NARCISO, EL ESPEJO Y EL PAIS DE LOS SUEÑOS (PRIMERA PARTE)

Se despertó como siempre. Los ojos enrojecidos, la boca seca y la vejiga llena. Saludó al inodoro salpicando todo, como siempre. Hacía tiempo que narciso vivía en la desesperación. Se enfrentó al espejo… el tiempo había hecho estragos. Nadie podría enamorarse de la imagen que se enmarcaba en el cristal. Ni él mismo. Se le escapó una lágrima entre las lagañas. Tocó el cristal y se sumergió en el espejo.

En un instante el mundo cambió. Estaba en un ómnibus, viajaba entre muchos como él. Sintió miedo. Algo estaba bien. Sintió pánico. Todo estaba bien. Se preguntó ¿Qué hago acá?

Miró el asiento de al lado y había un manso león descansando. Se sintió un poco más seguro. Observó por la ventanilla y sólo vio el desierto. Cerró los ojos y no pensó más.

Se sentía un poco más seguro, no sabía qué pasaba ni que pasaría. Esto era diferente. Nada era previsible.

Abrió sus ojos y se encontró sobre un mapa de arena, haciendo una cola interminable de personas que solicitaban autorización a hombres de caras enojadas, para cruzar una línea de puntos.

De nuevo estaba en el bus. Su acompañante miraba las estrellas. La noche había oscurecido la ventanilla y los puntos de luz se acercaban hasta sus pestañas.

Otra vez estaba con los pies en tierra. El león hablaba con dos personajes del colectivo. Sonreían y parecían amables. Una agradable mujer y un muchacho. Ella tenía en la frente escrito: “lo que debería ser”, él: “el que soy”. Resultaron cordiales y Narciso aceptó y decidió, si cabe la palabra., que ellos lo acompañaran en el sueño.

El tiempo jugaba solo, como siempre. A veces eran segundos los días, otras veces el día pasaba en un segundo. Los escenarios se tornaban eternos, o cambiaban indefinidamente, eternamente. Todo estaba bien, aunque por momentos Narciso sentía pánico. Del otro lado del espejo las cosas eran diferentes, estaban mal.

Como una recurrencia, nuevamente pisaba un mapa de arena, intentando cruzar otra línea de puntos. Lejos se veía el mar. La bruma hacía que todo fuera difuso. El ómnibus se trasformó en un auto que transitaba por una ciudad vestida de fiesta, ataviada de kilométricas telas rojas y blancas. La gente y los automóviles ensordecían la paz. Carteles gigantes con personas que cubrían sus rostros con mascarillas lloraban y se retorcían de miedo entre letras también gigantes.

De nuevo el desierto, de nuevo el ómnibus. Todo volvía a ser tranquilidad. Se quedaba extasiado con las alturas. A veces sentía vértigo al mirar hacia abajo; el vehículo volaba a miles de metros…


Escribí tu comentario

rlpissana
Octubre 16, 2011, 7:35 am, Reportar este Comentario rlpissana dijo

disculpa la demora, las pinturas e imagenes son mias. Gracias

Escríbi tu comentario

Si preferís firmar con tu avatarIniciá sesión

Los comentarios en este blog pueden estar moderados.

En ese caso, el autor del blog tendrá que aprobarlos antes de que sean visibles para la comunidad


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog