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La violencia externa a la escuela: las consecuencias de las bandas, las situaciones de conflicto, las armas y las peleas

La violencia, que siempre ha estado presente en las escuelas, toma a veces formas novedosas. En la actualidad, en muchos lugares, es causa de preocupación la violencia generada por bandas, las situaciones de conflicto, y los efectos que causan sobre los alumnos. La siguiente es la opinión de la UNESCO sobre el tema.

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Son muchos los factores que determinan la violencia en la escuela. Entre ellos figuran las distintas concepciones culturales de la violencia, los factores socioeconómicos, la vida familiar de los estudiantes y el entorno externo de la escuela. Por ejemplo, pueden existir grandes disparidades entre las culturas y las sociedades en la definición de lo que constituye un acto o entorno violento. Independientemente del contexto cultural o socioeconómico de la escuela, la violencia puede ser tanto física como psicológica.

La violencia externa: las consecuencias de las bandas, las situaciones de conflicto, las armas y las peleas

La violencia que se produce fuera del medio escolar, como la violencia de las bandas, los conflictos políticos, la dureza de la represión policial y la violencia doméstica, se reproduce a menudo en el contexto de la escuela.

La violencia de las bandas en la escuela puede comprender palizas, puñaladas y disparos y tiende a ser más grave, e incluso mortal, en comparación con otras formas de violencia en la escuela, especialmente cuando está vinculada con el tráfico de drogas ilícitas. La inestabilidad política y los conflictos que abarcan la represión policial, también son ejemplos de violencia externa que influyen profundamente en la índole de la violencia en la escuela.

La violencia externa que se produce en una comunidad de los alrededores también puede infiltrarse en la escuela, dando lugar a que los estudiantes lleven armas y a que surjan más incidentes de violencia. Los estudiantes pueden llevar armas porque se sienten amenazados o porque las pistolas y armas se aceptan en la vida diaria de la comunidad. Las peleas generalmente suponen un conflicto en el que no es fácil distinguir entre el autor y la víctima. El acoso puede conducir a las peleas, con o sin armas.

CONSECUENCIAS:

Cuando los estudiantes están involucrados en bandas o viven en comunidades donde las bandas y las drogas forman parte de la cultura, ello puede conducir directamente a las peleas, al uso de armas y a la violencia relacionada con la droga en la escuela.

Las situaciones de conflicto pueden afectar la capacidad de los estudiantes para aprender y asistir a la escuela. Los conflictos también pueden tener consecuencias en la infraestructura escolar, la disponibilidad de docentes cualificados y la distribución de material didáctico y el acceso a él. En los informes procedentes de países en situación de conflicto se ha indicado que esa situación expone a los estudiantes a la violencia, aumentando el riesgo de que sean objeto de victimización tanto dentro como fuera de la escuela.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Desafío de la Escuela en el S XXI: Desarrollar la inteligencia intra e interpersonal

La escuela que conocemos centra su esfuerzo en lo cognitivo ¿Intenta hacernos conocer al otro? ¿Y a nosotros mismo? ¿Qué hacemos desde la escuela, para mitigar el aislacionismo y el individualismo?

cognitivismo

Los seres humanos piensan, aman y actúan, según la sabia expresión de Wallon. En el pensar existen serísimas dudas sobre los niveles alcanzados por los estudiantes al privilegiar la escuela actual lo específico sobre lo general, el aprendizaje sobre el pensamiento y la memoria de corto plazo frente a la memoria semántica. Pero si ello es así a nivel cognitivo, en el sentir y en el amar no existirían dudas sobre el poco impacto que hasta el momento ha logrado la escuela; y no existen, porque triste y desafortunadamente hay que decir que la escuela actual no nos ha formado valorativamente.

La escuela que todos conocemos no nos ha enseñado a conocer a los otros, a favorecer la tolerancia y el respeto por la diferencia, y mucho menos a conocernos a nosotros mismos y a expresar nuestros sentimientos. Es una escuela que sobrevalora lo cognitivo y que casi ha abandonado la dimensión socioafectiva. Por ello somos tan frágiles en la vida afectiva y en el mundo del amor y los sentimientos.

El problema de este crucial “olvido”, es que el mundo actual requiere individuos más equilibrados socioafectivamente. Ello es así, ya que difícilmente encontraremos una sociedad con mayor riesgo en estos campos. Vivimos en una época y en una cultura en la que predomina el debilitamiento de la autoridad, la cohesión, la estabilidad y la comunicación familiar. Es cierto que la vinculación de la mujer al trabajo, la píldora anticonceptiva, la relativa generalización de los jardines escolares y la importante revolución sexual de los sesenta, liberaron a la mujer. Pero también es cierto que ello disminuyó los niveles de comunicación, cohesión y atención en el hogar; en especial a los niños más pequeños.

Vivimos en una sociedad en la que son dominantes la soledad, el aislamiento y la depresión de sus miembros. Seguramente algún día la historia humana hará un juicio a la comida “chatarra”, al “chateo electrónico” y al televisor, por sus efectos sobre el aislamiento y la depresión de la población. Algún día se juzgará el efecto sobre la cultura humana de la invasión del hogar por televisores, computadores, hornos microondas y celulares. Pero, por ahora, lo claro es que cada niño tiene menos hermanos, menos padres, menos primos, menos tíos, menos tiempo, menos comunicación y menos afecto.

Vivimos una época que se ha ido eliminando de manera creciente el tiempo libre. Hasta en el baño y en la noche más profunda y bella suena el celular y se prende el computador y el televisor. Aun esperando un avión, o en el mismo vuelo, hay que seguir trabajando, y por ello se exige seguir conectado al puesto laboral, mediante un celular, la red o un portátil. Es una sociedad “trabajoadicta” cuyo tiempo entregado a lo laboral lo toma de la familia, la diversión, la lectura y el deporte. La mayoría de las empresas exigen disponibilidad completa, pero a cambio solo ofrecen inestabilidad, incertidumbre, ansiedad y ausencia general de comunicación.

