Septiembre 18, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
Queridos foristas:
Les reitero mi pedido de que concurran al predio ferial “La Rural” un día al menos, del 18 al 20 de octubre. Los necesito.
Los bienes y servicios a los que pueden acceder las personas son el fruto de un emprendimiento, de una cópula entre el capital y el trabajo.
El hecho de que la “clase trabajadora” (a la que yo denomino “asalariados”, porque trabajadores somos todos) no tenga acceso a esos bienes y servicios es porque su parte en la cópula, desde la revolución industrial, no ha sido remunerada de acuerdo al valor producto sino sólo al valor de lo que necesita para ir a copular al día siguiente.
Y eso sucede culpa de los ideólogos de izquierda y de la tercera postura, esos que pelean por “la canasta familiar”, por la “salud” y por otra “necesidades”.
No hay que pelear por las “necesidades” sino por el valor de la cópula. Por la plusvalía del trabajo humano.
La lucha de clases no les conviene a los asalariados.
No hay dos clases antagónicas. Hay un matrimonio de clases que no ha sabido hasta hoy organizarse para progresar en conjunto.
No es necesario estar del lado de uno de ellos. Hay que establecer relaciones laborales justas.
Y les aseguro que estamos a punto de lograrlo. Cuando lo logremos, los asalariados serán tan ricos como los emprendedores, o quizás más, porque están más acostumbrados al laburo.
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Proyecto Actitud
Septiembre 17, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
Temática: Las Tecnologías de Información y la Sociedad
SIEMBRA, Y COSECHARÁS
LA INGENIERÍA Y LA SOCIEDAD
Las personas más valiosas para la sociedad son quienes producen más consumiendo menos, quienes más hacen y menos necesitan.
Consecuentemente, cuando las relaciones laborales remuneran sólo en la medida de la necesidad, es decir en función del costo y no del valor producto, resulta que las personas más valiosas son quienes más aportan a la sociedad.
Dicho en otras palabras, las personas menos valiosas son privilegiadas por la sociedad pues tienen menos responsabilidades.
Ello no sería tan peligroso si la justificación para dicha paradoja no fuera una indefinida y voluntarista alusión a “los derechos del hombre” o a “la solidaridad social”.
No es aconsejable que la injusticia sea un derecho humano.
Así, no debe sorprendernos que la degradación social vaya en aumento, pues hasta los bienintencionados insisten con más “derechos” y más “solidaridad”, profundizando aún más esas equivocadas relaciones laborales.
Ahora bien, ¿cuál es el valor producto de lo que hace un asalariado?
Es sabido que la frontera inferior para la tasación de un bien es su costo de fabricación, pero cuando se ofrece al mercado, la demanda nos hace encontrar el precio real.
Si logramos un método para calcular el precio real del trabajo humano, podría ser usado como herramienta de la doctrina social.
Haciendo un análisis pormenorizado de la doctrina social vigente en la mayoría de los países, si bien tiene aspectos positivos relacionados con la discriminación y las dictaduras, se puede descubrir que esconde 4 aspectos que la transforman en un veneno más que en un remedio. Especialmente en lo que hace a la legislación laboral
1. Exige que previamente a que un sistema económico social funcione, sea imprescindible “mejorar” al ser humano, cosa que inmoviliza profundamente, porque habría que esperar décadas, si es que fuera posible “mejorar” a todos las personas que intervienen en la economía.
2. Mientras tanto, impulsa la “solidaridad obligatoria por ley” Los emprendedores y asalariados más esforzados, son obligados a ser solidarios con los emprendedores y asalariados menos esforzados. Produce abatimiento y haraganería.
3. Además instala la falsa convicción de que la economía suma cero, es decir que lo que se dé a uno, se le debe quitar a otro. No es cierto. La economía es el arte de hacer que todos y cada uno de los integrantes de la sociedad produzca más que lo que consuma.
4. Y especialmente aconseja cubrir “todas” las necesidades de los asalariados. Traducido esto significa que se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga. Es lo más negativo de la actual doctrina social, dado que en lugar de incentivar, abate.
EL PLUSVALÍMETRO
Hoy es posible conocer exactamente el valor del trabajo de cada uno mediante una especie de plusvalímetro. Y también es posible conocer el valor del “trabajo” del capital.
Podría ser comparable a la brújula para los navegantes medievales.
Para salir de una tormenta, necesitamos un instrumento que nos oriente hacia buen puerto, o navegaremos sin rumbo hasta el fin.
El instrumento se vale de las siguientes premisas para determinar el valor del trabajo de ambos generadores de excedentes:
1- Producción de equilibrio
Un emprendimiento que no logra ganancias pero que tampoco sufre pérdidas, consigue pagar exactamente los costos, que son tres:
* materias primas
* sueldos del personal propio y de terceros, y
*”sueldo” del capital: Interés, amortización mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.
2- Producción de excedentes
Pero si el mismo capital y el mismo personal de la empresa lograsen producir por ejemplo, el doble, el emprendedor facturaría el doble, y entonces podría pagar el doble de materias primas (como necesitará) pero con el sobrante podría pagar el doble al personal y al capital.
Estos dos últimos montos excedentes son “la ganancia de la empresa”, no sólo de su dueño. Podríamos decir que son las plusvalías del capital y del personal de la empresa.
Además, si el capital y el personal produjeron el doble, deviene justo que cobren el doble de lo que les costó producir la producción de equilibrio, es decir el doble de sus propios costos.
