Abril 5, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
LA CAÍDA DEL HOMBRE
Esta es, cabalísticamente descripta, la experiencia de una pareja, la que, por supuesto, representa a la humanidad. La clave se encuentra en el versículo en el que el Mensajero de los Dioses dice a la mujer: “Parirás a tus hijos con dolor”; la misma se encuentra en la sentencia de morir que fue pronunciada al mismo tiempo.
Se observará que, anteriormente a la Caída, la conciencia no estaba enfocada en el Mundo Físico. El hombre estaba inconsciente de la propagación, del nacimiento y de la muerte. Los Ángeles que tenían a su cargo y trabajaban el cuerpo vital (el medio de propagación) regulaban la función procreadora y juntaban los sexos en ciertas estaciones del año, empleando las fuerzas solares y lunares cuando podían producir las condiciones más propicias para la fecundación, realizándose la unión inconscientemente de parte de los participantes al principio, pero más tarde produjo un conocimiento físico momentáneo. Entonces el período de la gestación no ocasionaba molestia alguna y el parto de hacía sin dolor, estando sumergidos los padres en un sueño profundo. El nacimiento y la muerte no implicaban soluciones de continuidad en la conciencia y, por lo tanto, no existían para los lemures.
Su conciencia estaba dirigida directamente hacia adentro. Percibía las cosas físicas de una manera espiritual, como cuando las percibimos en sueños, en cuyo momento todo lo que vemos está dentro de nosotros mismos.
Cuando “sus ojos fueron abiertos” y su conciencia fue dirigida hacia afuera, a los hechos del Mundo Físico, se alteraron esas condiciones. La propagación fue dirigida no por los Ángeles, sino por el hombre, quien ignoraba la operación de las fuerzas solares y lunares. Y también abuso de la función sexual, empleándola para gratificar sus sentidos, siendo el resultado de todo esto que el dolor acompañó el proceso de la gestación y nacimiento. Entonces su conciencia se localizó en el Mundo Físico, si bien todas las cosas no se le aparecieron con nitidez hasta la última parte de la Época Atlante. Sólo entonces comenzó a conocer la muerte debido a la solución de continuidad que se producía en su conciencia cuando pasaba a los mundos superiores después de morir y cuando retrocedía al Mundo Físico para renacer.
La apertura de sus “ojos” se efectuó de la siguiente manera: Recordaremos que cuando se separaban los sexos, el macho se convirtió en una expresión de la Voluntad, que es una parte de la doble fuerza anímica (del alma); expresando la hembra, por su parte, la Imaginación. Si la mujer no fuera imaginativa, no podría construir el nuevo cuerpo en su matriz y los espermatozoides no serían tampoco la concentración de la voluntad humana, no pudiéndose por lo tanto, realizar la impregnación y comenzar la germinación, la que resulta de la continuada segmentación del óvulo.
Esas dos fuerzas, Voluntad e Imaginación, son ambas necesarias para la propagación de los cuerpos. Desde la separación de los sexos, una de esas dos fuerzas permanece, sin embargo, con cada individuo, y únicamente la parte que se da es utilizable para la generación. De ahí la necesidad para el ser unisexual que expresaba una sola clase de fuerza anímica, de unirse a otro que expresara la fuerza anímica complementaria. Esto ya fue explicado anteriormente. Además, la parte de fuerza anímica no utilizada en la propagación es utilizable para el crecimiento interno. Mientras el hombre empleara totalmente la doble fuerza sexual para la generación, no podría realizar nada en el sentido de crecimiento anímico propio. Pero desde entonces la parte no empleada mediante los órganos sexuales ha sido apropiada por el espíritu para construir el cerebro y la laringe para su expresión.
Así seguía construyendo el hombre durante la última parte de la Época Lemúrica y los primeros dos tercios de la Época Atlánte, hasta que, por medio del ya mencionado empleo de la mitad de su fuerza sexual, se convirtió en un ser pensante, razonador, completamente consciente.
En el hombre, el cerebro es el eslabón entre el espíritu y el mundo externo. No puede saber nada acerca del mundo externo sino por intermedio del cerebro. Los órganos de los sentidos son simples conductores que llevan al cerebro los choques del exterior, y el cerebro es el instrumento que interpreta y coordina esos impactos, choques o impresiones. Los Ángeles pertenecen a una evolución diferente y no han estado nunca aprisionados en un cuerpo tan denso y pesado como el nuestro. Aprendieron a obtener conocimiento sin necesidad de cerebro físico. Su vehículo inferior es el cuerpo vital. La Sabiduría vino a ellos como un don, sin necesidad de laborioso pensamiento a través de un cerebro físico.
El hombre, sin embargo, tuvo que “caer en la generación” y trabajar para su conocimiento. El espíritu, por medio de una parte de la fuerza sexual dirigida hacia adentro, construye el cerebro para ir atesorando el conocimiento del Mundo Físico, y la misma fuerza se sigue empleando para alimentar y seguir construyendo el cerebro hoy en día. La fuerza estará mal empleada mientras el hombre la conserve, pues debería salir para procrear, pero el hombre la retiene con propósitos egoístas. No sucede así con los Ángeles. Estos no han experimentado división alguna de sus poderes anímicos, y, por lo tanto, pueden exteriorizar su doble fuerza anímica sin reservarse nada egoístamente.
La fuerza que se exterioriza con el propósito de crear otro ser es Amor. Los Ángeles exteriorizan todo su amor sin egoísmo o deseo de compensación, fluyendo así la Sabiduría en ellos.
El hombre exterioriza únicamente parte de su amor: El resto lo guarda egoístamente y lo emplea para construir sus órganos internos de expresión, para mejorarse a sí mismo; de suerte que su amor es egoísta y sensual. Con una parte de su poder anímico creador, ama interesadamente a otro ser porque desea la cooperación en la procreación. Con la otra parte de su poder anímico creador, piensa (también por razones egoístas), porque desea conocimientos.
Los Ángeles aman sin deseo, pero el hombre tuvo que pasar por el egoísmo. Debe desear y trabajar interesadamente para adquirir sabiduría, a fin de que pueda alcanzar en un escalón más elevado, el desprendimiento de todo interés.
Los Angeles lo ayudaron a propagarse aún después de la subversión de parte de la fuerza anímica. Lo ayudaron también a construir el cerebro físico, pero no tenían conocimiento alguno que pudiera ser transmitido por su intermedio, porque no sabían cómo usar tal instrumento y no podía hablar directamente a un ser con cerebro. Todo lo que ellos podían hacer era dirigir la expresión física del amor del hombre y guiarlo a través de las emociones de una manera amante e inocente, salvando así al hombre del dolor y sufrimiento incidental que el ejercicio de las funciones sexuales podía producirle haciéndolo sin sabiduría.
Si este régimen hubiera subsistido, el hombre hubiera seguido siendo un autómata guiado por Dios, y nunca se habría convertido en una personalidad, un individuo. El que se haya convertido en individuo ha sido debido a una clase de entidades mucho más malignas, llamadas los Espíritus Luciferes.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Abril 3, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
LA RAZA LEMÚRICA
Nos encontramos ahora en condiciones de comprender las indicaciones que siguen referentes a las entidades humanas que vivieron en la última parte de la Época Lemúrica, a quienes podemos llamar la Raza Lemúrica.
La atmósfera de la Lemuria era todavía muy densa, un tanto parecida a la niebla ígnea del Período Lunar, pero más densa. La corteza terrestre entonces comenzaba a adquirir dureza y solidez en algunas partes, mientras que en otras todavía estaba en fusión, y entre esas islas de corteza dura había un mar de agua en ebullición. Erupciones volcánicas y cataclismos marcaron el tiempo en el que los fuegos ardientes luchaban contra la formación de la corteza que los rodeaba y que los iba aprisionando.
Y sobre las partes más duras y relativamente enfriadas vivió el hombre rodeado por bosques gigantescos y por animales de enorme tamaño. Las formas de los animales y hombres eran todavía muy plásticas. El esqueleto ya se había formado, pero el hombre tenía gran poder para modificar o moldear la carne de su cuerpo y la de los animales que lo rodeaban.
Cuando el hombre nació podía oír y tenía tacto, pero su visión o percepción de la luz no vino hasta más tarde. Tenemos actualmente casos análogos en animales tales como los gatos y perros, cuyos cachorritos reciben el sentido de la vista algún tiempo después de nacer. Los lemures no tenían ojos. Tenían dos especies de manchitas o puntos sensibles que eran afectados por la luz solar que atravesaba confusa y vagamente la atmósfera de fuego de la antigua Lemuria, pero hasta casi al final de la Época Atlante no tuvieron la vista tal como hoy la conocemos. Desde aquel momento progresó la construcción del ojo. Mientras el Sol estaba adentro -es decir, mientras la Tierra formaba parte de esa masa luminosa- el hombre no precisaba ninguna iluminación externa: El mismo era luminoso. Pero cuando la Tierra obscura fue separada del Sol, se hizo necesario el poder que pudiera percibir la luz, y por lo tanto, al llegar sus rayos hasta el hombre, éste los percibía. La Naturaleza construyó el ojo como perceptor de luz únicamente en respuesta a la función ya existente, cuyo caso es invariable según lo demostró hábilmente el profesor Huxley. La amiba no tiene estómago, y sin embargo, digiere. Es toda estómago. La necesidad de digerir el alimento fue la que formó el estómago con el transcurso del tiempo, pero la digestión tuvo lugar antes de que se formara el canal digestivo. Y de análoga manera la percepción de la luz produjo los ojos. La luz misma es la que mantiene el ojo y la que lo creó. Donde no hay luz alguna no puede tampoco existir el ojo. En ciertos casos en los que algunos animales han sido metidos en cavernas -privándolos de toda luz- los ojos se han degenerado y hasta atrofiado, pues no había luz alguna para sostenerlos y porque en cavernas obscuras no se necesitan ojos. Los lemures necesitaban ojos; tenían percepción de la luz y la luz comenzó a construir el ojo como respuesta a aquella percepción.
Su lenguaje estaba formado por sonidos, análogos a los de la Naturaleza. El murmullo del viento en los bosques inmensos, que crecían lujuriantes en aquel clima supertropical, el aullido de la tempestad, el susurro del arroyuelo, el ruido de las cataratas, el rugido de los volcanes, todos esos sones eran para el hombre de entonces como las voces de los Dioses de quienes sabía que él mismo descendía.
Del nacimiento de su cuerpo no supo nada. No podía ni ver a éste ni a otras cosas, pero percibía a sus semejantes. Era, sin embargo, una percepción interna, un tanto semejante a cuando en sueños percibimos personas o cosas, pero con esta diferencia importantísima, que sus percepciones internas eran claras y racionales.
Así que no sabía nada sobre su cuerpo, ni sabía siquiera que tenía un cuerpo, así como tampoco sentimos nosotros que tenemos un estómago cuando éste está en buena salud. Nos acordamos de su existencia únicamente cuando nuestros abusos nos lo recuerdan con dolores en él. Bajo condiciones normales estamos completamente inconscientes de sus procesos. Y análogamente el cuerpo de los lemures les prestaba excelentes servicios aún cuando no estuvieran seguros de su existencia. El dolor fue el medio de hacerles sentir el cuerpo y el mundo externo.
Todo cuanto se relacionaba con la propagación de la raza y el nacimiento fue ejecutado bajo la dirección de los Ángeles guiados a su vez por Jehová, el regente de la Luna. La función procreadora se llevaba a cabo en determinadas épocas del año, cuando las líneas de fuerza de planeta a planeta formaban el ángulo apropiado. Y como la fuerza creadora no encontraba obstrucción alguna, el parto era sin dolor. El hombre era inconsciente del nacimiento, pues en aquel entonces estaba tan inconsciente del Mundo Físico como lo estamos ahora nosotros durante el sueño. Únicamente mediante el íntimo contacto de las relaciones sexuales sintió el espíritu la carne, y el hombre “conoció” a su esposa. A esto se refieren varios pasajes de la Biblia, como cuando dice que “Adán conoció a Eva y ella concibió a Seth”; “Elkanah conoció a Hannah y ella concibió a Samuel”; y la pregunta de María: “¿Cómo podré concebir si no conozco a hombre alguno?” Eso es también la clave del “Arbol del Conocimiento”, cuyo fruto abrió los ojos de Adán y de Eva de manera que pudieran conocer el bien, pero cuando comenzaron a ejercer la función creadora independientemente, ignorando las influencias estelares (o astrales) al igual que sus descendientes, y la supuesta maldición de Jehová, no era maldición en manera alguna, sino una sencilla indicación del resultado que inevitablemente produciría el empleo de la fuerza generadora, sin tomar en consideración el efecto de las influencias estelares para traer a la vida un nuevo ser.
De manera que el empleo ignorante de la fuerza generadora es el responsable del dolor, de la enfermedad y de la tristeza.
El lemur no conocía la muerte porque, cuando en el transcurso de largas edades se inutilizaba su cuerpo, entraba en otro, completamente inconsciente del cambio. Su conciencia no estaba enfocada en el mundo físico, y, en consecuencia, abandonar su cuerpo para tomar otro, para él no era más que como la caída de una hoja seca del árbol, la que es substituida en seguida por un nuevo brote.
El lenguaje era para los lemures algo santo. No era, como el nuestro, un simple arreglo de sonidos. Cada sonido emitido por los lemures tenía poder sobre sus semejantes, sobre los animales y hasta sobre la Naturaleza que los rodeaba. Por lo tanto, bajo la dirección de los Señores de Venus, quienes eran los mensajeros de Dios -emisarios de las Jerarquías Creadoras-, el poder del lenguaje fue empleado con gran reverencia, como algo extraordinariamente santo.
La educación de los niños difería grandemente de la de las niñas. Los métodos educativos de los lemures parecerían chocantes para nuestra más refinada sensibilidad. Para no herir los sentimientos del lector, únicamente hablaremos del menos cruel de todos ellos. Por inhumano en extremo que pueda parecer, débese recordar que el cuerpo de los lemures no estaba tan altamente sensibilizado como los cuerpos humanos de nuestros días, y que únicamente mediante prácticas durísimas podía llegarse a su conciencia extremadamente obscura y pesada. En el transcurso del tiempo, conforme la conciencia se iba despertando, esas prácticas crueles fueron abandonándose por innecesarias, pero en aquel entonces eran indispensables para despertar las adormecidas fuerzas del espíritu a la conciencia del mundo externo.
La educación de los niños estaba especialmente encaminada a desarrollar la Voluntad. Se les hacía luchar unos contra otros, y esas luchas eran extremadamente brutales. Se les empalaba, pero dejándolos de manera que pudieran desempalarse a voluntad, para ejercitar el poder de la voluntad debían quedarse allí, a pesar del dolor. Aprendían a mantener sus músculos en tensión y a llevar inmensas cargas para ejercitar la voluntad.
La educación de las niñas estaba encaminada al desarrollo de la facultad imaginativa. Y también se les sujetaba a prácticas inhumanas y severas. Se las metía en los bosques inmensos, para que el sonido del viento entre la fronda les hablara, y se las abandonaba en medio de la furia de las tempestades y de las inundaciones. De esta suerte aprendían a no temer esos paroxismos de la Naturaleza y a percibir únicamente la grandeza de los elementos en lucha. La frecuencia de las erupciones volcánicas era también de gran valor como medio educativo, conducente muy especialmente al despertar de la memoria.
Tales métodos educacionales estarían completamente fuera de lugar en nuestros días, pero no perjudicaron a los lemures porque no tenían memoria. No importaba cuán dolorosas o aterrorizantes fueran las experiencias soportadas; una vez pasadas se olvidaban inmediatamente. Las terribles experiencias citadas tenían por objeto despertar la memoria, imprimir en el cerebro esos impactos violentos y repetidos constantemente, porque la memoria es necesaria para que las experiencias del pasado puedan emplearse como guía de la acción.
La educación de las niñas desarrollaba la memoria germinal y vacilante. La primera idea de Bien y Mal fue formulada por ellas debido a sus experiencias, que obraron fuertemente sobre su imaginación. Las experiencias que producían el resultado esperado se consideraban como “buenas”, mientras que las que no producían el tan anhelado resultado eran consideradas “malas”.
Así que la mujer fue el precursor de la cultura, siendo la primera en desarrollar la idea de una “buena vida”, por lo que la mujer se hizo un exponente muy estimado entre los antiguos, y en este respecto ella ha estado a la vanguardia noblemente desde entonces. Por supuesto, como todos los Egos encarnan alternativamente como machos y como hembras, no hay en realidad preeminencia alguna. Es simplemente que los que encarnan en un cuerpo denso del sexo femenino tienen un cuerpo vital positivo y, por lo tanto, son más sensibles a las cosas espirituales que cuando el cuerpo vital es negativo como en el varón.
Como hemos visto, el lemur era un mago de nacimiento. Se sentía a sí mismo descendiente de los Dioses, un ser espiritual; en consecuencia, su línea de desarrollo no era la obtención de conocimientos espirituales sino materiales. Los Templos de Iniciación para los más avanzados no necesitaban revelar al hombre ese elevado origen ni educarles para realizar cosas mágicas o instruirles para funcionar en el Mundo del Deseo o en los reinos superiores. Tales instrucciones son hoy necesarias porque el hombre corriente no tiene conocimiento del mundo espiritual, ni puede funcionar en los reinos suprafísicos. El lemur, sin embargo, poseía ese conocimiento y podía ejercer esas facultades; pero, por otro lado, ignoraba las Leyes del Cosmos y los hechos relacionados con el Mundo Físico, que son cosas y conocimientos comunes a todos actualmente. Por lo tanto, en las Escuelas Iniciáticas se le enseñaba el arte, las leyes de la Naturaleza y los hechos relacionados con el universo físico. Se fortalecía su voluntad, despertando su imaginación y memoria, de manera que pudiera correlacionar las experiencias e inventar medios de acción cuando sus experiencias pasadas no servían para indicar el procedimiento apropiado. Así que los Templos de Iniciación de los tiempos lemúricos eran Escuelas Superiores para el desarrollo del poder de la voluntad y de la imaginación con cursos posteriores graduados sobre Arte y Ciencia.
Sin embargo, aún cuando el lemur era un mago nato, nunca empleó mal sus poderes, porque se sentía relacionado a los Dioses. Bajo la dirección de los Mensajeros de Dios, de quienes ya hablamos, sus fuerzas fueron dirigidas hacia la construcción de formas para los mundos vegetal y animal. Para el materialista puede ser muy difícil comprender como pudieron efectuar esa obra si no podían ver el mundo en torno de ellos. Es cierto que no podían “ver” tal como comprendemos esa palabra o como vemos actualmente los objetos exteriores con nuestros ojos físicos. Sin embargo, así como los niños, en su pureza, son clarividentes hoy día mientras permanecen en su inocencia inmaculada, sin pecado, así también los lemures, que entonces eran puros e inocentes, poseían una percepción interna que les proporcionaba solamente una vaga idea de la forma externa de cualquier objeto, pero muy iluminada en su naturaleza interna, en su calidad anímica, por una percepción espiritual nacida de la pureza de su inocencia.
La inocencia, sin embargo, no es sinónima de Virtud. La inocencia es la infancia de la Ignorancia y no puede conservarse en un universo en el que el propósito de la evolución es la adquisición de la Sabiduría. Para llegar a ese fin, el conocimiento del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, es esencial, así como también la libertad de elección en el obrar.
Si poseyendo el conocimiento y la libertad de elección el hombre se coloca del lado del Bien y de lo Justo, cultiva la Virtud y la Sabiduría. Si sucumbe a la tentación y hace el mal con conocimiento, desarrolla el vicio.
