QUIQUE
Es raro cómo en ocasiones algo que debería resultarnos doloroso, resulta gratificante. No es que sea masoquista. No. Trataré de explicarme.
Mi papá se llamaba Luis Carlos Carreño, pero todos le decían Quique. Era un papá extraño. Nunca me habló con un lenguaje infantil, cosa que hizo que tuviera un amplio vocabulario a los 4 años. Cuando viajábamos de vacaciones, para entretenerme las largas horas en auto, cantábamos canciones infantiles con mi mamá. Cuando se agotaba el repertorio, seguíamos con las canciones patrias. Y como íbamos de vacaciones al sur en un fitito, también las canciones patrias se acababan. Entonces, mi papá, me explicaba las metáforas o la historia detrás de cada canción, no sé si era el embole de la Patagonia argentina, donde ni la sombra de Magallanes se cruza en el desierto, o el sonido de su voz, pero me cautivaba. Y por eso ahora canto la marcha de San Lorenzo y Aurora de una manera especial.
Cuando era más chica, digamos unos 4 o 5 años y pasaba corriendo desnuda negándome a vestirme, me agarrada, me ponía sobre sus hombros como un chancho y decía “señores del mundo miren la nena de papa, señores del mundo miren el culo”
Cuando hacia algo medio tonto, me decía en broma: “ahora te tenés que parar en la Avenida y decir tres veces Soy una boluda”
Muchas más anécdotas hay, muchas mas experiencias, pero prefiero guardármelas para mi. O írselas contando poco a poco.
En 1993, le diagnosticaron cáncer en la ampolla de vater. Lo operaron y tuvo una mejoria, en apariencia, estaba curado. Mi papá trabajó 36 años en Jabón Federal. Seis meses después de su enfermedad, lo suspendieron argumentando que había realizado unas compras de mala fe. Después de la semana de suspensión, le ofrecieron un cambio de sección. Él lo rechazó. Sostenía que aceptar el cambio era aceptar que había hecho algo mal y él no había obrado nunca de mala fe. La empresa ofreció el despido y una indemnización muy por debajo de la que le correspondía. También fue rechazada esa propuesta. Y fuimos a juicio.
Imagínense la situación: un hombre de 52 años, con antecedentes de cáncer, en plena década menemista… no era fácil. Mi papá en ese momento comenzó a vender encurtidos para la empresa de unos amigos. Me acuerdo de ver a mi viejo, a un año de su operación, cargando dos bolsos con tres frascos de aceitunas cada uno en el colectivo. Para no tener tantos gastos usando el auto. “Poniéndole huevos” a la situación, demostrándome que no importaba cuanto te maltratara la vida siempre había que seguir con al frente en alto “pechandola”. Para fines del 94 pudimos comprar un cero Km. con la plata de la venta de la casa de sus padres. Empezó a laburar de remisero.

A fines de 1997, salió el dictamen del juicio que comenzamos por su despido. De las 20 compras que la empresa había presentado como pruebas, en 16 mi viejo había conseguido mejor precio que el del mercado , en las otras 4 el mismo precio. Pero en ninguna de las 20 hubo mala fe. Jabón Federal tuvo que pagar la indemnización completa más los intereses. Nosotros ya lo sabíamos, claro. Si hubiera recibido coimas no hubiéramos quedado de “culo al norte” cuando lo despidieron. Pero ese dictamen sirvió para limpiar su nombre. Por fin, “sonó un tiro para el lado de la justicia”. Con esa plata compramos un departamento y el resto se guardó. Tres años después, supimos para qué.
En 1998, le diagnosticaron metástasis en el páncreas. Había que empezar rayos y quimioterapia. Ese día, volvimos a casa y él se fue a trabajar. Jamás se quejo. Y así aprendimos a vivir con el cáncer. A tomarlo como algo más en nuestra vida y hasta burlarnos de él. Nunca dejo que lo frenara. Era la única persona que conocí que comía mientras le hacían la quimioterapia.
La cosa era así: mi viejo se levantaba a las 5 30, se iba a laburar a las 6, a las 12 tocaba bocina en la puerta y salíamos mi mama o yo para acompañarlo a hacerse la quimio. Le llevábamos la vianda y el aprovechaba esas dos o tres horas para comer, leer el diario y dormitar. Después, volvíamos y ni se bajaba del auto, nos dejaba en casa y seguía para la agencia de remis.
En esos viajes escuchábamos siempre el cassette de Cafrune “20 grandes éxitos”, cantábamos juntos, a dúo, Orejano.
A fines del 2000, el cáncer había avanzado hasta dejar a mi papá en cama. Un día, no se pudo levantar para ir a trabajar y no se levanto más. El día anterior había laburado las 14 horas que siempre trabajaba.
