La violencia en la escuela y sus consecuencias, el castigo físico y psicológico

La violencia siempre ha existido en las escuelas, y muchas veces ha sido naturalizada, en esta publicación nos ocuparemos del punto de vista de la UNESCO sobre el castigo físico y psicológico, y sus consecuencias.

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Son muchos los factores que determinan la violencia en la escuela. Entre ellos figuran las distintas concepciones culturales de la violencia, los factores socioeconómicos, la vida familiar de los estudiantes y el entorno externo de la escuela. Por ejemplo, pueden existir grandes disparidades entre las culturas y las sociedades en la definición de lo que constituye un acto o entorno violento. Independientemente del contexto cultural o socioeconómico de la escuela, la violencia puede ser tanto física como psicológica.

En el Informe mundial sobre la violencia contra los niños se definen las principales formas de violencia tales como:

• el castigo físico y psicológico;

• el acoso;

• la violencia sexual y por razones de género;

• la violencia externa: las consecuencias de las bandas, las situaciones de conflicto, las armas y las peleas.

El castigo físico y psicológico

El Comité de los Derechos del Niño define el castigo corporal o físico como todo castigo en el que se utilice la fuerza física y que tenga por objeto causar cierto grado de dolor o malestar, aunque sea leve. En el ámbito educativo, se trata de pegar a los estudiantes (“manotazos”, “bofetadas”, “palizas”), con la mano o con algún objeto. También puede consistir en, por ejemplo, dar puntapiés, zarandear o empujar a los estudiantes, arañarlos, pellizcarlos, morderlos, tirarles del pelo o de las orejas, obligarlos a ponerse en posturas incómodas, producirles quemaduras, obligarlos a ingerir alimentos hirviendo u otros productos, como en el lavado de boca con jabón. El Comité opina que el castigo corporal es siempre degradante.

También hay muchas formas de castigo que no son físicas, pero que son igualmente crueles y humillantes. Entre éstas se cuentan los castigos en que se menosprecia, se humilla, se asusta, se amenaza o se ridiculiza al estudiante. Además, el mero uso de la fuerza física por parte de una persona que es de mayor tamaño y tiene más fuerza que el estudiante transmite un claro mensaje de poder, control e intimidación, confirmando el hecho de que los actos de agresión física se entrecruzan con la agresión psicológica.

Consecuencias:

El castigo físico o corporal tiene graves consecuencias en la salud mental y física de los estudiantes y ha estado vinculado al lento desarrollo de las aptitudes sociales, la depresión, la ansiedad, el comportamiento agresivo y la falta de empatía o atención hacia los demás. Por consiguiente, el castigo corporal no sólo es perjudicial para el estudiante o el niño al que se dirige, sino también para los docentes, cuidadores y otros estudiantes y niños, ya que provoca dificultades mucho mayores que se han de superar. El castigo corporal también genera resentimiento y hostilidad, haciendo difícil que los maestros mantengan buenas relaciones con los estudiantes y estos con los maestros en las aulas. Asimismo, hace que la labor de los docentes sea más dura, menos gratificante y sumamente frustrante. Además, impide que los estudiantes aprendan a reflexionar de modo crítico, a tomar decisiones morales adecuadas, a cultivar el control de sí mismos y a reaccionar ante las circunstancias y frustraciones de la vida de forma no violenta. Ese tipo de castigo muestra a los estudiantes que el uso de la fuerza, ya sea verbal, física o emocional, es aceptable, especialmente cuando se dirige a personas más jóvenes y débiles. Esa sanción da lugar a un mayor número de incidentes de acoso y a una cultura general de violencia en las escuelas.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Las formas de violencia en la escuela y sus consecuencias, la violencia sexual

La violencia, con sus distintas manifestaciones siempre ha estado presente en las escuelas, en la actualidad todo tipo de problema relacionado con la convivencia, merece la atención de todos. En este caso se trata de la violencia sexual y por razones de género, y publicaremos el punto de vista de la UNESCO sobre este tipo de violencia y sus consecuencias.

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En el Informe mundial sobre la violencia contra los niños se definen las principales formas de violencia tales como:

• el castigo físico y psicológico;

• el acoso;

• la violencia sexual y por razones de género;

• la violencia externa: las consecuencias de las bandas, las situaciones de conflicto, las armas y las peleas.

La violencia sexual y por razones de género

La violencia por razones de género puede adoptar una forma psicológica, física y/o sexual y conlleva la imposición o el mantenimiento de desequilibrios de poder entre los sexos. La violencia por razones de género contribuye a reforzar activamente las desigualdades entre hombres y mujeres, los estereotipos y los papeles que la sociedad impone a cada sexo. Si bien las niñas suelen ser más vulnerables a la violencia sexual y por razón de género, los niños también corren el riesgo de padecerla.

La violencia por razones de género en la escuela puede ser física, como el castigo corporal de las niñas que no tienen el comportamiento “propio de una dama”, y sexual, como la violación. También puede consistir en el acoso o la explotación por parte de otros estudiantes, de los profesores o del personal de la escuela, o puede ser de índole psicológica, como por ejemplo, cuando se culpa a las víctimas de violación. A veces esa violencia consiste en castigar o avergonzar a los estudiantes debido a su sexo o a su sexualidad.

CONSECUENCIAS:

Se dispone de pocos datos sobre la violencia sexual que los estudiantes padecen en la escuela porque estos vacilan en denunciar ese tipo de actos por miedo a ser humillados o estigmatizados, a que no les crean o a sufrir represalias.