Cuando la empresa logra ganancias, éstas corresponden a un rendimiento mayor que lo esperado, tanto para el capital, como para el personal.
3- Plusvalías de capital y trabajo
El plus de rendimiento es entonces el mismo para ambos congéneres. Es decir que los beneficios empresarios deben adjudicarse proporcionalmente a la potencialidad de ambos, las cuales, a su vez, están determinadas por sus costos.
Sabiendo que la relación de costos es igual a la relación de potencialidades entre capital y trabajo, podemos relacionar el costo del personal respecto del “sueldo” total de la empresa (personal más capital) y de allí surge una alícuota asimilable a la del Impuesto al Beneficio Empresario, pero interna, distinta, especial para cada empresa y menor que la actual.
Ése es el porcentaje sobre los beneficios empresarios que le corresponde al personal.
Como es imposible que el beneficio empresario pueda ser cargado con dos “participaciones”, encontramos que el impuesto al beneficio empresario termina siendo una confiscación al personal de la empresa y no a su dueño. La participación del Estado en los beneficios de todos los emprendimientos es inconveniente para la economía.
El software que se presenta en este trabajo, el Plusvalímetro, realiza primero la valuación del capital de la empresa, de todos sus bienes de uso, y calcula el costo anual del mismo, como resultado de la suma de amortización, interés, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.
Luego calcula el costo del personal propio y de terceros, el cual comparado con el costo del capital determina las potencialidades relativas del emprendimiento.
Calcula el punto de equilibrio, y determina qué parte del Impuesto al Beneficio Empresario es plusvalía del personal
El Estado podría entonces redireccionar una parte de su “tercio” en los beneficios empresarios hacia el personal propio y de terceros del emprendimiento, para modificar las relaciones laborales sin costo para el emprendedor.
CONFLICTO O ARMONÍA
La economía (y por ende en la sociedad) podría dejar de ser un constante conflicto
Simplemente hay otros que producen algo que uno necesita; quien a su vez produce algo que otros necesitan.
De manera que partiendo del costo, pero en la medida de la necesidad, se puede determinar el precio justo, lo cual podría ser la base de la armonía social.
Cualquier elemento que afecte esa ecuación genera inexorablemente un conflicto que termina en política.
Si no hubiera conflictos, no habría funcionarios redistribuyendo.
Si a los asalariados se les pagara por el valor de lo que producen (cosa que no sucede desde la revolución industrial), la sociedad sería armónica.
Este trabajo permite conocer cuál es el valor de lo que produce un asalariado. Y eso es todo lo que necesita la sociedad para resolver esta crisis terminal.
El proyecto consiste en esencia en que el personal de todos los emprendimientos comience a participar en los beneficios del mismo.
Más precisamente, que la participación que el Estado tiene en los beneficios de todos los emprendimientos (que es la tercera parte de los mismos), sea transferida al personal propio y de terceros de cada emprendimiento, con algunas especificidades.
Aunque a primera vista no lo parece, esa leve modificación de las relaciones laborales acabará con el desempleo, pues con el cambio de actitud de los asalariados, la inversión más rentable serán los emprendimientos con más carga de personal. Y el Estado se ahorrará el asistencialismo, que es mucho mayor que el impuesto a los beneficios empresarios que redireccionará.
Se trata de buscar caminos más naturales.
Si una persona sola en el campo puede generar excedentes como para alimentar a su familia y progresar, cuánto más podrían hacer muchas personas si el sistema respetara esos naturales incentivos a la acción.
Los asalariados no lograron todavía cobrar por lo que hicieron sino sólo por lo que necesitaron para continuar trabajando, y eso ha extirpado su incentivo humano.
Los ha transformado en personas en letargo que ni sospechan que su trabajo sea la columna vertebral de la marcha económica de la sociedad.
Los aumentos salariales por productividad podrían ser pagados por el Estado, con el dinero que tributó cada empresa como impuesto al beneficio empresario.
Será la manera más justa de remunerar al asalariado, y así cada uno podrá administrar los excedentes que genere y se sentirá parte de la sociedad, lo cual lo librará de depresión y adicciones.
El ser humano está preparado para actuar por incentivos.
Tanto Cuestas, Tanto se Espera de Ti
A pesar de que no se advierte aún, la rentabilidad de todos los emprendimientos está disminuyendo peligrosamente si se lo considera a valores constantes. Ello significa que la parálisis se está consolidando cada vez más.
Sabemos que al emprendedor “le corresponden” como mínimo los intereses, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes a su capital inmovilizado, (pues para eso puso el emprendimiento) y sabemos que al asalariado “le corresponden” análogamente su remuneración y accesorios de ley, (pues para eso se levanta a trabajar cotidianamente).
Entonces, si después de haber pagado esos costos, quedan ganancias en el emprendimiento es porque sus participantes hicieron más que lo que se esperaba de ellos. Por ello es que las ganancias deben adjudicarse proporcionalmente a los costos respectivos. Porque son esos costos lo único que puede llevarnos a determinar la potencialidad relativa de ambos: Tanto cuestas, tanto de espera de ti.
La compatibilización de objetivos entre emprendedores y asalariados en una economía libre siempre es preferible a la coerción ejercida por el Estado.
El rol del Estado no es perseguir fines en nombre de la comunidad, tales como distribuir la riqueza, “promover” la cultura, “apoyar” al sector agrícola, o “ayudar” a pequeñas empresas, sino el limitarse a sí mismo a la protección de los derechos individuales y dejar que los ciudadanos persigan sus propios fines de un modo pacífico.
