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Recital de poesía de la poeta argentina Norma Menassa

QUE NO SOY GRIEGA

Que no soy griega, te digo.
Afloja tu mano lapidaria
y deja caer las piedras
que aplanan mi extensión,
disuelven mi esqueleto y dibujan
mi cruz de cuatro puntos cardinales.
Y ahora soy un mapa, un país,
una tierra baldía, una montaña.
No creo que mis actos de impudicia
lastimen tu moral o tus recuerdos.
Son apenas suspiros de mujer
que son por nada,
por ver si el aire se desplaza,
si llega a lo más íntimo,
cosas del intercambio en los tejidos,
variación de los rojos vueltos líquidos,
lugar de conjunción, oro y veneno.
No creo que te afecte demasiado
la distancia que he tomado de tus cosas,
ya no me necesitas,
has logrado entretanto mil amores,
algún objeto de importancia,
algún blasón de tinte confortable,
alguna otra mujer contando otras historias,
pidiéndote distinto.
Yo estoy para otra cosa.
He comenzado a sostener el tiempo,
y pido libertad para quedarme a solas
prolongando lo cierto,
ineludible gesto de un comienzo,
juego de luces sobre el escenario,
emoción del telón cayendo sin apuros,
dejándome sentada en la butaca
mirando el terciopelo,
tersura de mi piel en otro lado,
doblez de la pantalla,
blando de mármol otra vez,
entre columnas rotas,
final de escena.

Norma Menassa
Argentina, 1938
De “Pertenezco”
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“El nacimiento del poeta (1 a IV)” de Miguel Oscar Menassa

I

Abro y cierro mis mandíbulas
dejo escapar, agrestes humos,
cálida energía vital, nazco.

II

Partícula agónica de la matanza,
Otro del Otro que fui, escribo.

III

No tengo que dejar,
que mi pensamiento sea desviado.
Porque mi pensamiento es,
el pensamiento desviado.

IV

A los pobres nos pasa,
todo en nuestro cuerpo.
Morirnos jóvenes o,
nos endurecemos.

Nos vamos haciendo de granito,
vamos uniendo unos contra otros,
nuestros sentimientos y,
sin embargo, sabemos:
Un hombre a cierta edad
no necesita estar unido a nadie
para pretender cambiar el mundo.

No necesita estar unido a nadie,
para decir:
Yo soy la humanidad.


Recital poético musical en el Auditorio Municipal de Camarma de Esteruelas

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Erotismo a los 20 y 25 años. Recital poético musical de primavera. Miguel Oscar Menassa e Indios Grises

EL CUARTO DE LAS GOLOSINAS

Qué mujer
cruzaría sus piernas frente a mí
para mirarme
sentirse mía
cansarse en mi cansancio.

Quién concluiría su gesto
para amarme
en este pedacito que soy
de sed y de nostalgias.

Porque todos
nos encontramos algún día
y nos miramos
–en las muchachas quietas
en los caminos cortos–

pero luego
es tan difícil dormirse
-sin el humo del cigarrillo amigo
ardiéndonos los ojos-

que ya se han ido todos
y la apretada hendija de mi alma
cada vez más pequeña
cada vez más cerrada.

Quién podría amarme
en este pedacito que soy.

ADOLESCENTE PESCADOR

Adolescente pescador de enamoradas viejas
gran pescador de trufas
de muchachas alegres como el sol
de a1guna fija para jugarse el alma
Yo, gran cazador
gran manejador de redes solitarias
de redes para la soledad
de redes especiales
para cazar
tímidos corazones.

Cansado de ver morir
caliente
tanta gente
un verano de tarde
por los jardines públicos
por las calles públicas
por los baños públicos
puse mis redes silenciosas.

Después me dije
el tiempo es necesario
me aconsejé
tomar café sin ninguna leche

todas las mañanas.
Me aconsejé sentarme
le dije a una mujer
que se sentara al lado mío
Tu culo fresco
le dije
sobre la tierra fresca.

Nos dimos un gran beso de amor.

MIGUEL MI MISMO

Cuando pueda elegir
elegiré ser Dios de la montaña
vivir en medio del Olimpo entre las azucenas
y los viejos olores del laurel
bebiendo
bebidas cálidas y alcohólicas
y danzando alegremente con Zeus
mi patrón.

Y si no me dejaran
elegiría con mi mujer un valle que conozco
un valle azul en Catamarca
donde pensamos e hicimos el amor
y hablamos largamente de la guerra.

Y si no me dejaran
elegiría una tarde de mar junto a mi hijo
el que tiene en los ojos el color del almendro
o estar sentado debajo de los cedros
con mi padre en el Líbano oliendo los azahares.

No elegiría nunca morir a medianoche
junto a mi madre bañados por la luna.
Elegiría no morir.
Como aquellos famosos dioses de la montaña
tomar mi vino en altas copas de cristal
con Zeus
mi patrón
y saltar locamente
de un lado a otro lado del Olimpo
hablando de mi cuerpo.

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