En este contexto social, laboral, familiar, histórico y cultural, la preocupación por la estabilidad sicológica y afectiva de cada uno de sus miembros, y en especial de los niños, cobra especial atención. En particular, la responsabilidad creciente de la escuela para formar niños que se conozcan más a sí mismos y que sepan leer los gestos y las expresiones de los demás y expresar las propias. Niños más inteligentes intra e interpersonalmente, como diría Gardner.

Para finalizar, una pregunta. Hace algunos años, Virginia Gutiérrez de Pineda, una de las más importantes investigadoras colombianas, especializada en el tema de la familia, preguntaba: Si todo cambia, ¿por qué no lo hace la familia? Cuatro décadas después, y ante la gigantesca diversificación y flexibilización que vivió la familia, su pregunta perdió vigencia y, en su lugar, habría hoy que preguntarse: Si todo cambia,

¿por qué no lo hace la escuela o por qué lo hace a un ritmo tan lento?

Extraído de:

El maestro y los desafíos a la educación en el siglo XXI

Por: Julián De Zubiría Samper

REDIPE VIRTUAL 825, Julio de 2013 ISSN 2256-1536

EDITORIAL REVISTA REDIPE 825

Acciones para poner fin a la violencia en la escuela, enfoque holístico e involucramiento estudiantil

¿Qué podemos hacer para terminar con la violencia en la escuela? Desde el punto de vista de la UNESCO es necesario adoptar un enfoque que involucre a todos los sectores, en especial a los estudiantes. La siguiente publicación transcribe las recomendaciones de la UNESCO.

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Abogar por un enfoque holístico que involucre a los estudiantes, el personal de la escuela, los padres de familia y la comunidad

•          Hable con el director de la escuela, el consejero de orientación, los colegas, los estudiantes, los padres de familia y los dirigentes comunitarios para llegar a un entendimiento común acerca del problema de la violencia en su escuela. Los docentes por sí solos no pueden impedir la violencia en la escuela. La comunidad escolar en su conjunto debe reunirse para elaborar de común acuerdo un mensaje firme y claro, según el cual la violencia, el hostigamiento sexual, el acoso y la intolerancia son inaceptables en el medio escolar. Cuando todo el mundo sea consciente de las diferentes maneras en que se produce la violencia, las personas a las que afecta y sus consecuencias, será mucho más fácil encontrar soluciones.

•          Ayude a su escuela a preparar un plan de acción en colaboración con las personas mencionadas más arriba, así como con los profesionales de la atención de salud, las autoridades judiciales y policiales, las empresas y otros grupos comunitarios clave. Los planes de prevención de la violencia elaborados en estrecha consulta y cooperación con otros actores, tienen más probabilidades de obtener buenos resultados que los que son preparados por un grupo de profesionales que actúa solo.

•          Examine la forma en que su escuela puede reducir los factores de riesgo, por ejemplo, procurando que el entorno físico esté bien iluminado o transmitiendo a los estudiantes aptitudes para resolver los conflictos de modo no violento. Para lograr que la escuela sea segura, es fundamental limitar las ocasiones en que se propicia la violencia y dotar a los estudiantes de los medios para prevenirla.

Actividad en el aula:

Pida a los estudiantes que hablen sobre la violencia escolar con sus compañeros, su profesor y el consejero de orientación.

¿Cuáles son las personas afectadas y cómo resultan afectadas? ¿A qué personas de la escuela y la comunidad podrían dirigirse para obtener ayuda? Haga una lista de las personas y los organismos que podrían ayudarles a prevenir la violencia escolar y examinar las maneras de ponerse en contacto con ellos.

Lograr que sus estudiantes se involucren con usted en la prevención de la violencia

•          Integre la educación relativa a los derechos humanos y la paz en el plan de estudios escolar. Instruya a los estudiantes sobre sus derechos humanos, así como acerca de los derechos de sus pares, profesores, familiares y miembros de la comunidad. Les puede informar sobre los derechos humanos y los derechos del niño utilizando historias, debates, actividades teatrales, juegos y asuntos de actualidad. Todos esos medios permiten que los estudiantes analicen y apliquen sus conocimientos sobre los derechos humanos a la realidad de su propia escuela y contexto comunitario.

•          Recurra a versiones fáciles de utilizar para los estudiantes de la De- claración Universal de Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño disponibles en formato impreso y electrónico. En ambos documentos se enuncia el derecho de toda persona a la educación y el derecho a crecer y aprender en un entorno seguro. Analice esos documentos con sus estudiantes y trate de definir maneras de entender, proteger y respetar los derechos humanos de todos en el aula.

•          Involucre a los estudiantes en el establecimiento de reglas y responsabilidades en el aula. Pida a la clase que redacte un código de conducta con usted. ¿Qué medidas son correctas, qué medidas perjudicarían a otros o perturbarían la clase y qué medidas son fundamentales para que usted pueda enseñar y sus estudiantes puedan aprender en un entorno pacífico? Al redactar juntos un código de conducta, se aclaran los derechos y deberes de todos y se alienta la participación de los estudiantes.

Actividad en el aula:

Pida a los estudiantes que analicen con usted y con sus compañeros lo que es violento y lo que no lo es. ¿Qué derechos concretos se ignoran en los actos de violencia? Proponga maneras de concientizar a los estudiantes sobre los derechos humanos en la escuela y de lograr que se respeten y valoren las diferencias, por ejemplo, mediante debates, viajes de estudio, juegos, actividades teatrales y relatos.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Ayudar a terminar con la violencia en la escuela: Utilizar técnicas y métodos de disciplina constructivos

Para mejorar la convivencia escolar y terminar con la violencia, es necesario actuar en todos los frentes. En este caso se trata del tipo de reglas a aplicar en el aula ¿Qué características deben reunir? ¿Cómo deben ser las sanciones? En esta publicación transcribiremos el punto de vista de la UNESCO.