El mejor modo de combatir la pobreza es garantizar un sistema en el que cada uno, inclusive el asalariado, administre los excedentes que genere.
Que a cada uno se le pague al valor de su producto y no sólo al valor de lo que necesite para estar disponible para trabajar al día siguiente.
Que todos puedan experimentar el “siembra, y cosecharás”, desterrando el “Siembra, nosotros cosechamos y cubrimos tus gastos para que mañana puedas seguir sembrando”
ANTECEDENTES
Existen antecedentes del tipo de organización aquí propuesta aunque no alcanzaron a determinar exactamente la forma de distribuir los excedentes entre el capital y el trabajador. Según describe el profesor W. Stanley Jevons de la Universidad de Londres, otro inglés, el matemático Charles Babbage, propuso en el año 1832 que una parte de los salarios del trabajador dependiese de las utilidades del dueño.
Con ese criterio se lograron más adelante hacer arreglos en algunas empresas, según los cuales los capitalistas tomarían primeramente de las utilidades lo bastante a pagar 10 % de interés sobre el capital, además de una suma para contrarrestar la depreciación de la maquinaria. (Véase aquí la semejanza entre el concepto de utilidad distribuible que salva la renta mínima y la descapitalización por el uso del capital con el que en este escrito hemos denominado ‘recursos excedentes’, justamente para diferenciarlo de aquella utilidad que caracteriza la participación en las ganancias de las empresas).
El provecho restante se dividía entonces en dos partes iguales, una para los dueños y la otra para repartirse entre los trabajadores, proporcionalmente a los totales de salarios que durante el año hubiera recibido cada uno. A esta clase de cooperación se le llamó en su momento Sociedad Industrial, y es parecida a la aquí propuesta, salvo en que ahora la distribución de los excedentes se realizaría teniendo en cuenta la justa responsabilidad relativa que en los mismos hayan tenido los trabajadores y el capital. Pudo ser ésa una de las razones por las que como cuenta el profesor Jevons ni los empleadores ni los gremios lo quisieron, aunque reconoció que el sistema estaba de acuerdo con los principios de la economía política y sería probablemente adoptado por alguna futura generación.
Aquí se intenta aprovechar el máximo de la potencialidad de las personas, de las máquinas y de las tierras. Se trata de aprovechar las motivaciones naturales de la sociedad en su conjunto haciendo que los excedentes dejen de ser transferidos injustamente desde zonas productoras a zonas consumidoras.
Tanto la filosofía liberal como la socialista han utilizado esas motivaciones en forma magistral, debido a lo cual han logrado prósperos imperios, pero en su vorágine, subestimaron las motivaciones de sus ocasionales adversarios.
Ello quedó en evidencia cuando comenzaron a generar resentimientos en los demás sectores de la economía.
Esta propuesta considera que cada uno debería administrar el excedente que genera.
IMPACTO
Éste es un proyecto de amplio impacto.
Cuando el Estado logre que las relaciones laborales viabilicen este objetivo trascendente en los asalariados, no sólo que acabará con el desempleo y la consecuente pobreza sino que el progreso de la sociedad en su conjunto, será constantemente creciente.
Cuando el impuesto al beneficio empresario sea redireccionado hacia el personal propio y de terceros de todos los emprendimientos, los asalariados podrán lograr su objetivo (físico, psíquico y espiritual) de producir mucho más que lo que vayan a consumir.
Y los capitales invertidos en producción serán altamente rentables, acabando así con el desempleo y la pobreza.
A las virtudes de estas nuevas relaciones laborales las denominamos “teoría del arrastre” porque el trabajo arrastrará al capital a mayores rentabilidades, en contraposición a la actual “teoría del derrame” que supone ilusoriamente que es el capital que derrama sobre los asalariados.
El impacto principal de este proyecto será entonces, que todos los participantes de la economía producirán en armonía, en sinergia.
El crecimiento del producto bruto será sostenidamente creciente.
Iniciará una fuerte demanda de personal en todos los niveles, a medida que se vayan abriendo nuevos frentes de ataque, es decir a medida que se vayan conquistando mayores áreas para explotar con creciente rentabilidad.
Contratar personal ya no será “un peligro” sino “una bendición”.
Doblegará la parálisis, el miedo y el pesimismo, el cual actualmente nos inmoviliza.
Desterrará esa falacia de achacar los problemas sociales a la falta de educación o al egoísmo o al “imperialismo”.
Se podrá observar casi inmediatamente un resultado notorio y explosivo, recomponiendo nuestra autoestima, principal recurso para el crecimiento.
El único impacto negativo es que habrá que trabajar duro.
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Agosto 21, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
Había una vez, hace como 80 años, un rey a punto de perder su reino debido a que los pocos súbditos ambiciosos que le quedaban habían conseguido reclutar a los vulgares para que trabajaran para ellos y así hacerse más ricos que el mismísimo rey.
El rey preocupado convocó a las fuerzas del infierno y urdió un plan para mantener su reino.
Llamó a los ambiciosos y les dijo que él podía conseguir una pócima capaz de convertir a los vulgares en animales y así poder mantener por siempre sus propiedades. Y el rey también sería rico y reinaría por siempre.
Los ambiciosos aceptaron y entregaron sus diezmos al rey.
Los vulgares fueron transformados en corderos, y sus líderes fueron transformados en perros a quienes se les hacía creer que las ovejas estaban amenazadas por unos arbustos que abundaban en el lugar.