Pero el plan de Dios no puede ser llevado a la nada, sin embargo. Cada acto es una semilla para la ley de consecuencia. Recogemos lo que sembramos. La cizaña de las malas acciones lleva en sí flores de tristeza y sufrimiento, y cuando sus semillas han caído en el corazón castigado, cuando han sido humedecidas por las lágrimas del arrepentimiento, la Virtud florecerá después en él definitivamente. ¿No es una verdadera bendición la seguridad de que a pesar del mal que hagamos el Bien triunfará al fin, porque en el Reino de nuestro Padre sólo el Bien triunfará al fin, porque en el Reino de nuestro Padre sólo el bien puede perdurar?
Por lo tanto, la “Caída” con su consiguiente dolor y sufrimiento no es sino un estado temporal que vemos como a través de un cristal empañado, pero pronto nos encontraremos frente a frente con Dios, a quien perciben los puros de corazón, dentro y fuera de sí mismos.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 30, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
INFLUENCIA DE MERCURIO
El propósito de los Señores de Mercurio durante todo este tiempo, así como el objeto de todos los Hierofantes de los Misterios desde entonces y el de todas las escuelas ocultistas y el de nuestros días, era y es el de enseñar al candidato el arte de dominarse a sí mismo. En proporción directa a la capacidad que el hombre tenga para dominarse a sí mismo, únicamente en esa proporción, estará calificado para gobernar a los demás. Si nuestros actuales legisladores o directores de las masas pudieran dominarse a sí mismos, tendríamos nuevamente el Milenio o Edad de Oro.
Así como los Señores de Venus obraron sobre las masas de edades antiquísimas, así también los Señores de Mercurio están trabajando actualmente sobre el Individuo, capacitándolo para el dominio de sí mismo e, incidentalmente sólo, no principalmente, para el dominio de los demás. Este trabajo de su parte no es más que el principio de lo que será una influencia mercurial creciente durante el resto de las tres revoluciones y media que quedan del Período Terrestre.
Durante las tres revoluciones y media primeras Marte hizo su obra, polarizando el hierro, previniendo la formación de la sangre roja y obstaculizando la entrada del Ego en el cuerpo hasta que este último hubiera adquirido el conveniente grado de desenvolvimiento.
Durante las últimas tres revoluciones y media, Mercurio obrará con objeto de librar al Ego de sus vehículos más densos por medio de la Iniciación.
Incidentalmente puede notarse que así como Marte polarizó el hierro, así también Mercurio ha polarizado el metal que lleva su nombre, y la obra de ese metal mostrará muy bien esa tendencia de sacar al espíritu del cuerpo; de librar al primero del segundo.
Esa terrible enfermedad, la sífilis, es un ejemplo del estado en que se encuentra el Ego emparedado en demasiada extensión en su cuerpo. Mercurio suficiente destruye ese estado, hace perder la adherencia del cuerpo sobre el Espíritu o Ego y permite al último la relativa libertad de que goza en las personas normales. Pero por otra parte una dosis exagerada de mercurio causa la parálisis, por libertar al hombre demasiado del cuerpo denso impropiamente.
Los Señores de Mercurio enseñaron al hombre a abandonar y penetrar en el cuerpo a voluntad; a funcionar en sus vehículos superiores independientemente del cuerpo denso, de manera que este último se convirtió en una casa confortable y alegre en vez de ser una oscura prisión, un útil instrumento en vez de una cárcel.
Por lo tanto, la ciencia oculta habla del Período Terrestre como Marte- Mercurio, y, en realidad, puede decirse en verdad que hemos estado en Marte y que vamos hacia Mercurio, según se dice en una de las obras ocultistas mencionada anteriormente. Es también cierto, sin embargo, que nunca hemos habitado el planeta Marte, ni estamos viviendo ahora en la Tierra, para ir a vivir en el futuro al planeta Mercurio, como otra de las obras mencionadas indica, con la intención de corregir un error de la primera.
Estando Mercurio actualmente postergado, ejerce muy poca influencia sobre nosotros, pero está emergiendo del período de reposo planetario, y conforme vaya pasando el tiempo, su influencia se irá haciendo más y más evidente como factor de nuestra evolución. Las razas venideras obtendrán mucha ayuda de los mercurianos, y los pueblos que las sigan en Epocas y Revoluciones posteriores obtendrán aún más.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 29, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
LAS RAZAS Y SUS GUÍAS
Ante se entrar a considerar en detalle la evolución de los lemures, será conveniente dar un vistazo general a las Razas y sus Guías.
Algunas obras muy estimables sobre Ocultismo, que han traído al público las enseñanzas de la Sabiduría Oriental, contienen, sin embargo, ciertos errores, debido a haber interpretado mal las enseñanzas los que tuvieron la felicidad de recibirlas. Todos los libros no escritos directamente por los Hermanos Mayores están sujetos a tales errores. Considerando las muchas y extremadas complicaciones del asunto, lo maravilloso no es que se cometan errores, sino que se cometan con tan poca frecuencia. Por lo tanto, el autor no tiene la menor intención de criticar, reconociendo que más numerosos y más graves errores pueden haberse deslizado en esta obra, debido a su concepción errónea de la enseñanza. Simplemente, indica el autor en los siguientes párrafos lo que ha recibido, lo que muestra cómo pueden conciliarse las diferentes (y aparentemente contradictorias) enseñanzas, de obras tan valiosas como La Doctrina Secreta, de H. P. Blavatsky, y El Buddhismo Esotérico, de A. P. Sinnett.
Esa parte de la evolución humana que debe ser realizada durante la jornada actual de la oleada de vida en nuestra Tierra puede dividirse en siete grandes estados o Epocas; pero en realidad no puede llamárselas propiamente razas. Nada a lo que propiamente pueda aplicarse ese nombre apareció hasta el final de la Época Lemúrica. Desde aquel entonces, diferentes razas se sucedieron las unas a las otras a través de las Épocas Atlante y Aria, y se extenderán ligeramente en la gran Sexta Época.
El número total de razas -pasadas, presentes y futuras- en nuestro esquema evolutivo, es dieciséis: Una al final de la Época Lemúrica, siete durante la Epoca Atlante, siete más en nuestra actual Época Aria, y otra más al comenzar la Sexta Epoca. Después de ella no habrá nada que pueda denominarse propiamente raza.
Las razas no han existido en los períodos que han precedido al Período Terrestre y no existirán tampoco en los períodos subsiguientes. Únicamente aquí, en el nadir de la materialidad, pueden existir tan grandes diferencias entre hombre y hombre como para producir distinciones de razas.
Los Guías inmediatos de la humanidad (aparte de las Jerarquías Creadoras) que han ayudado al hombre a dar los primeros pasos en la Evolución, después de haberle dado sus vehículos durante la Involución, son Seres mucho más desarrollados en el sendero de la evolución que el hombre. Han venido a realizar esa obra de amor desde los dos planetas que están situados entre la Tierra y el Sol: Venus y Mercurio.
