Posts etiquetados como ‘mujer’

CARTAS A MI MUJER DOS

Nunca nos poníamos de acuerdo en el precio de las cosas.

Para mí las cosas siempre eran baratas. Estar al lado tuyo para mí, hacía poco todo precio.

Fuimos de tal manera libres que ahora eres una mujer que esta cerca de mí aunque estemos lejos. Eres un verdadero invento.

Una mujer que está ahí aunque no esté. Una mujer que me permite estar allí cuando, en realidad, estoy aquí.

Un verdadero invento y no sé quién inventó el amor entre nosotros pero no nos importa y no creemos demasiado.

Lo hacemos, el amor lo hacemos y cuando no lo hacemos, hacemos otras verdades, fabricamos otros sueños que los de la especie, esos días que nos levantamos enamorados de los puentes, de las vías férreas, de las autopistas, de todo aquello que separa a los amantes para que luego se vuelvan a encontrar en otros caminos, otras ciudades, otros amantes.

Yo y vos, querida, hemos participado en esa historia universal del amor. En siglos venideros cuando se hable del amor, se hablará de nuestro amor, eso quiero decirte cuando te digo que te amo.

Ahora, hoy día, para decirlo de alguna manera, he cumplido 68 años que, en parte, son míos y, en parte, son del mundo.

Hay veces que todo me lo debo a mí, hay veces que todo se lo debo al mundo, tanto unas como otras veces sólo existen, para mí, por tu presencia. Sin vos volando por el salón de la casa como si fuera un aeropuerto internacional, yo no hubiera podido concebir que el destino de la poesía era volar y, tampoco, sin ese vuelo permanente anunciando el porvenir, nunca hubiera podido concebir la idea de Las 2001 Noches.

Del libro “Cartas a mi mujer” de Miguel Oscar Menassa

  • Sin Comentarios
  • Sin votos

POETA MUJER, POESIA MUJER

Cuadro: De la mano del amor. Óleo de Miguel Menassa

Dejar de ser el hecho mismo, para contarlo, es para la poesía, en todos los casos, transformarse en un género menor (que hasta puede ser digno, pero que en todos los casos es un género inferior).

Dejar de ser sus propias vibraciones, es para la mujer, en todos los casos, un hecho triste. Y no hay descubrimiento, por más importante que resulte de la conversación, que pueda opacar la magnitud de su tristeza. Tristeza sólo comparable a la tristeza del poeta frente a esa página que le dice, que la poesía no volverá jamás.

La grandeza que nos plantea la semejanza de una tristeza incalculable, hará por un trecho al poeta y a la mujer, nuestros compañeros de viaje:

Cuando ella duerme apacible creyendo que el mundo son sus sueños, él, trama sobre un papel satisfacerla. Ninguno de los dos consigue gran cosa. Ella frente a la incertidumbre que le producen sus propios sueños, para seguir temblando, sueña. Él espera porque no sabe otra cosa que escribir versos, que los sueños de ella cristalizados por él sobre un papel se transformen, ahora en lingotes de oro.

Ella duerme para soñar, porque el mundo que le interesa son los versos de él. Él no puede dormir ni de día ni de noche y no deja de soñar. Después, con el tiempo, terminan siendo dos desgraciados. Cuando él, por fin, consigue algunos lingotes de oro, ella ya no sueña, ha comenzado a trabajar.

Cuando vuelve de trabajar él le grita para animarla: Vamos querida la poesía es un arma cargada de futuro y usted es Ella.

Ella, mientras tanto, en los momentos libres, aprovecha y duerme y mientras duerme, sueña que sueña todo el día. Él sabe que ella nunca se lo perdonará y, sin embargo, sigue dibujando sobre un papel los más íntimos detalles de todo el recorrido. Ninguno de los dos puede con lo que es, como si estuvieran viviendo en un país pero sometidos a las leyes de otro país.

