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Menassa en Buenos Aires. Viernes 4 de diciembre de 2009 en la Biblioteca Nacional

Presentación de los libros “Aforismos y decires [1958-2008]” y “La maestría y yo” de Miguel Oscar Menassa en la Biblioteca Nacional. Buenos Aires, 2009

EN UNA SOCIEDAD JUSTA,

EL TRABAJO ES UN DON

1

Y éste es el verso donde intentaré

dejaros la enseñanza más necesaria:

En una sociedad justa, el trabajo es un don:

una alegría, un bien, humano propiamente,

con el cual se puede modificar lo natural

la vida, los enjambres de sueños, el sol.

Con el trabajo

el hombre pudo volar sin alas

navegar por la mares sin conocer el mar.

Del árbol

estupefacto de sorpresa ante el hombre

pudo el trabajo arrancar una silla

y de la piedra las señales

que forjan el porvenir del hombre,

su casa,

sus monumentos,

su propia lápida.

2

Quiero que siempre llevéis a vuestro lado

la gubia, la garlopa, el martillo, la hoz,

esas frases que servirán hasta el final,

para limar, las asperezas de la muerte.

Y si alguien os preguntara, para qué tanto,

para qué tanta pasión puesta en el trabajo,

vosotros responderéis, con celeridad:

para nada, trabajamos para vivir la vida

trabajamos

para que en el humano mundo

haya señas de que nosotros estuvimos,

creando y trabajando,

tal vez, en este mundo,

que hicimos un trabajo para vivir,

para amar,

para congelar la propia mirada de la muerte

hicimos un trabajo y escribimos un verso.

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Miguel Oscar Menassa recita sus poemas en La Forja dentro del ciclo poético musical Las 2001 Noches. Domingo 22-11-09

POEMA

Ojos de azúcar, miel, eterno dolor,
tus ojos militantes, tus tetas,
enloquecidas banderas de alegría,
giros de luz, caliente magnitud celeste,
tu sexo, abierto a los vendavales,
a las borrascas milenarias,
de mi famoso sexo americano.

Serás, fuera de nosotros,
pálida luna abierta,
infinita y abierta, vacía y loca.

Soy lo que del Inca queda para el amor.

Un incendio entre las cataratas,
una piedra grabada con los dientes,
una escritura descomunal entre las piedras.

Soy el que inventó el amor, la muerte del Inca,
un pedazo de cielo triturado por gigantescas olas,
contra los acantilados y el silbido del tiempo.

Miseria y soledad y ¿quién puede más?
Un hambre inmemorial, un vicio:
haber nacido antes, origen del origen,
escritura sobre escritura entre las piedras.

Y, también, tengo en mi tierra:
olivos
y azúcares
y malva
y rojas manchas de sangre entre las letras.

Apasionado cantor, obrero del verbo,
soy el que se mueve por encima de todo.
Más allá de los Cristos y de los Himalayas,
vuelo más alto que los jinetes de la muerte,
porque vuelo en todas direcciones.
Soy el que se bambolea de un lado para otro.
Un verdadero juego de azar,
sin principios, sin fin, sin ilusiones.

Ni siquiera un camino más corto para llegar.

Buscad, entre las perlas del profundo mar,
entre las caracolas, las huellas de mi paso.
Olímpica llama de amor,
en el fondo del mar.

Miguel Oscar Menassa

De “La patria del poeta”

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“Todo ruido me recuerda el pasado” de Miguel Oscar Menassa


TODO RUIDO ME RECUERDA EL PASADO

Guitarras rasgadas con odio.
Balas disparadas con odio.
Tambores de locura.

Rauda armonía de la muerte
estás aquí
te siendo
en el intenso
calor de mis ojos
detenida
casi sin deseos
atareada
como confundida
por mi manera de vivir.

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“La ley de extranjería” de Miguel Oscar Menassa

LA LEY DE EXTRANJERÍA

2001

Ahora a crecer, que quiere decir:
entrenarse con voluntad fecunda
para poder dentro de unos años
saber vivir, amar en otro mundo.

Ahora a crecer,
a desviar nuestros principios,
a encarcelar nuestras pasiones,
hacerlas llevaderas y si un día,
siento una pulsación extraña
que al liberarme me condena,
diré que no, mil veces no.

Ahora a crecer,
a comprender el valor del dinero.
El dinero puede, cuando quiere,
de un solo golpe,
aniquilar toda virtud,
preñar la nada,
embellecer con flores el desierto
y hacer del hombre y de la piedra
dos amantes perfectos.

Ahora a crecer,
a dejarse llevar por el contrato.
Conocer a fondo nuestros sentimientos
para abandonarlos.

No poner nunca de excusa,
en el trabajo, un amor,
porque me quitarán el amor
y no me darán ningún dinero.

Ahora a crecer,
que quiere decir ahora a descansar.
No me fue posible encontrar nada en ningún sitio
ni amores, ni ventajas, ni pan, ni soledad
por eso me condeno a escribir un poema.

Un poema de un hombre
que ya lo tuvo todo
y desea soñar.
Un poema de un hombre
que sueña todo el día
pero no puede amar.
O la historia de un hombre
que trabajando duro 20 años
pudo al fin veranear.
o aquel hombre que amaba
sólo a su madre y que tuvo
un trágico accidente en el mar.

Hombres valientes,
hombres de acero firme,
combatientes,
en las calles de la ciudad,
todos contra todos.

Yo soy un hombre
y escribo con violencia.
A veces termino sabiendo
cosas que nunca viví.
Otras, me doy cuenta, vivo vidas
que nunca imaginé.

Soy elegante y voy vestido de palabras,
al mismo tiempo deseo y me desean
y eso me da coraje para seguir en el poema.
Me hacen sentir que escribo para el mundo.

Digo violeta, pongo violeta aquí
y el horizonte se tiñe de violencia.
Digo violencia, pongo violencia aquí
y un hombre arranca sus genitales
y los ofrece a Dios.

O bien, una mujer le dice al hombre,
¡mátame! por favor,
y él la mata con cierto nerviosismo
y la mujer, complacida,
goza mientras se muere.
Al hombre
lo meten en la cárcel 30 años
y cuando lo liberan
una luz lo enceguece
y muere atropellado y ciego
por un niño andando en bicicleta.

Un hombre, una mujer chocan en la vida
y se llevan por delante como bestias
y se sonríen, cálidamente y se abrazan
antes de caer.
Ese abrazarse, mutuamente, los salva.

