Archivo para la categoría ‘Asistencialismo peronista’

El último peronista

Analizando la situación política, es muy posible que debido a la reforma política el peronismo no pueda captar sus varias vertientes ideológicas. Y además se ha quedado sin propuestas de cambio.

Aquí expongo una iniciativa valiosa que puede revertir ese proceso y recuperar para el peronismo su protagonismo perdido.

Este nuevo ordenamiento social contribuirá a construir ciudadanía y a superar el escepticismo, dando cabida a las aspiraciones de una sociedad pluralista.

En la economía, y por ende en la sociedad, no necesitamos amigos ni enemigos. Simplemente hay otros que producen algo que yo necesito; mientras yo produzco algo que otros necesitan, lo cual acepta perfectamente un punto justo.
Sin embargo hoy en la sociedad argentina hemos llegado a la paradoja de pensar: “si no eres enemigo de mis enemigos, no puedes ser mi amigo”, y así se ha armado un lío fenomenal!

Si a los asalariados se les pagara por el valor de lo que producen, la sociedad sería armónica.

Propongo que el personal de todos los emprendimientos comience a participar en los beneficios del mismo. Más precisamente, que la participación que el Estado tiene en los beneficios de todos los emprendimientos (que es aproximadamente la tercera parte de los mismos), sea transferida a su personal, con algunas especificidades.

Aunque a primera vista no lo parece, esa leve modificación de las relaciones laborales acabará con el desempleo, pues con el cambio de actitud de los asalariados, la inversión más rentable será contratar personal.
Y el Estado se ahorrará el asistencialismo, que es mucho mayor que el impuesto a los beneficios empresarios que redireccionará.

Hay un libro con detalles de la propuesta que se puede leer en internet:

http://www.scribd.com/doc/14877034/Siembra-y-Cosecharas

Un abrazo y muchas gracias

Ing. Néstor González Loza
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Proyecto Actitud

Todos los peronistas son cruzados papistas

Acá los tenés

Izquierda, Derecha

En Argentina, la mayoría que se autodenominan “de derecha” no son más que cruzados disimulando.
No le temen tanto el comunismo, sino a que le le hagan tambalear el catecismo que les inyectaron a los 7 años, sobre todo a esa parte que dice que el papa es el dueño de la verdad.

Hay también otros que se autodenominan “de izquierda” que no son más que de la teología de la liberación, que temen que les hagan tambalear el catecismo de Puebla, sobre todo a esa parte que dice que el papa es el dueño de la verdad.

Estas dos facciones están a punto de eliminarse mutuamente.
Recién entonces podremos respirar ese olor a república que venía desde Francia y que nos neutralizaron después de 1816 con este olor a catacumba

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El Gérmen de la Injusticia

A los asalariados les han inculcado que la Declaración Universal de Derechos del Hombre, de la que hoy se cumplen 60 años, adoptada y proclamada por la Asamblea General de la ONU en su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948 es buena. Esa declaración redactada cuando los nazis habían “perdido” la guerra, tiene escondida su influencia subliminal, y es el gérmen de la injusticia y la raíz de todos los miedos.

Esa injustica, es la causa de nuestra decadencia y de la consecuente generalización de la delincuencia.
Nuestra decadencia tiene como causa principal las doctrinas asistencialistas que se transforman rápidamente en corporativas y mafiosas y que cometen terrible injusticia, la cual termina apagando la valiosa llama de la voluntad de actuar.

Hay una parte de esa Declaración que es casi una copia de nuestro nefasto 14 bis, una copia de nuestra conocida doctrina justicialista, que sabemos pertenece a los fascistas de la segunda mitad del siglo pasado, que para su despotismo populista necesitan un alto porcentaje de pobres permanentes que con su voto les den legalidad.
Es la causa de la pobreza de la mitad de la humanidad!
Leamos en detalle, miremos con lupa las injusticias que establece:

Artículo 23
Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 25
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

Establece que al asalariado se le debe pagar por lo que necesita y no por lo que hace!
Al decir “igual salario por trabajo igual”, en realidad está evaluando el trabajo por el tiempo de dedicación y no por lo que se hace en ese tiempo.
Ahí está la clave de todas las injuticias.

Ese pequeña frase quita las ganas de hacer y como las necesidades siempre siguen siendo las mismas, cada vez hay menos recursos.