La agresión sexual y otras formas de violencia por razones de género en la escuela son factores importantes que influyen en la baja tasa de matrícula y las tasas de deserción escolar de las niñas. La violencia por razones de género no sólo desanima a las niñas a ir a la escuela, sino que también puede llevar a los padres de familia a prohibir a sus hijas que asistan a la escuela por miedo a que ellos también sean victimizados. La violencia sexual contra los niños en la escuela puede causar especial vergüenza, dado que se considera con frecuencia un tema tabú.

A raíz de la violencia sexual y por razones de género, los estudiantes son más propensos a las infecciones de transmisión sexual, el embarazo no deseado, la baja autoestima y el menor rendimiento escolar. Ese tipo de violencia también tiene repercusiones en la familia y la comunidad.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Séptimo desafío de la Escuela en el S XXI: Favorecer la solidaridad y la diferenciación individual

Los avances científicos y técnicos se producen con mayor velocidad ¿Quién es responsable de ellos? ¿Se trata de personas o de grupos? ¿Educamos para formar individuos aislados, o integrantes de una comunidad? ¿Qué importancia tiene la solidaridad en este contexto?

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El individuo es una creación reciente de la historia. Hasta hace muy poco tiempo para la Iglesia, los partidos políticos, los medios de comunicación o las escuelas, lo que existía eran “masas” de fieles, de productores y demandantes, de seguidores y de votantes, de lectores y oyentes, y de alumnos. Pese a ello, el papel predominante alcanzado por el individuo en la fase actual del desarrollo del capitalismo hace parecer lo colectivo como un valor anticuado, casi que medieval. El individualismo es así un sello característico y dominante de la sociedad occidental actual.

Sin embargo, la preocupación por los demás es también una tendencia natural del ser humano. Ya decía Aristóteles que el hombre es un ser social, un ser que no puede subsistir de manera aislada; y decía Voltaire, que fuera de la colmena, la abeja es tan solo una mosca. De manera más compleja, Einstein argumentaba en los siguientes términos:

Al pensar en nuestra vida y trabajo caemos en cuenta de que casi todo lo que hacemos y deseamos está ligado a la existencia de otros hombres (…). Sin el lenguaje, nuestro intelecto sería pobre, comparable al de los animales superiores. Así, debemos confesar que si aventajamos a los animales superiores es gracias a nuestra vida en comunidad”

Lo dicho por Einstein hace cerca de ocho décadas, hoy adquiere mayor importancia. El trabajo se hace cada vez de manera más grupal y colectivo. La época de los grandes científicos  e inventores trabajando a la manera de “Ciro Peraloca” ha desaparecido para la historia humana. Los avances científicos y los inventos ya no son producto de individuos aislados, sino de verdaderos equipos, de centros de investigación que trabajan de manera aunada.

Esta necesidad de favorecer la solidaridad se acrecienta en el mundo actual y en especial en un continente tan desigual e inequitativo como en el que vivimos.

En los albores del siglo XXI, ochocientos millones de adultos se levantan todos los días con hambre ya que solo cuentan con un dólar diario para subsistir. Una sexta parte de la población mundial, la mayoría de ella conformada por mujeres, no ha podido acceder al invento sumerio realizado hace ya más de seis mil años de vida humana.

Extraído de:

El maestro y los desafíos a la educación en el siglo XXI

Por: Julián De Zubiría Samper

REDIPE VIRTUAL 825, Julio  de 2013 ISSN 2256-1536

EDITORIAL REVISTA REDIPE 825

La violencia externa a la escuela: las consecuencias de las bandas, las situaciones de conflicto, las armas y las peleas

La violencia, que siempre ha estado presente en las escuelas, toma a veces formas novedosas. En la actualidad, en muchos lugares, es causa de preocupación la violencia generada por bandas, las situaciones de conflicto, y los efectos que causan sobre los alumnos. La siguiente es la opinión de la UNESCO sobre el tema.

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Son muchos los factores que determinan la violencia en la escuela. Entre ellos figuran las distintas concepciones culturales de la violencia, los factores socioeconómicos, la vida familiar de los estudiantes y el entorno externo de la escuela. Por ejemplo, pueden existir grandes disparidades entre las culturas y las sociedades en la definición de lo que constituye un acto o entorno violento. Independientemente del contexto cultural o socioeconómico de la escuela, la violencia puede ser tanto física como psicológica.

La violencia externa: las consecuencias de las bandas, las situaciones de conflicto, las armas y las peleas

La violencia que se produce fuera del medio escolar, como la violencia de las bandas, los conflictos políticos, la dureza de la represión policial y la violencia doméstica, se reproduce a menudo en el contexto de la escuela.

La violencia de las bandas en la escuela puede comprender palizas, puñaladas y disparos y tiende a ser más grave, e incluso mortal, en comparación con otras formas de violencia en la escuela, especialmente cuando está vinculada con el tráfico de drogas ilícitas. La inestabilidad política y los conflictos que abarcan la represión policial, también son ejemplos de violencia externa que influyen profundamente en la índole de la violencia en la escuela.

La violencia externa que se produce en una comunidad de los alrededores también puede infiltrarse en la escuela, dando lugar a que los estudiantes lleven armas y a que surjan más incidentes de violencia. Los estudiantes pueden llevar armas porque se sienten amenazados o porque las pistolas y armas se aceptan en la vida diaria de la comunidad. Las peleas generalmente suponen un conflicto en el que no es fácil distinguir entre el autor y la víctima. El acoso puede conducir a las peleas, con o sin armas.