Después sus vidas se llenan de papeles,
papeles de nacer, de haber nacido
en un país, un pueblo.
Papeles que confirmen
que padre y madre hicieron el amor.
papeles que me digan
que soy un hombre aquí.

Aquí, en este papel, se dice claramente
que este hombre que soy
nació de humanos seres
y el papel asegura,
con la fuerza de la palabra escrita,
que en el momento de la foto,
este hombre que soy, estaba vivo.

Vengan a mí, que tengo para daros nada.
nada de nada tiene el extranjero, nada
y, sin embargo, tiene un verso en los ojos:

Rueda la vida, rueda y, también, se detiene.

Aquí están, mi vida, mis hijos, mi dinero
mi trabajo futuro, todos mis amores.
Al menos dadme un papel que diga:
El extranjero Juan no tiene nada,
todo lo dio por un papel.

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Bajarlía: cartografía de un poeta.

Artículo publicado el domingo 19 de julio de 2009 en el suplemento Cultural del diario La Capital de Mar del Plata en homenaje al poeta Bajarlía a cuatro años de su fallecimiento por Stella Alvarado.

Bajarlía, flanqueado por Enriqueta Mayo y el intendente Gustavo Pulti, cuando fuera designado Visitante Ilustre.

Si las grandes obras de la literatura se distinguen por la grandeza de su realización expresiva, la obra de Juan-Jacobo Bajarlía cumple con esa premisa. En su estilo -decía- no seguía el trámite corriente; mezclaba lo fantástico, la ciencia-ficción, la erudición y lo histórico, obteniendo una estructura distinta, en cuyo centro, la preocupación por el destino del hombre se instala como principal significación. Un estilo que explora en los principios de todo conocimiento, en la búsqueda cósmica del propio ser.

Tuvo un amor apasionado por la literatura. Y reflexiones a contracorriente que, aún hoy, siguen perturbando. Su obra multifacética, sus actitudes de autoexistencia y su figura mayestática permanecen en nuestra memoria como las de un ser de generosa inteligencia, un gran sentido del humor y una visión de la verdad absolutamente insobornable. Sumamente agudo, sabía que detrás del acto creativo existen corrientes subterráneas de poderosa fuerza que delatan en una palabra, en un verso o imagen los ocultamientos intencionados o casuísticos. Sabía que todo texto está cubierto de una piel y que debajo de ella se esconde el nefesh que le da vida. Esta percepción la utilizó para indagar en raras historias con palabras vaticinadoras.

Literato de inmensa erudición, afincado siempre en Buenos Aires -donde nació-, se dedicó a la investigación y a la crítica lite-raria. Enfocó sus estudios principalmente en la literatura de los grandes maestros. Sus trabajos bibliográficos y de investigación se convertían en una verdadera revelación que él asumía como algo personal. A través de investigaciones que hubiese envidiado el mismísimo Sherlock Holmes, se transformaba en un verdadero detective que rastreaba la verdad de las instancias; el acta de nacimiento o de defunción, el texto del cual apenas había escuchado, hugaba en archivos particulares, bibliotecas, hemerotecas, oficinas del registro civil y parroquias. No importaban el tiempo y la distancia. Su fervor lo acercaba al encuentro de lo que había intuido. Esta tarea titánica lo llevó a rescatar del olvido a escritores y textos hoy fundamentales en la literatura; valgan como ejemplo la figura de Pietro Aretino, del Marqués de Sade, de Antonin Artaud y de Malcom de Chazal, entre tantos otros autores.

Títulos como La confesión de Finnegan (monodrama) y Monteagudo, ambos de 1962, merecieron en su momento la atención de la crítica periodística. Los diarios de la época comentaban acerca de su drama Monteagudo: “… es una obra de severa estructura y austero todo. En ella Bajarlía traza con mano segura un excelente retrato de aquel fanático de la libertad que fue Monteagudo. Bellísima pieza, noble, hábilmente estructurada. Un hombre de fuerza, capaz de desafiar la muerte y para quien “cada bala es una lágrima insepulta”, es el que nos describe hábilmente Bajarlía sin descuidar el trazado psicológico de los seres que lo rodean”.

Cuando publica “la polémica Reverdy-Huidobro: origen del ultraísmo”, Fernand Verhesen inscribe en su prefacio, refiriéndose a su cualidad de ensayista: “Bajarlía ha publicado numerosos artículos críticos entre los cuales hay que señalar sus notables estudios sobre Huidobro. La extensión y la precisión de su información, lo mismo que su imparcialidad, no podrán ponerse en duda. Nosotros nos hemos dirigido a él en la esperanza de poner punto final a la pretendida polémica que enfrentó en otro tiempo a Pierre Reverdy y Vicente Huidobro. La leyenda negra contra V. Huidobro, los silencios, inexactitudes y escamoteos sobre los orígenes del ultraísmo, son puntos culminantes que Bajarlía resuelve en este estudio que mereció la distinción de ser publicado en francés”.



la imagen y el suceso

Fue el mayor referente en nuestro país del movimiento estético literario llamado “de Vanguardia”. Junto a inolvidables poetas y artistas plásticos constituyó la primera Vanguardia Argentina.

Traductor y jurisconsulto, Juan-Jacobo Bajarlía nos ha legado la síntesis de la energía literaria integrada a su semblante profético. En Bajarlía, escritor y periodista de profundas raíces, hemos conocido al hombre apasionado por la novela policial y la ciencia ficción. Para él, “el género de lo fantástico se convierte en una dimensión ineludible ya que prepara al hombre para su impostergable transfiguración”. En inolvidables charlas nos recordaba esta idea de Teilhard de Chardin: “Dentro de la escala cósmica, toda la física moderna nos demuestra que sólo lo fantástico tiene posibilidades de convertirese en verdad”. Pero en definitiva, repetía con frecuencia, “lo fundamental es el hecho literario en sí”. En Nuevos Límites del Infierno (1972), Bajarlía dedica la primera parte al sueño de la poesía y enuncia el fervor de un mundo que aún puede salvar al hombre, donde la imagen y el suceso pretenden ser una poesía de la historia y expresa:

“Sigo sosteniendo que no hay poesía sin imagen. Y que no hay imagen sin invención. Sigo pensando que la analogía está desterrada de un mundo en que el principio de indeterminación y no el de causalidad es el que rige la física atómica y las relaciones mortales del hombre. No amo al hombre sabio: me conmueve la investigación que es otra forma de la poesía”.

