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Entre los muros segunda parte

Encontré en la red varios comentarios sobre la película que me parecen interesantes para compartir:

Declaraciones del director

Entre los muros cuenta la historia de un grupo de alumnos y François, su profesor de francés –el propio François Bégadeau coguionista del film-, quien se ve en problemas cuando se

produce una situación compleja con unas alumnas y a raíz de esto, un compañero de ellas

–que intenta defenderlas- actúa de manera agresiva por lo cual queda totalmente expuesto. A través de este microcosmos, Cantet intentó reflejar de la manera más justa posible a la sociedad francesa actual, y lo hizo eligiendo a estos 25 alumnos y a este profesor en particular, no a otros, “porque sino se cae en la generalidad” agregó.

Toda la película ocurre en el interior de esta escuela. “Intenté dar una impresión carcelaria, porque creo que es lo que sienten la mayoría de estos chicos al entrar cada día a la institución”, dijo Cantet en la conferencia. “Más allá de los alumnos y de los profesores, nadie más sabe que sucede exactamente en la escuela” agregó. Esto se ve reflejado en el personaje de la madre de este chico que entra en problemas, que desconocía totalmente la situación de su hijo. Contó también que el rodaje duró 5 semanas y que utilizó 3 cámaras para grabar las escenas en el aula, filmando de corrido y hablando con los chicos –que desconocían del guión- y perfeccionando la escena hasta lograr su objetivo en cada una.

Hablando de los adolescentes en nivel escolar, expresó que “están estigmatizados, se los considera idiotas, incapaces de concentrarse… es muy fácil decirlo, pero al escucharlos bien nos damos cuenta de que están más insertos en la sociedad que lo que pensam

os”. Y aclaró para finalizar el tema: “la escuela prepara a los alumnos a ser buenos actores”.

“Ellos fueron muy aplaudidos en el escenario –al recibir la palma de Oro- y también después, pero no se los aplaude en la vida”, dijo Cantet. Su película es de esas que al salir de la sala deja al espectador con ganas de discutir sobre los temas tratados: la educación, la adolescencia, las instituciones, la discriminación, etc

.

Dijo http://espectadores.wordpress.com/2009/04/24/entre-los-muros/#comment-31640

Ganador de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2008, el largometraje se inspira en el libro que el profesor de Lengua, François Bégaudeau, escribió a partir de su experiencia con sus propios alumnos, y está protagonizado por el mismo docente y sus estudiantes. En parte por eso, la cámara rara vez sale del aula; en contadas ocasiones se asoma al patio del recreo, a los pasillos, al comedor, a la sala de maestros y a la oficina del director.

El aula se transforma entonces en el marco de una realidad que va mucho más allá del enfrentamiento generacional y de autoridad en general establecido entre un docente con cierta trayectoria y un alumnado adolescente. Dicho de otra manera, los conflictos que enfrenta el protagonista poco tienen que ver con las dificultades que sortea John Keating/Robin Williams en la academia de élite donde transcurre La sociedad de los poetas muertos.

Tampoco existe punto de comparación entre Bégaudeau y la Louanne Johnson que Michelle Pfeiffer interpreta en Mentes peligrosas. A diferencia de su bella y finalmente exitosa colega made in Hollywood, el profesor francés es de carne y hueso, comprometido con su profesión pero, por razones que lo exceden, incapaz de “rescatar” a sus alumnos del contexto que los condena.

Entre los muros juega con la idea de un interior que aparenta ser limitado, arbitrario, disciplinado (especie de submundo o universo paralelo) y que sin embargo se consolida en tanto caja de resonancia de lo que sucede allá afuera, en el seno de una sociedad signada por limitaciones, arbitrariedades y sanciones funcionales a un sistema en crisis.

Dijo http://www.mycine.com.ar/2009/04/critica-entre-los-muros.html

La película Entre los muros, pronto toma una posición muy clara: no quiere salir de entre los muros de la clase. Apenas vemos algunas sesiones del profesorado, alguna escena del patio, y desde luego, no tiene interés en salir fuera del colegio, no queremos ver la vida de los alumnos en sus casas, porque eso es otra historia, sólo sabremos de su familia y entorno aquello que sucede dentro del colegio.
Resulta tan perfectamente creíble la historia gracias al gran trabajo del reparto, de guión y de dirección. No hay un gran final feliz ni un final artificialmente dramático. Verdaderamente meritorio.

