LAZOS INVISIBLES
Es mas que evidente que si yo le digo que conservo el botón del saco de Adrián usted piense en seguida que no soy mas que otro cholulo busca autógrafos merodeando a la salida de un canal.
Nada mas alejado de la realidad. Tome usted el botón como una muestra del nexo invisible que me unió y me seguirá uniendo a un personaje que trasciende de la farándula para convertirse en la razón de un plan bien elaborado.
Conocí a Adrián cuando todavía se vislumbraba como un galancito mediocre en la pantalla de los televisores.
Yo trabajaba en ese entonces en el bar que quedaba al lado del canal y el venia con toda la trouppe a tomar algo entre escena y escena.
Seguramente que usted no me ha de creer cuando le diga que yo ya veía en el un futuro promisorio. Adrián sobresalía con su aplomo y una capacidad de segunda mirada entre la manada que solo se dedicaban a gastarse bromas unos a los otros.
Fue en esos momentos cuando descubrí un carácter taciturno y calculador en esos ojos picaros y la sonrisa ladeada. Tiempo después lo deje de ver ya que fui echado injustamente del bar acusado de robar bebidas alcohólicas.
Es curioso como nos vamos entreverando con las personas que conocemos y que logran dominio público. Con respecto a Adrián a medida que su carrera se iba afianzando en los distintos proyectos que se le presentaban mi vida iba en contraposición hundiéndose en la monotonía de trabajos esporádicos y momentos de franca zozobra.
Solo la presencia en la televisión de Adrián lograba mitigar la pena. Solo los logros como actor y luego como productor le daban un bálsamo al dolor de no haber logrado nada.
Me regocije viendo “Lazos de Familia” donde tuvo un papel secundario y después cuando en “El Socio “le dieron el papel principal, o cuando decidido a ser productor, puso al aire “Un Policía y una Ladrona” creando un nuevo tipo de novela policial .
Entonces supe que mi vida y la de el estaban totalmente ligadas. Lo supe como el quiso que lo supiese, encontrando en un guiño mínimo de complicidad el nexo invisible: su mejor amigo, su compinche en la serie trabajaba de mozo en un bar. Que otro indicativo que ese recurso para demostrarme solapadamente que seguía unido a mi, para decirme entre líneas que no me había olvidado
Mi entrega y mi dedicación al ver todos los programas donde el participaba tendrían que obedecer a ese cordón invisible. La voracidad con que devoraba cada revista hablando de sus relaciones ,de su casamiento con la modelo y actriz Yoli Morena y su posterior paternidad no era mas que la confirmación de dicho nexo
Estaba seguro que así como yo estaba pendiente de su vida el lo estaba de la mía.
El problema para el radicaba en que mi vida no era publica como la suya dificultando la posibilidad de observar los cambios producidos.
Lo imagine obsesionándose sobre mis logros y mis fracasos, queriendo saber mas acerca de mi sin poder encontrar respuestas , hundido en un mar de dudas sobre mí persona.
Fue entonces cuando decidí reencontrarme con el.
No era un tarea fácil;.todo personaje publico y mas el en su posición de productor, debía estar constantemente perseguido por fanáticos y oportunistas que querrían una oportunidad de trabajo.
Era conciente de lo difícil de la misión encomendada pero el se merecía el sacrificio. No podía dejarlo con la penosa duda
Fueron jornadas muy arduas de esperarlo la salida del edificio. Por supuesto que se imaginara que yo no quería un encuentro efímero lleno de curiosos, nosotros nos debíamos mucho mas que eso, nuestros destinos habían sido unidos por un hilo mágico de dependencia el uno con el otro y las respuestas a todas nuestras preguntas debían contenerse en un marco apropiado.
La suerte estuvo de mi lado: un día lo vi salir solo caminando hacia el kiosco y decidí encararlo.
Al principio, debo ser sincero, no me reconoció. El paso del tiempo y las sucesivas frustraciones en mi vida habían dejado una huella indeleble en mi aspecto y entendí perfectamente el temor dibujado en su rostro.
“Soy Ismael” le dije al oído para tranquilizarlo .Sabía que el solo hecho de escuchar mi nombre disiparía todos los miedos y nos fundiría en un abrazo interminable .Pero no sucedió.
Debo decir que esto me descoloco: el tendría que haber reconocido el nombre de su destino, tendría que haber estado feliz de haber encontrado al fin al único ser que le daría todas las respuestas.
Comencé a mirarlo fijamente mientras el balbuceaba algunas disculpas por no conocerme mirando hacia un lado y otro como buscando ayuda.
Entonces entendí todo: el sabia quien era yo, lo supo desde el comienzo, solo estaba disimulando, ya que una figura de la importancia de Adrián no podía verse asociado a mi penosa apariencia .Era totalmente lógico y por demás astuto.
Fue cuando decidí actuar con temeridad haciendo lo que el me venia pidiendo con sus ojos: bruscamente le tape la boca con mi mano y agarrándolo del cuello casi en forma fraternal lo fui llevando hacia su auto.
Me asombro gratamente lo que había crecido como actor: se lamento y sollozo por lo bajo pidiéndome piedad cual victima de un secuestro en todo el trayecto hacia mi casa.
Llego hasta ofrecerme dinero y prometerme que no iba a decir nada a la policía.
Yo mientras tanto le seguí la parodia intuyendo que el sabia mejor que yo el porque de todo esta estrategia. El había decidido jugar y yo acompañarlo en el juego.
Es por todo esto que conservo el botón del saco de Adrián. Es este lazo invisible que me une a el lo que hace que conserve sus cosas, y es el destino finalmente el que logra sentarme todos los días a su lado contándole los avatares de mi vida mientras el se queda, mirándome absorto, sin pestañear.

excelente