Vengados – Cuento de terror

Este es mi primer cuento. “Vengados” es su título y lo escribí para participar en un concurso literario de cuentos de terror. En este concurso exigían que el cuento debía tener no más de dos hojas, con una cantidad de líneas por hoja y una cantidad máxima de caracteres por línea. Así no se puede dejar volar la imaginación, así que hice lo que pude. Lo comparto con ustedes.

Vengados

El camión de mudanzas se detuvo frente a la casa en mitad de cuadra. Roberto había comprado la propiedad en la calle Giribone, convencido que el cambio a una nueva casa en un nuevo barrio serviría para que su familia olvidase el accidente ocurrido hacía tres años. Lucas, el hijo menor de Roberto, nunca olvidó aquel día cuando sus padres lo dejaron con su abuela, mientras sus hermanos visitaban el parque “Tierra de Fantasía”. Un niño de 8 años puede tener muchos sueños, pero aquello que más desea ocupará por completo su corazón. Aquella tarde ocurrió algo inesperado. El deseo más profundo de Lucas se hizo realidad.

La nueva casa estaba rodeada por árboles añosos lo que hacía que el living permaneciera lúgubre y oscuro aún a plena luz del día. Mariano y Camila, los hijos mayores del matrimonio, yacían inmóviles sobre el sillón, mientras tanto, Lucas, ordenaba su cuarto en la planta alta. Hizo un alto en sus tareas para observar la calle. El niño estaba parado frente a la ventana recorriendo la geografía del nuevo barrio. Éste aparecía tranquilo, casi desierto en aquella tarde estival. Se sintió observado. Al girar, para ver quién era, descubrió que estaba solo. Corrió hacia el pasillo tratando de sorprender a sus hermanos, que supuso, intentaban jugarle una broma, pero el pasillo estaba desierto. Revisó los cuartos contiguos al suyo, pero no encontró a nadie. Bajó por las escaleras hasta el living y al pasar junto a ellos, que continuaban descansando sobre el sillón, les lanzó una mirada de desprecio. Lucas pensaba que sus padres eran injustos, él siempre tenía que trabajar mientras sus hermanos descansaban. Llegó la noche, la mudanza había terminado, Roberto y su esposa se quedaron en el living sentados junto a sus hijos, mientras tanto en su cuarto, Lucas se preparaba para dormir. La noche era oscura, el clima era caluroso y húmedo, el olor a tierra mojada preanunciaba una tormenta. La casa se iluminó, unos segundos más tarde estalló un trueno que dio paso a una lluvia torrencial. El viento agitaba los árboles que rodeaban la casa produciendo un sonido escalofriante. Las persianas de las ventanas se sacudían con violencia y los truenos retumbaban en el interior de la casa. Mientras tanto Roberto y su esposa, en el sillón del living, pensaban en el accidente. Con cada trueno volvían recordar el momento en que el camión golpeaba contra su auto. En medio de la tormenta Lucas, se despertó sobresaltado. Bajó las escaleras corriendo, buscando refugio en sus padres. Necesitaba un abrazo que calmara su temor a los truenos, pero ellos, como siempre, estaban junto a sus hermanos. La lluvia cesó de repente, el silencio se apoderó nuevamente del vecindario. Un grito aterrador interrumpió la paz sepulcral de la calle Giribone. Los vecinos se acercaron para ver que sucedía en el interior de la casa. A través de las ventanas solo había oscuridad, nada se movía. Un vecino golpeó la puerta pero nadie contestó, solo se escuchaban gemidos y lamentos, otro vecino decidió entonces llamar a la policía. Los agentes acudieron de inmediato, derribaron la puerta e irrumpieron en la casa. Al ver la escena quedaron estupefactos. Las urnas funerarias de los hermanos de Lucas, que habían descansado sobre el sillón desde el día de la mudanza, estaban abiertas y habían sido volcadas. Las cenizas de Mariano y Camila estaban esparcidas formando dos líneas rectas desde el sillón hasta los cuerpos de Roberto y su esposa, que yacían mutilados en el piso. Lucas, en estado de shock, permanecía en un rincón del living, arrobado, balanceándose y emitiendo un extraño gemido. Jamás volvió a pronunciar palabra alguna. Ahora se encuentra en un hospital psiquiátrico. Solo recibe visitas de su abuela. Cada vez que los doctores le preguntan sobre aquella noche, flexiona sus piernas, las rodea con sus brazos y mientras se balancea emite aquel extraño gemido.


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