CONSECUENCIAS:

Cuando los estudiantes están involucrados en bandas o viven en comunidades donde las bandas y las drogas forman parte de la cultura, ello puede conducir directamente a las peleas, al uso de armas y a la violencia relacionada con la droga en la escuela.

Las situaciones de conflicto pueden afectar la capacidad de los estudiantes para aprender y asistir a la escuela. Los conflictos también pueden tener consecuencias en la infraestructura escolar, la disponibilidad de docentes cualificados y la distribución de material didáctico y el acceso a él. En los informes procedentes de países en situación de conflicto se ha indicado que esa situación expone a los estudiantes a la violencia, aumentando el riesgo de que sean objeto de victimización tanto dentro como fuera de la escuela.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Desafío de la Escuela en el S XXI: Desarrollar la inteligencia intra e interpersonal

La escuela que conocemos centra su esfuerzo en lo cognitivo ¿Intenta hacernos conocer al otro? ¿Y a nosotros mismo? ¿Qué hacemos desde la escuela, para mitigar el aislacionismo y el individualismo?

cognitivismo

Los seres humanos piensan, aman y actúan, según la sabia expresión de Wallon. En el pensar existen serísimas dudas sobre los niveles alcanzados por los estudiantes al privilegiar la escuela actual lo específico sobre lo general, el aprendizaje sobre el pensamiento y la memoria de corto plazo frente a la memoria semántica. Pero si ello es así a nivel cognitivo, en el sentir y en el amar no existirían dudas sobre el poco impacto que hasta el momento ha logrado la escuela; y no existen, porque triste y desafortunadamente hay que decir que la escuela actual no nos ha formado valorativamente.

La escuela que todos conocemos no nos ha enseñado a conocer a los otros, a favorecer la tolerancia y el respeto por la diferencia, y mucho menos a conocernos a nosotros mismos y a expresar nuestros sentimientos. Es una escuela que sobrevalora lo cognitivo y que casi ha abandonado la dimensión socioafectiva. Por ello somos tan frágiles en la vida afectiva y en el mundo del amor y los sentimientos.

El problema de este crucial “olvido”, es que el mundo actual requiere individuos más equilibrados socioafectivamente. Ello es así, ya que difícilmente encontraremos una sociedad con mayor riesgo en estos campos. Vivimos en una época y en una cultura en la que predomina el debilitamiento de la autoridad, la cohesión, la estabilidad y la comunicación familiar. Es cierto que la vinculación de la mujer al trabajo, la píldora anticonceptiva, la relativa generalización de los jardines escolares y la importante revolución sexual de los sesenta, liberaron a la mujer. Pero también es cierto que ello disminuyó los niveles de comunicación, cohesión y atención en el hogar; en especial a los niños más pequeños.

Vivimos en una sociedad en la que son dominantes la soledad, el aislamiento y la depresión de sus miembros. Seguramente algún día la historia humana hará un juicio a la comida “chatarra”, al “chateo electrónico” y al televisor, por sus efectos sobre el aislamiento y la depresión de la población. Algún día se juzgará el efecto sobre la cultura humana de la invasión del hogar por televisores, computadores, hornos microondas y celulares. Pero, por ahora, lo claro es que cada niño tiene menos hermanos, menos padres, menos primos, menos tíos, menos tiempo, menos comunicación y menos afecto.

Vivimos una época que se ha ido eliminando de manera creciente el tiempo libre. Hasta en el baño y en la noche más profunda y bella suena el celular y se prende el computador y el televisor. Aun esperando un avión, o en el mismo vuelo, hay que seguir trabajando, y por ello se exige seguir conectado al puesto laboral, mediante un celular, la red o un portátil. Es una sociedad “trabajoadicta” cuyo tiempo entregado a lo laboral lo toma de la familia, la diversión, la lectura y el deporte. La mayoría de las empresas exigen disponibilidad completa, pero a cambio solo ofrecen inestabilidad, incertidumbre, ansiedad y ausencia general de comunicación.

En este contexto social, laboral, familiar, histórico y cultural, la preocupación por la estabilidad sicológica y afectiva de cada uno de sus miembros, y en especial de los niños, cobra especial atención. En particular, la responsabilidad creciente de la escuela para formar niños que se conozcan más a sí mismos y que sepan leer los gestos y las expresiones de los demás y expresar las propias. Niños más inteligentes intra e interpersonalmente, como diría Gardner.

Para finalizar, una pregunta. Hace algunos años, Virginia Gutiérrez de Pineda, una de las más importantes investigadoras colombianas, especializada en el tema de la familia, preguntaba: Si todo cambia, ¿por qué no lo hace la familia? Cuatro décadas después, y ante la gigantesca diversificación y flexibilización que vivió la familia, su pregunta perdió vigencia y, en su lugar, habría hoy que preguntarse: Si todo cambia,

¿por qué no lo hace la escuela o por qué lo hace a un ritmo tan lento?

Extraído de:

El maestro y los desafíos a la educación en el siglo XXI

Por: Julián De Zubiría Samper

REDIPE VIRTUAL 825, Julio de 2013 ISSN 2256-1536

EDITORIAL REVISTA REDIPE 825

Acciones para poner fin a la violencia en la escuela, enfoque holístico e involucramiento estudiantil

¿Qué podemos hacer para terminar con la violencia en la escuela? Desde el punto de vista de la UNESCO es necesario adoptar un enfoque que involucre a todos los sectores, en especial a los estudiantes. La siguiente publicación transcribe las recomendaciones de la UNESCO.