De manera que los perros, de tanto ladrar los arbustos olvidaron que las ovejas en realidad eran personas bajo un maleficio.

Sin embargo, uno de los vulgares llamado Adarsha resistió al maleficio y se escondió para poder atestiguar sobre ello a quienes se lo solicitaran.
Y también se escondió para convencer a los perros que dejen de ladrar arbustos y que vayan a despedazar al rey, única manera de lograr que el maleficio se rompa y las ovejas y los perros vuelvan a ser personas.
El rey sospechaba que el testigo existía pero no sabía cómo neutralizarlo.
Un dia el rey fue con los perros a buscar el testigo para matarlo y como los perros todavía no entendían lo que pasaba, logró asesinarlo.
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Proyecto Actitud
Agosto 17, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
Taras de la economía actual

Como no podía ser de otra manera, esa costumbre de remunerar a los asalariados como si fueran animales no hizo otra cosa que convertir a la especie humana en otra especie animal.
Laurie Santos, profesora de psicología de la Universidad de Yale descubrió que varios de los sesgos y errores sistemáticos que están entre los causantes del mega-derrumbe de la economía y los mercados, pueden detectarse también en monos que comparten ancestros comunes con los seres humanos.
Santos se interesó en los monos capuchinos cuando terminó su carrera en Harvard y se fue a escribir la tesis en la isla de Cayo Santiago, Puerto Rico.
Los capuchinos están entre los animales más inteligentes del planeta: tienen un cerebro extremadamente grande, utilizan herramientas avanzadas y hasta fabrican en la selva su propio repelente natural para librarse de los mosquitos.
La psicóloga entrenó a 10 monos para realizar transacciones con monedas. “Descubrimos, con sorpresa, que los monos comparten muchos sesgos con los humanos”, contó Santos por correo electrónico el martes pasado.
Los capuchinos tienen “aversión a perder” (un individuo -en este caso cuadrúpedo- prefiere no ganar 100 dólares antes que perder 100 dólares, lo cual supone una asimetría en la toma de decisiones); y “dependencia de un punto referencial” (evalúan opciones en relación a un punto de referencia arbitrario).
También, prosigue la académica, como los humanos, los monos tienden a racionalizar ex post sus decisiones. Mientras que la economía tradicional postula que los agentes toman sus decisiones en base a sus preferencias, la psicología social demostró que a menudo el proceso es el contrario: la gente moldea sus preferencias para adaptarlas a las decisiones que tomó previamente.
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Proyecto Actitud
Agosto 10, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
Ya existe un método para curar la depresión, las adicciones y la mala suerte.

Los nuevos avances en medicina no se han logrado en los laboratorios, sino en el “jardín del Edén”, más precisamente con un árbol que está en medio de ese jardín, de frutos casi milagrosos.
Ese “árbol invertido” es la personalidad. Tiene sus raíces arriba nutriéndose del mundo metafísico, mientras sus ramas están en contacto con el universo físico mediante los cinco sentidos.
Y en el tronco están la mente que coordina espacio y tiempo, la razón que busca causas y efectos y el ego que toma decisiones contando con dos valiosos asesoramientos: Uno racional y otro que le llega desde las cinco raíces: intuición, voluntad, convicción, amor y fe.
Todos tenemos un karma individual.
Karma es la palabra sánscrita que califica nuestra persona mediante un número.
Quienes han vuelto de la muerte dicen que vivenciaron un rápido pantallazo que resume su vida, y es cuando suponen que el diseñador está calculando el karma para determinar qué vehículo adjudicarle para el próximo tramo del rally.
Es decir que las personas ya nacemos con un vehículo determinado por ese proceso previo, de manera que la calidad de persona ya nos viene algo condicionada.
¿Cómo podemos pasar de grado?
La relación entre lo que uno genera y lo que uno consume es por lo general 1,5 porque las personas estamos diseñadas para producir aproximadamente un 50% más que lo que consumimos.
Los animales, por su parte rondan el número 1, porque raramente producen excedentes y consecuentemente no pueden progresar.
Es interesante analizar que sin importar cuán rico o pobre uno sea, uno puede incrementar su número, su karma.
Un rico trabajador, aunque consuma mucho puede producir mucho más y entonces lograr un número importante, por ejemplo un 3, pero un asceta puede superar ese número aunque no trabaje, si consume sólo la tercera parte de lo necesario.
Para curar la depresión, las adicciones y la mala suerte, las enfermedades típicas de nuestra época entonces, usted debe aumentar su karma en forma abrupta, en shock.
Tiene dos caminos a elección:
1- Ayunar un día por semana durante un mes. Y dos días por semana durante el siguiente mes.
2- Producir durante dos meses en gran escala algún bien o servicio durante sus horas libres, como hacer jardinería, atender enfermos, o fabricar trapos de piso.
Lo importante es producirlo; no es necesario venderlo, ya que el “jefe” lo contabiliza antes de que sea vendido el bien o el servidcio aludido.
En ambos caminos además es importante realizar paralelamente dos ejercicios:
1- Consumir el triple de oxígeno que lo habitual,
2- Cuando se encuentre en un supermercado repetir mentalmente la siguiente frase de Diógenes “Vengo a ver todo lo que no necesito!”
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Proyecto Actitud
Agosto 8, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
Las personas más valiosas para la sociedad son quienes producen más consumiendo menos, quienes más hacen y menos necesitan.