El estado debería redireccionar el Impuesto a las Ganancias hacia el personal propio y de terceros de cada emprendimiento, porque así se recuperaría la voluntad de actuar, adormecida en la mayoría de la población.
Nuestro 14 bis tiene una sola frase que se escapó de la influencia fascista, pero es justo la única frase que jamás se usó para nada: el derecho a participación en las ganancias de las empresas.
Ahora vamos a demandar al Estado por su cumplimiento, porque es el Estado, y no los emprendedores, quien se queda con nuestro dinero!!

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Declaración Fallida

A los asalariados les han inculcado que la Declaración Universal de Derechos del Hombre, de la que hoy se cumplen 60 años, adoptada y proclamada por la Asamblea General de la ONU en su resolución 217 A (III), de 10 de diciembre de 1948 es buena.

Esa declaración redactada cuando los nazis habían “perdido” la guerra, tiene escondida su influencia subliminal, y es el gérmen de la injusticia y la raíz de todos los miedos.

Esa injustica, es la causa de nuestra decadencia y de la consecuente generalización de la delincuencia.
Nuestra decadencia tiene como causa principal las doctrinas asistencialistas que se transforman rápidamente en corporativas y mafiosas y que cometen terrible injusticia, la cual termina apagando la valiosa llama de la voluntad de actuar.

Hay una parte de esa Declaración que es casi una copia de nuestro nefasto 14 bis, una copia de nuestra conocida doctrina justicialista, que sabemos pertenece a los fascistas de la segunda mitad del siglo pasado, que para su despotismo populista necesitan un alto porcentaje de pobres permanentes que con su voto les den legalidad.
Es la causa de la pobreza de la mitad de la humanidad!
Leamos en detalle, miremos con lupa las injusticias que establece:

Artículo 23
Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.
Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.
Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 25
Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

Establece que al asalariado se le debe pagar por lo que necesita y no por lo que hace!
Al decir “igual salario por trabajo igual”, en realidad está evaluando el trabajo por el tiempo de dedicación y no por lo que se hace en ese tiempo.
Ahí está la clave de todas las injuticias.

Ese pequeña frase quita las ganas de hacer y como las necesidades siempre siguen siendo las mismas, cada vez hay menos recursos.

El estado debería redireccionar el Impuesto a las Ganancias hacia el personal propio y de terceros de cada emprendimiento, porque así se recuperaría la voluntad de actuar, adormecida en la mayoría de la población.
Nuestro 14 bis tiene una sola frase que se escapó de la influencia fascista, pero es justo la única frase que jamás se usó para nada: el derecho a participación en las ganancias de las empresas.
Ahora vamos a demandar al Estado por su cumplimiento, porque es el Estado, y no los emprendedores, quien se queda con nuestro dinero!!

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Un Freno por 60 Años

¿Quién ganó la segunda guerra?

Hoy se conmemoran los 60 años del peor ataque que ha recibido la sociedad en toda su historia.
Pero pocos saben la verdad. Fue la primera estafa social, de donde nacieron todas las demás lacras de la sociedad.
Muchos creen que fue una bendición.

La Declaración General de Derechos Humanos, fue aceptada por la unanimidad de la asamblea de Naciones Unidas el día 10 de Diciembre de 1948.
La declaración está formulada en 30 artículos y simula actuar como instrumento de mandato moral cuyo significado “no se puede despreciar”.
Sin embargo, como caballo de Troya, inyecta una legislación laboral que es la causa última de esta crisis global que nos extingue.

Después de una voluntarista perorata sobre la libertad de pensamiento, opinión y religión y el derecho al trabajo, la educación y a la participación en la conducción del país en el cual la persona se establece como ciudadano, esconde su verdadera intención fascista.
Los países que adscriben a estos documentos se comprometen a legislar en la letra y el espíritu de las convenciones ratificadas y a actuar en conformidad con su contenido.

Se trata ni más ni menos que de la doctrina social vaticana que luego se plasmó en esa declaracion universal de los derechos del hombre.
Neutraliza el principio “siembra, y cosecharás” porque pregona que al asalariado se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga.

En la realidad, los capacitados, no tienen más derechos que los que le otorga su aporte a la sociedad. Esta declaración los engaña arteramente.

La especie humana muestra sólo una diferencia con el resto, y es su natural incentivo: “siembra y cosecharás”
Es lo único que nos ha hecho evolucionar por encima de las demás especies.