Es en su libro El endemoniado Sr. Rosetti (1977) que Bajarlía construye una novela de apasionante interés, con elementos lucidamente urdidos y con un suspenso hábilmente manejado. En su prefacio, inscribe: “El que avanza a través de su imagen se introduce en sí mismo para buscar la puerta del infierno. La última recompensa será el tiempo que se contrae sobre el abismo.

Pero el tiempo es otra forma de la muerte que es el infierno”.

En 2004 y con casi 90 años de edad, se convierte en entusiasta mentor y primer colaborador de Apofántica, la publicación marplatense. El Signismo, Una galería de rostros apofánticos y El Manifiesto Signista (del que fuera creador), son los temas de su artículo para el primer número. Solía decir: “lanzarse con una revista literaria es emprender una aventura en las proximidades del Infierno, un acto de ingenuidad que hubiera hecho reír a Lautreamont. Antonin Artaud decía que una nueva publicación multiplicaba la imagen del espejo y dilaceraba el equilibrio. Sucede, sin embargo, que una revista literaria también es un acto de creación. Un infierno y un acto de reafirmación creadora. Un infierno donde la cultura es un lujo, donde la censura viene de las tinieblas. Pero un acto de reafirmación creadora que se yergue contra los simuladores de la escritura que, en oscuras redacciones asumen el engaño por la mediocridad y la ignorancia por el talento”.

Artífice de una modalidad literaria de avanzada, supo prestigiar el valor de las letras universales con sus vastos conocimientos, con el respeto por las tradiciones literarias y la incorporación, sin eufemismos, de un estilo que pregonaba el rescate de la inventiva y la creatividad por sobre toda otra cuestión donde lo fantástico adquiere la cualidad de preparar al hombre para su impostergable transfiguración. En La casa espectral (libro II), habla de “ciertos nódulos mutantes que poseen algunos seres privilegiados para percibir la transformación de la materia humana más allá de ese accidente que llamamos muerte”.

Jean-Jacques cruzó el muro del abismo el 22 de julio de 2005. Porque sabía que la poesía es la medida del hombre, nunca cesó de expresar: “la palabra se esconde en lo más profundo del corazón y para hallarla es necesario que la sangre suene en el canto de los pájaros”.

POSDATA

Las estrellas, en fuga hacia el infinito

ennegrecían la noche y la poblaron de extraños sonidos

que avanzaban lentamente

Y se encendieron los semáforos negros

sobre el vacío.

La luz era un cono que recogía tus palabras.

Esta voz, la de quien tuvo el privilegio de conocerlo y crecer con su amistad, pretende evocar y extraer de la piedra del silencio la infinita presencia de Juan-Jacobo Bajarlía y su extraordinaria, singular dimensión humana.

La capital Cultura. Por Stella Alvarado

Mar del Plata – Domingo, 19 de julio de 2009

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Soy un pájaro que vuela por volar, no padezco de hambre. Rompamos con el misterio cristiano, seamos un grupo

14 de enero de 1978, Madrid

Querido:

Los días transcurren unos tras otros como siempre.

La vida pasa.

Me cuesta escribir esta carta, que he comenzado a escribirte hace unos días.

En realidad me siento interrumpido

una llamada telefónica

una carta tuya, donde haces las preguntas sobre el nuevo orden,

interrumpieron mi escritura.

Interrupción que quiere decir que nunca más,

podré decirte aquello que comencé a decirte el 7-8 de enero.

Me preguntas acerca de la posición de la Topología y su importancia

en el proyecto Cero, y sabiendo que la respuesta no se trata de lo mismo,

contesto:

a) El prestigio lo tiene quien se lo gana,

lo que no quiere decir que nos interese especialmente el prestigio.

b) El encuentro con la verdad hizo incierto todo discurso.

c) Vivir 200 años es más fácil que ser inmortales. Preferimos vivir 200 años, y todo por elegir lo más fácil.

d) La topología y el sexo tienen algo que ver con nuestro movimiento

y teniendo en cuenta que hoy el sexo no corre más,

pienso que para sobrevivir,

la topología

deberá desprenderse de sus trabas sexuales.

e) Lacan no va más.

f) La topología y la lingüística estructural me parecen los mejores y a la vez,

los únicos instrumentos de la escuela lacaniana de París, o de donde sea,

tener una simple noción de ellas, bastaría.

g) Sabemos que Lacan es un filósofo,

no vemos entonces

por qué combatirlo a él,

precisamente con topología,

un instrumento para filosofar.

Sería conveniente saber que únicamente una ciencia, podrá dar cuenta no sólo de la ideología sino también de la filosofía.

Esa ciencia no existe.

Existen los pormenores de un hallazgo,

los destellos de un grupo de hombres jóvenes,

frente al ser de la creación.

Existen algunas nociones,

quiero decir un campo fértil,

y como todo campo fértil no basta abusar de él para que rinda más.

Darnos nuestro tiempo sería conveniente.

h) No quiero olvidarme que hablábamos de la topología y su importancia,

bien, lo digo,

de capital importancia,

fue para nosotros oscuridad y luz,

emblema por emblema,

arte por arte,

y como todos sabemos,

perdió la lingüística.

Lacan entre tanto da su último seminario “tiempo de concluir”,

después me imagino que sobre la carroña advendrán los buitres.

No quiero ser buitre de ninguna carroña.

Soy un pájaro que vuela por volar,

no padezco de hambre.

En tanto voy volando,

miro el mundo y veo,

porque de ver se trata,

que todo el mundo occidental, todo él, y nosotros en él,

está sumergido aún,

en el diluvio universal cristiano,

ya que dos ejemplares de cada animal son suficiente para todo.

Rompamos con el misterio cristiano,

seamos un grupo.

Que todo valga,

tengamos en cuenta que las puntas se rompen antes,

no pongamos más a un hombre en la tonta encrucijada de tener que elegir.

Que todo sea.

La escritura sólo tiene una función,

desrealizar,

y lo que no se puede en un año se podrá en cien.

Del ser por ahora tenemos un bosquejo,

todavía nos faltan los colores.

Ser nos llevará como tú dices 20 maravillosos años,

para nuestra manera de vivir varias vidas.

Espero que seamos humanos,

por ahora un plan para vivir.

Del poder, me gustaría hablar dentro de 15 años.

Las noches transcurren,

como transcurren los días,

y ese transcurrir es maravilloso.

Entre el café y los humos recordamos tu nombre tu figura,

mis familiares murmuran por la casa la importancia de nuestra relación,

dejan caer de vez en cuando,

alguna imaginería del pasado,

siempre una sana emoción para el corazón.