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Utilizar técnicas y métodos de disciplina constructivos

• Aplique reglas del aula que sean positivas, instructivas y breves: Cuando se elaboren las reglas del aula, en la lista no deberían incluirse más de cinco o seis reglas. La lista debe ser sencilla y concisa. Las reglas deben definirse de modo positivo y no negativo para indicar claramente a los estudiantes el comportamiento que deben observar, en lugar del comportamiento que han de evitar. Asegúrese de que esas reglas no sean incompatibles con las normas de toda la escuela.

• Motive positivamente a los estudiantes:

Motive los comportamientos positivos mediante el contacto visual, el asen- timiento con la cabeza o una sonrisa. También se pueden conceder puntos de crédito suplementarios o cinco minutos más de tiempo de juego al final del día. El hecho de mencionar delante de la clase los buenos resultados obtenidos puede ser particularmente gratificante para los estudiantes. Asimismo, puede designar al “grupo que mejor se ha portado” cada semana y mostrar su nombre en una zona visible del aula. Cuando se utilice ese tipo de reconocimiento, siempre deberá ser inmediato y limitado, aunque gratificante.

• Aplique medidas disciplinarias que sean educativas y no punitivas.

Asegúrese de que cuando sancione a un estudiante, las medidas se concentren en su mala conducta y sus consecuencias y no en el propio estudiante. En función del carácter de la mala conducta, se podrían utilizar algunos de los métodos disciplinarios siguientes:

* reservar tiempo después de las clases o durante los recreos para examinar la mala conducta (por qué surgió y qué debería hacerse para corregirla);

* pedir al estudiante que se disculpe;

* cambiar la disposición de los asientos;

* enviar notas a los padres o hacer visitas a los hogares;

* analizar la gravedad de la situación y tomar la decisión de remitir al estudiante a la oficina del director de la escuela, en función de las circunstancias.

Actividad en el aula:

Proponga a los estudiantes crear un club de estudiantes contra la violencia. Puede ayudarles a organizar actividades para promover una campaña por la paz y un recinto escolar seguro para todos.

Ser un factor activo y eficaz para poner fin al acoso

• Trabaje en la elaboración de una definición común del acoso entre los profesores, los representantes de los estudiantes, el personal de la escuela y los miembros de la comunidad, para que la gente pueda hacer valer las mismas expectativas al respecto consecuentemente. El acoso adopta, entre otras, las siguientes formas:

* acoso físico: golpear, propinar patadas, empujar, asfixiar o dar puñetazos;

* acoso verbal: amenazar, burlarse, provocar o utilizar un lenguaje que incita al odio;

* exclusión social.

Aplique sistemáticamente sanciones en los casos de agresión verbal y física. Las sanciones eficaces presentan las siguientes características:

* son reducidas, de modo que se puedan utilizar constantemente;

* su gravedad aumenta si se repiten las agresiones;

* son previsibles e inmediatas;

* se basan en las mismas expectativas para todos los estudiantes.

Por lo general, las sanciones consisten en la privación del tiempo no dedicado a actividades estructuradas, como el recreo, el almuerzo con los pares o las actividades extraescolares.

• Aliente a los consejeros escolares o al personal de la escuela a brindar orientación a los acosadores al tiempo que se aplican las sanciones.

• Ayude a los estudiantes que son víctimas de los acosadores. Anímelos a hablar con los profesores y los consejeros escolares, colaborando simultáneamente con los padres de familia, los estudiantes y el personal para evitar que sean constantemente objeto de victimización.

• Faculte y conciencie a quienes presencien los hechos para que los denuncien a los adultos, apoyen a las víctimas y desalienten el acoso. Con ese fin, se pueden organizar programas de mediación y resolución de conflictos entre pares que enseñen a los estudiantes a ayudarse entre sí, a informar acerca de los actos de acoso y a aprender estrategias para resolver conflictos.

• Reconozca y valore la actuación de los estudiantes que se ayudan entre sí para poner fin al acoso. Es igualmente importante garantizar que quienes denuncian los hechos no sufran represalias.

Actividad en el aula:

Aliente a los estudiantes a ayudar a los compañeros de clase a solucionar las disputas de forma pacífica. Dígales que hablen con usted y con un consejero de orientación si alguien los está acosando o está acosando a otro compañero.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Acciones para terminar con la violencia en la escuela, afrontar retos de modo constructivo y denunciar violencia sexual

La violencia en la escuela siempre ha existido, pero en estos momentos, al preocuparnos por la convivencia, ha tomado mayor visibilidad ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo contribuir a terminar con el flagelo? Las siguientes sugerencias se originan en la UNESCO y se relacionan con un modo constructivo de afrontar la vida y la denuncia de violencia sexual.

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Fomentar la capacidad de adaptación de los estudiantes y ayudarlos a afrontar los retos de la vida de modo constructivo

• Fomente la capacidad de adaptación de los estudiantes y su aptitud para hacer frente a los problemas cotidianos, al estrés y a la adversidad con eficacia, ayudándoles a entablar relaciones positivas con los demás. Cuando se aumenta la capacidad de adaptación, se reducen las probabilidades de que un estudiante reaccione con violencia o sea víctima de ella. Los docentes que observan una conducta prosocial y constructiva, proporcionan orientación y ofrecen protección, aumentan la capacidad de adaptación de sus estudiantes, mostrando un modo positivo y alternativo de responder a los desafíos de la vida. Esos docentes sirven de modelo de comportamiento para establecer relaciones positivas y solidarias.

