esta historia la conozco..
Los rostros envejecidos, se miraban tiernamente, tan tiernamente que las arrugas y los pliegues desaparecian.
El brillo de sus ojos era verdad desnuda, la piel se volvía tersa, los años desaparecian.
El halo que cubria su encuentro estaba intacto.
No había nada que interfiriera aquellas miradas buscandose.
Así como por casualidad se encontraron un día cualquiera, sin esperarlo.
El hacia sus cosas de todos los días, ella seguía su sin rutina.
No parecía que hubiera nada especial en ellos.
Las cosas nunca son lo que parecen.
La simpleza de una chica, con sueter verde, pantalón de jean, pelo alborotado y muchos sueños por cumplir.
El traia consigo el peso de una vida vivida, muchos desencantos, muchos desencuentros.
Aún existia la ilusión, esa esperanza de que en algún momento las cosas cambiarian, todo daría un giro inesperado y el éxito vendría a visitarlo sin irse jamás.
No sé lo que pasó, cada uno en su mundo, esos mundos muy diferentes. Esos mundos que no se cruzan.
Se miraron al pasar, y algo encendió dentro de cada uno.
Ella no dejo de pensar en él. Él no dejo de pensar en ella.
Así ocurrió, como ocurren las cosas inesperadas, todo cambia de repente y no se puede volver atrás.
Desde ese día que se encontraron nada más los pudo separar.
Se preguntarán qué paso, si es verdad no fue tan fácil, todas las historias tienen problemas, y a esta no le van a faltar.
Otro día se los cuento.


Hola Gabriela!
Permiso para comentar. En realidad, muchas de las cosas que nos suceden de modo inesperado, llegan para quedarse en nuestras vidas; unas para bien, otras no tanto. Lo interesante es la capacidad que tengamos para enfrentarlas. Me gusta.