Consecuentemente, cuando las relaciones laborales remuneran sólo en la medida de la necesidad, es decir en función del costo y no del valor producto, resulta que las personas más valiosas son quienes más aportan a la sociedad.
Dicho en otras palabras, las personas menos valiosas son privilegiadas por la sociedad pues tienen menos responsabilidades.
Ello no sería tan peligroso si la justificación para dicha paradoja no fuera una indefinida y voluntarista alusión a “los derechos del hombre” o a “la solidaridad social”.
No es aconsejable que la injusticia sea un derecho humano.
Así, no debe sorprendernos que la degradación social vaya en aumento, pues hasta los bienintencionados insisten con más “derechos” y más “solidaridad”, profundizando aún más esas equivocadas relaciones laborales.
Ahora bien, ¿cuál es el valor producto de lo que hace un asalariado?
Es sabido que la frontera inferior para la tasación de un bien es su costo de fabricación, pero cuando se ofrece al mercado, la demanda nos hace encontrar el precio real.
Si logramos un método para calcular el precio real del trabajo humano, podría ser usado como herramienta de la doctrina social.
Haciendo un análisis pormenorizado de la doctrina social vigente en la mayoría de los países, si bien tiene aspectos positivos relacionados con la discriminación y las dictaduras, se puede descubrir que esconde 4 aspectos que la transforman en un veneno más que en un remedio. Especialmente en lo que hace a la legislación laboral
1. Exige que previamente a que un sistema económico social funcione, sea imprescindible “mejorar” al ser humano, cosa que inmoviliza profundamente, porque habría que esperar décadas, si es que fuera posible “mejorar” a todos las personas que intervienen en la economía.
2. Mientras tanto, impulsa la “solidaridad obligatoria por ley” Los emprendedores y asalariados más esforzados, son obligados a ser solidarios con los emprendedores y asalariados menos esforzados. Produce abatimiento y haraganería.
3. Además instala la falsa convicción de que la economía suma cero, es decir que lo que se dé a uno, se le debe quitar a otro. No es cierto. La economía es el arte de hacer que todos y cada uno de los integrantes de la sociedad produzca más que lo que consuma.
4. Y especialmente aconseja cubrir “todas” las necesidades de los asalariados. Traducido esto significa que se le pague sólo por lo que necesite y no por lo que haga. Es lo más negativo de la actual doctrina social, dado que en lugar de incentivar, abate.
EL PLUSVALÍMETRO
Hoy es posible conocer exactamente el valor del trabajo de cada uno mediante una especie de plusvalímetro. Y también es posible conocer el valor del “trabajo” del capital.
Podría ser comparable a la brújula para los navegantes medievales.
Para salir de una tormenta, necesitamos un instrumento que nos oriente hacia buen puerto, o navegaremos sin rumbo hasta el fin.
El instrumento se vale de las siguientes premisas para determinar el valor del trabajo de ambos generadores de excedentes:
1- Producción de equilibrio
Un emprendimiento que no logra ganancias pero que tampoco sufre pérdidas, consigue pagar exactamente los costos, que son tres:
* materias primas
* sueldos del personal propio y de terceros, y
*”sueldo” del capital: Interés, amortización mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.
2- Producción de excedentes
Pero si el mismo capital y el mismo personal de la empresa lograsen producir por ejemplo, el doble, el emprendedor facturaría el doble, y entonces podría pagar el doble de materias primas (como necesitará) pero con el sobrante podría pagar el doble al personal y al capital.
Estos dos últimos montos excedentes son “la ganancia de la empresa”, no sólo de su dueño. Podríamos decir que son las plusvalías del capital y del personal de la empresa.
Además, si el capital y el personal produjeron el doble, deviene justo que cobren el doble de lo que les costó producir la producción de equilibrio, es decir el doble de sus propios costos.
Cuando la empresa logra ganancias, éstas corresponden a un rendimiento mayor que lo esperado, tanto para el capital, como para el personal.
3- Plusvalías de capital y trabajo
El plus de rendimiento es entonces el mismo para ambos congéneres. Es decir que los beneficios empresarios deben adjudicarse proporcionalmente a la potencialidad de ambos, las cuales, a su vez, están determinadas por sus costos.
Sabiendo que la relación de costos es igual a la relación de potencialidades entre capital y trabajo, podemos relacionar el costo del personal respecto del “sueldo” total de la empresa (personal más capital) y de allí surge una alícuota asimilable a la del Impuesto al Beneficio Empresario, pero interna, distinta, especial para cada empresa y menor que la actual.
Ése es el porcentaje sobre los beneficios empresarios que le corresponde al personal.
Como es imposible que el beneficio empresario pueda ser cargado con dos “participaciones”, encontramos que el impuesto al beneficio empresario termina siendo una confiscación al personal de la empresa y no a su dueño. La participación del Estado en los beneficios de todos los emprendimientos es inconveniente para la economía.
El software que se presenta en este trabajo, el Plusvalímetro, realiza primero la valuación del capital de la empresa, de todos sus bienes de uso, y calcula el costo anual del mismo, como resultado de la suma de amortización, interés, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes.
Luego calcula el costo del personal propio y de terceros, el cual comparado con el costo del capital determina las potencialidades relativas del emprendimiento.
Calcula el punto de equilibrio, y determina qué parte del Impuesto al Beneficio Empresario es plusvalía del personal
El Estado podría entonces redireccionar una parte de su “tercio” en los beneficios empresarios hacia el personal propio y de terceros del emprendimiento, para modificar las relaciones laborales sin costo para el emprendedor.