Desde hace 200 años, ese incentivo fue afectado por la revolución industrial, y las diversas “doctrinas sociales” que aparecieron, lo neutralizaron definitivamente.
Esta crisis global que nos inmoviliza, es el último capítulo de esa novela.

El final depende de nosotros.
Si no recuperamos ese incentivo, se extinguirá la especie definitivamente, pues sobreviviremos como animales y las demás especies darán cuenta de nosotros.

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Seis Décadas de fascismo

¿Quién ganó la segunda guerra?

Hoy se conmemoran los 60 años del peor ataque que ha recibido la sociedad en toda su historia.
Pero pocos saben la verdad. Fue la primera estafa social, de donde nacieron todas las demás lacras de la sociedad.
Muchos creen que fue una bendición.

La Declaración General de Derechos Humanos, fue aceptada por la unanimidad de la asamblea de Naciones Unidas el día 10 de Diciembre de 1948.
La declaración está formulada en 30 artículos y simula actuar como instrumento de mandato moral cuyo significado “no se puede despreciar”.
Sin embargo, como caballo de Troya, inyecta una legislación laboral que es la causa última de esta crisis global que nos extingue.

Después de una voluntarista perorata sobre la libertad de pensamiento, opinión y religión y el derecho al trabajo, la educación y a la participación en la conducción del país en el cual la persona se establece como ciudadano, esconde su verdadera intención fascista.
Los países que adscriben a estos documentos se comprometen a legislar en la letra y el espíritu de las convenciones ratificadas y a actuar en conformidad con su contenido.

Se trata ni más ni menos que de la doctrina social vaticana que luego se plasmó en esa declaracion universal de los derechos del hombre.
Neutraliza el principio “siembra, y cosecharás” porque pregona que al asalariado se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga.

En la realidad, los capacitados, no tienen más derechos que los que le otorga su aporte a la sociedad. Esta declaración los engaña arteramente.

La especie humana muestra sólo una diferencia con el resto, y es su natural incentivo: “siembra y cosecharás”
Es lo único que nos ha hecho evolucionar por encima de las demás especies.

Desde hace 200 años, ese incentivo fue afectado por la revolución industrial, y las diversas “doctrinas sociales” que aparecieron, lo neutralizaron definitivamente.
Esta crisis global que nos inmoviliza, es el último capítulo de esa novela.

El final depende de nosotros.
Si no recuperamos ese incentivo, se extinguirá la especie definitivamente, pues sobreviviremos como animales y las demás especies darán cuenta de nosotros.

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60 Años de Decadencia

Hoy se conmemoran los 60 años del peor ataque que ha recibido la sociedad en toda su historia.
Pero pocos saben la verdad. Fue la primera estafa social, de donde nacieron todas las demás lacras de la sociedad.
Muchos creen que fue una bendición.

La Declaración General de Derechos Humanos, fue aceptada por la unanimidad de la asamblea de Naciones Unidas el día 10 de Diciembre de 1948.
La declaración está formulada en 30 artículos y simula actuar como instrumento de mandato moral cuyo significado “no se puede despreciar”.
Sin embargo, como caballo de Troya, inyecta una legislación laboral que es la causa última de esta crisis global que nos extingue.

Después de una voluntarista perorata sobre la libertad de pensamiento, opinión y religión y el derecho al trabajo, la educación y a la participación en la conducción del país en el cual la persona se establece como ciudadano, esconde su verdadera intención fascista.
Los países que adscriben a estos documentos se comprometen a legislar en la letra y el espíritu de las convenciones ratificadas y a actuar en conformidad con su contenido.

Se trata ni más ni menos que de la doctrina social vaticana que luego se plasmó en esa declaracion universal de los derechos del hombre.
Neutraliza el principio “siembra, y cosecharás” porque pregona que al asalariado se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga.

En la realidad, los capacitados, no tienen más derechos que los que le otorga su aporte a la sociedad. Esta declaración los engaña arteramente.

La especie humana muestra sólo una diferencia con el resto, y es su natural incentivo: “siembra y cosecharás”
Es lo único que nos ha hecho evolucionar por encima de las demás especies.

Desde hace 200 años, ese incentivo fue afectado por la revolución industrial, y las diversas “doctrinas sociales” que aparecieron, lo neutralizaron definitivamente.
Esta crisis global que nos inmoviliza, es el último capítulo de esa novela.