Y no pudiendo cerrar todavía este paréntesis, que así como más allá de la gran semejanza por humanos (ese asunto de la tristeza) lo que pudimos ver, perfectamente, han sido las diferencias que reúnen al poeta con la mujer. Tendríamos, ahora para poder completar la frase decir, que más allá de la gran diferencia donde la poesía determina y ella padece, la mujer y la poesía son semejantes en todo.

Me gustaría, ahora sí, poner punto a esta digresión, escribiendo que cuando se produce un verdadero encuentro entre ella y la poesía ella deja de soñar para comenzar a vivir.

Hay varias teorías que hablan de la historia del conocimiento, y yo, prefiero recorrer aquella historia del conocimiento que me dice que toda la producción científica verdadera ha producido una transformación en el destino del hombre como hombre.

Y así como el acontecimiento de las matemáticas (para simplificar la ley de los números naturales) produce la ruptura del círculo imaginario que unía al hombre con Dios, ya que, ahora, habrá un símbolo que no será Dios: el número natural. Símbolo que por otra parte es producido más allá de la ley divina, ya que su producción, como tal, depende de su sujeción a la ley que lo nombra.

Y si las matemáticas fueron esa humanización para el hombre, no lo fue menos la posibilidad que se genera en la inauguración de un segundo continente científico, ya que ahora y de la Física se trata, abre para el hombre la posibilidad de socializar universalmente esa humanidad alcanzada, ya que no es en ningún otro lugar que en la producción de la máquina herramienta (a cuenta de la Física) donde se genera la idea de producción en serie. Idea sin la cual, no se hubiese impuesto como se impuso el modo de producción capitalista, y tampoco hubiese acontecido ese proceso, que aunque a alguien pueda pesarle, lo produce el capitalismo en su desarrollo y que llamamos: socialización universal.

Y hasta aquí el hombre por ahora ha sido rescatado de Dios y se ha encontrado con otros hombres, allá en las matemáticas. Y ha sido rescatado de su familia y se encuentra con la dimensión de lo internacional, allá en la Física.

Esa socialización universal, es contradictoria y asimétrica, genera poderosos y débiles y luchas entre ellos, donde siempre triunfan los poderosos aunque triunfen los débiles.

Este estado de cosas llevó las contradicciones a tal nivel de que se hicieran insostenibles y se generaran en el propio seno del reino de la materia física, la sociedad capitalista, dos nuevos continentes científicos, que para nombrarlos a los dos juntos, diré que ambos se ocupan de objetos invisibles, materiales pero no corpóreos: La teoría del valor y la teoría del inconsciente. Una estableciendo redes que no se ven, porque, precisamente el sistema social las requiere ocultas. Y la otra tratando de construir lo que no fue, porque el inconsciente no fue nunca, el inconsciente es, ahí donde se nombra.

Dos disciplinas que vienen a alertar al hombre por los errores cometidos en el modo de socialización alcanzado por la humanidad. Disciplinas que vienen a desenmascarar a un pequeño hombre que, en vias de socialización, todavía, permanece doblemente encadenado, ama lo que ama su patrón y desea lo que desea su madre. Disciplinas que determinando las estructuraas que nos someten, abren para el hombre la posibilidad d einiciar un nuevo proceso histórico donde queden transformadas las estructuras en cuestión.

Y así planteado, el proceso del conocimiento científico es una articulación de cadenas siempre abiertas. Lo que hoy es científico, mañana, con nuevos descubrimientos, será ideológico. ¿No es acaso el psicoanálisis que plantea con sus instrumentos teóricos una discriminación entre aquello que parece humano por su forma pero que en realidad es animal por su determinación? ¿No es acaso el psicoanálisis que plantea que la familia, esa estructura tan humana a la simple observación es en realidad presimbólica, único elemento que el hombre hereda de su prehistoria, su manera de organizarse en familias para la reproducción y cuidado de la especie?

  • Sin Comentarios
  • Sin votos