Cuando suceden estas cosas,

estoy absolutamente seguro que entre nosotros no habrá enfermedades del corazón,

y me pregunto qué es lo que sostiene esta grave afrenta,

contra la medicina y su filosofía de sostén:

¿acaso la inmediatez de un gesto amoroso?

¿acaso la relatividad de una ciencia?

o peor aún

¿acaso la inteligencia de unos cuantos hombres?

Yo por mi parte,

soy un grupo,

deseo conversar con todos,

una larga conversación,

un hecho humano notable.

Un punto definitivo en la historia.

Eso sí,

sin apuros,

prefiero que no haya más acciones heroicas.

Los kamikazi

fueron en última instancia,

los primeros síntomas,

de la explosión atómica,

no hagamos tonterías.

Estar solos en el cumplimiento de una función,

tiene por lo tanto,

que resultarnos antiguo.

La soledad siempre es un intento,

para destruir mejor,

sin testigos,

sin voces humanas a nuestro alrededor.

Lujuria del despedazamiento hasta lo último,

y si se tratara de gozar,

del ejercicio ético,

diría que la soledad en cualquiera de sus modalidades,

es mala.

Genera envidia,

ansias de destruir lo que me ilusiona como completo,

y que siempre está fuera de mí,

en los otros.

Vivir así,

os lo aseguro,

es imposible.

Y yo querido,

ya he pagado mi boleto,

podría sacrificar mi nombre,

exijo mi viaje de placer.

Un viaje alrededor del mundo y sus historias,

sin ataduras,

sin preconceptos,

quiero decir,

una nueva visión.

En esa nueva visión tendrá que entrar, como mínimo,

todo aquello,

que sirvió como excusa a nuestra pasión los últimos 10 años.

Desde la poesía,

hasta la ciencia.

Desde la paz,

hasta la guerra,

desde los viejos textos de Freud y Marx,

hasta la fresca juventud,

de nuestros escritos.

Desde la poesía de nuestras mujeres,

hasta el más pequeño acto de nuestra vida cotidiana.

Para empezar diré que la ciencia es,

tan importante como cada uno de nosotros,

(y sé que comenzar de esta manera

puede llegar a ser una ambigüedad de mi retórica)

Que cada uno de nosotros es tan importante como el último dibujo.

Que a su vez es tan importante como las conversaciones

y que todo esto,

es tan importante como pintar,

y todo tan importante como la misma muerte,

y nuestras risas a veces tan importantes como todo.

Las cerámicas tan importantes como Gardel

y tan importante a su vez,

como cada hecho social de nuestros cuerpos contra nuestros cuerpos,

es decir,

toda la filosofía de nuestra vida pequeña,

tiene que quedar incluida en la nueva visión.

Nuestro cantor y sus canciones y complicados pensamientos de Einstein,

serán nuestro regocijo y nuestra calma.

La pintura,

ese pasaje necesario,

para un gran cine, que viva entre nosotros.

En cuanto a la poesía,

ella misma,

ya ha dado,

suficiente cuenta de su poder,

dejémosla nacer en paz.

El psicoanálisis,

y voy a decirlo aunque quede mal,

es para muchos de nosotros parte de nuestra vida,

un descubrimiento de nuestra juventud,

como el amor,

como la poesía,

y después me pregunto ¿qué otra cosa descubrimos de jóvenes?

Y nada más

y toda la pasión quedó ligada a estas palabras.

Después fuimos adultos,

a la pasión le fuimos agregando sabiduría,

la estúpida conciencia de saber

y nos llenamos,

la cabeza y el alma de palabras

y eso,

no estuvo mal,

pero privilegiar una palabra sobre otra es muy difícil, tan difícil

como concentrarse,

en estos tiempos,

en un solo punto.

Tan difícil,

como amar,

en estos tiempos,

a un solo dios.

Si alguien te pregunta como me va,

dile,

que me va bien,

que estoy contento,

que no me atrevo a decirlo en voz alta,

soy feliz.

Un tipo con la sangre siempre revuelta y feliz,

soy quiero decirte,

como una paradoja,

un hecho social evaluable,

el prototipo de una pasión,

del alma,

un emblema para cualquier locura,

una partícula de luz,

cuando miro,

me incluyo en la mirada.

Querido,

desearía no abrumarte,

mejor dicho,

desearía entretenerte con estos raros pensamientos acerca de nosotros,

desearía crearte un ardiente deseo.

Conversar,

conversar,

hasta desarreglarlo todo.

Construir una conversación que sirva a todos por igual

también a nosotros.

Algo así como una verdad de la verdad.

Una conversación al rojo vivo,

entre amigos.

Porque para repartirse el mundo,

se hacen necesarios,

ciertos menesteres:

Evaluar las fuerzas,

o bien,

acariciar el poder,

ser,

el gran solitario,

el único entre todos,

virgen y madre.

Amante de la inteligencia y la musculatura a flor de piel,

un poderoso dios cristiano,

ya que para llegar a él se debe morir,

quiero decir,

un gran solitario,

el gran masturbador.

Un gran maricón,

un indeciso crónico,

un pobre padre alterado por el poder.

En definitiva,

un padre holgazán,

que espera,

la muerte de su hijo en los cielos.

Quiero construir un padre que sepa cuales son nuestros derechos,

ya que la disciplina,

como sabemos,

viene sola.

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Miguel Oscar Menassa. Obra poética casitotal [1.961-2.011]

JUEGOS PROHIBIDOS

El mundo es un giro de viento;
abre las puertas detenidas;
yo abro las puertas,
yo soy el mundo.

Hablo a las baldosas
con la lentitud ingenua
de la renovación,
yo me renuevo.

Salto las ventanas viejas
de un barrio pobre
y amo a las muchachas
aún despiertas.

Les dejo el corazón
y luego parto.

Conmigo queda el aliento
que más tarde doy
por las calles de aquí,
por donde caminamos todos
todos los días.

Al llegar a las esquinas frías
me detengo,
miro el cielo:
no es imposible.

Y vuelo entonces sobre esta sonrisa atlética
para cubrir
algunas faltas de amor.

PEQUEÑA HISTORIA

Yo soy
el hombre
que conmueve muchachas
en las mañanas empapadas;

el viento conocido
que desata la vida
de las esposas altas,
deshonestas,
de las hijas adúlteras
de casas como el mar;

la lluvia
que late en el vino
de mis hombres extraños de silencio
de caras como manos.

