NARCISO Y EL REGRESO (FINAL)
Comenzó el regreso una vez más por el desierto y las alturas hasta descender en el mar, el infinito y pacífico mar. El mapa de arena y la gente intentando cruzar las líneas de punto se hacen presentes de nuevo en el sueño. Las banderas cambian de color. Todo es igual, recurrente, pero al revés. En la ida Narciso fue sacando objetos de su mochila. Volvía ahora más liviano; podía elevarse fácilmente. Entonces se dio cuenta de un detalle casi inadvertido. Pese a su carga pesada e incómoda, llevaba sobre sus hombros el bulto más pequeño de los cuatro.
Los sueños son sueños, dicen, pero para Narciso este sueño iba más allá de lo onírico.
Pronto estaba desde un acantilado, con sus amigos, mirando el mar. Profundo, azul, inexplicablemente conocido a pesar de no haberlo visto nunca. Sintió que era absolutamente natural la existencia de este espectacular gigante. Que el agua salada y él eran lo mismo, como la montaña, los árboles y el aire. Narciso era el espejo y el espejo era Narciso. Se sintió pleno. Ni alegría ni tristeza. Sin emoción. Se sentía completo.
Poco a poco el viaje se acercaba a su fin. El sueño también. El vuelo se hacía más rápido y más pleno. Otra vez desierto y alturas para llegar una vez más a descender hasta el mar, a la ciudad de las veredas de madera, casas multicolores y playa cálida. La ciudad del templo mayor del consumo con su catedral de cúpulas de lona y olor a pescado. Rápidamente estuvieron en su playa soleada Los cuatro estaban fascinados con la inmensidad del agua marina. Luego se dirigieron al templo electrónico con sus ídolos de plasma, cuarzo líquido, memorias sin ancestros, ropas de plástico y juguetes para niños y grandes.
Narciso decidió que no le agradaba el lugar. Se sentía en un laberinto de tentaciones con miles de minotauros en cada rincón. Se miraba en los cristales y su rostro se desencajaba. Prefería la playa, era un regalo que sólo él podía hacerse en su día de cumpleaños.
Entrada la noche, muy tarde ya, volvieron a la playa desierta y oscura; las aguas danzaron para él, y para sus amigos. Se elevaban bordeadas de crestas blancas y se derrumbaban constantemente, con más fuerza cada vez, al ritmo de un corazón colosal que latía con cada uno de los cuatro. El tiempo se detuvo entre el sonido, los latidos y el olor a sal…
Amaneció. Es día de partida. En la noche volverán cada uno a su realidad, o a su sueño particular. Cruzarán por última vez las altas cumbres.
El día ha transcurrido en paz. El grupo quiso despedirse del mar. Cada uno se ha acercado a la masa líquida para observarla. Otra vez el tiempo se ha detenido. La muchacha sentada frente a la olas que la salpican está extática, forman una sola realidad: ella y el mar. Narciso la mira desde lejos. Más allá el León hace lo mismo, al lado del muchacho. El silencio ha colmado las mentes. Están ajenos a los jóvenes que juegan sobre tablas rodantes a volar sobre el cemento. Narciso mira. Agradece. Siente que la vista se ha nublado y respira profundamente el sabroso aire fresco. Ya no desespera. Está en paz.
La muchacha se levanta y se acerca a los tres hombres. Instintivamente se concentran y los cuatro se embargan de emoción, extraña emoción, pura emoción. Ojos húmedos de felicidad, de encuentro, de reconciliación…
Pronto hay que regresar para cargar con los equipajes que cada vez resultan más livianos. El bus saldrá en vuelo nocturno, sobre el desierto invisible.
El sueño se acaba y Narciso sabe que deberá despertar. Han descendido hasta la ciudad de la Quebrada, luego de cruzar por ultima vez las líneas de puntos del mapa hacia el país celeste y blanco.
Hayalgo de tristeza, de alegría, algo de la sensación de que una pesadilla que culmina en plácido sueño se acaba. El León, la muchacha y el joven descienden en la ciudad de los dos ríos. Narciso baja del bus unos instantes, los suficiente para abrazar a los tres compañeros y amigos de su mejor sueño. Les dice GRACIAS. Se siente alegre y excitado. Sube al ómnibus para emprender solo el último tramo. Deja reposar su cuerpo liviano, limpio, claro y brillante. Se mira en el espejo de la ventanilla y está allí: joven, con la mente fresca, libre, con ganas de vivir y comenzar una nueva etapa. Toca el vidrio con ansias, con felicidad…
Está nuevamente frente al espejo del baño. Despliega una sonrisa amplia y corre a buscar a su compañera de vida para contarle el mejor de sus sueños.


Que lindo relato! Que lindo sueño!
Un placer leerlo!
Saludos!
voto!