Aún siendo una ficción, el filme asume el rol de documento social e incita a tomar conciencia, a través de las fallas en el sistema educativo, del estado actual de la sociedad francesa con sus muros construidos a base de prejuicios y desigualdad. Estos mismos muros que continúan quitándole la oportunidad de ver la luz a los principios fundamentales de libertad en una democracia.
Adriana Schmorak Leijnse

Terra Magazine:

Naief Yehya Nueva York, Estados Unidos

Terra Magazine: ¿Podría explicar como alcanza el naturalismo en su filme?, ¿Cuál es el equilibrio entre improvisación y la planeación?

Laurent Cantet: No puedo responder con toda certeza, ya no recuerdo exactamente qué nació de la improvisación y qué salió del trabajo con los estudiantes, qué fue lo que yo pedí y qué surgió durante la filmación a través de la libertad que dábamos a los actores para usar lo que yo quería que dijeran dentro de sus participaciones improvisadas. Lo que sí es cierto es que trabajamos durante todo el año escolar que precedió a la filmación, todas las semanas entre cuatro y cinco horas con el equipo de alumnos. Esto es lo que a menudo hago cuando trabajo con actores que no son profesionales, pero aquí fuimos un paso más allá ya que tomamos el riesgo de improvisar durante la filmación. El guión se escribió en paralelo con esos talleres de improvisación. Cada vez que filmábamos comenzábamos con una discusión muy larga acerca de los elementos del guión que me interesaba escuchar. Determinábamos así la trayectoria que yo quería dar a cada secuencia. Luego, ya en la clase yo daba ciertos puntos de referencia a cada uno de los actores, para señalar en qué quería que se enfocaran, aún sin saber exactamente qué se diría. Entonces, François Bégaudeau, el autor del libro en que está basado el guión, y actor principal, iba a su escritorio y comenzaba la lección. Los alumnos empleaban los puntos que yo había dado así como sus experiencias personales. Teníamos tres cámaras rodando todo el tiempo, una sobre François y dos sobre los alumnos, para tratar de capturar las emociones, la energía y sutilezas que provocaban las discusiones. La primera toma era improvisación total, en la segunda toma pedía a los estudiantes que cambiaran ciertos elementos de sus participaciones, que retomaran algún pasaje, que cambiaran de orden lo que decían, que añadieran o quitaran algo de lo que habían dicho y así reconstruíamos la escena. De esa manera los jóvenes ya estaban actuando desde la segunda toma, y lo hacían con naturalidad ya que asumían su papel como actores. A veces hacíamos siete u ocho tomas para cada secuencia. Lo que me sorprendió es que durante la edición nos dimos cuenta que podíamos mezclar las tomas, la improvisada y las más trabajadas, y todas tenían la misma energía, precisión o verdad.

TM: Eligió una interesante mezcla étnica para los estudiantes. Es un panorama muy revelador de la sociedad francesa.

LC: Elegimos trabajar en el barrio parisino del 20º arrondisement, donde hay gente muy diversa en todos sentidos: en lo étnico, social, racial y cultural. Eso me interesaba mucho. Yo pienso que esto le da al filme una imagen muy justa de la sociedad urbana francesa de hoy.

TM: Su propuesta se centra exclusivamente en el interior del salón de clase y no mira hacia la calle. ¿Por qué?

LC: Para mí, la puesta en escena consiste en encontrar un dispositivo fílmico, en este caso elegí no salir de los muros de la escuela, hacer de ese edificio cerrado una especie de caja de resonancia en el que las paredes hicieran que el mundo exterior reverberara en el interior. También es una forma de responder a una percepción reaccionaria de la escuela, en la cual mucha cierta gente quisiera que ésta fuera un espacio protegido de las turbulencias del mundo, aislado del exterior, lo cual es imposible. Yo creo que los alumnos vienen a clases con la influencia de sus problemas, de su vida, de la calle y de una cultura que no es necesariamente la misma que tiene la escuela. Para transmitir algo se necesita establecer una vía de comunicación y no podemos esperar que ésta sea tan desequilibrada como algunos profesores quisieran. No podemos compartir la lengua de Molière, Racine y Proust con los alumnos si no queremos escuchar su lengua, su manera de hablar, sus preocupaciones y su relación con el mundo. Yo quería mostrar el salón de clase como un espacio en el que se aprende la democracia, donde se aprende a escuchar y a tomar en consideración los argumentos de los otros.

TM: “Cuál es el objetivo de mezclar improvisación y actuación?