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Abogar por un enfoque holístico que involucre a los estudiantes, el personal de la escuela, los padres de familia y la comunidad

•          Hable con el director de la escuela, el consejero de orientación, los colegas, los estudiantes, los padres de familia y los dirigentes comunitarios para llegar a un entendimiento común acerca del problema de la violencia en su escuela. Los docentes por sí solos no pueden impedir la violencia en la escuela. La comunidad escolar en su conjunto debe reunirse para elaborar de común acuerdo un mensaje firme y claro, según el cual la violencia, el hostigamiento sexual, el acoso y la intolerancia son inaceptables en el medio escolar. Cuando todo el mundo sea consciente de las diferentes maneras en que se produce la violencia, las personas a las que afecta y sus consecuencias, será mucho más fácil encontrar soluciones.

•          Ayude a su escuela a preparar un plan de acción en colaboración con las personas mencionadas más arriba, así como con los profesionales de la atención de salud, las autoridades judiciales y policiales, las empresas y otros grupos comunitarios clave. Los planes de prevención de la violencia elaborados en estrecha consulta y cooperación con otros actores, tienen más probabilidades de obtener buenos resultados que los que son preparados por un grupo de profesionales que actúa solo.

•          Examine la forma en que su escuela puede reducir los factores de riesgo, por ejemplo, procurando que el entorno físico esté bien iluminado o transmitiendo a los estudiantes aptitudes para resolver los conflictos de modo no violento. Para lograr que la escuela sea segura, es fundamental limitar las ocasiones en que se propicia la violencia y dotar a los estudiantes de los medios para prevenirla.

Actividad en el aula:

Pida a los estudiantes que hablen sobre la violencia escolar con sus compañeros, su profesor y el consejero de orientación.

¿Cuáles son las personas afectadas y cómo resultan afectadas? ¿A qué personas de la escuela y la comunidad podrían dirigirse para obtener ayuda? Haga una lista de las personas y los organismos que podrían ayudarles a prevenir la violencia escolar y examinar las maneras de ponerse en contacto con ellos.

Lograr que sus estudiantes se involucren con usted en la prevención de la violencia

•          Integre la educación relativa a los derechos humanos y la paz en el plan de estudios escolar. Instruya a los estudiantes sobre sus derechos humanos, así como acerca de los derechos de sus pares, profesores, familiares y miembros de la comunidad. Les puede informar sobre los derechos humanos y los derechos del niño utilizando historias, debates, actividades teatrales, juegos y asuntos de actualidad. Todos esos medios permiten que los estudiantes analicen y apliquen sus conocimientos sobre los derechos humanos a la realidad de su propia escuela y contexto comunitario.

•          Recurra a versiones fáciles de utilizar para los estudiantes de la De- claración Universal de Derechos Humanos y la Convención sobre los Derechos del Niño disponibles en formato impreso y electrónico. En ambos documentos se enuncia el derecho de toda persona a la educación y el derecho a crecer y aprender en un entorno seguro. Analice esos documentos con sus estudiantes y trate de definir maneras de entender, proteger y respetar los derechos humanos de todos en el aula.

•          Involucre a los estudiantes en el establecimiento de reglas y responsabilidades en el aula. Pida a la clase que redacte un código de conducta con usted. ¿Qué medidas son correctas, qué medidas perjudicarían a otros o perturbarían la clase y qué medidas son fundamentales para que usted pueda enseñar y sus estudiantes puedan aprender en un entorno pacífico? Al redactar juntos un código de conducta, se aclaran los derechos y deberes de todos y se alienta la participación de los estudiantes.

Actividad en el aula:

Pida a los estudiantes que analicen con usted y con sus compañeros lo que es violento y lo que no lo es. ¿Qué derechos concretos se ignoran en los actos de violencia? Proponga maneras de concientizar a los estudiantes sobre los derechos humanos en la escuela y de lograr que se respeten y valoren las diferencias, por ejemplo, mediante debates, viajes de estudio, juegos, actividades teatrales y relatos.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Ayudar a terminar con la violencia en la escuela: Utilizar técnicas y métodos de disciplina constructivos

Para mejorar la convivencia escolar y terminar con la violencia, es necesario actuar en todos los frentes. En este caso se trata del tipo de reglas a aplicar en el aula ¿Qué características deben reunir? ¿Cómo deben ser las sanciones? En esta publicación transcribiremos el punto de vista de la UNESCO.

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Utilizar técnicas y métodos de disciplina constructivos

• Aplique reglas del aula que sean positivas, instructivas y breves: Cuando se elaboren las reglas del aula, en la lista no deberían incluirse más de cinco o seis reglas. La lista debe ser sencilla y concisa. Las reglas deben definirse de modo positivo y no negativo para indicar claramente a los estudiantes el comportamiento que deben observar, en lugar del comportamiento que han de evitar. Asegúrese de que esas reglas no sean incompatibles con las normas de toda la escuela.

