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Enfermedades Profesionales y Psicodiagnóstico

Un accidente de trabajo es un acontecimiento inesperado ocurrido en el trabajo o en el trayecto entre el domicilio del trabajador y el lugar de trabajo o viceversa (in itinere), habiendo sido ya descritos algunos de los posibles trastornos psíquicos que pueden sobrevenir a la víctima.
Una enfermedad profesional es aquella producida por causa del lugar o del tipo de trabajo. Existe un Listado de Enfermedades Profesionales establecido por el Decreto Nº 658/96 y su norma modificatoria Decreto Nº 1167/03 en el cual se identifica el agente de riesgo, cuadros clínicos, exposición y actividades en las que suelen producirse estas enfermedades. Si la enfermedad no se encuentra en el listado y se sospecha que es producida por el trabajo, hay que realizar la denuncia ante la ART, el Empleador Autoasegurado o el Empleador no asegurado, y será la Comisión Médica la que definirá si se reconoce la enfermedad profesional en ese caso.
Si bien las enfermedades profesionales se encuentran determinadas principalmente por el ejercicio de actividades que requieren la manipulación continua de sustancias tóxicas, ruidos, vibraciones, etc., siempre está presente la posibilidad de que aparezca un trastorno mental determinado por la situación de enfermedad derivada de la actividad laboral.
Las enfermedades profesionales diagnosticadas y los consecuentes valores de incapacidad, originan muchas veces trastornos depresivos más o menos severos, cuadros clínicos de ansiedad, trastornos somatomorfos o de hipocondría de distinta gravedad; al tiempo que las implicancias relativas al pronóstico de la patología orgánica cobran el valor de una sentencia de empeoramiento progresivo que pueden consolidar y cronificar cualquier trastorno psíquico asociado.
Una adecuada evaluación del porcentaje de incapacidad sobreviniente debería incluir siempre la vertiente psicopatológica de la enfermedad profesional existente ya que, seguramente, la enfermedad misma, su diagnóstico, los estudios y tratamientos indicados tendrán una repercusión psíquica que podrá conformar una entidad psicopatológica que requiera atención y tratamiento.

Lic. Germán De Stéfano

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La Evaluación Del Daño Psíquico

De acuerdo a lo definido Academia Nacional de Ciencias de Bs. As., puede hablarse de la existencia de “daño psíquico” en un determinado sujeto cuando éste presenta un “deterioro, disfunción, disturbio o trastorno, o desarrollo psico-génico o psico-orgánico que, afectando sus esferas afectiva y/o intelectiva y/o volitiva, limita su capacidad de goce individual, familar, laboral, social y/o recreativa.”

Conforme a ello, el “daño psíquico” implica la existencia de un trastorno mental, refiere a psicopatología, y se diferencia del concepto de “daño moral” en que que este último refiere a sufrimiento y no es objeto de la psicología forense ni de la medicina legal.Por lo tanto, no debe confundirse el daño psíquico con el daño moral. La indemnización por daño psíquico y por daño moral tienen distintos objetos: una es sufrimiento o padecimiento, la otra incapacidad.

Una adecuada valoración del daño psíquico no solo debe evaluar la presencia de un trastorno mental, sino también la relación de causalidad o concausalidad del mismo con el hecho motivo del juicio, la distinción entre una incapacidad permanente o transitoria y las posibilidades de remisión total o parcial del cuadro clínico por medio de un tratamiento psicológico y/o psiquiátrico, siendo estas consideraciones las que muchas veces originan implacables pedidos de explicaciones a los peritos por parte de los letrados de la contraria.

La psicología forense no será nunca la excepción a la lógica psicoanalítica del “no-todo”. Es obligación de los letrados defender a la parte que representan y cuestionar cualquier prueba desfavorable, una vez presentado el dictamen su trabajo será el de encontrar la “falta” y preguntar acerca de ella.El profesional de la psicología debe, en el ámbito forense, contar con los recursos para afirmarse en sus conclusiones, proporcionando las respuestas que se le requieren. Un psicodiagnóstico correctamente administrado y evaluado proporcionará por sí mismo la contestación a cualquier cuestionamiento y hará que un pedido de explicaciones termine otorgando aún una mayor consistencia al resultado de la evaluación. Porque así como acerca de la falta se debe preguntar, también se debe responder. En este caso, éste es nuestro trabajo profesional, y aquél el de ellos.
Lic. Germán De Stéfano

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