• Involucre a su escuela en un programa de educación para la paz con el fin de desarrollar habilidades para la resolución de conflictos. Gracias a los programas de educación para la paz, los estudiantes pueden entender cómo

se produce la violencia, desarrollar capacidades para reaccionar de modo constructivo ante ella e informarse sobre alternativas a la violencia.

• Aliente a su escuela a crear un programa de orientación escolar. Los consejeros pueden ayudar a los estudiantes a hacer frente a las dificultades de la vida e intervenir de forma preventiva. Pueden prestar apoyo a los docentes, al personal de la escuela y a los estudiantes para prevenir y afrontar la violencia de las siguientes maneras:

* actuando como mediadores en situaciones que parezcan tornarse hacia la violencia;

* ayudando a encontrar una solución pacífica antes de que la situación degenere en una violencia física;

* colaborando con las víctimas y los autores de la violencia y prestando apoyo psicosocial;

* promoviendo programas dinámicos destinados a abordar problemas como el acoso, el uso indebido de drogas y las actividades de las bandas.

• Participe en juegos de prevención de conflictos con sus estudiantes.

Pida a los estudiantes que escenifiquen una situación, por ejemplo, “¿qué ocurriría si tuvieras que enfrentarte con un acosador? ¿qué harías?”. Al crear situaciones que momentáneamente son reales, los estudiantes pueden practicar para hacer frente a situaciones estresantes, desconocidas o complejas. Organice igualmente juegos en los que los estudiantes asuman un nuevo papel, como el que podrían estar afrontando otros compañeros, para fomentar la empatía. Pida a los estudiantes que analicen cómo se sintieron y qué soluciones dieron buenos resultados.

• Haga saber a sus estudiantes que los actos y palabras de carácter violento, por insignificantes que sean, no serán tolerados. La aplicación sistemática de medidas disciplinarias aplicadas a raíz de las infracciones cometidas en la escuela, transmiten a los estudiantes el claro mensaje de que los comportamientos abusivos y la falta de respeto de los derechos de una persona, son inaceptables.

Actividad en el aula:

Organice actividades teatrales en el aula en las que los estudiantes representen conflictos violentos. Pida a los estudiantes que estudien cada conflicto y las maneras de resolverlo de forma pacífica.

Ser un modelo de conducta positivo denunciando la violencia sexual y por razones de género

• Sea consciente de los prejuicios de género, que fomentan la discriminación por razones de género. A veces los profesores tienen ideas distintas acerca de los niños y las niñas. Por ejemplo, algunos piensan que a los niños se les dan mejor las matemáticas o que estos son “inteligentes por naturaleza”, mientras que las niñas “son tranquilas y trabajadoras”. Ponga fin a los estereotipos y a las distintas expectativas que se tienen respecto de las niñas y mujeres y los niños y hombres. Fomente una mayor sensibilización acerca de los prejuicios de género en el aula y aliente a sus colegas a hacer lo mismo. Los niños varones son autores y víctimas de la violencia sexual en la escuela y, por tanto, los docentes no deberían concentrarse únicamente en la victimización de las niñas.

• Asegúrese de que la interacción que mantiene con los niños es similar a la que mantiene con las niñas. Si la interacción entre el profesor y las niñas es menos frecuente y/o de menor calidad, la autoestima y confianza en sí mismas de éstas pueden disminuir, lo que a su vez aumenta las probabilidades de que sean objeto de victimización. Para alentar a las niñas a participar en el aula, se podría dividir la clase en grupos de debate, de modo que las niñas constituyan la mayoría de un grupo o grupos. Por lo general, las niñas se sienten más libres de expresarse cuando están rodeadas de otras personas de su sexo.

• Aliente a su escuela a poner en marcha un programa de formación para los docentes, los estudiantes y la comunidad a fin de entender y detectar los casos de violencia sexual y por razones de género y tomar medidas al respecto. En la formación se debe concientizar acerca de los prejuicios de género que provocan la violencia por razones de género y se debe reconocer que existe un vínculo entre la violencia contra las niñas en la escuela y las reducidas tasas de asistencia y permanencia escolar de éstas.

• Ayude a su escuela y su comunidad a reconocer la necesidad de proteger a las niñas y mujeres en el medio escolar. En las situaciones de conflicto y post-conflicto, las niñas y mujeres son especialmente vulnerables a la violencia relacionada con los conflictos.

• Recomiende que el personal de la escuela reciba formación sobre la violencia sexual y por razones de género y que se fortalezca la representación de las mujeres en las estructuras de administración. Si se imparte formación al personal para que detecte y apoye a las víctimas de la violencia sexual y por razones de género, será más fácil prevenir la violencia. Cuando las mujeres ocupan puestos de dirección, se presta un mayor apoyo a las víctimas y se fomenta la denuncia de la violencia sexual.

• Rompa el silencio. Denuncie la violencia y utilice adecuadamente los mecanismos de información. Anime a sus colegas y a los estudiantes a dar el nombre de los autores de la violencia, tanto dentro como fuera de la escuela.

Actividad en el aula:

Inste a los estudiantes a no insultarse y a no burlarse de los demás, especialmente en lo que respecta a las diferencias entre los sexos. ¡Cada persona es diferente, pero todos somos iguales!

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Acciones para terminar con la violencia en la escuela, la seguridad escolar y los espacios seguros

La violencia ha estado siempre presente en las escuelas, pero en nuestros días es objeto de una mayor preocupación ¿Qué mecanismos se seguridad podemos promover? ¿Qué espacios seguros proponer a los alumnos? Los siguientes párrafos tienen origen en la UNESCO.

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Promover los mecanismos de seguridad escolar

• Propicie e impulse una administración sólida y una dirección eficaz de la escuela. Es importante que ambas colaboren con los docentes y las autoridades encargadas de la educación para formular y aplicar políticas destinadas a eliminar los abusos de poder, a detectar las actividades violentas desde las primeras etapas y a cultivar la confianza de la comunidad en la escuela.