• Motive positivamente a los estudiantes:

Motive los comportamientos positivos mediante el contacto visual, el asen- timiento con la cabeza o una sonrisa. También se pueden conceder puntos de crédito suplementarios o cinco minutos más de tiempo de juego al final del día. El hecho de mencionar delante de la clase los buenos resultados obtenidos puede ser particularmente gratificante para los estudiantes. Asimismo, puede designar al “grupo que mejor se ha portado” cada semana y mostrar su nombre en una zona visible del aula. Cuando se utilice ese tipo de reconocimiento, siempre deberá ser inmediato y limitado, aunque gratificante.

• Aplique medidas disciplinarias que sean educativas y no punitivas.

Asegúrese de que cuando sancione a un estudiante, las medidas se concentren en su mala conducta y sus consecuencias y no en el propio estudiante. En función del carácter de la mala conducta, se podrían utilizar algunos de los métodos disciplinarios siguientes:

* reservar tiempo después de las clases o durante los recreos para examinar la mala conducta (por qué surgió y qué debería hacerse para corregirla);

* pedir al estudiante que se disculpe;

* cambiar la disposición de los asientos;

* enviar notas a los padres o hacer visitas a los hogares;

* analizar la gravedad de la situación y tomar la decisión de remitir al estudiante a la oficina del director de la escuela, en función de las circunstancias.

Actividad en el aula:

Proponga a los estudiantes crear un club de estudiantes contra la violencia. Puede ayudarles a organizar actividades para promover una campaña por la paz y un recinto escolar seguro para todos.

Ser un factor activo y eficaz para poner fin al acoso

• Trabaje en la elaboración de una definición común del acoso entre los profesores, los representantes de los estudiantes, el personal de la escuela y los miembros de la comunidad, para que la gente pueda hacer valer las mismas expectativas al respecto consecuentemente. El acoso adopta, entre otras, las siguientes formas:

* acoso físico: golpear, propinar patadas, empujar, asfixiar o dar puñetazos;

* acoso verbal: amenazar, burlarse, provocar o utilizar un lenguaje que incita al odio;

* exclusión social.

Aplique sistemáticamente sanciones en los casos de agresión verbal y física. Las sanciones eficaces presentan las siguientes características:

* son reducidas, de modo que se puedan utilizar constantemente;

* su gravedad aumenta si se repiten las agresiones;

* son previsibles e inmediatas;

* se basan en las mismas expectativas para todos los estudiantes.

Por lo general, las sanciones consisten en la privación del tiempo no dedicado a actividades estructuradas, como el recreo, el almuerzo con los pares o las actividades extraescolares.

• Aliente a los consejeros escolares o al personal de la escuela a brindar orientación a los acosadores al tiempo que se aplican las sanciones.

• Ayude a los estudiantes que son víctimas de los acosadores. Anímelos a hablar con los profesores y los consejeros escolares, colaborando simultáneamente con los padres de familia, los estudiantes y el personal para evitar que sean constantemente objeto de victimización.

• Faculte y conciencie a quienes presencien los hechos para que los denuncien a los adultos, apoyen a las víctimas y desalienten el acoso. Con ese fin, se pueden organizar programas de mediación y resolución de conflictos entre pares que enseñen a los estudiantes a ayudarse entre sí, a informar acerca de los actos de acoso y a aprender estrategias para resolver conflictos.

• Reconozca y valore la actuación de los estudiantes que se ayudan entre sí para poner fin al acoso. Es igualmente importante garantizar que quienes denuncian los hechos no sufran represalias.

Actividad en el aula:

Aliente a los estudiantes a ayudar a los compañeros de clase a solucionar las disputas de forma pacífica. Dígales que hablen con usted y con un consejero de orientación si alguien los está acosando o está acosando a otro compañero.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Acciones para terminar con la violencia en la escuela, afrontar retos de modo constructivo y denunciar violencia sexual

La violencia en la escuela siempre ha existido, pero en estos momentos, al preocuparnos por la convivencia, ha tomado mayor visibilidad ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo contribuir a terminar con el flagelo? Las siguientes sugerencias se originan en la UNESCO y se relacionan con un modo constructivo de afrontar la vida y la denuncia de violencia sexual.

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Fomentar la capacidad de adaptación de los estudiantes y ayudarlos a afrontar los retos de la vida de modo constructivo

• Fomente la capacidad de adaptación de los estudiantes y su aptitud para hacer frente a los problemas cotidianos, al estrés y a la adversidad con eficacia, ayudándoles a entablar relaciones positivas con los demás. Cuando se aumenta la capacidad de adaptación, se reducen las probabilidades de que un estudiante reaccione con violencia o sea víctima de ella. Los docentes que observan una conducta prosocial y constructiva, proporcionan orientación y ofrecen protección, aumentan la capacidad de adaptación de sus estudiantes, mostrando un modo positivo y alternativo de responder a los desafíos de la vida. Esos docentes sirven de modelo de comportamiento para establecer relaciones positivas y solidarias.

• Involucre a su escuela en un programa de educación para la paz con el fin de desarrollar habilidades para la resolución de conflictos. Gracias a los programas de educación para la paz, los estudiantes pueden entender cómo

se produce la violencia, desarrollar capacidades para reaccionar de modo constructivo ante ella e informarse sobre alternativas a la violencia.

• Aliente a su escuela a crear un programa de orientación escolar. Los consejeros pueden ayudar a los estudiantes a hacer frente a las dificultades de la vida e intervenir de forma preventiva. Pueden prestar apoyo a los docentes, al personal de la escuela y a los estudiantes para prevenir y afrontar la violencia de las siguientes maneras:

* actuando como mediadores en situaciones que parezcan tornarse hacia la violencia;

* ayudando a encontrar una solución pacífica antes de que la situación degenere en una violencia física;

* colaborando con las víctimas y los autores de la violencia y prestando apoyo psicosocial;

* promoviendo programas dinámicos destinados a abordar problemas como el acoso, el uso indebido de drogas y las actividades de las bandas.

