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Y si fuera positivo?

¿Y si el resultado fuera positivo?

VIH-Sida
Recibir un resultado positivo del test de VIH es un hecho difícil de asimilar. Podés sentir miedo, pánico, angustia, desesperación o enojo. Pero un resultado positivo es también una oportunidad para empezar a cuidarte como te merecés.
La mayoría de los centros donde se realizan las pruebas de VIH brindan asesoramiento antes y después del test de manera confidencial. Te dan contención y responden a tus dudas y temores. También podés consultar en hospitales o centros de salud.

Tomar decisiones
Cuando recibís el diagnóstico, es difícil tomar decisiones importantes acerca del futuro, como pensar en proyectos laborales o familiares a largo plazo, ocuparte de tu salud, revelar tu situación a tus familiares, amigos y amigas.
Es fundamental que trates de evitar pensamientos negativos (del tipo de “mis días están contados”). Tener VIH hoy no es sinónimo de muerte. Los nuevos medicamentos han logrado frenar esta enfermedad y transformarla en una infección crónica.

Darlo a conocer
Salir corriendo a decírselo a todo el mundo o guardártelo sólo para vos no son las mejores maneras de afrontar el tema. Es preferible buscar a alguien de confianza para compartirlo y, sobre todo, saber que no tenés “obligación” de contarlo.
Respetá tus tiempos y tus necesidades para decidir a quién y por qué decírselo, y planificá de qué manera. A veces sirve preguntarse: ¿Qué espero de la persona a la que se lo digo? Así, podrás prepararte para afrontar sus mejores o peores reacciones; para ellos también es una noticia difícil. Tal vez lo mejor sea empezar por aquellas personas que creas que te pueden ayudar más.

Conocer a otras personas
Encontrarte con gente que vive con VIH suele ser una experiencia enriquecedora. En Buenos Aires existen asociaciones y grupos de apoyo. Si decidís ir, vas a conocer personas con vivencias diferentes que, cuando recibieron su diagnóstico, pasaron por situaciones similares a la tuya.

Para conversar con personas que están pasando por tu misma situación, podés concurrir a alguno de los grupos de encuentro, que funcionan en varios hospitales de la ciudad. Consultá el listado de grupos.

Informarte
No creas todo lo que escuchás sobre el sida. Aún existen muchos prejuicios y no todos los que trabajan en los medios de comunicación están bien informados. Averiguá siempre el origen, la fecha y el autor de cualquier artículo que leas, película que mires o noticia que te llegue. La mala información es perjudicial para la salud.
En cambio, la buena información te ayudará mucho. Cuanto más aprendas, mejor vas a poder preguntar sobre lo que te preocupa. Es una manera de asumir el control de tu salud. Hay mucha gente que sabe de sida: médicos/as, pero también psicólogos/as, enfermero/as, farmacéutico/as y servicios especiales de asesoramiento sobre el tema.

Cuidados médicos
Te recomendamos que consultes a un/a infectólogo/a (son los especialistas en este tipo de enfermedades). Planteale tus dudas y hablale francamente de lo que te pasa. Construir un vínculo de confianza es fundamental. Si ves que esto no es posible, sentite con la libertad de cambiar de profesional.

Hay dos estudios que deberás realizar de manera periódica:
CD4: que mide la cantidad y calidad de los linfocitos que tiene el organismo para “defenderse” de infecciones oportunistas; y
Carga viral: que mide la cantidad de virus en la sangre.
Estas pruebas sirven para saber la probabilidad de que aparezcan enfermedades en el futuro y te ayudarán a decidir junto con tu médico/a cuándo comenzar a tomar antirretrovirales, ya que muchas personas no los necesitan desde el momento del diagnóstico; otras sí.
Si iniciás el tratamiento es importante un compromiso activo de tu parte para respetar las tomas y los horarios y planificar cómo tomar los medicamentos en las horas de trabajo o cuando hacés algún viaje, etc. Esto es lo que se conoce como una buena adherencia al tratamiento.
Informate sobre los posibles efectos secundarios de los remedios que vas a tomar y no dejes de comentarle a tu médico/a los problemas que te surjan al hacerlo. Así pueden evaluar juntos las estrategias de solución.

Tus propios cuidados
La medicación no hace milagros. Comer sano, descansar, hacer ejercicio, elaborar proyectos, tratar de mantener el equilibrio afectivo, contribuirá con tu calidad de vida. No pienses que sos una persona “enferma”: en tu sangre hay un virus con el que tendrás que aprender a convivir, y en todo aprendizaje hay avances y retrocesos.

Aprender a vivir con VIH
Como cualquier persona, tenés derecho a una buena calidad de vida. Podés abrazar, compartir la ropa, un mate, una pileta, los cubiertos.
Tenés derecho a disfrutar de tu sexualidad, a tener una pareja, familia, hijos. Es cuestión de proponértelo e informarte al respecto.
Para disfrutar a pleno de tu vida sexual, recordá que el uso del preservativo no sólo te permite no transmitir el virus a otras personas, sino que también te protege de nuevas infecciones que podrían complicar tu salud, aun cuando tu pareja también viva con VIH.
Es importante lo que hagas por vos, que no te autodiscrimines ni te maltrates.

Vivir con VIH no es lo mismo que tener sida. Hoy se puede evitar que el virus se multiplique y quedes expuesto a enfermedades.

Tus derechos
No permitas que te discriminen o te maltraten por ser una persona que vive con VIH. Es bueno que conozcas que existe una Ley Nacional de Sida (la Nº 23.798) que te ampara ante cualquier situación de este tipo que te toque vivir.
Esta ley protege la confidencialidad de tu diagnóstico, prohibe la realización de análisis de VIH compulsivos (por ejemplo para ingresar a un trabajo) y también establece que los hospitales públicos, las obras sociales y las prepagas médicas tienen la obligación de brindar atención y proveer los medicamentos necesarios sin costo adicional.

Fuente: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires