El papel de la educación en la formación de la ciudadanía democrática

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El papel de la educación en la formación de la ciudadanía democrática
La formación escolar cumple un papel central en la constitución de cada uno de los aspectos de la ciudadanía democrática que hemos comentado línea arriba. En primer lugar, la formación de ciudadanos supone para el sistema educativo la responsabilidad de formar sujetos que dispongan de las habilidades suficientes y las disposiciones adecuadas para participar de modo eficaz en la formación y en las decisiones de gobierno. Esto supone:
I) instruir a los ciudadanos, de modo adecuado y veraz, en el conocimiento de las características fundamentales y la historia de la comunidad política a la que pertenecen,
II) estimular el conocimiento y la aprehensión crítica del conjunto de protecciones y obligaciones legales que les corresponden en tanto miembros de esa comunidad política,
III) cultivar las habilidades necesarias para participar de modo responsable en la formación e implementación de decisiones colectivas, y
IV) fortalecer el sentido de ese afecto entre extraños, que Aristóteles llamó amistad ciudadana, y que resulta indispensable para el mantenimiento de cualquier comunidad política saludable.

Esta forma de amistad requiere que los ciudadanos democráticos ejerciten el respeto de la autonomía de sus conciudadanos. La composición plural y no discriminatoria del alumnado puede colaborar tanto o más que los contenidos curriculares o las rutinas institucionales en el cultivo de esta habilidad.

La efectiva representación democrática requiere no solamente de la competencia para elegir y hacerse elegir sino la capacidad para, por un lado, formular demandas propias en un modo aceptable y compatible con las demandas de otros y, por otro, para interpretar demandas ajenas y formularlas de tal manera que otros puedan aceptarlas como propias. Las capacidades de representación política son, en este sentido, indistinguibles de las capacidades de representación y expresión lingüísticas. El cultivo deliberado y dedicado de las habilidades de simbolización, interpretación, expresión y comunicación, intrínsecamente asociadas con la enseñanza escolar de la lengua nacional y de los distintos lenguajes científicos colabora, de manera indirecta y, sin embargo, fundamental, con la formación de la ciudadanía democrática.

Finalmente, el ejercicio cabal y responsable de la ciudadanía requiere de la satisfacción de un umbral de necesidades básicas antes del cual ninguna forma de participación o pertenencia políticas resultan posibles. La compensación de los inmensos handicaps de partida que grandes sectores de la población deben soportar es una de las más onerosas cuentas pendientes de los sistemas educativos de las democracias contemporáneas, especialmente en las democracias más jóvenes, y muy especialmente en las democracias latinoamericanas. En algunas de ellas se han desarrollado esfuerzos para registrar de modo fiable las diferencias de calidad entre los procesos educativos y compensar, de acuerdo con esos resultados, las diferencias de calidad registradas entre las regiones y los sectores sociales. Los procesos de descentralización y privatización a los que hemos hecho referencia en la primera unidad, conspiran contra el éxito de estos esfuerzos. La igualación de la calidad continúa siendo el gran desafío democrático que los sistemas educativos de la región deberán enfrentar en los próximos años.

Autor
Emilio Tenti Fanfani
Licenciatura en Ciencias Políticas y Sociales en la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1968 (Medalla de oro al mejor promedio de la promoción).
Post Grado:
Diplôme Supérieur d’Etudes et Recherches Politiques: Diploma del Tercer Ciclo de la Fondation Nationale des Sciences Politiques de Paris. Dos años de escolaridad y defensa pública de tesis, aprobada con mención “Très bien”. Paris, 1968-1971.