Posts etiquetados como ‘fisuras’

Pie del Anciano ( geronte )

Pie del anciano

Los pies, por ser un elemento insustituible para la marcha y el equilibrio, requieren una especial atención. De ahí que su observación y cuidado forma parte imprescindible dentro de la asistencia geriátrica integral del anciano. Máxime cuando la patología del pie es casi constante a estas edades.

¿Cuál es la patología del pie geriátrico?

Es fundamental tener en cuenta, que la patología del pie del anciano es muy amplia, de forma que con frecuencia, suele padecer una o varias alteraciones en el mismo.

Los pies están sometidos a fuerzas dinámicas y de presión para adaptarse a las irregularidades del terreno. Deben adaptarse así mismo, a los efectos de enfermedades congénitas o adquiridas, al envejecimiento, al estrés impuesto por actividades y ocupaciones a lo largo de la vida. No hay que olvidar la potencial incompatibilidad entre anatomía y el calzado moderno, con un aumento del tacón, dureza de la suela y la forma puntiaguda, entre otras características, que hace que haya aumentado el número de personas que sufren por sus pies, con predominio del sexo femenino.

Sería interminable hablar de todos los procesos que inciden sobre esta parte móvil de nuestro cuerpo. Destacan:

* Modificaciones por el envejecimiento:
En el pie con el paso de los años se produce, una atrofia de las células fibroadiposas del talón que condiciona un hiperapoyo sobre el hueso calcáneo; una disminución de la movilidad de las articulaciones del metatarso y tarso, por los cambios degenerativos del cartílago; y una atrofia muscular.
* Alteraciones por enfermedades generales:
La lista de enfermedades con potenciales manifestaciones pédicas es larga. En muchos casos, el pie puede ser el sitio primario de síntomas y complicaciones, como ocurre con: enfermedades osteoarticulares como, la gota, artrosis, artritis reumatoide; enfermedades cardiovasculares como, insuficiencia cardiaca; enfermedades endocrino-metabólicas como, insuficiencia renal crónica, hipotiroidismo, o diabetes mellitus, etc.
Dentro de este grupo, es necesario destacar por su importancia, el pie diabético. La neuropatía o la enfermedad vascular, o las dos juntas, junto con una serie de condicionantes sociales e higiénicos como el calzado o el corte de uñas, son las responsables de los serios problemas del pie diabético. Estos problemas van, desde superficiales como trastornos de las uñas o formación de callos, hasta alteraciones de músculos o huesos como: ulceraciones, osteomielitis, sepsis y gangrena, que pueden aparecer en rápida sucesión y dar como resultado final la amputación o la muerte. El desarrollo insidioso de la neuropatía es el que, probablemente ocasiona la mayor parte de problemas en el pie del diabético, sobre todo a través de la pérdida de la sensación de dolor y temperatura, al conllevar traumatismos y quemaduras inadvertidas, que pueden infectarse, ulcerarse o llegar a dar deformidades del pie.
* Alteraciones por patología propia del pie: Como son:
o Alteraciones dérmicas: comprenden desde infecciones como verrugas plantares o micosis, hasta las hiperqueratosis.
Las hiperqueratosis, son el resultado de microtraumatismos repetidos por una hiperpresión intermitente o el roce del calzado. Reciben distinto nombre según la localización, así:
+ El callo o heloma: su localización más frecuente es el dorso de los dedos de los pies. Siempre es doloroso, pequeño, se hunde en la piel formando lo que se llama una raíz y no suele desaparecer espontáneamente al eliminar el agente causal, que suele ser el roce, aunque debe haber una predisposición.
+ La dureza o callosidad: es una acumulación de células muertas epiteliales que se queratinizan adquiriendo una dureza característica. Aunque pueden aparecer en cualquier localización, sobre todo están en la zona plantar a nivel del talón y cabeza del primer y quinto metatarsianos. Se produce por el uso continuo de tacón o alteraciones en los dedos.
+ Los ojos de gallo: son las hiperqueratosis interdigitales. Suelen producirse por la presión que ocasiona un zapato de punta estrecha, que obliga a los dedos al roce constante de unos contra otros al caminar y también por el uso de tacón alto. También es más frecuente en ancianos con hiperhidrosis o con malposición de los dedos.
o Alteraciones de los dedos: En el anciano, los más frecuentes son:
+ Hallux valgus o juanete: es la desviación hacia fuera del primer dedo y la existencia de una tumoración dolorosa, acompañada o no de bursitis, en la cara interna de la cabeza del primer metatarsiano. Pudiendo ésta llegar a ulcerarse e infectarse. Los restantes dedos, sobre todo el segundo, sufren modificaciones a medida que el proceso avanza trasformándose en “dedo en martillo”, y el resto del antepié se sobrecarga, haciéndose doloroso. A parte de varios factores como el hereditario, el papel del zapato estrecho y puntiagudo es esencial.
+ Dedos en martillo: engloba distintos tipos de deformidades como, el “dedo en garra”, “en cuello de cisne”, etc., de distinta significación. Suele acompañar a otras alteraciones del pie como, el pie cavo o las hiperqueratosis.
+ Clinodactilias: cuando los dedos se desvían por encima y por debajo. Se acompañan de hiperqueratosis interdigitales o en el pulpejo.
o Alteraciones estáticas del pie: de incidencia frecuente y de importancia distinta según la gravedad y el origen de la enfermedad, comprenden:
+ Pies planos: es un hundimiento de la bóveda plantar, normalmente asociado a una desviación hacia fuera del talón con respecto al eje sagital del cuerpo. Generalmente el anciano lo presenta por alteraciones de la extremidad inferior secundarias a sobrepeso o a artritis reumatoide o a fracturas.
+ Pie cavo: es el pie con un arco plantar longitudinal de altura excesiva apoyándose sobre todo en el talón y en la base del antepié. En el anciano se origina una sobrecarga, apareciendo dedos en garra e hiperqueratosis en la zona plantar y dorsal de los dedos.
+ Pie en valgo: es la desviación hacia fuera con respecto al eje sagital del cuerpo, produciéndose un hundimiento del arco interno e hiperapoyo en al cabeza del primer metatarsiano, provocando en el anciano un juanete.
+ Pie en varo: es la desviación del pie hacia dentro con respecto al eje sagital del cuerpo, pudiendo inducir en el anciano, una callosidad o callo en la falange del quinto dedo por aumento de la carga en la parte lateral externa.
o Alteraciones de las uñas: las uñas con el tiempo, reflejan muy rápidamente su estado, llegando a ser duras, secas y quebradizas. Comprende:
+ Uñas encarnadas u ornicocriptósicas: suelen tener forma de teja, clavándose los picos en el rodete ungueal. Se suelen deber a una hiperpresión del calzado o a un incorrecto corte de uñas.
+ Uñas hipertróficas u ornicogrifósicas: con un crecimiento desmesurado, alcanzando formas grotescas, creando dolor, y disconfort.
+ Onicomicosis como tiñas o cándidas.

Todas estas alteraciones dejan su marca acumulativa, sobre los pies del anciano, en forma de una amplia morbilidad, discapacidad funcional con limitación de la actividad, disconfort, dolor y limitación de su calidad de vida.

¿Cuáles son las recomendaciones preventivas?

Teniendo en cuenta que no todos los pies son iguales, las recomendaciones generales para tener unos pies saludables, y para evitar que pequeños problemas se vuelvan más severos mediante el cuidado diario de los pies, son:

* Higiene:
o La higiene perfecta de los pies no consiste en baños muy frecuentes ni prolongados en el día, sino lavarlos preferentemente cada noche, tras las actividades cotidianas.
o Para la limpieza se debe usar agua templada, aconsejándose probar la temperatura del agua antes del baño; jabón neutro y de acción antiséptica, durante unos cinco minutos. En casos concretos, se usarán jabones ácidos o alcalinos.
o Procurar un buen secado de los pies, sobre todo entre los espacios interdigitales, para evitar la humedad residual, con una toalla suave y limpia, sin frotar la piel. Usar preparados a base de lanolina o vaselina para ablandar la piel seca. Aplique polvo de talco o sustancias antisépticas si existe excesiva sudoración.

* Cuidado:
o Obsérvese diariamente sus pies. Si siente dolor, irritaciones, cambios de color o temperatura, ulceras o signos de infección, debe consultar a su médico de familia o al geriatra, para tratar de encontrar la solución más adecuada a su problema.
o Se recomienda una supervisión periódica de sus pies por un podólogo.
o Cuando sea necesario el corte de uñas, deberá hacerse después del lavado y secado de los pies, procurando que haya buena luz. Usara cortaúñas, cortándolas cada ocho días, aproximadamente y siempre cuadradas, nunca en pico o redondeadas. En diabéticos, en vez de cortarlas, puede usar una lima de cartón con suavidad o para mayor seguridad acudir al podólogo.
o Ser muy prudentes a la hora de querer eliminar las hiperqueratosis, con callicidas, remedios caseros o instrumentos afilados, sobre todo en ancianos diabéticos, a quienes les esta prohibido, sobre todo el cortarlos.
o No emplear adhesivos ni parches en la piel.
o Es importante ejercitar la musculatura del pie y la pierna, mediante un programa simple de ejercicios, como hacer marcha de puntillas y talones a intervalos, de forma progresiva, etc., que su médico le aconsejará según su patología y estado físico.
o La movilización solo es eficaz si es indolora. No siendo aconsejable la marcha por terreno accidentado y la sedestación prolongada.

* Calzado y ropa:
o Cada pie requiere un calzado propio, teniendo en cuenta también para la actividad para la que se la quiere.
o El comprobar la longitud del zapato presionando la puntera del mismo puede dar una medición errónea, aconsejándose abrir el zapato, dejando que el talón asiente en la parte posterior, con los dedos por encima del mismo. El zapato debe tener entre medio y un centímetro más de longitud que el pie.
o Comprar el calzado por la tarde, pues los pies suelen hincharse a medida que transcurre el día, comprobando así que no molestan. Aunque es cierto que los zapatos con el tiempo de llevarlos se acoplan a los pies, también es cierto que suele ser a base de sufrimientos y deformidades. Si estrena unos zapatos, debe usarlos de forma progresiva.
o Se recomienda usar calzado con pala ancha y alta que permita la movilidad de los dedos; con cordones o tiras con hebillas tipo “merceditas”, para que el pie no se deslice en el interior; con contrafuerte rígido para evitar que se escape el retropié al andar; con suela de cuero flexible y lo suficientemente gruesa y mullida para evitar las irregularidades del terreno; con tacón que no sobrepase los cuatro centímetros de altura; puntera alta y ancha; y a ser posible de materiales nobles como el cuero, piel, etc., que permiten una transpiración natural.
o En verano, si usa sandalias, estas deben sujetar bien al pie, no desbordándose éste por los espacios libres.
o Para el deporte, usara tacones que no superen los 2,5 centímetros de alto y con suela ni muy gruesa ni muy delgada, con una flexibilidad media, y algo más largos de lo normal para permitir el uso de calcetines de lana blandos y gruesos.
o Es conveniente, salvo en pacientes diabéticos a quienes le está prohibido, caminar descalzo en la playa, sobre el césped, pues es uno de los mejores medios para fortalecer los pies.
o En los lugares de intensa masificación como vestuarios, se protegerá los pies con zapatillas aislantes para evitar contagios.
o Usar calcetines de lana y zapatillas acolchadas durante el invierno y calcetines de algodón o hilo en verano. Siendo necesario el cambio diario de calcetines y medias. Se descartarán las fibras sintéticas, por no favorecer la transpiración.
o Se recomienda no usar calcetines o medias remendadas o con costuras, ni utilizar ligas o calcetines con elástico superior que aprieten, ya que al impedir o entorpecer el retorno venoso, son causa de edemas periféricos.
o En invierno podrán utilizarse calcetines en la cama, procurando que no aprieten. En la cama, especialmente en el caso de diabéticos, no deberá colocarse nunca en las piernas, bolsas de agua caliente, mantas o aparatos eléctricos de calor concentrado, para evitar quemaduras. Siendo recomendable en todo caso, calentar previamente la cama. Ni tampoco sentarse demasiado cerca de un fuego, radiador o brasero.

¿Cuál es el tratamiento de las afecciones del pie del anciano?

El tratamiento conservador preventivo es el mejor. Por otra parte, el tratamiento será individualizado, según la patología del pie que presente el anciano. Sabiendo que la corrección o la cura no es posible en muchos casos, el primer objetivo será obtener el confort, mediante la disminución del dolor, restaurando el máximo nivel de función o manteniendo el grado de actividad residual libre de dolor. Para ello el tratamiento, se basara en: fármacos, medidas rehabilitadoras como, la aplicación de microondas, corrientes galvánicas, hidroterapia, etc., medidas ortésicas como plantillas, y cuidados podológicos.