Los Seres que habitan Venus y Mercurio no están tan avanzados como aquellos cuyo actual campo de evolución es el Sol, pero están mucho más desarrollados que nuestra humanidad. Por lo tanto, aquellos permanecieron durante algún tiempo más en la masa central que los habitantes de la Tierra; pero en cierto punto de su desarrollo necesitaron campos de evolución separados y, en consecuencia, fueron arrojados sucesivamente esos dos planetas; Venus primero y después Mercurio. Y cada uno quedó en la proximidad necesaria para asegurar la intensidad vibratoria conveniente a su evolución. Los habitantes de Mercurio son los más avanzados y, por lo tanto, están más próximos al Sol.
Algunos de los habitantes de cada planeta fueron enviados a la Tierra para ayudar a la naciente humanidad, y los ocultistas los conocen bajo el nombre de “Señores de Venus” y “Señores de Mercurio”.
Los Señores de Venus fueron los Guías de la masa de nuestro pueblo. Eran seres inferiores de la evolución de Venus, los que aparecieron entre los hombres y fueron reconocidos como “mensajeros de los Dioses”. Para el bien de la humanidad se prestaron a guiarla y conducirla, grado por grado. No hubo rebelión alguna contra su autoridad, porque el hombre no había desarrollado aún voluntad independiente. Con objeto de llevarlo hasta el grado en que pudiera manifestarse su voluntad y juicio, lo guiaron hasta que el hombre se capacitara para guiarse a sí mismo.
Se reconoció que estos mensajeros eran iguales a los Dioses. Se les reverenciaba profundamente y sus órdenes eran obedecidas sin discusión.
Cuando bajo la dirección de esos Seres llegó la humanidad a cierto grado de progreso, los más avanzados fueron colocados bajo la dirección de los Señores de Mercurio, quienes los iniciaron en las verdades más elevadas con el propósito de convertirlos en guías o caudillos del pueblo. Estos iniciados fueron entonces exaltados a la dignidad de reyes y fueron los fundadores de las dinastías de Legisladores Divinos, quienes eran ciertamente reyes “por la gracia de Dios”, es decir, por la gracia de los Señores de Venus y Mercurio, que eran como Dioses para la infante humanidad. Ellos guiaron e instruyeron a los reyes para beneficio del pueblo y no para que se engrandecieran o se arrogaran derechos a expensas de aquél.
En ese tiempo un Regente era como una verdad sagrada para educar y ayudar a su pueblo, para aliviar y sostener la equidad y el bienestar. De ahí que mientras reinaron esos reyes todo prosperaba y fuera ciertamente una Edad de Oro. Sin embargo, conforme sigamos la evolución del hombre en detalle, veremos que la fase o período presente de desarrollo, aunque no puede llamarse una edad de oro como no sea en sentido material, es, sin embargo, necesaria, con objeto de llevar al hombre hasta el punto en el que pueda guiarse a sí mismo, porque el dominio de sí mismo es el fin y el objeto de toda reglamentación. Ningún hombre puede subsistir seguro y salvo sin gobierno si no ha aprendido a dominarse a sí mismo, y en el actual grado de desenvolvimiento ésta es la tarea más fuerte que se le puede proporcionar. Es muy fácil ordenar a los otros o dominarlos; lo difícil es obligarse a obedecer así mismo.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 28, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
INFLUENCIA DE MARTE
En la parte del Período Terrestre que precedió a la separación de los sexos – durante las tres revoluciones y media que tuvieron lugar entre la diferenciación de Marte y el comienzo de la Época Lemúrica- Marte viajaba siguiendo una órbita distinta de la que ahora sigue, y su aura (esa parte de los vehículos sutiles que se extiende más allá del planeta denso) compenetró el cuerpo del planeta central y polarizó el hierro que en él había.
Como el hierro es esencial para la producción de sangre roja y caliente, todas las criaturas eran de sangre fría, o mejor dicho, la parte fluídica de sus cuerpos tenía la misma temperatura que la atmósfera que las rodeaba.
Cuando la Tierra fue arrojada del Sol Central, ese acontecimiento modificó las órbitas de los planetas y de esta manera disminuyó la influencia de Marte sobre el hierro. El Espíritu Planetario de Marte reabsorbió el resto de esa influencia, y aunque los cuerpos de deseos de la Tierra y de Marte aún se penetraban, el poder dinámico de Marte sobre el hierro (que es un metal marciano) cesó, y el hierro fue entonces utilizable para emplearlo en nuestro planeta.
El hierro es, en realidad, la base de toda existencia separada. Sin el hierro, la sangre roja y productora de calor sería una imposibilidad, y el Ego no tendría asidero alguno en el cuerpo. Cuando se desarrolló la sangre roja -en la última parte de la Época Lemúrica- el cuerpo se enderezó, y entonces pudo el Ego penetrar dentro de su cuerpo y gobernarlo.
Pero el entrar en el cuerpo no es ni el fin ni el objeto de la evolución. Es, sencillamente, un medio para que el Ego pueda expresarse mejor a través de su instrumento, para que pueda manifestarse en el Mundo Físico. Con ese fin debe construir los órganos de los sentidos, la laringe y, sobre todo, el cerebro, perfeccionándolos después.
Durante la primera parte de la Europa Hiperbórea, mientras la Tierra estaba todavía unida al sol, las fuerzas solares suministraban al hombre el sustento que necesitaba e inconscientemente éste irradiaba el exceso fuera de sí mismo con el propósito de propagarse.
Cuando el Ego entró en posesión de sus vehículos, se hizo necesario emplear parte de esa fuerza en la construcción del cerebro y de la laringe, que originalmente eran una parte del órgano creador. La laringe se formó mientras el cuerpo denso tenía la forma de saco, abotagada, ya descrita, cuya forma es la que todavía tiene el embrión humano. Conforme el cuerpo denso se fue enderezando, parte del órgano creador permaneció con la parte superior del cuerpo denso y la última se convirtió en laringe.
En esta forma, la fuerza dual creadora que ya había trabajado anteriormente en una sola dirección, con objeto de crear otro ser, se dividió. Una parte se empleó y dirigió hacia arriba para la construcción del cerebro y de la laringe, por cuyo intermedio el Ego fue capaz de pensar y de comunicar sus pensamientos a los demás seres.
Como resultado de este cambio, únicamente una parte de la fuerza esencial para la creación de otro ser era utilizable para cada individuo, y así se hizo necesario para cada ser individual el buscar la cooperación de otro que poseyera la parte de fuerza pro-creadora que a él le faltaba.