Fueron 4 meses muy duros. Dejamos de trabajar tanto mi mama, mi ex esposo y yo para estar con esos últimos meses. El dinero de la indemnización sirvió para mantenernos durante ese tiempo. Sólo se levantaba para desayunar y merendar. Lo hacíamos afuera, en el parque. Él decía que tenía por bien sufrida la enfermedad, por esas mañanitas y tardes que pasábamos todos juntos. Seguimos cantando Orejano, siempre. El 27 de febrero, se descompuso muy feo y lo internamos. Ya casi no recuperó la conciencia. El 28 a la tarde mi papá estaba muy, muy mal y por primera vez dijo, en un momento de lucidez, “no doy más”. Me senté a la cabecera de su cama y me puse a cantar. Tengo una voz finita, como de pito, y no sé nada de música, pero le cantaba bajito al oído, a pesar de la vergüenza que sentía que las enfermeras me escucharan. Pero tenia ganas de cantarle. Estuve dos horas cantándole nuestras canciones. Deje para el final Orejano. Mientras mi viejo dejaba este mundo yo le cantaba. Calculo que le gustó porque tenia una sonrisa en su rostro, se murió escuchándome cantar y sonriendo.
Por eso tal vez, Orejano sea un lindo recuerdo. Por eso, tal vez, decidí cantársela a mi hija cuando nació. Fue la primera canción que le cante cuando tenia 2 hs de vida, quería que la conociera, que conociera a su abuelo a través de ella.
Ahora, mientras escribo esto, no sé cómo tarde tanto en hablar de mi papá, de Quique. Debería haberle hecho este homenaje hace un rato largo ya. Por el ejemplo. Siempre fue su ejemplo: honradez, respeto, lealtad… De él heredé la manera de escribir, la letra, la forma de los ojos, el sentido del humor, las piernas, la mirada, la pasión por la lectura. De él heredé la frase que encabeza este blog: “No comparto tu opinión, pero daria mi vida porque pudieras expresarla. Voltaire.”
Lo extraño, sí, extraño las cosas que me decía cuando se levantaba a la mañana, y que a mi me molestaban porque me despertaba, los mimos de la mañana. Extraño las cosquillas de la barba en mi oreja, los abrazos, el perfume, su voz, como movía las manos cuando hablaba, su letra (hace un año encontré un diario viejo con una claringrilla hecha por él, la tengo guardada en la billetera). Todo lo que sabia. Sus anécdotas del servicio militar. Pero no extraño su amor, ni sus consejos, ni su humor, porque los tengo dentro de mí, porque los escucho todo el tiempo, porque su presencia sigue en mi alma, porque el sigue vivo en mi cabeza y en mi corazón. Solo extraño lo físico, lo otro lo tengo adentro y desde donde está me sigue guiando y amando.
Esto es para vos Quique, no hay un día que no te recuerde, no hay un día que no estés en mí. Siempre voy a ser tu “mono relojero”, tu “picha”. Como decías vos “señores del mundo miren la nena de papá”
Te amo viejo. Cantemos una vez más Orejano, papá.
Yo sé que en el pago me tienen idea
Porque a los que mandan o les cabresteo
Porque despreciando las huellas ajenas
Se abrirme camino pa´dir donde quiera
Porque no me han visto lamer la coyura
Ni andar hocicando pa´cerme de un peso
Y saben de sobra que soy duro´e boca
Y no me asujeta ni un freno mulero
Porque cuando tengo que cantar verdades
las canto derecho nomás a lo macho
aunque esas verdades amuestren bicheras
donde naides creida que hubiera gusanos
porque al copetudo de riñón cubierto
pa´quien no usa leyes ningún comisario
lo trato lo mismo que el que solo tiene
chiripa de bonza pa´taparse el rabo
porque no me enllenan con cuatro mentiras
los maracanases que viene del pueblo
a elogiar divisas ya desmerecidas
y a hacernos promesas que nunca cumplieron
porque cuando traje mi china pa´l campo
me he olvidado que hay jueces pa´cer casamientos
y que nada vale la mujer mas buena
si su hombre por ella no ha pagao derecho
porque aunque no tengo ni onde caerme muerto
soy mas ricos que esos que ensanchan sus campos
pagando en sancochos de tumbas resecas
al pobre peón que echa los bofes cinchando
por eso en el pago me tienen idea
porque entre los ceibos estorba un quebracho
porque a tuitos ellos le han puesto la marca
y tienen envidia de verme orejano
y a mí que me importa soy chucaro y libre
no sigo a caudillos ni en leyes me atraco
y voy por los rumbos clareados de mi antojo
y a naides preciso pa´cerme baquiano

Hice bien en traerme los pañuelitos!. Sabía muy poco de tu papá!!! Muy lindas tus anécdotas! Llevalo siempre en tu recuerdo!.
Un beso enorme!