El final depende de nosotros.
Si no recuperamos ese incentivo, se extinguirá la especie definitivamente, pues sobreviviremos como animales y las demás especies darán cuenta de nosotros.

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Hoy, el Gran Día!!

Hoy se conmemoran los 60 años del peor ataque que ha recibido la sociedad en toda su historia.
Pero pocos saben la verdad. Fue la primera estafa social, de donde nacieron todas las demás lacras de la sociedad.
Muchos creen que fue una bendición.

La Declaración General de Derechos Humanos, fue aceptada por la unanimidad de la asamblea de Naciones Unidas el día 10 de Diciembre de 1948.
La declaración está formulada en 30 artículos y simula actuar como instrumento de mandato moral cuyo significado “no se puede despreciar”.
Sin embargo, como caballo de Troya, inyecta una legislación laboral que es la causa última de esta crisis global que nos extingue.

Después de una voluntarista perorata sobre la libertad de pensamiento, opinión y religión y el derecho al trabajo, la educación y a la participación en la conducción del país en el cual la persona se establece como ciudadano, esconde su verdadera intención fascista.
Los países que adscriben a estos documentos se comprometen a legislar en la letra y el espíritu de las convenciones ratificadas y a actuar en conformidad con su contenido.

Se trata ni más ni menos que de la doctrina social vaticana que luego se plasmó en esa declaracion universal de los derechos del hombre.
Neutraliza el principio “siembra, y cosecharás” porque pregona que al asalariado se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga.

En la realidad, los capacitados, no tienen más derechos que los que le otorga su aporte a la sociedad. Esta declaración los engaña arteramente.

La especie humana muestra sólo una diferencia con el resto, y es su natural incentivo: “siembra y cosecharás”
Es lo único que nos ha hecho evolucionar por encima de las demás especies.

Desde hace 200 años, ese incentivo fue afectado por la revolución industrial, y las diversas “doctrinas sociales” que aparecieron, lo neutralizaron definitivamente.
Esta crisis global que nos inmoviliza, es el último capítulo de esa novela.

El final depende de nosotros.
Si no recuperamos ese incentivo, se extinguirá la especie definitivamente, pues sobreviviremos como animales y las demás especies darán cuenta de nosotros.

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Mañana, Contricción

Mañana se conmemoran los 60 años del peor ataque que ha recibido la sociedad en toda su historia.
Pero pocos saben la verdad. Fue la primera estafa social
Muchos creen que fue una bendición.

La Declaración General de Derechos Humanos, fue aceptada por la unanimidad de la asamblea de Naciones Unidas el día 10 de Diciembre de 1948.
La declaración está formulada en 30 artículos y simula actuar como instrumento de mandato moral cuyo significado “no se puede depreciar”.
Sin embargo, como caballo de Troya, inyecta una legislación laboral que es la causa última de esta crisis global que nos extingue.

Después de una voluntarista perorata sobre la libertad de pensamiento, opinión y religión y el derecho al trabajo, la educación y a la participación en la conducción del país en el cual la persona se establece como ciudadano, esconde su verdadera intención fascista.
Los países que adscriben a estos documentos se comprometen a legislar en la letra y el espíritu de las convenciones ratificadas y a actuar en conformidad con su contenido.

Se trata ni más ni menos que de la doctrina social vaticana que luego se plasmó en esa declaracion universal de los derechos del hombre.
Neutraliza el principio “siembra, y cosecharás” porque pregona que al asalariado se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga.

En la realidad, los capacitados, no tienen más derechos que los que le otorga su aporte a la sociedad. Esta declaración los engaña arteramente.

La especie humana muestra sólo una diferencia con el resto, y es su natural incentivo: “siembra y cosecharás”
Es lo único que nos ha hecho evolucionar por encima de las demás especies.

Desde hace 200 años, ese incentivo fue afectado por la revolución industrial, y las diversas “doctrinas sociales” que aparecieron, lo neutralizaron definitivamente.
Esta crisis global que nos inmoviliza, es el último capítulo de esa novela.

El final depende de nosotros.
Si no recuperamos ese incentivo, se extinguirá la especie definitivamente, pues sobreviviremos como animales y las demás especies darán cuenta de nosotros.

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