CONFLICTO O ARMONÍA
La economía (y por ende en la sociedad) podría dejar de ser un constante conflicto
Simplemente hay otros que producen algo que uno necesita; quien a su vez produce algo que otros necesitan.
De manera que partiendo del costo, pero en la medida de la necesidad, se puede determinar el precio justo, lo cual podría ser la base de la armonía social.
Cualquier elemento que afecte esa ecuación genera inexorablemente un conflicto que termina en política.
Si no hubiera conflictos, no habría funcionarios redistribuyendo.
Si a los asalariados se les pagara por el valor de lo que producen (cosa que no sucede desde la revolución industrial), la sociedad sería armónica.
Este trabajo permite conocer cuál es el valor de lo que produce un asalariado. Y eso es todo lo que necesita la sociedad para resolver esta crisis terminal.
El proyecto consiste en esencia en que el personal de todos los emprendimientos comience a participar en los beneficios del mismo.
Más precisamente, que la participación que el Estado tiene en los beneficios de todos los emprendimientos (que es la tercera parte de los mismos), sea transferida al personal propio y de terceros de cada emprendimiento, con algunas especificidades.
Aunque a primera vista no lo parece, esa leve modificación de las relaciones laborales acabará con el desempleo, pues con el cambio de actitud de los asalariados, la inversión más rentable serán los emprendimientos con más carga de personal. Y el Estado se ahorrará el asistencialismo, que es mucho mayor que el impuesto a los beneficios empresarios que redireccionará.
Se trata de buscar caminos más naturales.
Si una persona sola en el campo puede generar excedentes como para alimentar a su familia y progresar, cuánto más podrían hacer muchas personas si el sistema respetara esos naturales incentivos a la acción.
Los asalariados no lograron todavía cobrar por lo que hicieron sino sólo por lo que necesitaron para continuar trabajando, y eso ha extirpado su incentivo humano.
Los ha transformado en personas en letargo que ni sospechan que su trabajo sea la columna vertebral de la marcha económica de la sociedad.
Los aumentos salariales por productividad podrían ser pagados por el Estado, con el dinero que tributó cada empresa como impuesto al beneficio empresario.
Será la manera más justa de remunerar al asalariado, y así cada uno podrá administrar los excedentes que genere y se sentirá parte de la sociedad, lo cual lo librará de depresión y adicciones.
El ser humano está preparado para actuar por incentivos.
Tanto Cuestas, Tanto se Espera de Ti
A pesar de que no se advierte aún, la rentabilidad de todos los emprendimientos está disminuyendo peligrosamente si se lo considera a valores constantes. Ello significa que la parálisis se está consolidando cada vez más.
Sabemos que al emprendedor “le corresponden” como mínimo los intereses, amortización, mantenimiento, seguros e impuestos inherentes a su capital inmovilizado, (pues para eso puso el emprendimiento) y sabemos que al asalariado “le corresponden” análogamente su remuneración y accesorios de ley, (pues para eso se levanta a trabajar cotidianamente).
Entonces, si después de haber pagado esos costos, quedan ganancias en el emprendimiento es porque sus participantes hicieron más que lo que se esperaba de ellos. Por ello es que las ganancias deben adjudicarse proporcionalmente a los costos respectivos. Porque son esos costos lo único que puede llevarnos a determinar la potencialidad relativa de ambos: Tanto cuestas, tanto de espera de ti.
La compatibilización de objetivos entre emprendedores y asalariados en una economía libre siempre es preferible a la coerción ejercida por el Estado.
El rol del Estado no es perseguir fines en nombre de la comunidad, tales como distribuir la riqueza, “promover” la cultura, “apoyar” al sector agrícola, o “ayudar” a pequeñas empresas, sino el limitarse a sí mismo a la protección de los derechos individuales y dejar que los ciudadanos persigan sus propios fines de un modo pacífico.
El mejor modo de combatir la pobreza es garantizar un sistema en el que cada uno, inclusive el asalariado, administre los excedentes que genere.
Que a cada uno se le pague al valor de su producto y no sólo al valor de lo que necesite para estar disponible para trabajar al día siguiente.
Que todos puedan experimentar el “siembra, y cosecharás”, desterrando el “Siembra, nosotros cosechamos y cubrimos tus gastos para que mañana puedas seguir sembrando”
ANTECEDENTES
Existen antecedentes del tipo de organización aquí propuesta aunque no alcanzaron a determinar exactamente la forma de distribuir los excedentes entre el capital y el trabajador. Según describe el profesor W. Stanley Jevons de la Universidad de Londres, otro inglés, el matemático Charles Babbage, propuso en el año 1832 que una parte de los salarios del trabajador dependiese de las utilidades del dueño.
Con ese criterio se lograron más adelante hacer arreglos en algunas empresas, según los cuales los capitalistas tomarían primeramente de las utilidades lo bastante a pagar 10 % de interés sobre el capital, además de una suma para contrarrestar la depreciación de la maquinaria. (Véase aquí la semejanza entre el concepto de utilidad distribuible que salva la renta mínima y la descapitalización por el uso del capital con el que en este escrito hemos denominado ‘recursos excedentes’, justamente para diferenciarlo de aquella utilidad que caracteriza la participación en las ganancias de las empresas).
