Las Pornografas y sus noches de camas calientes

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Por Veronica Malamfant Brun y Vivi Axelrud

Solo un par de ideas sueltas son las que llevábamos con mi colega a nuestro próximo encuentro de pornógrafos. Nosotras: las únicas mujeres y organizadoras. Sin haberlo decidido ni habernos puesto de acuerdo teníamos señas particulares que nos distinguían del resto. No solamente con la vestimenta donde no podía faltar algún detalle provocador, o de animal print, sino que además había características que nos aunaban sin ser conscientes.
Conocernos fue una verdadera causalidad, se dio de manera natural sentadas en un taller atípico de escritura en el cual no era importante escribir bien, sino mucho, vomitar las ideas, pensar por escrito, poniendo el acento en que se pareciera sustancialmente a nosotros mismos. Una ya estaba jugada, su proyecto literario estaba íntimamente ligado al erotismo. La otra en cambio era caperucita roja con tacos aguja y lentes atigrados. Calladita no quería revelar el titulo de su próxima novela. El gurú del grupo “nutricionista intelectual” fue el primero en expresar “Dios las cría y el viento las amontona”. Entonces encontrarnos, reconocernos en esta vida fue como anillo vibrador al dedo.
Lo que comenzó siendo una cosa de dos, se convirtió de a poco en una tribu urbana, fuertemente arraigada por el facebook y el twitteo diario, con códigos propios, y lenguaje triple x. Siempre nos juntábamos en un oscuro bar para no llamar la atención, por ser socialmente inapropiado, lo que era humanamente imposible, solo el brillo de las actitudes encandilaba a quien mirara. Cada uno cargaba con muchas cosas, ideas, historias, problemas, incluso con su mini notebook para no perder detalle alguno sobre las historias que se irían contando, y para que las ideas que las musas nos bajaran no se perdieran.
Las noches de camas abiertas como finalmente le pusimos a nuestro grupo, son ebrias, de una atmosfera densa y pesada, contaminada por el humo de los cigarrillos. Componentes perfectos para una bomba química de onda expansiva y arrasante de los deseos colectivos. Comienzan tipo 22.00 hasta las 04.00 de la mañana aproximadamente, lo más parecido al sexo grupal, nos penetramos y perturbamos con las ideas, las palabras utilizadas como vehículo, el vínculo a una invitación a la locura, al desenfreno de mentes agobiadas, la válvula de escape a tanto morbo reprimido. Pornografía barata de mentes sin rumbo. El orgasmo a conseguir era el encuentro con las ideas, el placer de escribir, provocar y calentar con las historias que cada uno traía consigo.
El sexo, si, y a veces con algún toque de vulgaridad que provocaba, lo puramente explicito, otras un encuentro con las fantasías, esas que hacían temblar nuestros cuerpos cuando de adolescentes nos tocábamos.
Nos une el deseo atravesado por la palabra, la palabra que excita, la palabra que no solo es dicha en un susurro en algún oído dispuesto, sino en el poder de la palabra escrita. Cuerpos deseosos, de increíbles formas, o incluso deformes, descritos para poder amarlos. Las infinitas posibilidades de expresar, de hacer del acto de escribir en un acto carnal. Hacer el amor con el lector, encamarlo junto a nosotros, hacerlo participe mientras escribimos e imaginarlo mientras nos lee.
En general los miembros del club, en sus comienzos, leyeron por curiosidad sexual, reímos recordando hazañas de niños buscando en el diccionario malas palabras….teta….culo…. y como eso llevo a tocarnos e introdujo en la literatura…en que parte del libro se rozarían los protagonistas, cuando terminarían matándose a besos, así leímos, y así decidimos escribir, con esa pasión con que desandamos el camino de chicos algunos mas precoces que otros.
Recuperamos sin duda el apetito por las sensaciones. Nuestros cuerpos a veces besados se incorporan y retuercen, se excitan mientras tecleamos con ritmo en nuestras computadoras. La idea es trascender la devoción por lo carnal y primitivo, la misma energía devoradora de libros, ahora devorando imágenes.
La película obscena de cada uno, que se va completando, interactuando, jugando con las imágenes de los demás. Nos excita todo, desde una buena comida, un mal film, una mirada indiscreta, un silencio oportuno, el barullo, una pelea callejera, esos dos amantes promiscuos besándose en media vía pública, el mal humor en el colectivo, el grotesco carnicero con su delantal embebido en sangre y como el día parece mejorar si una mujer despampanante entra al supermercado, la alegría de recibir el llamado esperado, y excitarnos solo en presencia de alguien, como su olor nos introduce a otra realidad.
