa que torciera milímetros las reglas, ni hablar de quebrantarlas, era cruelmente castigada. Justo en la edad que sus hormonas la enloquecían de deseo. Justo en la edad en que los hombres necesitan revalidarse como tales, y buscan amantes ardientes. Esa era la edad en que estaba Miguel. Y, por si todo esto fuera poco, él era amigo y socio comercial de su padre. Lo único que la dejaba tranquila era que Miguel no tenía hijos. No había terceros inocentes a quien lastimar. Su esposa se lo merecía, por haber desatendido a semejante hombre.

Se habían conocido en una de las tantas visitas de negocios que él hacia a la casa. El flechazo había sido instantáneo. Una semana más tarde, le estaba haciendo el amor en uno de los camarines del Aras. Desde ese día, no pararon. Habían pasado tres meses.

Volvamos a esa tarde en que ella quería verlo. Hundida como estaba en sus pensamientos no escuchó el ruido del carro. Estaba en la gran cocina cuando lo vió. Como no había nadie quiso, correr a sus brazos, pero detrás de él apareció la figura de Roberta, su mujer. Se enteró que su padre los había invitado a cenar. Esa cena fue la más larga de su vida. Viendo como Miguel trataba a Roberta y como ésta lo trataba a él. Comprendió que había sido víctima de un engaño. Que Miguel no la quería. Solo había sido un juguete sexual.

Cuando días después la buscó, ella, con paciencia y entereza le explicó que ya no se verían. Que deseaba seguir su vida y olvidarlo. Lo que más le dolió, lo que la desgarró por dentro, fue que él no opuso ninguna objeción. No hizo nada por retenerla. Confirmó lo que ya sospechaba: él nunca había sentido nada por ella, excepto pasión.

Pasaron los días y una nueva preocupación la asediaba. No se “enfermaba”, no menstruaba. El miedo fue convirtiéndose en terror y éste en pánico. Cuando pasó un mes, se lo contó a su madre.

-Pero ¿quién? ¿Quién fue que la embarazó?- preguntó a los gritos.

-Fue Miguel- contestó en un susurro.

-¿Miguel? ¿Qué Miguel?-

-El amigo de papá-

-¿Cómo pudo? Es un hombre casado ¿qué dirá su padre cuando se entere?-

Dionisia pensó que se lo haría sacar. Por ella estaba bien. No lo sentía como una criatura. No era hijo del amor. Estaba bien.

Su sorpresa fue grande, cuando días después, su padre le informó que contraería matrimonio. ¿Cómo había hecho? ¿Cómo era posible que se casara con Miguel, si ya estaba casado? Tal vez no lo estaba legalmente y se separaría de su mujer.

Ninguna de sus hipótesis fue la acertada. El matrimonio se consumaría con Pedro, el peón que siempre la miraba. Era injusto si no se amaban.

-Fue el único que quiso hacerse cargo de ese bastardo. Esto le enseñará a respetar las leyes de la Iglesia. Pero, para completar el castigo, no les daré dinero extra para vivir. Sólo le aseguré a Pedro el trabajo. Bastante que aceptó. Por una ramera como usted yo no hubiera pedido nada. Pobre muchacho, casarse contigo.- fue lo que dijo su padre. Lo que más la hirió fue cómo lo dijo. Con desprecio y sin mirarla a los ojos.

Un mes después se casó. Miguel fue a la boda como si nada. Nunca se acercó a ella. Él sabía que ese hijo era suyo, pero desde el día que ella habló con él, no lo vió más. Sólo en su casamiento y en el funeral de él, donde como uno más le dió su pésame a la viuda.

Nació Nicasia. El pueblo entero se asombraba de que, siendo prematura, fuera tan saludable. Lógico, si no era prematura. Era una beba hermosa. Se parecía al padre. Cuando creció el parecido se acentuó. Más pasaba el tiempo, más se parecía. Y peor la trataba Pedro. A pesar del trato que había hecho con su padre, él jamás trató bien a Nicasia, siempre con desprecio. Hasta hacía diferencias con el resto de los hijos.

Vinieron más hijos. Dionisia se transformó en una mujer triste, resentida. Había sido olvidada por la persona que más amaba. Había sido obligada a casarse por la fuerza con un hombre que ni siquiera le gustaba. Todas las noches debía entregarse a él. Todas las noches sentía asco. Amaba a sus hijos como cualquier madre y, como cualquier madre, se sentía atacada cuando los atacaban. Pero a Nicasia no podía defenderla.

Pasaron los años y todo su resentimiento la secaba por dentro. Sentía odio por la vida. Poco a poco perdió todo lo que la hacía vulnerable, ya no pudo olvidar ni perdonar. Escondió su sensibilidad entre las murallas que Miguel, su padre, Pedro y toda la sociedad le habían obligado a construir. Más rígida se hacia, más se sentía culpable, más sufría y más se acurrucaba en su fortaleza. Era un círculo vicioso del que no podía salir. Era mala con sus hijos, especialmente los menores. Éstos le tenían miedo. Nadie supo comprenderla. Nadie entendió que la habían golpeado tanto que era lógico que fuera así. Nadie supo que a odiar se enseña odiando. Y para enseñar a amar hay que hacer lo mismo. ¿Cómo quieren que tratara bien a las personas cuando nadie la había tratado bien a ella? ¿Cómo quieren que tratara bien a sus hijos cuando sus padres la habían despreciado? ¿Cómo quieren que los defendiera si nadie nunca la había defendido?

Y así se le fue la vida, el tiempo. Una vida sin felicidad, llena de reproches. Una vida sin amor.

Esa es la historia de mi bisabuela. Necesitó de tres generaciones para que alguien la entendiera. Alguien se acercara. Necesitó de alguien que no la conociera y no le temiera, para que la curara. Necesitó de una bisnieta, que no la conoció, para darse cuenta de que no era culpable.

Ahora frente a mi computadora siento su presencia. Siento que su cabeza se apoya en mi regazo y llora. Llora porque se siente protegida. Llora porque necesita desahogarse. Llora porque los papeles se invirtieron y no es ella quien debe contener. Llora porque se siente contenida. Necesitó estar muerta para encontrar amor, pero el amor divino que ama a todos, incluso a los que no se lo merecen. Pero ahora siente la comprensión y el cariño de un ser humano. Se aferra a él para poder descansar en paz.

Por eso sé que debo aprovechar este instante, porque cuando deje de llorar por fin podrá descansar. Debo aprovechar para amarla y que aprenda a amar. Debo aprovechar para escucharla y que aprenda a escuchar. Debo comprenderla para que comprenda. Pero, sobre todo, debo perdonarla para que pueda perdonar.

Mientras tanto, llora. Apoya la cabeza, que acaricio, en mi regazo y llora.


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