El provecho restante se dividía entonces en dos partes iguales, una para los dueños y la otra para repartirse entre los trabajadores, proporcionalmente a los totales de salarios que durante el año hubiera recibido cada uno. A esta clase de cooperación se le llamó en su momento Sociedad Industrial, y es parecida a la aquí propuesta, salvo en que ahora la distribución de los excedentes se realizaría teniendo en cuenta la justa responsabilidad relativa que en los mismos hayan tenido los trabajadores y el capital. Pudo ser ésa una de las razones por las que como cuenta el profesor Jevons ni los empleadores ni los gremios lo quisieron, aunque reconoció que el sistema estaba de acuerdo con los principios de la economía política y sería probablemente adoptado por alguna futura generación.
Aquí se intenta aprovechar el máximo de la potencialidad de las personas, de las máquinas y de las tierras. Se trata de aprovechar las motivaciones naturales de la sociedad en su conjunto haciendo que los excedentes dejen de ser transferidos injustamente desde zonas productoras a zonas consumidoras.
Tanto la filosofía liberal como la socialista han utilizado esas motivaciones en forma magistral, debido a lo cual han logrado prósperos imperios, pero en su vorágine, subestimaron las motivaciones de sus ocasionales adversarios.
Ello quedó en evidencia cuando comenzaron a generar resentimientos en los demás sectores de la economía.
Esta propuesta considera que cada uno debería administrar el excedente que genera.
IMPACTO
Éste es un proyecto de amplio impacto.
Cuando el Estado logre que las relaciones laborales viabilicen este objetivo trascendente en los asalariados, no sólo que acabará con el desempleo y la consecuente pobreza sino que el progreso de la sociedad en su conjunto, será constantemente creciente.
Cuando el impuesto al beneficio empresario sea redireccionado hacia el personal propio y de terceros de todos los emprendimientos, los asalariados podrán lograr su objetivo (físico, psíquico y espiritual) de producir mucho más que lo que vayan a consumir.
Y los capitales invertidos en producción serán altamente rentables, acabando así con el desempleo y la pobreza.
A las virtudes de estas nuevas relaciones laborales las denominamos “teoría del arrastre” porque el trabajo arrastrará al capital a mayores rentabilidades, en contraposición a la actual “teoría del derrame” que supone ilusoriamente que es el capital que derrama sobre los asalariados.
El impacto principal de este proyecto será entonces, que todos los participantes de la economía producirán en armonía, en sinergia.
El crecimiento del producto bruto será sostenidamente creciente.
Iniciará una fuerte demanda de personal en todos los niveles, a medida que se vayan abriendo nuevos frentes de ataque, es decir a medida que se vayan conquistando mayores áreas para explotar con creciente rentabilidad.
Contratar personal ya no será “un peligro” sino “una bendición”.
Doblegará la parálisis, el miedo y el pesimismo, el cual actualmente nos inmoviliza.
Desterrará esa falacia de achacar los problemas sociales a la falta de educación o al egoísmo o al “imperialismo”.
Se podrá observar casi inmediatamente un resultado notorio y explosivo, recomponiendo nuestra autoestima, principal recurso para el crecimiento.
El único impacto negativo es que habrá que trabajar duro.
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Julio 28, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
Hay una característica esencial que es la personalidad, esa que Esopo, Walt Disney y tantos otros intentaron pintar en sus trabajos. ¿En qué consiste la personalidad?

Parece ciencia ficción, pero quizás llegue el día en que la ciencia humana logre insertar ese “árbol invertido” a un animal.
Y llamo “árbol invertido” a la personalidad porque tiene sus raíces arriba nutriéndose del mundo metafísico, mientras sus ramas están en contacto con el universo físico mediante los cinco sentidos.
Y en el tronco están la mente que coordina espacio y tiempo, la razón que busca causas y efectos y el ego que toma decisiones contando con dos valiosos asesoramientos: Uno racional y otro que le llega desde las cinco raíces: intuición, voluntad, convicción, amor y fe.
Hoy los animales sólo tienen sentidos y una mente en estado embrionario.
Razón no poseen, ni ego. Y pareciera que no reciben nada de “arriba”, de la cinco raíces.
Cuando lo logremos, el progreso quizás sea motorizado por los animales y los seres humanos podremos dedicarnos a la ciencia y el arte, con los recursos excedentes que generen ellos.
Pero mientras no lo logremos, no nos queda otra que potenciar el árbol invertido que tenemos los humanos porque es el único camino hacia ese objetivo de largo plazo.
Todos tenemos un karma individual.
Karma es la palabra sánscrita que califica nuestra persona mediante un número.
Quienes han vuelto de la muerte dicen que vivenciaron un rápido pantallazo que resume su vida, y es cuando suponen que el diseñador está calculando el karma para determinar qué vehículo adjudicarle para el próximo tramo del rally.
Es decir que las personas ya nacemos con un vehículo determinado por ese proceso previo, de manera que la calidad de persona ya nos viene algo condicionada.
Es interesante también saber cuándo ingresa ese nuevo vehículo porque el instante en que uno comienza a ser persona determina cuándo matar se convierte en asesinar.
¿Cómo podemos pasar de grado?
La relación entre lo que uno genera y lo que uno consume es por lo general 1,5 porque las personas estamos diseñadas para producir aproximadamente un 50% más que lo que consumimos.
Los animales, por su parte rondan el número 1, porque raramente producen excedentes y consecuentemente no pueden progresar.
Es interesante analizar que sin importar cuán rico o pobre uno sea, uno puede incrementar su número, su karma.
Un rico trabajador, aunque consuma mucho puede producir mucho más y entonces lograr un número importante, por ejemplo un 3, pero un asceta puede superar ese número aunque no trabaje, si consume sólo la tercera parte de lo necesario.
La buena noticia es que cuando ese número es mayor de 1,5 mágicamente pareciera que uno tiene buena suerte, y cuando ese número es menor que 1, mágicamente uno comienza a tener mala suerte.
Tan es así, que cuando uno logra un número importante, “alguien” lo libera de su condición de “espectador del cine” y le adjudica responsabilidades mayores mientras comienza a recorrer el pasillo hacia la luz exterior.
Y cuando uno logra número exagerado, como Jesús por ejemplo que ayunó cuarenta días, “alguien” le confiere poderes sobrenaturales.
Cuando uno roba, el karma disminuye trágicamente y cuando uno mata a otra persona el karma se le viene a cero, es decir que la justicia ya viene hecha, sin necesidad de abogados y jueces.
La felicidad se adjudica de esa manera. Uno es más feliz cuanto más contribuye a la felicidad de los demás o cuanto menos aspira de los recursos globales.
El problema se desencadenó cuando vino la revolución industrial, ya que la suerte de los más esforzados y creativos se confundió con la de los indolentes.
Para que la persona funcione el dinero debe circular con justicia.
En esa oportunidad, se intentó el colectivismo que es quizás la causa de nuestra degradación social.
El individualismo es la manera de volver la sociedad a sus cauces naturales.
Proyecto Actitud
Julio 27, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
La gran disyuntiva del milenio anterior

Las ideologías que se han sucedido en los últimos siglos se pueden clasificar en dos grandes grupos:
1- Los que suponen que el ser humano puede mejorar. (la búsqueda del hombre nuevo)
2- Los que saben que el ser humano puede progresar. (la búsqueda de la nueva sociedad)
Un rápido análisis de sus respectivos resultados, nos lleva a descartar las ideologías enroladas en el primer grupo, porque jamás lograron avanzar un centímetro.
Sin embargo, las ideologías enroladas en el segundo grupo avanzaron pero con freno de mano.
Nuestro desafío es entonces encontrar las condiciones para que el progreso sea la base de sustentación de la nueva sociedad.
Los problemas que genera a la sociedad la inmoralidad de los delincuentes, se solucionan con recursos.
Lo único que falta es justicia en las relaciones laborales. Y estamos en un momento privilegiado porque es posible lograrla sin traumas.
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Proyecto Actitud
Julio 24, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente
La sociedad no puede estar basada en una mentira.
Y la solidaridad es una mentira, es un disfraz que el vaticano le puso al ser humano.
El ser humano es mucho más hermoso que el disfraz que le puso la Tercera Postura.
La sociedad del “Siembra, y Cosecharás” es mucho más sustentable.
Es la primera vez que nuestra especie está a punto de extinguirse en la oscuridad de la nada.
Y la causa es exclusivamente la soberbia de haber pretendido “mejorar” al ser humano.
Basta de colectivismo. Hoy la revolución es justamente despojarse de los preconceptos que le insertaron a la izquierda para hacerla ingenua y manejable.
En este foro estamos capacitados para prender la chispa.
No desperdiciemos esta oportunidad, que es la última que queda.
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Proyecto Actitud
Julio 23, 2010 | Por Néstor González Loza | # Enlace permanente

Todos tenemos un karma individual.
Karma es la palabra sánscrita que califica nuestra persona mediante un número.
Quienes han vuelto de la muerte dicen que vivenciaron un rápido pantallazo que resume su vida, y es cuando suponen que el diseñador está calculando el karma para determinar qué vehículo adjudicarle para el próximo tramo del rally.
Es decir que las personas ya nacemos con un vehículo determinado por ese proceso previo, de manera que la calidad de persona ya nos viene algo condicionada.
¿Cómo podemos pasar de grado?
La relación entre lo que uno genera y lo que uno consume es por lo general 1,5 porque las personas estamos diseñadas para producir aproximadamente un 50% más que lo que consumimos.
Los animales, por ejemplo rondan el número 1.
Es decir que sin importar cuán rico o pobre uno sea, se puede incrementar su número.
Un rico trabajador puede tener un número 3, pero un asceta puede superar ese número aunque no trabaje, si consume sólo la tercera parte de lo necesario.
La buena noticia es que cuando ese número es mayor de 1,5 mágicamente uno tiene suerte, y cuando ese número es menor que 1, mágicamente uno tiene mala suerte.
Tan es así, que cuando uno logra un número importante, el diseñador lo saca del cine y le adjudica responsabilidades mayores convirtiéndolo en iniciado.
Y cuando uno logra número exagerado, como Jesús por ejemplo que ayunó cuarenta días, el diseñador le da poderes sobrenaturales.
Cuando uno roba, el karma disminuye trágicamente y cuando uno mata a otra persona el karma se le viene a cero, es decir que la justicia ya viene hecha, sin necesidad de abogados y jueces. La felicidad se adjudica de esa manera.
El lío se armó cuando vino la revolución industrial, ya que la suerte de los más esforzados y creativos se confundió con la de los indolentes, porque para que el sistema funcione el dinero debe circular con justicia.
En esa oportunidad, inventaron el colectivismo que es la causa de nuestra degradación social.
El individualismo es la única manera de volver la sociedad a sus causas naturales.
Muchos creen que el individualismo implica consumir más y es exactamente al revés.
Dios no es tonto.
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