NARCISO y EL REGRESO
Quedó inquieto cuando se miró en el espejo y vio que la pesadilla podía comenzar de nuevo. Salió del baño, odió al espejo y esperó a que volvieran sus amigos. Seguramente -pensó- subir la pequeña montaña y bajarla llevaría un buen tiempo, lo mismo que recorrer las ruinas de la ciudadela.
Sacó un cigarrillo y lo encendió. Se acercó una linda muchacha y le habló en inglés, en realidad sólo quería lumbre. Se sentó en el pequeño refugio de la boletería de buses y esperó. A su lado una señora de unos sesenta y todos, muy bien conservada comenzó a hablarle. Era música. Componía, interpretaba en piano y cuidaba los nietos. Le resultó familiar. Ella también esperaba a sus compañeras de viaje.
La espera fue eterna. Narciso quería volver al pueblo, tomar su mochila y emprender el regreso. Esta vez sería exactamente igual, pero en sentido contrario: Tomar el tren, luego la combi y llegar al centro de mundo. Al fin y al cabo el sueño se había cumplido: conocer las ruinas que se mantienen en perfecto estado y recuperar su propia imagen que estaba en ruinas.
Apareció primero el León, estaba eufórico. Luego chicos. Los tres estaban brillantes. Podía verse el sol en sus rostros. Narciso se sentía feliz. Algo había cambiado en todos…
Dejaron la ciudadela y bajaron flotando en un viaje sinuoso hasta la ciudad de las termas. Allí tomaron limonada y comieron una pizza para continuar el viaje. Los tiempos eran muy estrechos, casi exactos. La sincronización fue perfecta: bus-tren-minibus. Volaron costeando montañas muy altas, deshaciendo el camino de ida. Regresaban nuevamente a la Babel andina, a la Meca de los curiosos.
Había caído la noche sobre la ciudad y una brisa cordillerana fresca hizo temblar a Narciso. Se veía, o más bien se percibía diferente todo. El viernes nocturno olía a alcohol, humo y pesadez. Resultó inútil salir a divertirse. El coctail humano estaba agitado, narcotizado, extraño. Decidieron volver al hospedaje a descansar.
Narciso durmió como nunca en muchísimo tiempo, pleno de nada, liviano, casi vacío… casi feliz.
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Hola Raul, espero que estes bien y despues del regreso de narciso nos cuentes tu ultimo viaje, gracias por seguir escribiendo, un abrazo. Leo