• Participe en juegos de prevención de conflictos con sus estudiantes.

Pida a los estudiantes que escenifiquen una situación, por ejemplo, “¿qué ocurriría si tuvieras que enfrentarte con un acosador? ¿qué harías?”. Al crear situaciones que momentáneamente son reales, los estudiantes pueden practicar para hacer frente a situaciones estresantes, desconocidas o complejas. Organice igualmente juegos en los que los estudiantes asuman un nuevo papel, como el que podrían estar afrontando otros compañeros, para fomentar la empatía. Pida a los estudiantes que analicen cómo se sintieron y qué soluciones dieron buenos resultados.

• Haga saber a sus estudiantes que los actos y palabras de carácter violento, por insignificantes que sean, no serán tolerados. La aplicación sistemática de medidas disciplinarias aplicadas a raíz de las infracciones cometidas en la escuela, transmiten a los estudiantes el claro mensaje de que los comportamientos abusivos y la falta de respeto de los derechos de una persona, son inaceptables.

Actividad en el aula:

Organice actividades teatrales en el aula en las que los estudiantes representen conflictos violentos. Pida a los estudiantes que estudien cada conflicto y las maneras de resolverlo de forma pacífica.

Ser un modelo de conducta positivo denunciando la violencia sexual y por razones de género

• Sea consciente de los prejuicios de género, que fomentan la discriminación por razones de género. A veces los profesores tienen ideas distintas acerca de los niños y las niñas. Por ejemplo, algunos piensan que a los niños se les dan mejor las matemáticas o que estos son “inteligentes por naturaleza”, mientras que las niñas “son tranquilas y trabajadoras”. Ponga fin a los estereotipos y a las distintas expectativas que se tienen respecto de las niñas y mujeres y los niños y hombres. Fomente una mayor sensibilización acerca de los prejuicios de género en el aula y aliente a sus colegas a hacer lo mismo. Los niños varones son autores y víctimas de la violencia sexual en la escuela y, por tanto, los docentes no deberían concentrarse únicamente en la victimización de las niñas.

• Asegúrese de que la interacción que mantiene con los niños es similar a la que mantiene con las niñas. Si la interacción entre el profesor y las niñas es menos frecuente y/o de menor calidad, la autoestima y confianza en sí mismas de éstas pueden disminuir, lo que a su vez aumenta las probabilidades de que sean objeto de victimización. Para alentar a las niñas a participar en el aula, se podría dividir la clase en grupos de debate, de modo que las niñas constituyan la mayoría de un grupo o grupos. Por lo general, las niñas se sienten más libres de expresarse cuando están rodeadas de otras personas de su sexo.

• Aliente a su escuela a poner en marcha un programa de formación para los docentes, los estudiantes y la comunidad a fin de entender y detectar los casos de violencia sexual y por razones de género y tomar medidas al respecto. En la formación se debe concientizar acerca de los prejuicios de género que provocan la violencia por razones de género y se debe reconocer que existe un vínculo entre la violencia contra las niñas en la escuela y las reducidas tasas de asistencia y permanencia escolar de éstas.

• Ayude a su escuela y su comunidad a reconocer la necesidad de proteger a las niñas y mujeres en el medio escolar. En las situaciones de conflicto y post-conflicto, las niñas y mujeres son especialmente vulnerables a la violencia relacionada con los conflictos.

• Recomiende que el personal de la escuela reciba formación sobre la violencia sexual y por razones de género y que se fortalezca la representación de las mujeres en las estructuras de administración. Si se imparte formación al personal para que detecte y apoye a las víctimas de la violencia sexual y por razones de género, será más fácil prevenir la violencia. Cuando las mujeres ocupan puestos de dirección, se presta un mayor apoyo a las víctimas y se fomenta la denuncia de la violencia sexual.

• Rompa el silencio. Denuncie la violencia y utilice adecuadamente los mecanismos de información. Anime a sus colegas y a los estudiantes a dar el nombre de los autores de la violencia, tanto dentro como fuera de la escuela.

Actividad en el aula:

Inste a los estudiantes a no insultarse y a no burlarse de los demás, especialmente en lo que respecta a las diferencias entre los sexos. ¡Cada persona es diferente, pero todos somos iguales!

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Acciones para terminar con la violencia en la escuela, la seguridad escolar y los espacios seguros

La violencia ha estado siempre presente en las escuelas, pero en nuestros días es objeto de una mayor preocupación ¿Qué mecanismos se seguridad podemos promover? ¿Qué espacios seguros proponer a los alumnos? Los siguientes párrafos tienen origen en la UNESCO.

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Promover los mecanismos de seguridad escolar

• Propicie e impulse una administración sólida y una dirección eficaz de la escuela. Es importante que ambas colaboren con los docentes y las autoridades encargadas de la educación para formular y aplicar políticas destinadas a eliminar los abusos de poder, a detectar las actividades violentas desde las primeras etapas y a cultivar la confianza de la comunidad en la escuela.

• Ayude a su escuela a elaborar un código de conducta basado en los derechos en el que se reconozca el derecho de toda persona a aprender y enseñar en un medio escolar seguro, a denunciar los actos de violencia sin represalias y a participar en la toma de decisiones.