Soy
el que se queda solo
luego
y humanamente pide compartir
una risa
una copa
un hueco de saliva

MI PADRE SE CANSA

Después del esfuerzo
entrego mi último bostezo a la noche
y duermo.

Me permito luego
recorrer con severidad
hasta la hebra rubia
entretenida
en el primer mosquito de la noche

cubro maliciosamente
mi brazo desnudo
con el beso que deja mi madre
–sorprendida por mi presencia–
en un costado de mi cuerpo.

Y despierto
para aplaudir
alguna proeza de mi padre joven
que bebe junto a mí
una copa de vino
y una muchacha desconocida.

BOINA AZUL

Esta mañana, hurgando
por los techos vacíos y mojados
por los pisos y las maderas de los pisos,
temblando una canción,
he visto a una muchacha.

Caminaba gris, en este cielo gris
con una mano débil, tendida
en los bostezos de los hombres,
para tocar el viento que le negaban.

Ese viento fuerte
que se debatía en sus piernas mojadas
por el último rezongo de la lluvia.

Porque había llovido
y las caderas húmedas de las casas
se movían ligeras hacia el hombre
que conmovió en la mañana gris
a la muchacha que caminaba sola
sobre los techos y los pisos mojados.

ELLA Y EL VIENTO

El viento,
ese trotamundos incansable
que nos toca,
ha llegado hasta mí para traerme
el recuerdo de ti,
de tu voz en el viento,
de tu risa en el viento,
de tu ferocidad detrás del viento.

No es el mismo de las noches compartidas
ni el que levanta las polleras tristes de la tarde
para mostrarnos:
un amor de piernas,
un amor de noches,
un amor.

Es el gran luchador
como tú,
fuerte y frío
como tú
que te lleva
como tú solías llevarme
detrás de un beso
de una caricia prometida.

Él te retiene y te suelta
cuando quiere.

Él es el que repudiándose
te maldice y te ama,
como yo.

ELLA Y LA LLUVIA

La lluvia
libre e interminable
se mete por mi boca abierta de soledad
y te llama y te busca
como si estuvieses dentro mío
aquí, dulce
aquí, intacta.

Y tú
y tu nombre
que sólo puedo pronunciar cuando te toco
bostezan y se acuestan
bajo un cielo de agua que no acarician.

Tú, violable sólo
por el filo astuto de dios
y la sonrisa de los hombres rubios
y tu nombre que te llama
que se complica contigo
en el misterioso juego de tu fuga,
dónde, dónde
en qué cuerpo
en qué hombre permanecen.

Pensar que no eres
que no te llamas de ninguna manera.

Cómo decirle a la lluvia entonces
que tú no estás
aquí, dulce
aquí, intacta
que no has llegado nunca.

ELLA Y LA CALLE

Ella tiene tanta calle
en sus manos y en sus piernas
que uno la mira
y no puede más que amarla.

Ella perdió un zapato
un día de lluvia
y mis escrúpulos
comenzaron a recordarla.

Pero nosotros,
que caminamos juntos tantos árboles;
sabemos que el amor
no es:
encender velas en casa de los ciegos
ni creer que ella no está
dentro de ninguna rama verde.

Porque sus zapatos
eran las cinco de la tarde
y yo bebo a esa hora
con desesperación
mi primer trago de olvido.

BAJOS FONDOS

El agua de mi voz,
la misma que corre por los espigones,
espera verte caer en algún círculo del cielo
para golpear feroz tus huellas en el puerto.

Vuelve,
alegre,

por todo aquello que sufrimos.
Mientras yo, acostado en la orilla
cambiaré el rumbo de los hombres
y mojaré caliente, con mi aliento,
el rostro de todos los barcos
de todos los puertos.

POLLERA DE NOCHE

Es la calle angosta
perdiéndose dos cuadras adelante
entre el árbol inexplicablemente verde
y unas casas bajas nunca bien dispuestas.

Y tú por la calle,
caminando hacia el infierno de humo
de este bar
donde yo espero,

rubia desde antes
impúdica desde antes
te ocultas
corres
pero nunca llegas.

Otras mujeres hablan y fuman
mi cansancio
metidas infieles
en sus ropas estrechas de canto.

Nuevas,
infecundas mariposas de septiembre
me esperan
en algún lugar oculto del invierno
y me tocan el alma.

VENTANA COLOREADA

El gesto del niño
que te miraba a través
de la ventana empapada

la esperanza
de que fueses blanca

la ternura piel
que tú guardabas

todo quedó conmigo.

La calle perdida
entre otras calles
tu casa mar
tu padre marino
los hijos de tu padre marino

la pieza número
con su cama alta
y tu piel de afuera.

Así te conocí
después de amarte
por la ventana abierta.

Y aún queda conmigo
cuando me deslizo
dulce
por las sendas de tus hombros
tu voz
dulce
aquí
tan cerca.

ESTACIÓN DE TEDIO

Uno
nunca se siente solo las noches de verano.

Cuando el sol
ha dejado caliente las chapas
y este humo con olor a puerto
que escapa valiente
de mi boca contra el vidrio
y mi nariz contra el vidrio,
haciendo huecos de calor
en esta mañana de muchachas,
de puertos, de gente pequeña a mi lado.

De calles empedradas
mirándome interminables
que me penetran con el sol del ayuno
y me quieren.

Uno
siempre se siente solo las noches de invierno.

Cuando añora el aliento del amigo
entre el pecho y una canción,

cuando ya no se escuchan
las palabras templadas
de la compañera nocturna

y pierde
con el último movimiento que hace
el único calor recuperable.

SIRINGA DE SOLEDAD

He llorado anoche en los brazos de nadie,
pensaba en anguilas submarinas
y esta vieja manera de roerme.
Eran los ojos de mi gran amigo bajo el agua
y la boca de la mujer aquella
que gritaron al niño que tengo
prendido de este lado.

Era la ventana azul de tus labios,
mas, mi amigo
tirándome la piel
me susurraba del amor y de la vida
unas cosas extrañas.

(En los famosos días
de tierra al sol, de espaldas a la gente,
cuando el cielo de las mujeres arda
podría abrazarme al orgullo de mi padre
y dormir junto a mí por una noche).

De la noche pasada y la mañana
sólo recuerdo
aquellos ojos que lloraban solos
y esa boca tendida que trataba
de tomarme la mano y esas cosas que llevo
prendidas de este lado.

Y así,
moriré cualquier mañana
apretado a esta lágrima que guardo,
que no es la última,
ni siquiera la anterior a la última.

