Durmiendo en un castillo sobre el río Rhin

Me tomé un tren desde Trier a las 3 de la tarde, y llegué a las 7 a Koblenz. En la plazita de la estación había unos 50 emos sentados en silencio. Posiblemente deprimidos ya que al no existir los flogger en Alemania no tienen a nadie contra quien competir. El plan era pasar la noche en la ciudad y a la mañana siguiente llegar hasta Mainz recorriendo el valle del río Rhin.
A diferencia de las oficinas de turismo argentinas, la de Koblenz no te verigua si hay lugar en los hoteles o no. Estaba por hacerse de noche y no tuve mas remedio que tomarme un tranvía, cruzar toda la ciudad y probar suerte en el hostel que recomendaba la guía. Este hostel además de ser muy barato quedaba en un fortaleza la “Festung Ehrenbreiststein”, que a su vez quedaba en el monte mas alto de la ciudad, lo que hacía la cosa bastante interesante.
Bajo del tranvía donde me habían indicado, que era en las afueras de la ciudad, un lugar donde no había comercios ni se veía gente. El camino que llevaba a la fortaleza estaba vallado, decía algo en alemán, había un dibujo de una piedra cayendo en la cabeza a un señor y una flecha que decía 1000 Ehrenbreiststein. Entro a caminar alrededor de monte y paso por un telesferico cerrado. No sabía si había alguna otra forma de subir, el sol casi no se veia y para peor empezaba a lloviznar. No pasaba nadie para preguntarle. Se me ocurrió llamar al hostel, pero me atendía un contestador en alemán como si estuviera ocupado, pruebo 10 veces y siempre lo mismo. En eso pasa una señora e intento averiguar si estaba caminando en la dirección correcta. No hablaba inglés. Entonces recurro al lenguaje universal de las señas. Señalo el castillo, señalo la calle, miro a la señora levanto las cejas y levanto el pulgar. La señora me pone cara de “perdona pibe pero no te entiendo ni mu” y sigue caminando. Se larga a llover mas fuerte y me empiezo a poner nervioso.
Intento de nuevo con el hostel, y de nuevo el contestador. A esa altura estaba tan desesperado que me quedé pensando y me olvidé de cortar, y para mi sorpresa atienden. Era uno de esos contestadores de “Gracias por comunicarse, marque el interno o espere y será atendido”. Idiota. Por fin una buena, le pregunto como hacer para llegar arriba y me dicen que no tiene ninguna cama disponible. Me quería matar. Pero era tal mi desesperación que hice la pregunta mas estúpida que uno puede hacer cuando alguien le hace una afirmación categórica: “en serio, ni una cama?” La respuesta era obvia: no boludo, te acabo de decir que no me queda ninguna cama. Pero vaya a saber porque, en lugar de decirme eso me dice “ah si, una me queda”. Si no repreguntaba dormía a la intemperie bajo la lluvia.
Igual la cosa no terminaba ahí, todavía quedaba hacer kilómetro y medio cuesta arriba bajo la lluvia y con 20 kilos de equipaje en la espalda. Por fin llegué muerto a la cima y me topé con la dura realidad de los hostels alemanes. La inmensa mayoria son “Jugendherberges” o “Albergues de la juventud”. En lugar de ser lugares pensados para jovenes mochileros buscando australianas borrachas, son mas bien tipo hoteles gremiales de Mar del Plata y son ocupados por familias y grupos escolares. La mayoría fueron construidos alrededor de 1930 cuando estaba en auge el socialismo y el slogan de “fuerza a través de la diversión” y se garantizaba vacaciones a trabajadores y estudiantes. En este lugar en particular no había nadie que tuviera entre 16 y 35 años. De todas maneras valió la pena el laburo para llegar. No todos los días se puede dormir en lo que fuera un castillo. Además el montecito queda justo sobre el cruce de los ríos Rhin y Mosel y tiene una vista bárbara. Lo mejor llegó para el desayuno: buffet con varios tipos de fiambre, queso, mermelada y manteca casera y paquetitos de Nutella.
Con el estomago lleno y un par de panes y nutellas en la mochila, recorrí en 1 hora el centro de la ciudad y me tomé un barquito que va por el Rhin hasta Mainz. El paseo por el Rhin es muy lindo ya que se ven varios castillos y valles. Se puede hacer en tren, pero se aprovecha mucho mejor con el barco, y con el eurail pass es gratis. La diferencia es el tiempo. Mientras en tren el viaje demora una hora y media, en barco demora 8!!
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Qué terrible la falta de floggers en Alemania. Pero bueno, los alemanes son así, no? Es un país más bien emo. Dicen que Hitler era medio emo, con ese flequillito aplastado, también. ¿Otra vez con Hitler, viejo? ¡Si no son los lagartos es Hitler, siempre lo mismo!