• Ayude a su escuela a elaborar un código de conducta basado en los derechos en el que se reconozca el derecho de toda persona a aprender y enseñar en un medio escolar seguro, a denunciar los actos de violencia sin represalias y a participar en la toma de decisiones.

• Promueva mecanismos de información fáciles de utilizar por los estu- diantes que les alienten a denunciar la violencia. Los servicios de denuncia deberían prestar apoyo y ser receptivos y confidenciales.

• Tómese en serio las denuncias de violencia presentadas por los estudiantes y tenga presente su bienestar. Para ello, hay que dar la debida importancia a lo que digan los estudiantes y no quitar trascendencia a la situación.

Actividad en el aula:

Proponga que se organicen reuniones de diálogo con los docentes, los estudiantes, el director de la escuela y el consejero de orientación a fin de preparar un código de conducta escolar para todos.

Brindar espacios seguros y acogedores para los estudiantes

• Lleve a cabo una labor de mapeo con los estudiantes para determinar qué lugares de la escuela son seguros, cuáles son peligrosos y cuándo corren más peligro los estudiantes. Además, el personal de la escuela debe estar alerta sobre los rincones oscuros, las zonas mal iluminadas, las cajas de escalera sin vigilancia y los baños, donde los estudiantes podrían ser víctimas de abuso sexual o agresión.

• Señale la necesidad de disponer de baños privados y seguros para las niñas y mujeres. Un motivo simple, aunque importante, por el que las niñas no van a la escuela es la ausencia de retretes seguros y limpios y otros servicios que garanticen la intimidad.

• Trabaje conjuntamente con otros empleados para garantizar que los patios de la escuela sean seguros gracias a la presencia de adultos que supervisen a los estudiantes. Estos necesitan lugares seguros para jugar entre las clases y después de la jornada escolar.

Actividad en el aula:

Proponga iniciar una campaña a favor de un entorno escolar seguro localizando los lugares del recinto escolar que carecen de iluminación o son inseguros.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Bases para la convivencia escolar

La escuela que seleccionaba y clasificaba personas para su futura ocupación laboral funcionó durante más de un siglo. Ella tenía un sistema de convivencia que fue naturalizado, con sus controles contribuía a crear un clima escolar apto para su funcionamiento. La exigencia de la actualidad es que la escuela debe ser inclusiva, para todos, lo que requiere que las personas generen nuevas formas de relacionarse. Hace falta construir colectivamente un espacio de convivencia ¿Qué actitudes debemos desarrollar? ¿Qué clima escolar buscaremos?

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“Crear una utopía distinta, la utopía contraria, una nueva utopía de la vida, donde sea cierto el amor y la felicidad, como una segunda oportunidad sobre la tierra y esa es la fuerza de la educación”. Gabriel García Márquez

Pensar y trabajar en clave de convivencia es uno de los retos de la escuela actual. La educación es el elemento que mejor contribuye a la creación de una sociedad cohesionada y desarrollada. A través de la misma se construyen valores y actitudes de respeto y convivencia en una sociedad diversa y plural.

La escuela aporta conocimientos, pero fundamentalmente propicia comunicación y formas de relacionarse en las que la generosidad, las emociones y los sentimientos deben ser los elementos que las rijan.

Las relaciones que se establecen entre los miembros de la comunidad educativa humanizan la escuela. Mejorar la convivencia de esa comunidad es un factor que va a garantizar el éxito de los procesos de enseñanza/aprendizaje y va a ser un factor fundamental de calidad. Y aunque, hoy por hoy, hay una mayoría de centros que tienen un proyecto de convivencia aprobado por su Consejo Escolar y ven la necesidad de mejorar el clima de convivencia, es difícil encontrar la forma de implementarlo y hacerlo realidad con todo lo que ello conlleva.

Se trata de tomar conciencia, por parte de todos los miembros de la comunidad, de la necesidad de construir colectivamente un lugar donde vivir todos juntos en armonía y donde los valores de empatía y solidaridad predominen frente a los de competencia y rivalidad. Un lugar donde cada uno de nosotros tenga su sitio y aporte en función de sus potencialidades y posibilidades.

Nuestras escuelas deben ser una herramienta de aprendizaje solidario, de pensamiento divergente y crítica constructiva; pero para ello necesitamos grandes dosis de compromiso e implicación, de coherencia y generosidad, de responsabilidad ciudadana, de conciencia colectiva y comunitaria. La comunidad es la que educa, la que transmite cultura y valores; por eso ella es la responsable última de su formación.

Es necesario establecer un diálogo fluido entre la comunidad educativa que favorezca procesos de análisis y reflexión sobre las necesidades del centro, la participación de todos los implicados en la gestión y su organización para mejorar la toma de decisiones, la innovación y el avance constante del proyecto común que tenemos entre manos.

Optimar la convivencia escolar implica el desarrollo de un proyecto global de centro y la planificación de una cultura organizativa basada en un modelo inclusivo y humanista. Todos caben, son bien recibidos y respetados, no hay lugar para la violencia o la discriminación; no son posibles los prejuicios y las etiquetas o las actitudes paternalistas en ninguna dirección; ni del profesor hacia los alumnos y sus familias, ni de éstas hacia el profesorado u otras familias.

Esta línea de trabajo debe sustentarse en un modelo de trabajo que este dirigido a la corrección de todo aquello que nos dificulta para ser más persona y nos resta como seres humanos y debe ir acompañado de medidas que fomenten la mediación y prevención de los conflictos.