ESPIGÓN DE SOLTERO

Bueno,
ahora ya me encuentro
humanamente solo.

No puedo con mis ojos
mirar a las muchachas
porque las miro
y lloro.

Y ustedes,
por qué no se detienen
y me tocan un poco,
por qué dejan mis manos
galopar despiadadas,

por qué no se detienen
y me lamen un poco.

Comprendo,
ustedes han partido
también
humanamente,

pero a mí no me queda
más que dos piernas
(las manos ya perdidas
no piensan
no vuelven)
y esta rabia de todos
de mí
que no me sirve.

BEBIENDO DE ESTE VINO

No vuelvas
deja el celo perdido
y abreva toda tu claridad
contra algún beso

habla con tu voz por las calles
hasta sentir en tus cansados brazos
un calor una brevedad de cielo

entonces
acaricia solemne las astillas
de este material afinado
la soledad

ama las cosas más extrañas
húndete
hasta llegar al fin de mi tristeza

mas
no vuelvas
déjame solo
gozando de estas manos
déjame solo
amándome las piernas
bebiendo de este vino.

EL CUARTO DE LAS GOLOSINAS

Qué mujer
cruzaría sus piernas frente a mí
para mirarme
sentirse mía
cansarse en mi cansancio.

Quién concluiría su gesto
para amarme
en este pedacito que soy
de sed y de nostalgias.

Porque todos
nos encontramos algún día
y nos miramos
–en las muchachas quietas
en los caminos cortos–

pero luego
es tan difícil dormirse
–sin el humo del cigarrillo amigo
ardiéndonos los ojos–

que ya se han ido todos
y la apretada hendija de mi alma
cada vez más pequeña
cada vez más cerrada.

Quién podría amarme
en este pedacito que soy.

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Posiblemente una poética. 1978


Querido:

Giros de viento, o bien, ráfagas de pequeños corpúsculos acerados hacia la muerte, desviaron nuestro destino.

Somos, desde hace dos años, extranjeros a todo.

Iremos perdiendo con el paso de los días la calidez de nuestra mirada, aquel calor, ardiente en nuestros ojos, cuando vivíamos en una tierra, cuyos olores en plena primavera, olían, el olor de nuestro cuerpo.

Éramos, antes de la catástrofe, antes del estallido en mil fragmentos, personas normales. Médicos, amantes de la libertad. Escritores, amantes de la libertad.

En fin, en general, éramos sórdidos amantes de la libertad. Señoras y señores, padres e hijos de familia y teníamos un porvenir asegurado.

Un poco de locura, nos decíamos, a nadie le hace mal. Y nos encerrábamos en grandes alcobas solitarias, para decirnos que la locura era contagiosa y nos reíamos y buscábamos el sol, entre las piernas de nuestras mujeres, y éramos felices. Y mientras éramos felices nos dimos cuenta de que buscar el sol, era para encontrarse empecinadamente con la noche.

Amar el sol era también amar la terquedad de su dialéctica. Aparecer y desaparecer. Encuentros luminosos para, después, sumergirse cada vez más profundamente en el vacío de la noche.

Alguna ausencia inesperada, algún cuerpo pudriéndose repentinamente bajo el sol, marcaban el paso de los años.

De decepción en decepción, nos fueron enseñando que nada teníamos. ¿Para qué hablar? entonces nos decían, ¿para qué pedir?

Y nos fueron encerrando en nuestro propio cuerpo, y en nuestro propio cuerpo fueron marcando a fuego sus tablas de la ley y sujetados por la increíble ilusión de no morir, casi nos matan.

Un fuerte y helado silbido nocturno, para siempre. Una incuestionable noche sin fin. Una detención brusca y mortal -insostenible para nuestro cuerpo-, en manos donde habíamos entregado nuestra vida, para no morir.

Ser esclavos, quedaba claro, no era suficiente. Y, entonces, fue el temblor, un temblor cósmico, más allá de nuestra razón, más allá de nuestra locura.

Más allá de todas las palabras pronunciadas y, sin saber qué hacer, temblorosos entre los escombros, nos tocó zarpar.

Y zarpar fue estallar en mil fragmentos de oro líquido por el mundo.

Y zarpar fue no poder volver nunca al mismo sitio, no poder volver nunca al mismo tiempo.

Si algo buscamos, buscamos todo lo que nos falta, no sólo el inconsciente. No sólo los tibios perfumes de nuestra infancia. No sólo el aleteo fugaz de un deseo prohibido. Queremos tener, entre nosotros, toda nuestra vida.

Un cuerpo hecho a los avatares de los destinos, una palabra, más cerca de la sangre que de las palabras.

Entre nosotros, queremos tener -como la flor azteca creciendo en el desierto, como una incierta luz, en plena oscuridad- algunos versos inolvidables.

Sabemos, sin embargo, que vivir siempre es un proyecto delirante.

Todo está bien y todo está mal.

La mujer, el hombre, debate su ser entre las pocas palabras que conoce.

Una especie de pequeña oración en medio del tumulto. Un pequeño dios a punto de morir, contra la inmensidad de las partículas atómicas, creciendo por doquier.

El sangrante búfalo de plata a punto de extinguirse, última manada de luz, al borde del fusilamiento. Al borde propio de pronunciar sus primeras palabras: Estamos. Fuimos lo que muere del hombre. La soledad.

Y un resumen es, también, un pacto con alguien. Una reconciliación de la letra con la política.

Yo es cero, no tiene explicación. No se puede reducir a nada que termine. Tampoco, al universo. Candado de apertura, yo es cero, es puesta en escena de lo que recién comienza.

Estamos en la época del temblor. El que habla tiene una prenda. El que escribe es un solitario.

Estamos en una edad, donde lo verdadero se confunde con la acción, el resto, por ahora, debemos saberlo, psicoterapias para las almas inexpertas, para los que aún, sin quererlo, y como soportando una desgracia, sostienen la ideología dominante.

La Gran Ideología, la que viene impresa en las proteínas de la leche.

Y acción querrá decir, entonces, transformación radiante, verificable en el campo de las relaciones sociales, donde, ya dijimos, se desarrolla la ética de los poderosos.

En cuanto al psicoanálisis, al marxismo, a la poesía, decimos que son, sólo, instrumentos de conocimiento. Entre nosotros, no es preciso que se salve nadie.

Los fusiles, las religiones, la pobreza, son patrimonio de una dialéctica asesina. Donde lo que se legaliza es la esclavitud y la pena de muerte.

Y un amor, codificado en el terreno de la fidelidad y la seguridad, hablan, claramente, de los efectos sobre el hombre de una dialéctica, que no acepta, ni aún en sus transformaciones, la existencia de más de dos términos. Donde uno tiene el don y, el otro, el deseo.

Una teoría construida por indígenas frente al descubrimiento de la posibilidad especular.

Una religión construida sobre el miedo a la muerte da, como resultado, una sociedad esclavista, donde el goce tiene que ver siempre con la muerte, porque el deseo lo tiene el que no sabe, el que no tiene, el que no duda, en fin, el deseo lo tiene un perfecto idiota, condenado a muerte.

Donde el saber tiene que ver con el poder ya que, el que puede, por poder, no desea y sabe.

Como vemos, una teoría del dolor, en todas direcciones.

Nos oponemos a todo. La nada, también queda cuestionada.

De las drogas aceptamos, todavía, algunos de sus usos médicos. En general, las drogas, prometen una resolución por vías más rápidas que las habituales. Y si bien es cierto que lo habitual no tiene porqué ser modelo de vida, también es cierto, que no se conoce ninguna droga que haya solucionado el problema del tiempo.

Decimos que cualquier droga, también el alcohol, cuando trata de ser más que una escaramuza del saber, se esteriliza, se pudre, exactamente igual que la mujer amada muerta entre los brazos.

La necrofilia queda prohibida en todos los casos. Y de la sexualidad actual pensamos, que está organizada sobre los pilares de la oferta y la demanda.

Heterosexualidad y homosexualidad son, claramente, formas de una dialéctica, donde lo femenino y lo masculino (en última instancia dos organizaciones sindicales) rigen el destino de la humanidad.

El amor, como vemos, no existe. Por ahora existen las reivindicaciones. Al hombre, a la mujer, aún no le ocurre nada.

Hoy cumplo 38 años y, al cumplir 38 años, lo único que veo claramente es, cómo la gente se mata por doquier.

Tomar una posición, desde hace unos siglos a esta parte, es decidir a quién se va a matar, o bien, si uno es un simple ciudadano, decidir en manos de quién se va a morir.

Un mundo perverso, insisto, donde todo tiene que ver con la muerte. Por ahora, no quiero tomar ninguna decisión. Matar o morir, dos formas de vida, que tampoco me interesan.

38 años, y pongo nuevamente mi vida en cuestión.

¿Cómo quiero vivir? ¿Qué es vivir?

Y así voy por la vida, sintiendo que no quiero ser un borracho, y no quiero ser un drogadicto, y no quiero ser un científico, y no quiero ser un poeta, y hombre y mujer me parecen demasiado poco para el hombre. Y las familias monogámicas me dan asco y los putos también.

Defender, en general, no defiendo a nadie.

La religión se hunde entre cuantiosas cifras. Las matemáticas desbordan su posibilidad de transformación de lo real, con el paso de los años serán un dogma.

El sol se extingue. La energía atómica escapa a todos los controles. Hiroshima se olvida. Rusia retrocede. Y los famosos tigres de papel están a punto de comerse parte del arroz.

La humanidad toma un rumbo desconcertante, y eso me desborda.

Querer, quisiera llevarme bien con alguien y, sin embargo, escribo que el vaivén de la intersubjetividad es demasiado familiar para el gran mundo.

Eso me parece.

Prefiero confiar en mi fuerza de trabajo y, sin embargo, mi escritura es sanguínea, vital, difícil de vender.

La literatura no me interesa y la vida no sé bien lo que es.

A veces, pienso: la vida todavía no ha comenzado.

Ser una brisa o bien, ser una ráfaga son, por ahora, las tan naturales ambiciones de cualquier pasión.

El hombre se debate, quiere ser y no puede. Puede y, cuando puede, ya no le interesa.

Los ojos, la boca, el ano, un alma abierta, o bien, un corazón cerrado son, todavía, los límites de dicha imposibilidad.

Agujeros demasiado pequeños para que el hombre caiga por ellos en el ser.

Agujeros demasiado pequeños para que, por ellos, entre la humanidad en el hombre.

Sangre y vergüenzas, leches marinas, pechos turbulentos para las bocas más sedientas, opulento semen ascendiendo por las nacaradas paredes de tu celda son, todavía, tan sólo onomatopeyas de lo humano.

Un intento, vano como otros, de capturar, con el nombre, lo nombrado.

Mi tiempo no responde a ninguna cronología. Mi tiempo, más que transcurrir, estalla.

Más que transcurrir lentamente, mostrándole al pequeño hombrecito, que la vida pasa, el tiempo es, un invento de la crueldad del hombre, contra sus propios sueños.

Un límite preciso: la noche. Un comienzo seguro: la mañana.

Como si el tiempo fuera una figura que puede dividirse. Una forma posible, y no vendavales y nieves oscuras, hambre y cólera, donde su esencia es siempre lo que fui.

La realidad es sólo lo que digo, y el tiempo, una manera de seguir creyendo que la realidad estaba allí, esperándome -precisamente a mí- desde ayer.

La imaginería del hombre no tiene límites. Su locura es infinita.

Es capaz de creer que los secretos se guardan en el corazón.

Es capaz de creer que la verdad es más de lo que es: Instante, en la producción de cualquier obra, de cualquier amor.

Tiempo de locos, este tiempo, donde ni yo existo.

Álgebra marina, álgebras y vientos del mar, y pequeñas historias. Pequeñas y misteriosas historias, entre las que se oculta la cifra secreta de mi ser.

Mientras escribo, siempre me acosa la misma preocupación: escribir algo que se entienda.

Me miro y se me nota. Soy exactamente una encrucijada. Un tironeamiento visceral, contra otro tironeamiento visceral. En la misma mirada, dos odios, dos amores.

En el mismo fuego, dos llamaradas, dos cenizas.

Cuando la sangre acontecía, era contra la propia sangre. Tan roja una como otra. Turbulentas manos, con un esfuerzo comparable a morir, desarticulan el mecanismo:

El número dos no existe, es siempre, un desdoblamiento de la imagen.

¿Escribir es parte de la farsa o escribir es mi superioridad, mi hombría?

Al borde del descuartizamiento,
un hombre debería gritar, pidiendo socorro,
un hombre debería gritar, pidiendo
un hombre debería gritar,
un hombre debería
un hombre

Y, sin embargo, un hombre también es: una caída estrepitosa, un amante de su propia masacre, un exquisito recuerdo de sus desgarramientos. Una historia que se viene repitiendo desde siglos.

Encuentros desesperados, no tengo más, en general, no tengo encuentros. Todo estalla. Todo es sublime.

El cuerpo y la palabra, así escritos son, debemos saber, bordes de una dialéctica.

Y en esa endemoniada lucha, entre la existencia y la esencia, siempre triunfa: La realidad. La verdad. El síntoma.

Hombres, mujeres, encaprichados, en las famosas y viejas relaciones, entre libres y esclavos. A mí, me gustaría comenzar todo de cero. Frente a ese vacío. Frente a esa imposibilidad. Humos y barbarie. Y una lenta tarde, donde todo transcurra como si fuera poco, como si fuera lejano su transcurrir.

Brisa marina, arcángel de la noche. Toco su boca, perfume y violencia entre las tinieblas.

Desencadeno en mi ser, los ritos del amor. Vendimia seca. Florezco entre tus jugos.

Entretejo mi vida entre tus helechos. Ancla y mar, tus olores, tus peces abiertos y desordenados.

Ojo de bestia. Vaca. Vaca de la soledad.

A veces pienso que lo mejor es, beberse salvajemente los néctares.

A veces pienso que lo mejor es, comerse salvajemente los frutos.

Tengo conmigo, lo sé, frutos y néctares, para comerme y beberme salvajemente. Y, sin embargo, escribir siempre es, una alegría para el corazón.

Emerger de las sombras, emerger de las sombras del mar. Canguro acuático.

Horas de una vida siempre desesperada y viva. Pequeñas palabras, irán haciendo el mundo. Tercos galopes, irán cubriendo las distancias. Entre bellezas marinas rasgo tu piel, escenifico mi vida, en los contornos de tu ritmo, te detecto imprecisa, entre las leves hojas de papel.

Al viento. Al tiempo. A la poesía.

Tenaz entre tus muertos, loca y viva, iridiscente ojo molecular, llama de amor, la poesía, tenaz, álgebra purificadora, ardiente antiséptico contra los pequeños animalitos del bosque.

Nervio nocturno y luz, músculos y masacre, carnes, vendimias de la carne, la poesía, en el futuro, contra lo que pueda oler a podrido.

Al viento. Al tiempo. A la poesía.

Rosas ambarinas y, también, rosas de colores comunes y espinas de rosas sanguíneas y carnosas. Y también espinas salvajes de una perfumada rosa blanca, -como alguna vez ocurrió- antiguas y delicadas, espinas del amor. Corona de espinas enamoradas sobre la cabeza del pequeño niño dicelotodo.

El poeta, fiel y empecinado corruptor del sentido. Soldado de lo inevitable. Sombra expectante sobre todo. El poeta, pequeño niño, no se sostiene sobre sus piernas. No sabe lo que quiere. Es arrastrado por el afán social que pesa sobre él de denunciarlo todo. Y en cada denuncia, en cada encuentro con la verdad, es todos, vale decir, ninguno.

Su ser, escandaloso y solitario a la vez, vaga sin saber. Hilo de agua, tenue y vivaz entre las montañas, horadando las piedras.

El poeta, una vejez y su vértigo. Una juventud y su decadencia. Siempre un punto fijo, una detención sublime, para que el mundo gire por un instante, enloquecido, a su alrededor. El poeta añora la libertad.

Hay días en que quiere morir. El brutal encadenamiento sólo le permite, pequeños y, por qué no decirlo, reglamentados movimientos. Entre la poesía, diosa indiscutible, o bien, serpiente única capaz de ahogar mil páginas en un verso. Metáfora ardiente de todo lo vivido. Y el límite que impone lo social; sumergirse, entre las máquinas y sus desperdicios.

Hombres de plástico. Gobernantes perversos. Niños asesinados a patadas antes de nacer. Pequeños navíos de la alegría, hundidos antes de zarpar. Y sumergirse, en toda la inmundicia que transcurre en las cloacas y, también, en los blancos hospitales, en los dormitorios mejor arreglados, y en el lento transcurrir de las horas.

En la serena tarde donde un crimen se hace pedazos contra el sol. En los baños, en los baños públicos donde el olor es lo que finalmente mata, o bien, en los baños de las iglesias donde la purificación cobra sus víctimas.

Y las inmundicias transcurren sobre todas las cosas humanas.

Y el poeta transcurre sobre todas las inmundicias. Pequeño niño dicelotodo, transcurre entre la mierda sublime de los grandes dioses, o bien, tenues cagaditas de algún ave de paso.

Y lo social, decíamos, y el contenido arrasando con las formas. Y las formas deteniendo en su precisión, en su perfecto mecanismo de relojería, los gritos deformes del hombre.

Meter en una jaula su propio corazón desesperado. Fijar, como se fijan después de muertos, los órganos podridos. Silenciar, para siempre, las inquietantes imprecisiones del amor.

El amor, alegría y blasfemias, pequeños dioses impotentes, luchando vanamente contra demonios, siempre invencibles, cuando se trata del amor.

Fuego y luz.

Apocalípticos demonios de la sangre, donde la palabra pierde su poderío.

Demonios enloquecidos por el hambre, devoran, pequeños dioses preocupados en cuidar las formas.

Y todo es estallido, cuando la magia nos acompaña hasta los confines del miedo.

Bajo el sol, contra el sol, o bien, un sol saliendo de mi pecho, o multicolores soles acuáticos y jóvenes y arrogantes soles, precisamente a causa de esa juventud.

Y un sol, pequeño y fulgurante entre mis labios. Incendio. Luz. Fuego entre los fuegos. Vertiente incontenible de calor.

Cien mil grados, derritiendo a los pequeños dioses de la moral.

En mi cuerpo, fríos metales caen. Heladas nocturnas detienen por un instante, su filo mortal.

El silencio se parte y los espejos, no pueden reflejar tanta luz.

Desierto y sed, y los últimos barrotes de la cárcel -tu propia mirada-, ceden, frente a lo que ya no se puede nombrar: ha pasado el amor.

Yo también soy un hombre. Dejo que el resto lo vaya produciendo, una infinita conversación entre todos.

Blancos y corpulentos caballos, sobre verdes praderas, corriendo alegremente, casi sin darse cuenta, contra el viento.

Nunca un ser humano me hizo verdaderamente mal. Estoy agradecido. Estoy contento.

Soy, un perfecto idiota entre la espesa niebla.

Mis ideas, ya no necesitan, ni siquiera de mí.

MIGUEL OSCAR MENASSA
Del libro “Grupo Cero ese imposible y Psicoanálisis del líder

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