LC: Primeramente a mí me interesa escuchar a la gente implicada en la historia que estoy contando, quiero aprovechar esa experiencia en el universo que describo y eso es muy importante para nutrir al filme. Pero yo no soy documentalista, no sabría como hacer un documental. Me gusta escribir, contar y construir historias a partir de los elementos que capturo de la realidad. Al escribir un guión uno puede sintetizar en una secuencia de cinco minutos una variedad de elementos que podrían haber sucedido, y al situarlos de determinada forma entre el inicio y el final del año escolar, éstos pueden adquirir un sentido determinado. Además, con estos alumnos pudimos crear personajes, es decir que no son ellos mismos quienes se presentan ante la cámara, como sucede en un documental, y de esa manera cuentan con una especie de protección a su identidad, la cual les permite que sean más sinceros y naturales ya que no hablan de sí mismos sino de su personaje, aunque éste tenga experiencias y una vida muy semejante a la suya.

TM: “Cómo se compara su propia experiencia como profesor con lo que vemos en la pantalla?

LC: Hace ya muchos años que no doy clases pero yo lo hacía en un pequeño colegio rural, en una ciudad muy pequeña cuya población era lo que podríamos llamar de clase media provinciana, por lo que no tuve la experiencia de la diversidad que se muestra aquí.

TM: “Cómo eligió a los profesores?

LC: Los profesores también son maestros reales de la escuela en que trabajamos todo el año que se involucraron en el proyecto y crearon sus personajes. Una quincena de maestros aceptaron participar y seguimos en mismo proceso con ellos que con los estudiantes. Su experiencia alimentó al filme de una manera muy vital. Lo padres fueron el tercer grupo que hice participar, así que se trata de auténticos padres de familia que tienen la oportunidad de reflejar sus propios puntos de vista, sus aspiraciones y esperanzas para sus hijos.

TM: “Qué lugar ocupará el filme en el actual debate por la educación en Francia?

LC: El filme será tan sólo una pequeña piedra en un debate más viejo que yo, que divide al cuerpo docente y a la sociedad francesa, y que se ha vuelto una especie de deporte nacional. Lo que sí parece es que el filme ha vuelto a lanzar el interés por discutir el tema públicamente. Este es un debate muy ideológico que no me interesa tanto, porque es simplemente una confrontación entre aquellos que creen que la escuela es un espacio que también debe enseñar lo que es la ciudadanía y otros que creen que la escuela es un lugar donde el alumno debe aprender cosas al ser aislado del resto de su experiencia humana. Lo que yo quería realmente mostrar es lo que podría pasar en un salón de clases con 25 alumnos y un profesor de francés. No quiero sacar conclusiones yo mismo, sino mostrar una serie de momentos en un año escolar y dejar que la ideología eventualmente alcance a la narrativa, que es lo que ya está pasando.

Dice Mauricio Faliero:

La dialéctica es el tema de Entre los muros, la nueva y formidable película del francés Laurent Cantet. Pero no porque el film transcurra entre las paredes de un aula y con un profesor de lengua, sino porque desde su fondo y forma invita al debate, y no sólo de los temas que aborda sino de cómo esos personajes los afrontan, así como también apela a un lenguaje narrativo documental, a no actores que son alumnos y profesores en la vida real, para construir una ficción novedosa dentro de un subgénero tan trillado como el de alumnos y maestros. Precisamente, esas divergencias con el modelo habitual son producidas por la dialéctica. Es decir, por el diálogo que establece Cantet con los materiales que utiliza, y por la forma en que se los da al espectador para que éste, a su vez, elabore un nuevo diálogo con el film. Esta multiplicidad de voces en constante intercambio de ideas es la misma que ocurre dentro de un aula con los chicos.

Un ejemplo clave se da con la resolución de uno de los tantos incidentes que François Marin (François Bégaudeau), el profesor, sostiene con sus alumnos. Y que es fundamental también para la película porque desencadena otros eventos. Una discusión se va de cauce y el docente les dirá a dos chicas que determinada actitud las hace quedar como “zorras”. Esto provoca un fuerte enfrentamiento, y lo interesante pasa por ver cómo los alumnos se aferran a lo dicho por el profesor para atacarlo –entienden que “zorra” es igual a “puta”–, mientras que François recurrirá a sus conocimientos lingüísticos para refutar el argumento del alumnado. En esa secuencia la dialéctica nos permitirá encontrar, de paso, la línea autoral que une a Entre los muros con las anteriores películas de Cantet: una línea que explora el poder y cómo se lo ejerce. Porque el profesor no evita ser arrogante –de hecho, los alumnos lo habían acusado de ello– a la hora de sostener su argumentación.