• Promueva mecanismos de información fáciles de utilizar por los estu- diantes que les alienten a denunciar la violencia. Los servicios de denuncia deberían prestar apoyo y ser receptivos y confidenciales.

• Tómese en serio las denuncias de violencia presentadas por los estudiantes y tenga presente su bienestar. Para ello, hay que dar la debida importancia a lo que digan los estudiantes y no quitar trascendencia a la situación.

Actividad en el aula:

Proponga que se organicen reuniones de diálogo con los docentes, los estudiantes, el director de la escuela y el consejero de orientación a fin de preparar un código de conducta escolar para todos.

Brindar espacios seguros y acogedores para los estudiantes

• Lleve a cabo una labor de mapeo con los estudiantes para determinar qué lugares de la escuela son seguros, cuáles son peligrosos y cuándo corren más peligro los estudiantes. Además, el personal de la escuela debe estar alerta sobre los rincones oscuros, las zonas mal iluminadas, las cajas de escalera sin vigilancia y los baños, donde los estudiantes podrían ser víctimas de abuso sexual o agresión.

• Señale la necesidad de disponer de baños privados y seguros para las niñas y mujeres. Un motivo simple, aunque importante, por el que las niñas no van a la escuela es la ausencia de retretes seguros y limpios y otros servicios que garanticen la intimidad.

• Trabaje conjuntamente con otros empleados para garantizar que los patios de la escuela sean seguros gracias a la presencia de adultos que supervisen a los estudiantes. Estos necesitan lugares seguros para jugar entre las clases y después de la jornada escolar.

Actividad en el aula:

Proponga iniciar una campaña a favor de un entorno escolar seguro localizando los lugares del recinto escolar que carecen de iluminación o son inseguros.

Extraído de:

Poner fin a la violencia en la escuela:

Guía para los docentes

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Bases para la convivencia escolar

La escuela que seleccionaba y clasificaba personas para su futura ocupación laboral funcionó durante más de un siglo. Ella tenía un sistema de convivencia que fue naturalizado, con sus controles contribuía a crear un clima escolar apto para su funcionamiento. La exigencia de la actualidad es que la escuela debe ser inclusiva, para todos, lo que requiere que las personas generen nuevas formas de relacionarse. Hace falta construir colectivamente un espacio de convivencia ¿Qué actitudes debemos desarrollar? ¿Qué clima escolar buscaremos?

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“Crear una utopía distinta, la utopía contraria, una nueva utopía de la vida, donde sea cierto el amor y la felicidad, como una segunda oportunidad sobre la tierra y esa es la fuerza de la educación”. Gabriel García Márquez

Pensar y trabajar en clave de convivencia es uno de los retos de la escuela actual. La educación es el elemento que mejor contribuye a la creación de una sociedad cohesionada y desarrollada. A través de la misma se construyen valores y actitudes de respeto y convivencia en una sociedad diversa y plural.

La escuela aporta conocimientos, pero fundamentalmente propicia comunicación y formas de relacionarse en las que la generosidad, las emociones y los sentimientos deben ser los elementos que las rijan.

Las relaciones que se establecen entre los miembros de la comunidad educativa humanizan la escuela. Mejorar la convivencia de esa comunidad es un factor que va a garantizar el éxito de los procesos de enseñanza/aprendizaje y va a ser un factor fundamental de calidad. Y aunque, hoy por hoy, hay una mayoría de centros que tienen un proyecto de convivencia aprobado por su Consejo Escolar y ven la necesidad de mejorar el clima de convivencia, es difícil encontrar la forma de implementarlo y hacerlo realidad con todo lo que ello conlleva.

Se trata de tomar conciencia, por parte de todos los miembros de la comunidad, de la necesidad de construir colectivamente un lugar donde vivir todos juntos en armonía y donde los valores de empatía y solidaridad predominen frente a los de competencia y rivalidad. Un lugar donde cada uno de nosotros tenga su sitio y aporte en función de sus potencialidades y posibilidades.

Nuestras escuelas deben ser una herramienta de aprendizaje solidario, de pensamiento divergente y crítica constructiva; pero para ello necesitamos grandes dosis de compromiso e implicación, de coherencia y generosidad, de responsabilidad ciudadana, de conciencia colectiva y comunitaria. La comunidad es la que educa, la que transmite cultura y valores; por eso ella es la responsable última de su formación.

Es necesario establecer un diálogo fluido entre la comunidad educativa que favorezca procesos de análisis y reflexión sobre las necesidades del centro, la participación de todos los implicados en la gestión y su organización para mejorar la toma de decisiones, la innovación y el avance constante del proyecto común que tenemos entre manos.

Optimar la convivencia escolar implica el desarrollo de un proyecto global de centro y la planificación de una cultura organizativa basada en un modelo inclusivo y humanista. Todos caben, son bien recibidos y respetados, no hay lugar para la violencia o la discriminación; no son posibles los prejuicios y las etiquetas o las actitudes paternalistas en ninguna dirección; ni del profesor hacia los alumnos y sus familias, ni de éstas hacia el profesorado u otras familias.

Esta línea de trabajo debe sustentarse en un modelo de trabajo que este dirigido a la corrección de todo aquello que nos dificulta para ser más persona y nos resta como seres humanos y debe ir acompañado de medidas que fomenten la mediación y prevención de los conflictos.