En esta forma, la entidad evolucionante obtuvo la conciencia cerebral del mundo externo a costa de la mitad de su poder creador. Antes de entonces el individuo usaba en sí las dos partes de ese poder para exteriorizar otro ser. Como resultado de esa modificación, adquirió, sin embargo, el poder de crear y de expresar pensamientos. Antes de ello era un creador en el Mundo Físico solamente; después obtuvo la capacidad de crear en los tres mundos.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 22, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
NACIMIENTO DEL INDIVIDUO
El diagrama 1 mostrará el hecho de que la personalidad es la imagen reflejada del Espíritu, siendo la mente el espejo o foco.
Así mismo en las aguas de un estanque los árboles aparecen invertidos, pareciendo que el follaje se halla en lo más profundo del agua, así también el aspecto más elevado del espíritu (el Espíritu Divino) encuentra su contraparte en el más inferior de los tres cuerpos (el cuerpo denso). El espíritu inmediato inferior (el cuerpo vital). El tercer espíritu (el Espíritu Humano) y su reflexión, el tercer cuerpo (el de deseos), aparecen más próximos al espejo reflector, que es la mente, correspondiendo ésta a la superficie del lago, el medio reflector de nuestra analogía.
El espíritu descendió de los mundos superiores durante la involución, y por acción concurrente los cuerpos se elevaron en el mismo período. El encuentro de estas dos corrientes en el foco o mente es lo que marca el punto en el que nace el individuo, el ser humano, el Ego; cuando el Espíritu toma posesión de sus vehículos.
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Diagrama 11 A: Tabla de Vibraciones
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Sin embargo no debemos imaginarnos que una vez alcanzado esto el hombre llegó a su estado actual de evolución haciéndose consciente de sí, ser pensante, etc., como lo es hoy. Antes de que alcanzara ese punto tuvo que recorrer un largo y pesado camino, porque en ese entonces los órganos estaban en su estado más rudimentario y no había cerebro alguno que pudiera emplearse como medio de expresión. De aquí que la conciencia fuera entonces lo más pequeña imaginable. En una palabra, el hombre de aquel entonces estaba lejos de ser tan inteligente como nuestros animales actuales. El primer paso hacia el mejoramiento fue la construcción del cerebro para usarlo como instrumento de la mente en el Mundo Físico. Y esto se realizó separando a la humanidad en sexos.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 20, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente

LA ÉPOCA LEMÚRICA
En esta Época aparecieron los Arcángeles (la humanidad del Período Solar) y los Señores de la Mente (humanidad del Período de Saturno). Los Señores de la Forma, que tenían a su cargo el Período Terrestre, ayudaron a aquellas jerarquías. Además ayudaron al hombre a construir su cuerpo de deseos, y los Señores de la Mente les dieron el germen mental a la mayor parte de los adelantados o precursores que formaban la clase 1, de acuerdo con la clasificación del diagrama 10.
Los Señores de la Forma vivificaron el espíritu humano en todos los rezagados del Período Lunar que habían hecho el progreso necesario en las tres revoluciones y media que habían transcurrido desde el comienzo del Período Terrestre; pero en aquel entonces los Señores de la Mente no pudieron darles el germen mental. En esta forma quedó una gran parte de la humanidad naciente sin ese eslabón de unión entre el triple cuerpo.
Los señores de la Mente se hicieron cargo de la parte superior del cuerpo de deseos y de la mente germinal, impregnándolos con la cualidad de la personalidad separatista, sin la cual no hubieran podido existir seres separados, contenidos en sí mismos, como los que hoy conocemos.
Debemos a los Señores de la Mente la personalidad individual con todas las posibilidades de experiencia y crecimiento que ella puede proporcionarnos. Este punto marca el nacimiento del individuo.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 19, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente

LA LUNA: LA OCTAVA ESFERA
Los siete Globos, del A al G, ambos inclusive, son el campo de la evolución. La luna es el campo de la desintegración.
Si la Tierra no hubiese sido desprendida del globo original que ahora es el Sol, la rapidez de la intensidad vibratoria habría disgregado los vehículos humanos. Estos hubieran crecido con una rapidez tal que el crecimiento de los hongos hubiera sido lentísimo, en comparación. Hubiera sido viejo antes de tener tiempo para ser joven. Que ése es el efecto de demasiado sol, se ve en la rapidez con que se crece en los trópicos, en los que se alcanza la madurez y la decrepitud antes que en el norte. Por otra parte, si la Luna se hubiera quedado con la Tierra, el hombre se habría cristalizado hasta convertirse en una estatua. La separación de la Tierra del Sol, quien ahora envía sus rayos desde una enorme distancia, permite al hombre vivir en un grado de vibración apropiada y desarrollarse lentamente. Las fuerzas lunares le llegan de la distancia necesaria, para permitirle construir el cuerpo con densidad conveniente. Pero aún cuando estas últimas fuerzas son activas en la construcción del cuerpo, pueden también ocasionar la muerte si su obra continuada acaba por cristalizar los tejidos orgánicos.
El Sol obra sobre el cuerpo vital, y es la fuerza que trabaja por la vida, y lucha contra las fuerzas lunares que trabajan por la muerte.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 16, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
CAPÍTULO XII – EVOLUCIÓN DE LA TIERRA
LA ÉPOCA POLAR
Mientras el material que ahora forma la Tierra era todavía parte del Sol, se encontraba, por supuesto, en estado ígneo, ardiente; pero como el fuego no quema el espíritu, la evolución humana comenzó en seguida, estando confinada especialmente a la Región Polar del Sol.
Los seres más desarrollados, que debían convertirse en hombres, fueron los primeros en aparecer. Las substancias que ahora componen la Tierra estaban en fusión y la atmósfera era gaseosa. Sin embargo, el hombre recapituló su estado mineral nuevamente.
De esa sustancia sutil, química, del Sol, construyó el hombre su primer cuerpo mineral, ayudado por los Señores de la Forma. Si se objetara que el hombre no puede construir nada inconscientemente, el caso de maternidad puede servir de respuesta. ¿Está la madre consciente de la construcción el cuerpo del niño en su seno? Y, sin embargo, nadie se atrevería a decir que no interviene en ella. La única diferencia es que la madre construye el cuerpo para el niño inconscientemente, mientras que el hombre lo construía para sí mismo.
El primer cuerpo denso del hombre no se parecía ni remotamente a su actual vehículo tan espléndidamente organizado. Tal perfección ha sido conseguida al cabo de miríadas de años. El primer cuerpo denso era un objeto enorme y pesado con una abertura en la parte superior por el que salía o se proyectaba un órgano. Era una especie de órgano de orientación y dirección. En el transcurso del tiempo el cuerpo denso y el órgano se unieron más estrechamente, y éste se condensó un tanto. Si se acercaba demasiado a sitios de mayor calor que el que podía soportar, se dilataba. Con el tiempo, el órgano se fue haciendo sensitivo hasta el punto que señalaba el peligro, y entonces el cuerpo denso se movía automáticamente a un lugar más seguro.