Bien se pregunta el cineasta durante toda la película: ¿qué otra cosa que una forma de la administración del poder es el sistema educativo? Es que hay una institución, y personas que responden a ella intentando por todos los medios construir a otros seres dentro de los límites que el propio sistema plantea. Por el otro lado tenemos a los alumnos que, obligados a participar, finalmente se resisten por una simple conducta humana de autodeterminación. Esa fricción es la que Cantet registra con una cámara que se planta en una justificadísima utilización del primer plano. Estos no son los muros de una cárcel, pero el sentido es el mismo. El clima del film, a pesar de cierta ligereza y de su atmósfera por momentos distendida, es opresivo, restrictivo. Y la forma es consecuente con el fondo porque la cámara nunca se aleja del colegio; porque no le interesa mostrar la vida de esos personajes más allá de esas paredes. Pero no porque no importe “lo demás”. Al contrario, cada alumno es un universo muy propio al que uno adivina en sus problemas cotidianos. Sino porque en la película la realidad externa, el afuera, ingresa sólo a través de los mecanismos administrativos de la propia institución: una charla con los padres, una junta directiva.

Entre los muros simula ser un documental, pero es una ficción. También parece ser sumamente espontánea, pero lo cierto es que Cantet trabajó con esos alumnos durante varios meses, siempre sobre la base del libro escrito por el propio Bégaudeau, docente en la vida real aunque con grandes cualidades para la actuación. Y sin embargo lo que termina generando el estilo del film es precisamente su procedimiento narrativo, propio del documental. Se podría decir que Entre los muros es un documental sobre el rodaje de una película que habla de una clase en una escuela. Siguiendo los diálogos y las discusiones dentro del aula, la cámara se mueve tratando de captar gestos, movimientos, acciones, cosas por fuera del eje de la situación. En una ficción pensada y racionalizada, la inclusión de planos de corta duración, aparentemente elegidos al azar, agrega espontaneidad y un interesante ritmo interno a las escenas.

La forma toda de este film redondea su concepto general: no hay acusaciones, ni dedos señaladores, ni demonizaciones. Y si uno lee cierto pesimismo en él, es porque nos dice que posiblemente estos docentes fueron antes esos chicos, que hoy traducen su disconformismo en su profesión. Si uno deja pasar la arrogancia de los docentes y se siente molesto ante la irreverencia de los chicos tal vez pueda descubrir cómo ha crecido, a qué lugar llegó. Precisamente, la falta de acusaciones y de voces en mayúscula es otro logro significativo de Cantet, sobre todo si tenemos en cuenta el panorama que enfrentaba: un colegio secundario en Francia es igual a una clase repleta de árabes, senegaleses, chinos, marroquíes, israelíes. El director, que por lo demás tal vez sea el autor de cine social más interesante de la actualidad, no se deja atosigar por la multiplicidad de voces e inteligentemente, cuando surge un comentario político en su film, deja que sea de los propios chicos. Así, las diferencias raciales y religiosas aparecen a través de una discusión sobre fútbol, un tatuaje o una pertenencia cultural. En ese contexto los docentes no tienen nada interesante para agregar. En cierta forma quieren comprender, pero a la vez se sienten alejados, impotentes ante un mundo que se les presenta inabarcable. Cantet usa el subgénero de profesores y alumnos, pero esquiva sabiamente las “voces autorizadas”, las “enseñanzas de vida” y los adultos piolas encaminando a adolescentes descarriados. Lo documental permite leer –otra vez la dialéctica– la superficie de los géneros para reelaborarla.

En definitiva, a través de los tira y afloje de alumnos y profesores, pero también entre docentes y docentes y entre estos y los directivos, se impone una realidad: no hay romanticismo posible en la docencia. Cantet no dice que no lo haya habido alguna vez, pero con sus recursos administrativos, con sus rutinas, con sus frustraciones, enseñar se revela decididamente como un trabajo más. Cuando la educación deja de parecerse a una instrucción universal humana para convertirse en un recurso utilitario para conseguir un puesto en una oficina, o en una fábrica, ya no hay romanticismo posible en la imagen del profesor. ¿Y qué clase de profesional puede gestar a su vez un profesional frustrado? Pero no, no confundamos; una cosa son las lecturas que uno hace de una película y otra las conclusiones cerradas. Entre los muros habla de todo esto, pero no dice qué está bien y qué está mal. Despliega, en cambio, un estado de las cosas. Como bien lo dice desde su propia forma: se trata tan sólo de poner la cámara –el ojo– y registrar –observar–; luego, decodificar. Claro, la dialéctica.