Esta concepción debe impregnar los contenidos curriculares y sobre todo, las actitudes del equipo docente, utilizando metodologías que propicien la cooperación y el reconocimiento de las potencialidades de cada alumno y abriendo cauces de participación para todos los miembros de la comunidad educativa, especialmente de las familias.

El educador debe ser ejemplo de actuación y portador de valores; transmitiendo respeto y afecto, entusiasmo, responsabilidad y actitud abierta y crítica ante la sociedad actual. Si el profesorado mantiene actitudes de prejuicio, clasismo y discriminación, sus alumnos reproducirán esas mismas actitudes en sus relaciones con los iguales en el aula.

Es notorio el papel que puede desempeñar el maestro en el desarrollo emocional y social de los alumnos; su intervención es fundamental para ayudar al niño a buscar una meta adecuada, guiándoles para que ellos mismos elaboren su propio proyecto de vida.

El clima escolar de un centro, lo representa. La atmosfera que se respira entre sus paredes tiene que ver con las interrelaciones que se establecen entre los distintos actores, los objetivos establecidos y sus señas de identidad. En definitiva, define la personalidad del centro.

Un clima escolar positivo implica que el centro sea un espacio donde todos, profesores y padres, trabajen unidos para que el alumno alcance el éxito escolar y social, disfrute de un bienestar personal, le dé sentido a sus aprendizajes y se eduque en valores de convivencia y respeto.

Un buen clima escolar de un centro educativo se caracteriza por unas buenas relaciones entre los docentes, relaciones de cooperación y ayuda mutua; unas buenas relaciones profesor–alumno que favorezca la autoestima del mismo y por lo tanto su rendimiento escolar. Unas buenas relaciones entre iguales que mantengan un clima de aula favorecedor de los aprendizajes, dote a los alumnos de las competencia y destreza social y ciudadana y una buena interacción con las familias que permita una intervención consensuada y coordinada con el alumnado.

El clima del aula es un elemento clave para que se produzca el proceso de aprendizaje, favoreciendo la cohesión del grupo, la confianza entre todos y reduciendo factores de riesgo que conduzcan al menosprecio de cualquiera de los miembros del grupo. Debemos proporcionar a nuestros alumnos un ambiente de seguridad basado en factores de protección. Las aulas seguras procuran a sus miembros un buen proceso de enseñanza-aprendizaje con la confianza de que todos los alumnos alcancen el éxito escolar, impulsan las relaciones positivas y promueven la participación significativa de los padres y la comunidad.

La importancia que tienen los valores en la formación de la personalidad y en su desarrollo es un aspecto que no se discute y se ha puesto un especial interés en lo que se refiere a la unidad de lo afectivo, lo cognitivo y lo conductual.

En la formación de valores influyen las emociones y reflexiones que el niño experimenta en sus relaciones con los otros, por lo que la escuela contribuye, en gran medida, a que vaya asumiendo papeles adecuados, y es en el aula donde se materializa la vivencia del grupo, como tal.

El clima del aula es el reflejo subjetivo de la atmósfera emocional del grupo. Por eso la cohesión del mismo es uno de los factores más importantes para lograr un clima de aprendizaje propicio. El aula puede ser el marco de identidad del grupo, de implicación personal.

El tutor debe trabajar y dinamizar el grupo para que vaya constituyéndose como tal y adquiriendo cohesión, un grupo de trabajo que sea capaz de cooperar y mantener unas relaciones sanas entre sus miembros. Crear en el aula un clima en el que los chicos y chicas se reconozcan como personas; y quieren cooperar para alcanzar sus metas desde el respeto activo, la confianza y la igualdad. Hemos de aceptar los conflictos y las discusiones, para reflexionar sobre ellos y que el grupo crezca a nivel personal y colectivo. Debemos permitir la libre expresión y comunicación y potenciar la espontaneidad. Facilitar y propiciar diversas posibilidades de ir del yo al nosotros, sin que la individualidad se diluya en lo colectivo.

Nosotros como educadores debemos estar dispuestos a ponernos en el lugar de cada uno de los niños, a observar nuestras propias actitudes en forma autocrítica, a vincularnos afectivamente con ellos y a acompañarles en las dificultades transformando creativamente los conflictos, así tendremos los elementos necesarios para crear un buen clima en el aula. El diálogo como herramienta para resolver los conflictos. Y para ir fomentando todas estas actitudes en los niños, tendremos en cuenta que un gesto de aprobación es mucho más fructífero que un reproche. La aceptación y el afecto incondicional son las herramientas para permitir a cada niño alcanzar el desarrollo de su potencial, dentro de un clima de respeto mutuo.

Si educamos con paciencia, amor y constancia lograremos niños seguros y motivados en el aula y contribuiremos a que en el hogar y en su entorno inmediato sean más tolerantes y empáticos. Conseguiremos desarrollar en ellos capacidad de escucha, confianza en sus capacidades, sinceridad y compañerismo.

Dar cabida a las familias en el aula y permitir que los alumnos transmitan su vida familiar y experiencias fuera del aula facilita la sensación de bienestar de todos. Con demasiada frecuencia, la escuela mira a las familias con recelo y desconfianza. Las relaciones familia/escuela son tensas, no están suficientemente definidas las competencias de la institución familiar y escolar. El centro no debe limitarse a dar información a las familias, debe ofrecer verdaderos cauces de participación en el proyecto educativo implicando a las familias en el proceso de aprendizaje de sus hijos. 1

Autora

Reme Rodríguez Beltrán

Maestra y educadora social

Acciones para terminar con la violencia en las escuelas, la prevención, resolución de conflictos y la discriminación contra las minorías

Si bien la violencia ha estado siempre presente en las escuelas, podemos alejarla ¿Qué podemos hacer como prevención? ¿Cómo resolver los conflictos? ¿Cómo actuar frente a una posible discriminación de alguna minoría? El siguiente es el punto de vista de la UNESCO, en sus recomendaciones a los docentes.

