El ángel torturado

Una vez me enseñaron que si escribía , ponia en un papel las cosas que de otra manera me torturaban en la mente.
A veces las cosas contadas parecen tontas, porque son anecdóticas.
Cuando en lo que uno relata hay sentimientos, sensaciones sobre lo justo e injusto, malos entendidos y otras tantas cosas entonces se va más allá de la anécdota para ir a la búsqueda de los sentidos.
Esas famosas frases psicológicas la búsqueda de los sentidos, el sentido de la vida ,el sentido de lo que hago.
Hoy les cuento un cuento, un cuento escrito por mí, dibujado y sentido.
EL ANGEL TORTURADO
Estaba en un capullo como mariposa, a punto de surgir. Todos sentimientos buenos, pensamientos dulces, con sentido de hacer feliz.
Hizo miles de intentos por salir del capullo pero el ángel estaba aferrado a su lugar, no podía salir. Cada vez que intentaba sentía que no era su momento.
Los ángeles son todos diferentes. No todos son bebes, no todos son guerreros. Hay ángeles frágiles, hay algunos que se presentan y los voltea un suspiro.
Estos ángeles nacen en capullos, como mariposas. Son muy pero muy sensibles. No pueden resistir la maldad.
Son ángeles que vienen al mundo a sembrar lo perenne, lo bello, lo que no tiene explicación.
Muchos se vuelven loco con eso, porque no comprenden el sentido del destello, de la inspiración.
Las pasiones que no tienen fundamento, aquellas cosas que diferencian al creador de su creación.
Pocas veces llegamos en este mundo a ver algo perfecto, porque esa visión está vedada para alguien superior. Este ángel del que yo hablo es la perfección, es la maravilla, es lo asombroso, pero también es angustia, llanto, desesperación.
Es un pequeño momento en la eternidad del tiempo.
Seguía allí en su capullo, siempre a punto de salir.
A cada sensación de fractura de su envoltura, millones de cosquilleos lo recorrían, un tipo de ángel así debía estar seguro de que era su hora de salir.
Son momentos claves para el equilibrio universal.
Si algo saliera mal, el cúmulo de belleza, genialidad, luz, se volvería sombra, desilusión.
Cada falta de amor, cada descuido, los sentimientos angustiosos, la sensación de destrucción, no pueden o mejor dicho no deberían llegarle a este ser tan sensible y puro. Y allí radico el problema de nuestro amigo, el ángel torturado.
Se rompía su cascaron, su capullo, su envoltura, no sé bien como llamarla y un perfume a rosas, lirios, jazmín y mirra, se esparcía por doquier. El cielo estaba nublado, a punto de llover, él se encontraba en un jardín, no uno cualquiera, sino un jardín en un lugar remoto, en un lugar poco común, en un sitio insólito.
Si, no es fácil describir este jardín porque no está en un patio, no está en una terraza, está en un lugar, en otro escenario, un sitio vidriado dentro y fuera de un departamento, pero también en conexión con el techo de un edificio en un piso alto, en una gran ciudad.
Por eso era difícil que alguien percibiera que estaba allí.
Pero como de costumbre, ensimismada en mis pensamiento huí, callada y compungida, porque por algún motivo me sentí maltratada.
Entonces mientras miraba el florecer de alguna flor que no conozco el nombre, sentí un ruido y percibí, el aroma, una poderosa sensación de bienestar se apodero de mi, todo parecía estar en paz y comunión en el universo.
No fue así.
Estaba tan enojada, que mi energía traspaso su hermoso renacer y el espléndido ángel salió de su letargo, pero no era ni espléndido, ni precioso, ni siquiera se había terminado de formar, era como una polilla, una mariposa deforme.
Su cara triste, su ser estrujado, lo mire con atención y creí estar soñando.
Suelo tener sueños muy vívidos, por cierto, esta vez no fue un sueño.
Allí estaba frente a él, del tamaño de un puño, era grande para ser un insecto y chico para ser un roedor. Nada de eso era.
Emitía un sonido muy bello, que parecía una sinfonía de Rachmaninov que oí extasiada otrora.
Poco a poco comencé a entender lo que decía, no me pregunten por qué, no emitía palabras, solo eran en mi mente ideas, ideas como visiones, imágenes sin diálogos.
Entendí del momento inoportuno de mi estar allí, de lo difícil que fue para él entender esos problemas tan ajenos, tan humanos.
Las angustias y los conflictos, poder trasmutar esa energía le demandó no estar listo, no terminar de desarrollarse.
Mientras entendía todo aquello, algo mágico iba sucediendo en simultáneo.
Su aspecto, su luz, todo cambiaba, ya no había en su rostro ese transido peso de angustias y desvelo.
Su imagen asemejaba a un hermoso David, su resplandor era cual una estrella en el cielo.
Mi ángel torturado voló con los miles de problemas que dan vuelta por el mundo en las cabezas de tanta gente dejando a su paso perfume a rosas, lirios, jazmín y mirra.


Es un inquietante relato, pero muy bello..
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