Convertimos todo en observaciones calientes y activas, cargando de pulsión sexual, la vida misma. En silencio cada uno en su trabajo, frente a los problemas, a los aconteceres mundiales, sonreímos pensando en el lugar cálido al que queremos volver, al cuerpo que deseamos desflorar, que quisiéramos tener dentro, y el que sin reparo comeríamos.
No es un grupo que busca aislarse, estar en el ostracismo, en el suburbio, pretende las luminarias de la sensación. Cada miembro de nuestra comunidad con sus necesidades y sus practicas: homosexuales, swingers, algunos que prefieren con amor, y solo con amor, otros con dolor, algunos adoradores del sexo casual, maravillosos peteros incurables como niños que deben ser bebidos por completo, quienes son solo son anales , inocentes perras alzadas, finalmente todos amantes.
La tribu sería entonces de mentes de camas abiertas, abiertas a ser degustadas, a ser vistas, incluso saboreadas y olidas a través de la escritura. Una nueva mirada sobre lo que es la lectoescritura, un incentivo a la comunicación escrita.
Y sobre todo al abrir puertas y ventanas, encontrarnos con el sexo, la pasión, la tristeza, la locura, y sensaciones profundas arraigadas en quienes somos, y en quien nos podemos convertir. Así por un rato somos lesbianas, hombres, canallas. A través de un relato atamos a nuestro amante, y en vez de tomarlo le permitimos a alguien mas hacerlo. Jugamos en conjunto con nuestras ideas y experiencias vitales, esas que hicieron que nuestras pieles ardieran, sudaran, se entregaran.
Somos quienes entregamos aquello que otros atesoran como experiencias impúdicas, desmitificando, colocando al alcance de quien quiera leer todas las posibilidades sexuales. A veces imaginamos en que situaciones nos leen, y así calculamos si el largo del cuento o narración, resultaría bien para que alguien alcance la culminación. Pensamos en los amantes, que al empezar el juego previo para después tenerse leen algún cuento erótico.
Pero no todo en esta tribu es tan decoroso, en general descubrimos que las mujeres la empezamos a pasar tan bien como ellos, los hombres que por definición a lo largo de la historia ya tenían consagrada la pornografía como propia. El hecho de ser mujer y escribir sin tapujos nos coloca en un lugar extraño, no reconocido hasta el momento, no existen muchas pornógrafas mujeres. Los lectores a veces confunden el personaje de la historia con nuestras historias personales, lo cual se convierte con regularidad en algo gracioso.
Sin duda nos gustaría ser esa monja con portaligas que justo conoció a ese hombre tan bien dotado, Ojala en todas nuestras relaciones los hombres fueran tan viriles e incansables. En la licuadora mental los mas sabrosos y coloridos ingredientes, cual inventario de aromas, un buen par de lolas, el pene mas asombroso y caliente, esa cintura mágica por la cual giran los astros, la mirada mas inquietante y la cola mas amigable. Así componemos la bebida mas energizante sin necesidad de ningún aditivo extra.
Nuestro grupo como característica distintiva, en definitiva, posee elevación intelectual, no solo por la temperatura a la que llegaban nuestras charlas, sino que además sus integrantes son portadores de títulos y condecoraciones. En tanto personaje abundaban los médicos, psicólogos, periodistas, psicopedagogos, en pocas palabras rostros, sobre un tapiz entretejido con diferentes colores.
Entretanto en nosotros se abrieron las camas mentales, las mismas que desordenaron las sábanas, despeinaron nuestros cabellos haciéndolos pajizos. Las cosas van surgiendo en esas noches quedaran en los anales fundacionales de la historia de nuestra tribu. De allí en mas la política se nos representó vulgarmente, como relaciones carnales, por supuesto. La moda como un stileto obscenificado. La gastronomía no fue mas que el mundo afrodisíaco. La justicia como un coito interruptus. Finalmente, lo que había cambiado en nosotras era la óptica con que juzgábamos al mundo. Nuestra mirada quedó cargada de libido y lo lúdico sirvió para canalizar la calentura y el erotismo.
Relajados, cansados, después de tanto coito voraz que germino, que nos hizo parir y sin dolor, mas bien con goce, volveríamos cada uno a nuestras vidas reales. La vida en la cual deberíamos esconder nuestros deseos mas íntimos, ponerle filtro a tanta brutalidad. Podríamos decir que tenemos una doble vida maravillosa y como dice la publicidad “pertenecer tiene sus privilegios”.