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Adquirir aptitudes de prevención de la violencia y resolución de conflictos y transmitirlas a los estudiantes

• Reciba formación en materia de resolución de conflictos por medios no violentos, enfoques de la organización escolar basados en los derechos humanos y educación para la paz. Solicite al director de su escuela o a las oficinas locales del Ministerio de Educación que le informen sobre las oportunidades de formación existentes.

• Experimente técnicas de mediación de conflictos y enseñe a los estudiantes cómo utilizarlas para resolver sus propios conflictos.

* Enseñe a los estudiantes aptitudes de negociación que les permitan:

a) definir su conflicto (“¿Acerca de qué estamos discutiendo? ¿Por qué y cómo surgió el problema?”);

b) intercambiar posiciones y propuestas (“Creo que debería ser de esta manera porque…”);

c) examinar la situación desde los dos puntos de vista (por ejemplo, mediante actividades teatrales o debatiendo);

d) elegir opciones en que ambos estudiantes puedan encontrar soluciones beneficiosas para todas las partes (“Hoy probaremos a tu manera y mañana a la mía, para ver cuál es mejor.”);

e) llegar a un acuerdo sensato.

* Enseñe a los estudiantes a actuar como mediadores para resolver de modo constructivo los conflictos de sus compañeros de clase.

* Elija un problema que podría surgir o haya surgido entre dos de sus estudiantes.

Haga que dos estudiantes escenifiquen el problema y pida a un tercero que ayude a sus compañeros a llegar a un acuerdo. Solicite al tercer estudiante que utilice sus conocimientos sobre sus compañeros y sobre el problema para proponer lo que a su juicio sería un buen arreglo.

* Una vez que todos los estudiantes hayan adquirido las aptitudes de negociación y mediación, designe a dos estudiantes cada día, de preferencia un niño y una niña, para que actúen como mediadores o conciliadores oficiales. Haga rotar las funciones de mediador oficial entre todos los estudiantes para asegurarse de que todos ellos conozcan bien las técnicas. Los mediadores oficiales sirven para mediar en todos los conflictos que no pueden ser resueltos por las partes interesadas.

Actividad en el aula:

Enseñe a los estudiantes a contribuir a la mediación de conflictos entre sus compañeros de clase. Designe un conciliador de la clase cada semana para que todos puedan adquirir y poner en práctica las aptitudes de resolución de conflictos y negociación.

Reconocer la violencia y la discriminación contra los estudiantes discapacitados y los procedentes de comunidades indígenas o minoritarias y otras comunidades marginadas

• Talvez tenga que explicar a otros estudiantes los motivos por los cuales algunos niños se comportan de forma diferente, tienen problemas de aprendizaje o se ven limitados para practicar deportes u otras actividades físicas debido a sus discapacidades mentales, físicas o de aprendizaje. Recalque que todos los miembros de la clase son diferentes de distintas maneras y eso es lo que los hace únicos. Se han de valorar las diferencias. Toda persona tiene derecho a ser respetada por ser quien es. Puede ser necesario realizar una labor similar en las reuniones de padres de familia y profesores.

• Trate de darse cuenta de los posibles prejuicios o supuestos que usted o sus estudiantes podrían difundir en el aula. Invite a sus estudiantes a reflexionar de modo crítico sobre los supuestos o estereotipos que podrían concebir y que son la causa fundamental del trato que dispensan a otros que son distintos de ellos. Elabore un modelo de la conducta que desea promover entre sus estudiantes.

• Diga lo que piensa inmediatamente si los estudiantes hacen comentarios discriminatorios. Explique a los estudiantes que las palabras pueden herir. Esté atento a la violencia física que pueda ir unida a comentarios discriminatorios y racistas, por insignificante que pueda parecer.

• Verifique el programa escolar y los libros de texto. ¿Tratan de desarrollar el entendimiento acerca de la existencia de las distintas culturas de la sociedad?

¿Ayudan a entender las diferencias y alientan a aprender a vivir juntos?

• Absténgase de convertir a los estudiantes en portavoces de su grupo cultural o étnico, pues lo único que se conseguirá al “catalogarlos”, es aislarlos del resto de la población estudiantil. Si se les ayuda a integrarse en la clase, se aumentará la toma de conciencia acerca del valor positivo de la diversidad.

Actividad en el aula:

Pida a los estudiantes que dispensen a sus compañeros de clase el mismo trato que les gustaría recibir de ellos, especialmente a los que podrían ser diferentes, proceder de culturas distintas o tener limitadas sus capacidades físicas o mentales. Recuerde: hay que valorar las diferencias y toda persona tiene derecho a ser diferente.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Educar desde la presencia del docente

El autor afirma “La presencia del docente es todo aquello con lo cual el docente “enseña”, su cuerpo, su cara, su sonrisa” ¿Qué importancia tiene esta presencia en la labor docente? ¿Cuál es su aporte al clima de trabajo en el aula?

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Crear un ambiente lleno de buenas emociones, es primordial para favorecer la comunicación de quienes se encuentran en él, más aun si es en un clima de respeto por el otro. José María Toro, 2005:

La mayor parte de la vida escolar se desarrolla, se despliega en gestos y acciones sencillas, cotidianas: reencontrarse, saludar, conversar, trabajar, descansar, jugar, leer, escribir, dibujar… Todo esto es tremendamente importante y puede vivirse cargado de sentido y significado. La plenitud de vivir, el gozo de ser, la dicha del encuentro humano no puede estar al margen o fuera de todo eso.