Esta concepción debe impregnar los contenidos curriculares y sobre todo, las actitudes del equipo docente, utilizando metodologías que propicien la cooperación y el reconocimiento de las potencialidades de cada alumno y abriendo cauces de participación para todos los miembros de la comunidad educativa, especialmente de las familias.

El educador debe ser ejemplo de actuación y portador de valores; transmitiendo respeto y afecto, entusiasmo, responsabilidad y actitud abierta y crítica ante la sociedad actual. Si el profesorado mantiene actitudes de prejuicio, clasismo y discriminación, sus alumnos reproducirán esas mismas actitudes en sus relaciones con los iguales en el aula.

Es notorio el papel que puede desempeñar el maestro en el desarrollo emocional y social de los alumnos; su intervención es fundamental para ayudar al niño a buscar una meta adecuada, guiándoles para que ellos mismos elaboren su propio proyecto de vida.

El clima escolar de un centro, lo representa. La atmosfera que se respira entre sus paredes tiene que ver con las interrelaciones que se establecen entre los distintos actores, los objetivos establecidos y sus señas de identidad. En definitiva, define la personalidad del centro.

Un clima escolar positivo implica que el centro sea un espacio donde todos, profesores y padres, trabajen unidos para que el alumno alcance el éxito escolar y social, disfrute de un bienestar personal, le dé sentido a sus aprendizajes y se eduque en valores de convivencia y respeto.

Un buen clima escolar de un centro educativo se caracteriza por unas buenas relaciones entre los docentes, relaciones de cooperación y ayuda mutua; unas buenas relaciones profesor–alumno que favorezca la autoestima del mismo y por lo tanto su rendimiento escolar. Unas buenas relaciones entre iguales que mantengan un clima de aula favorecedor de los aprendizajes, dote a los alumnos de las competencia y destreza social y ciudadana y una buena interacción con las familias que permita una intervención consensuada y coordinada con el alumnado.

El clima del aula es un elemento clave para que se produzca el proceso de aprendizaje, favoreciendo la cohesión del grupo, la confianza entre todos y reduciendo factores de riesgo que conduzcan al menosprecio de cualquiera de los miembros del grupo. Debemos proporcionar a nuestros alumnos un ambiente de seguridad basado en factores de protección. Las aulas seguras procuran a sus miembros un buen proceso de enseñanza-aprendizaje con la confianza de que todos los alumnos alcancen el éxito escolar, impulsan las relaciones positivas y promueven la participación significativa de los padres y la comunidad.

La importancia que tienen los valores en la formación de la personalidad y en su desarrollo es un aspecto que no se discute y se ha puesto un especial interés en lo que se refiere a la unidad de lo afectivo, lo cognitivo y lo conductual.

En la formación de valores influyen las emociones y reflexiones que el niño experimenta en sus relaciones con los otros, por lo que la escuela contribuye, en gran medida, a que vaya asumiendo papeles adecuados, y es en el aula donde se materializa la vivencia del grupo, como tal.

El clima del aula es el reflejo subjetivo de la atmósfera emocional del grupo. Por eso la cohesión del mismo es uno de los factores más importantes para lograr un clima de aprendizaje propicio. El aula puede ser el marco de identidad del grupo, de implicación personal.

El tutor debe trabajar y dinamizar el grupo para que vaya constituyéndose como tal y adquiriendo cohesión, un grupo de trabajo que sea capaz de cooperar y mantener unas relaciones sanas entre sus miembros. Crear en el aula un clima en el que los chicos y chicas se reconozcan como personas; y quieren cooperar para alcanzar sus metas desde el respeto activo, la confianza y la igualdad. Hemos de aceptar los conflictos y las discusiones, para reflexionar sobre ellos y que el grupo crezca a nivel personal y colectivo. Debemos permitir la libre expresión y comunicación y potenciar la espontaneidad. Facilitar y propiciar diversas posibilidades de ir del yo al nosotros, sin que la individualidad se diluya en lo colectivo.

Nosotros como educadores debemos estar dispuestos a ponernos en el lugar de cada uno de los niños, a observar nuestras propias actitudes en forma autocrítica, a vincularnos afectivamente con ellos y a acompañarles en las dificultades transformando creativamente los conflictos, así tendremos los elementos necesarios para crear un buen clima en el aula. El diálogo como herramienta para resolver los conflictos. Y para ir fomentando todas estas actitudes en los niños, tendremos en cuenta que un gesto de aprobación es mucho más fructífero que un reproche. La aceptación y el afecto incondicional son las herramientas para permitir a cada niño alcanzar el desarrollo de su potencial, dentro de un clima de respeto mutuo.

Si educamos con paciencia, amor y constancia lograremos niños seguros y motivados en el aula y contribuiremos a que en el hogar y en su entorno inmediato sean más tolerantes y empáticos. Conseguiremos desarrollar en ellos capacidad de escucha, confianza en sus capacidades, sinceridad y compañerismo.

Dar cabida a las familias en el aula y permitir que los alumnos transmitan su vida familiar y experiencias fuera del aula facilita la sensación de bienestar de todos. Con demasiada frecuencia, la escuela mira a las familias con recelo y desconfianza. Las relaciones familia/escuela son tensas, no están suficientemente definidas las competencias de la institución familiar y escolar. El centro no debe limitarse a dar información a las familias, debe ofrecer verdaderos cauces de participación en el proyecto educativo implicando a las familias en el proceso de aprendizaje de sus hijos. 1

Autora

Reme Rodríguez Beltrán

Maestra y educadora social