Este órgano ha degenerado ahora en lo que se llama glándula pineal. Algunas veces se le llama el “tercer ojo”; pero éste es un error, porque nunca fue un ojo, sino más bien el órgano en el que estaba localizada la percepción del calor y del frío, facultad que actualmente está distribuida por todo el cuerpo. Durante la Época Polar, dicho sentido estaba localizado en esa forma, así como la visión lo está actualmente en los ojos y el del oído en el órgano del mismo nombre. La extensión del sentido perceptivo (de sensación) desde aquel tiempo, indica la manera como el cuerpo denso total se desarrolla. Y llegará un tiempo también en el que cualquier parte del cuerpo podrá percibir todas las cosas. Los sentidos de la vista y del oído se extenderán a todo el cuerpo, como lo está actualmente el tacto. El hombre será entonces todo ojos y oídos. Los sentidos especializados indican limitación. La percepción sensorial de todo el cuerpo, en comparación, será una perfección.
En los primeros grados, de los que estamos hablando ahora, había una especie de propagación. Aquellas inmensas y abotagadas criaturas se dividían por la mitad, de modo muy semejante a la división de las células, por escisión, pero las porciones separadas no crecían, permaneciendo cada mitad tan grande como la forma original.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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Marzo 15, 2012 | Por portalrosacruz | # Enlace permanente
NACIMIENTO DE LOS PLANETAS
Para que el hombre pudiera expresarse en el Mundo Físico denso, era necesario desarrollar un cuerpo denso apropiado. En un mundo como éste, su cuerpo debe tener piernas, órganos diversos y un sistema muscular que le permita moverse, así como un cerebro que dirija y coordine sus movimientos. Si las condiciones hubieran sido diferentes, el cuerpo se hubiera modificado en armonía con ellas.
Es necesario, para todos los seres, elevados o inferiores en la escala de la existencia, el poseer vehículos para expresarse en cualquier mundo en el que deseen hacerlo. Hasta los siete Espíritus ante el Trono deben poseer esos apropiados vehículos, que, por supuesto, son diferentes para cada uno de ellos. Colectivamente, Ellos son Dioses y forman la Trinidad Suprema, manifestándose ésta de diferentes maneras a través de cada uno de aquellos.
No existe contradicción alguna en atribuir diferentes números a Dios. No pecamos contra la “unidad” de la luz por el hecho de que distingamos los tres colores primarios en los que se divide aquella. La luz blanca del Sol contiene los siete colores del espectro. Los ocultistas distinguen hasta doce colores, habiendo cinco entre el rojo y el violeta- marchando en una dirección alrededor del círculo-, además del rojo, anaranjado, amarillo, verde, etc., del espectro visible. Cuatro de esos colores son indescriptibles, pero el quinto – el que está en medio de esos cinco – es parecido en su tinte al de una flor de melocotonero recién abierta. En realidad, es del color del cuerpo vital. Los clarividentes que tratan de describirlo como “gris azulado” o “gris-rojizo” están tratando de describir un color que no tiene equivalente alguno en el Mundo Físico y se ven obligados, en consecuencia, a emplear los términos más aproximados que les proporciona nuestro lenguaje.
Quizás el color mejor que otra cosa cualquiera nos permita concebir la unidad de Dios con los siete Espíritus delante del Trono. Véase por lo tanto, el diagrama 11.
Vemos en él un triángulo blanco rodeado de un fondo negro. El blanco es sintético, conteniendo todos los colores en sí mismo, así como Dios contiene dentro de Sí Mismo todas las cosas de nuestro Sistema Solar.
Dentro del triángulo hay tres círculos: azul, rojo y amarillo, respectivamente. Todos los demás colores son simples combinaciones de esos tres colores primarios. Esos círculos corresponden a los tres aspectos de Dios, que no tienen principio y que terminan en Dios. si bien sólo se exteriorizan durante la manifestación activa.
Cuando se entremezclan esos tres colores, según se ve en el diagrama, aparecen cuatro colores adicionales, los tres colores secundarios – siendo cada uno la mezcla de dos colores primarios- y un color (índigo) que contiene toda la gama de colores, formando en total los siete colores del espectro. Esos colores representan los siete Espíritus que están ante el Trono. Los colores son diferentes, como lo son también los Siete Espíritus, y tiene cada uno una misión diferente en el Reino de Dios: nuestro Sistema Solar.
Los Siete Planetas que giran en torno del Sol son los cuerpos densos de los Siete Genios Planetarios. Sus nombres son: Urano, con un satélite; Saturno, con ocho lunas; Júpiter, con cuatro lunas; Marte, con dos lunas; la Tierra con su Luna; Venus y Mercurio.
Los cuerpos son siempre apropiados para el propósito que tiene que servir, y de ahí que los cuerpos densos de los Siete Espíritus Planetarios sean esféricos, siendo esa forma la que se adapta mejor a la enorme velocidad con la que viajan en el espacio. La Tierra , por ejemplo, viaja a una razón de 66.000 millas (106.194 kilómetros) por hora en su órbita.
El cuerpo humano tuvo en el pasado diferente forma de la que tiene actualmente, y también distinta de la que tendrá en el futuro. Durante la involución era, aproximadamente esférico, como lo es todavía durante la vida antenatal, porque su desarrollo intrauterino es una recapitulación de los pasados estados evolutivos. En ese estado organismo se desarrolla como esfera, porque durante la involución las energías del hombre eran dirigidas hacia adentro, para la construcción de sus propios vehículos, así como el embrión se desarrolla dentro de la esfera del útero.
Los cuerpos denso y vital del hombre se han hecho rectos; pero sus vehículos superiores retienen todavía su forma ovoide. En el cuerpo denso del cerebro director y coordinador está situado en una extremidad. Esa es la posición menos favorable para tal órgano. Se precisa demasiado tiempo para que los impulsos de una extremidad a otra – de la cabeza a los pies o viceversa – lleguen al cerebro. En caso de quemaduras, la ciencia ha demostrado que se pierde mucho tiempo, quedando el cutis afectado antes de que que el mensaje pueda llegar a la parte afectada hasta el cerebro y volver de nuevo.
Esta imperfección quedaría disminuida grandemente si el cerebro estuviera en el centro del cuerpo. Las sensaciones y sus respuestas correspondientes podrían recibirse y transmitirse mucho más rápidamente. En los planetas esféricos, el Espíritu Planetario dirige los movimientos de su vehículo desde el centro. El hombre futuro se redondeará nuevamente, como se ve en el diagrama 12. Se convertirá en una esfera, lo que le proporcionará muchas facilidades para moverse en todas direcciones y, por supuesto, para combinar movimientos simultáneos.
El Concepto Rosacruz del Cosmos afirma que existe una evolución ulterior en reserva para los planetas.
Cuando los seres de un planeta han evolucionado hasta un
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Diagrama 12: Forma Corporal del Hombre
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grado suficiente, el planeta se convierte en un Sol- el centro fijo de un Sistema Solar – Cuando los seres que en el se encuentran han evolucionado en mayor grado aún, y, por consiguiente, cuando ha llegado aquél (el Sol), a alcanzar el máximum de esplendor, se transforma en un Zodiaco, convirtiéndose, por así decirlo, en matriz de un nuevo Sistema Solar.
En esa forma, las grandes huestes de Seres Divinos que, hasta entonces, estaban confinadas en el Sol, adquieran libertad de acción sobre un número mayor de estrellas, desde las cuales pueden afectar de diversas maneras al sistema que está dentro de su propia esfera de influencia. Los planetas o mundos que llevan humanidad, dentro del Zodiaco, están sufriendo constantemente la acción de esas fuerzas, pero en varias maneras, de acuerdo con el estado que hayan alcanzado en su evolución.
Nuestro Sol no pudo convertirse en un Sol hasta que arrojó de sí a todos los seres que no estaban suficientemente evolucionados como para soportar el elevado grado de vibración y la gran luminosidad de los seres que estaban calificados para aquella evolución. Todos los demás seres que se encuentran sobre los diversos planetas habrían sido consumados si se hubieran quedado en el Sol.
Este Sol visible, aunque es el campo de evolución de seres muy por encima del hombre, no es, sin embargo, de ninguna manera, el Padre de los otros Planetas, como lo supone la ciencia. Al contrario, él mismo es una emanación del Sol Central, que es la fuente invisible de todo lo que es nuestro Sistema Solar. Nuestro Sol visible no es sino un espejo en el que se reflejan los rayos de energías del Sol Espiritual. El Sol real es tan invisible como el hombre real.
Urano fue el primer planeta arrojado de la nebulosa cuando comenzó su diferenciación en el Caos, al alborear el Período terrestre. No había luz alguna, excepto la luz confusa del Zodiaco. La vida que partió con Urano sigue más bien un camino hacia atrás, y se dice que evoluciona, pero muy lentamente.
Saturno fue el planeta que se expulsó después. Es el campo de evolución para la vida que está en el estado de evolución correspondiente al Período de Saturno. Este planeta se diferenció antes de la ignición de la nebulosa y (como todas las nebulosas que pasan a través del Período de Saturno evolutivo) no era fuente de luz sino únicamente un reflector.
Poco después se diferenció Júpiter, cuando la nebulosa estaba ya en ignición. El calor de Júpiter no es tan grande como el del Sol, Venus o Mercurio; pero, debido a su inmenso volumen, puede retener su calor, y, por lo tanto, es un campo de evolución muy conveniente para seres muy desarrollados. Corresponde al estado que alcanzará la Tierra en el Período de Júpiter.
Marte es un misterio y solamente pueden darse muy ligeras informaciones sobre él. Podemos decir, sin embargo, que la vida de Marte es de una naturaleza muy atrasada, y que los llamados “canales” no son excavaciones de la superficie del planeta. Son corrientes semejantes a las que pasaban sobre el planeta nuestro en la época Atlante, y los residuos de ellas pueden observarse en las Auroras Boreales y Australes. El cambio de los canales marcianos observados por los astrónomos queda así explicado. Si fueran realmente canales, no podrían de ningún modo estar cambiando, pero si pueden derivar las corrientes que emanan de los polos de Marte.
La Tierra, incluyendo a la Luna, fue arrojada después desde el Sol; por último, Venus y Mercurio. A estos y a Marte nos referiremos más tarde al tratar de la evolución del hombre sobre la Tierra, y no necesitan mayores consideraciones por el momento.
Cuando un planeta tiene Lunas, indica que hay algunos seres en la oleada de vida que están evolucionando en ese planeta, que están demasiado rezagados para continuar en la evolución de la oleada de vida principal, y han tenido que ser arrojados del planeta para evitar que estorben el progreso de los adelantados o precursores. Y tal es el caso con los seres que habitan nuestra Luna. En el caso de Júpiter, se supone probable que los habitantes de tres de sus cuatro Lunas podrán eventualmente reunirse a la evolución de su planeta padre; pero se cree seguro que la cuarta Luna es una octava esfera, análoga a nuestra propia Luna, en la que la retrogradación y la desintegración de los vehículos ya adquiridos son debidas a la demasiada adherencia a la existencia material por parte de los mismos seres evolucionantes que se han llevado a sí mismos a tan deplorable fin.
Neptuno y sus satélites no pertenecen propiamente a nuestro Sistema Solar. Los demás planetas – o mejor dicho, sus Espíritus – ejercen influencia sobre toda la humanidad; pero la influencia de Neptuno está restringida a una clase especial: los astrólogos. El autor, por ejemplo, ha sentido varias veces su influencia de manera muy marcada.
Cuando los rezagados que han estado evolucionando desterrados en alguna Luna han alcanzado su puesto correspondiente, y han vuelto al planeta paterno, o cuando una retrogradación continuada ha causado la completa desintegración de sus vehículos, la Luna abandonada comienza también a disolverse. El impulso inicial del elemento espiritual que la lanzó a una órbita fija por milenios también después de haber sido abandonada, y desde el punto de vista físico o material, puede parecer aún un satélite del planeta que rodea. No obstante, según transcurra el tiempo y la fuerza de atracción ejercida por el planeta padre disminuya, su órbita se ensanchrá hasta alcanzar el límite del sistema solar. Entonces estalla en el espacio interplanetario y se disuelve en el Caos. La expulsión de tales mundos , que son semejantes a la escoria, es análoga a la manera en que un cuerpo extraño y duro introducido en el sistema humano, se escurre y sale a través de los músculos hacia la piel. Los asteroides ilustran este punto. Son fragmentos de Lunas que un día rodearon a Venus y Mercurio. Los seres confinados un día sobre ellos son conocidos esotéricamente con los nombres de “Señores de Venus” y “Señores de Mercurio”, y han alcanzado su perdido desarrollo en su mayor parte por el servicio efectuado con la humanidad, como después será relatado, y ahora se hallan salvos en su planeta progenitor, mientras que las Lunas que ellos habitaron provisionalmente han sido desintegradas parcialmente y se hallan ya fuera de la órbita de la Tierra. Hay otras lunas aparentes en nuestro sistema; pero el Concepto Rosacruz del Cosmos no las tiene en cuenta, por hallarse más allá del campo de la evolución.
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del libro Concepto Rosacruz del Cosmos de Max Heindel
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http://homenajealconceptorosacruzdelcosmos.blogspot.com/2012/01/nacimiento-de-los-planetas.html
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