La empatía en los docentes

La empatía consiste en una “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” ¿Se puede aprender?  ¿Qué importancia tiene en las prácticas docentes? ¿Mejora la calidad de la enseñanza?

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Cuando un docente termina la carrera de magisterio, obtiene un título que acredita que posee una serie de conocimientos, pero realmente ¿Se nos prepara para interaccionar con alumnos, para entenderlos, captar sus emociones, sus intereses, para transmitirle los nuestros?, ¿Se nos enseña a ser empáticos?, es más, ¿Es necesario ser empático para ser maestro?, ¿La empatía se puede educar?

No siempre un brillante expediente académico asegura la habilidad empática de una persona que va a dedicarse a la educación, que va a contribuir decisivamente en el desarrollo integral de sus alumnos, a través de una educación que debería regirse por los principios señalados por Delors: aprender conocer, a ser, a hacer y aprender a vivir, para lo que, la empatía, es una habilidad imprescindible.

Por ello, la empatía en el docente ha de ser la base sobre la que se sustente todo el proceso educativo, puesto que será esta habilidad la que permitirá al docente conocer realmente a sus alumnos, siendo capaz de interesarlos así, a la vez que de ayudarlos, en la materia a conocer, además de enseñar con su ejemplo, esa manera tan poco apreciada hasta hace relativamente poco de ser inteligente, la manera de vivir dándose importancia a uno mismo y a los demás, la manera de convivir de forma inteligente, emocionalmente hablando.

Pero la realidad es que el docente, al menos en los planes de estudio actuales, no recibe la formación específica que le permita educar a través de la empatía. Si echamos una mirada al devenir diario de los centros educativos, los maestros viven preocupados e incluso agobiados por terminar el libro, por cumplir con todos los objetivos y “dar” todos los contenidos impuestos por el currículum, por la burocracia, por implantar la disciplina, por la asistencia diaria de sus alumnos, por la estadística de aprobados, por el fracaso escolar,…pero que el alumno se sienta integrado, motivado, porque el alumno desee aprender, porque desarrolle al máximo sus capacidades e inteligencias, en definitiva, porque el alumno sea feliz, no parece ser, al menos en la práctica, el fin último de la educación.

Y no consiste en volcarnos de pronto en una faceta u otra de la inteligencia, sino que lo que los docentes deben entender y poner en la práctica, es que tan importante es la educación intelectual como la emocional, que no es posible una sin la otra, y que son por tanto, inseparables.

Es muy difícil cuando uno no está motivado, cuando no siente confianza con su maestro para poder preguntarle dudas, cuando los contenidos no se enlazan con sus intereses, por muy inteligente académicamente hablando que se sea, que el aprendizaje realmente de sus frutos.

Según Cooper, el docente que puede ser empático con sus alumnos, no sólo contribuiría en el desarrollo moral de ellos sino también que facilitaría el proceso de aprendizaje, la experimentación de emociones positivas y competencias sociales necesarias para desarrollo el personal y el desempeño académico de los alumnos. Las interacciones positivas entre el docente y el alumnado están relacionadas con altos niveles de compromiso en el aprendizaje y mayor calidad en relaciones interpersonales vinculadas con la valoración de los vínculos y el compartir.

Si bien no se puede establecer una causalidad entre las variables implicadas en el éxito de la tarea de educar, resultan interesantes algunos estudios que muestran que entre los aspectos más valorados en las prácticas educativas que favorecen un aprendizaje eficaz encontramos: las emociones positivas, la preocupación por los estudiantes, la calidad de las relaciones educativas, la atención de las necesidades particulares de los estudiantes.

De allí la importancia de profundizar en estas dimensiones y sus relaciones, no sólo desde el punto de vista teórico sino también empírico, con el objetivo de jerarquizar aspectos fundamentales de la enseñanza eficaz.

Funes destaca las interrelaciones entre competencia social y académica al enfatizar que cuando los alumnos tienen una buena relación con el profesor, están motivados hacia la materia, por lo que podría inferirse que parte de la conflictividad se debe no sólo a dificultades didácticas sino también a las relaciones sociales.

A partir de lo expuesto, la empatía podría considerarse como un recurso importante en la práctica docente. Más aún, debería ser considerada en la formación académica y profesional del docente. Por ello, en este trabajo, se pretende conocer el nivel de empatía de los docentes y sus carencias si las hubiera, con el objetivo de poder mejorar su formación, bien sea a través de la formación permanente, bien a través de la modificación de los planes de estudio de magisterio, con el fin último de mejorar la calidad de la educación.

Extraído de:

Detección y mejora de las carencias empáticas en la Inteligencia Emocional del Profesorado.

Gloria Sanchez Vidal

Master en Neuropsicología y Educación


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, , Reportar este Comentario Ana G. dijo

buen dia me gustaria tener informacion de estrategias para obtener realmente una empatia con mis alumnos es laprimera vezz que atiendo ninos de 11 – 12 anios sexto grado ojala puedieran ayudarme