Primer desafío de la Escuela en el S XXI: Privilegiar el desarrollo frente al aprendizaje

Estamos en una “sociedad de la información”, con sólo un movimiento de teclas podemos acceder a ella ¿Es importante guardarla en nuestra memoria? La pregunta es ¿Enseñar a pescar o entregar pescados? ¿Qué competencias son las que hay que privilegiar?

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Hoy  en  día,  las  redes  electrónicas  se constituyen en inagotables memorias sociales externas al individuo y la necesidad de disponer en la memoria individual de las informaciones y datos particulares, se torna totalmente obsoleta. Cualquier información está al alcance de la mayoría de individuos presionando una tecla de su computador o de su celular, o accediendo a cualquier red mundial de datos.

En este contexto, pierde pertinencia una escuela centrada en el aprendizaje de informaciones de tipo particular, tarea a la que se había dedicado la escuela durante los últimos siglos. Esto es válido en mayor medida en una época en la que se calcula que cada doce años se duplica el conocimiento humano (Gimeno Sacristán).

La escuela, tal como dice el proverbio chino, debería ser un lugar para entregar cañas de pescar, y no pescados, a los estudiantes. Cañas que les permitan a los estudiantes  interpretar,  analizar  y  argumentar  la  información  depositada  en  las redes. Quien alcanza altos niveles de desarrollo en sus competencias interpretativas, posee una caña para adquirir nuevos conocimientos. Puede ser, por ejemplo, que un niño con excelente nivel de lectura, no tenga la información sobre la extensión de los ríos,  las  capitales  de  determinado  país  o  el  nombre  de  sus  gobernantes;  sin embargo, la competencia interpretativa le permitirá acceder a ella, si esa es su necesidad. Y lo más importante, le permitirá interpretarla, le permitirá utilizarla en otro contexto, le permitirá apropiársela en forma de competencia. Es decir, le permitirá  aprehenderla.  Lo  mismo  le sucede  a  quien  posea redes  conceptuales claras, jerárquicas y diferenciadas, o a quien haya desarrollado interés por conocer y autonomía para pensar, sentir y actuar de manera independiente. Desafortunadamente todavía no es así. Todavía la mayor parte de escuelas de América Latina entrega pescados a sus estudiantes, y, desafortunadamente, pescados viejos y trasnochados. Pero las condiciones socio-históricas actuales exigen un cambio profundo en las finalidades de la educación. La finalidad última de la escuela tiene que ser la de garantizar mayores niveles de pensamiento, afecto y acción; es decir, la humanización del ser humano como decían Merani y Vigotsky.

No  se  trata  simplemente  de  transmitir  conocimientos,  como  supuso equivocadamente la Escuela Tradicional, sino de formar individuos más inteligentes a nivel cognitivo, comunicativo, social, afectivo, estético y práxico. La función de la escuela es favorecer e impulsar el desarrollo y no debería seguir centrada en el aprendizaje,  como  siguen  creyendo  equivocadamente  diversos  modelos pedagógicos vigentes en la actualidad. Pero esto implica un cambio profundo en los fines y contenidos de la educación actual, ya que con los fines y contenidos actuales, que privilegian la información desarticulada y con los fines y contenidos actuales, que privilegian la información desarticulada y descontextualizada, no es posible un trabajo centrado en el desarrollo y no en el aprendizaje.

Extraído de:

El maestro y los desafíos a la educación en el siglo XXI

Por: Julián De Zubiría Samper

REDIPE VIRTUAL 825, Julio  de 2013 ISSN 2256-1536

EDITORIAL REVISTA REDIPE 825