Los momentos vividos en el aula son aquellos que dejan huellas, la postura del educador frente a la clase y frente a sus estudiantes es capaz de trascender en el tiempo. Esta trascendencia requiere ser positiva, pues a menudo los buenos recuerdos suelen verse afectados por aquellos que no lo son. Muchas veces se nos ha preguntado acerca de la escuela, de la relación con nuestros educadores y solemos evocar a aquél recuerdo que muchas veces nos provoca molestia, aunque no siempre es así, pues generalmente se recuerda aquél docente castigador y dependiendo del alumno se recuerda a aquél educador que entrega su carisma, su alma y su presencia . Toro, J. M. “El cuerpo es el templo de nuestra “presencia”, el altar en el que ponemos todo cuanto ofrendamos en cada momento pedagógico

La presencia del docente es todo aquello con lo cual el docente “enseña”, su cuerpo, su cara, su sonrisa. La comunicación que entrega a través de todo su ser es simplemente indescriptible, por eso es tan importante. Toro, J.M. nos hace referencia a la importancia de la cara del maestro:

La cara del maestro, de la maestra, siempre es una palabra que está hablando al mundo concreto y cercano que representa la clase; simplemente porque nuestras caras siempre expresan, muestran y reflejan. […]Una cara así es algo hermoso porque trasluce y revela la belleza interior.

Muestra aquello que muchas veces se nos dificulta dejar ver, ya sea por los problemas que solemos llevar como una carga en la espalda diariamente o por situaciones que se suelen presentar en clases, con los estudiantes o sus padres, con nuestros colegas.

Y apoya comentando:

La sonrisa tendría que ser considerada un elemento típicamente escolar, como son los libros, los cuadernos, los lapiceros o las pizarras. Hoy, quizás más que nunca, es preciso devolver la sonrisa a los rostros de los niños y al semblante de sus maestros y maestras.

La sonrisa ha de “estar presente” en las escuelas. Sin sonrisa y sin la alegría que ella dibuja o revela no hay educación saludable ni gozosa. Es preciso recuperar la escuela, la educación toda como un espacio para la sonrisa, el humor y la alegría.

Es verdad que la sonrisa del educador debiera considerarse como un aspecto fundamental en nuestras clases, ya que son aquéllas las que abren los espacios más inhóspitos, son ellas las que dan la chance para que un espacio lleno de estudiantes se convierta en un aula, en la cual las experiencias son lo primordial. Es importante extraer las palabras de Toro, J. M.: “Una clase, como grupo, es mucho más que un conjunto de soledades en compañía.”.

Por lo tanto estos aspectos, son realmente elementales al momento de realizar una clase, pues facilita la realización de ésta, la comunicación y un mejor entendimiento entre los que están insertos en ella. Además es una muy buena estrategia si se ve desde el punto de vista de la mejora de la comunicación y el acercamiento con el estudiante lo que favorece un mejor clima de trabajo en el aula, ya que el docente no solo debe mediar el conocimiento teórico sino que también debe colaborar desde sí, a que sus alumnos sean capaces de creer en sí mismos y a que lo más importantes son ellos como personas, además de la valoración que ellos mismos son capaces de entregarse. Mañú, J. y Goyarrola, I.: “El maestro educa primero con lo que es, después con lo que hace y sólo en tercer lugar con lo que dice […]” A la vez, sabe que es más importante la persona que aprende, que los conocimientos que adquiere”.

Extraído de:

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL Y CREATIVA EN LA FORMACIÓN DEL PROFESORADO: LA ADVERSIDAD COMO OPORTUNIDAD DE CAMBIO FORMATIVO

María Francesca Nieto Vargas.

La violencia en la escuela: el acoso y sus consecuencias

La escuela siempre estuvo acompañada por la violencia, en la actualidad, al prestar mayor atención a la convivencia, surge con mayor transparencia. Uno de los tipos de violencia más frecuente es el “acoso”, en esta publicación mostraremos el punto de vista de la UNESCO sobre el acoso, y sus consecuencias.

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Son muchos los factores que determinan la violencia en la escuela. Entre ellos figuran las distintas concepciones culturales de la violencia, los factores socioeconómicos, la vida familiar de los estudiantes y el entorno externo de la escuela. Por ejemplo, pueden existir grandes disparidades entre las culturas y las sociedades en la definición de lo que constituye un acto o entorno violento. Independientemente del contexto cultural o socioeconómico de la escuela, la violencia puede ser tanto física como psicológica.

El acoso

Un estudiante sufre de acoso cuando es objeto, repetidas veces a lo largo del tiempo, de un comportamiento agresivo que le causa intencionalmente heridas o malestar por medio del contacto físico, las agresiones verbales, las peleas o la manipulación psicológica. El acoso supone un desequilibrio de poder y puede abarcar la burla, la provocación, el uso de apodos hirientes, la violencia física o la exclusión social. El acosador puede actuar solo o dentro de un grupo de pares. El acoso puede ser directo, por ejemplo, cuando un niño exige a otro dinero o pertenencias, o indirecto, como en el caso en que un grupo de estudiantes difunde rumores sobre otro. El acoso cibernético es el hostigamiento por medio del correo electrónico, los teléfonos celulares, los mensajes de texto y los sitios Web difamatorios.

Los niños pueden ser más vulnerables al acoso cuando sufren de discapacidades, manifiestan una preferencia sexual distinta a la de la corriente mayoritaria o proceden de un grupo étnico o cultural minoritario o de un medio socioeconómico determinado. A veces el acoso da lugar a agresiones físicas que provocan la muerte.

CONSECUENCIAS:

Tanto para el acosador como para el estudiante que sufre el acoso, el ciclo de violencia e intimidación conduce al aumento de las dificultades interpersonales y a la disminución del rendimiento escolar. Los estudiantes que son víctimas de acoso tienen más probabilidades de sentirse deprimidos, solos o ansiosos que sus compañeros y su autoestima es baja. A menudo los acosadores actúan de modo agresivo debido a la frustración, la humillación o la ira y en respuesta al ridículo social.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura