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Mientras Escribo

Boomp3.com

Me siento a la computadora, como todos los días. Tengo para eso un cómodo sillón donde puedo ponerme casi horizontal con mis pies recostados en una banqueta. El teclado inalámbrico es algo que brinda mucha libertad de movimientos, y yo me la tomo. Entonces llega ella. Estoy por soltar el teclado y tomarla, pero me dice que no lo haga, que le gusta observarme mientras estoy en mi labor creativa. Que le excita verme. Sigo entonces escribiendo estas palabras. Ella juega con sus manos en mi pelo. Acaricia mi incipiente barba de no haberme afeitado esta mañana. Mis manos teclean, pero el deseo crece en mí. Quiero dejar de escribir, pero ella no me lo permite, me obliga a continuar. Sus palmas recorren mi remera, se deshacen de ella, buscan mi piel, mi vello masculino, juegan con él. Mis tetillas caen entre sus dedos, se sienten estimuladas. Siento su boca besar mi cuello, su lengua penetrar mi oreja, sus dientes morderme. Comienza un recorrido que yo tan bien conozco y que a ella tan bien le sale. Sus manos desabrochan los botones de mi jean mientras su lengua inspecciona mi pecho. Mientras mis dedos escriben estas palabras mis piernas quedan al desnudo. Ella las recorre, le gusta encontrar pelo en todo mi cuerpo, lo siente viril y eso afecta su temperatura. Siento su tacto por sobre mis canillas, mis gemelos, mis muslos. Mi boxer blanco de algodón abulta y ella decide quitármelo de encima. Entonces mi pulgar toca la barra espaciadora y ella se encuentra con mi sexualidad enhiesta. La toma con una mano y la mueve lentamente de arriba abajo mientras con la otra acaricia mis testículos. Acerca su rostro, acaricia con sus mejillas mi miembro ¿o acaso es al revés y mi miembro la acaricia? Con su lengua empieza a lamer mi tronco como si fuera un helado, pero un helado a esa temperatura no tendría la rigidez que mi herramienta tiene en este momento. Ella se toma su tiempo, yo escribo. Con suavidad empieza a darme cálidos besitos que se acercan a mi glande rojo de pasión. Entonces finalmente la lengua lo encuentra y empieza a saborearlo lentamente y casi con timidez. Sus ojos me miran, yo suspiro y sigo abocado a mi tarea, cada vez con mayor dificultad. Su boca por fin engulle mi cabeza que la estaba esperando. Ahora son sus dientes los que recorren mi tronco, rayándolo, seduciéndolo, desafiándolo. Mi sable se desliza hacia lo más profundo de su garganta mientras sus manos me toman de la cadera, atrayéndome una y otra vez contra su cabeza para no dejar ni un milímetro afuera de su boca. Mis dedos se mueven sobre el teclado, pero mis nalgas no pueden quedarse quietas, y ella lo sabe. Cada palabra me cuesta más, cada signo de puntuación es una tortura. Mis manos tiemblan, sostener la ortografía y la sintaxis es todo un reto. Muerdo mis labios, miro el techo, no logro obtener la concentración. Siento que mi cuerpo enfurece y que mi sangre está en ebullición, agolpada en ese rincón que pronto cederá a sus encantos y a su talento.

Entonces finalmente exploto, llenando su boca con mi esencia.

Ella me besa y me autoriza a dejar el teclado de lado.

Por fin.

Sangre Nueva

Considero que lo que trae la edad es experiencia. Y a mí experiencia me sobra.

La invité a pasar a mi piso. Casi siempre trato de ir a un lugar neutro, pero cuando la persona me interesa verdaderamente la llevo a mi casa. En general son mujeres, pero cuando uno ha tenido tanto a veces se hastía y quiere probar otra sangre. De todos modos, como el sabor de una tierna mujer en su plenitud no hay otro. De manera que la hice pasar y la invité a ponerse cómoda. Luego la invité a tomar un trago y le clavé mi mirada, esta mirada irresistible con la que he sido dotado. Ninguna ha logrado mantener sus defensas una vez que posé en ella mi mirada. Entonces, sólo fue cuestión de disfrutar lo que ya había obtenido. Ella se dejó quitar la ropa juguetona. Entonces de a poco fui observando su piel de satén, sus piernas de atleta, su culo de gimnasta y su vientre de odalisca. Con ganas tomé entre mis manos sus pechos firmes y duros como dos manzanas deliciosas, e igualmente dulces. Ella se dejaba hacer hasta que en un momento tomó la iniciativa y comenzó a lamer mi pija con ternura primero, luego con deseo, hasta engullirla con pasión desenfrenada una y otra vez. Yo me dejaba placentero, conciente del postre que me esperaba al final. Seguíamos aún en el living, de manera que la llevé hasta el ventanal y allí, contra el vidrio frío que gobernaba desde el piso 21 a esa Buenos Aires invernal, y despojados ambos de la prisión de nuestras ropas, comencé a disfrutar sobre ella de mis sentidos. Mi tacto primero, recorrer con la yema de mis dedos su cuerpo de una perfección que hasta a mí me había sido raro hallar. Dejarme deslizar por su cuello como un presagio, por sus hombros, tentarme con las rojas frutillas de sus pezones rebosantes de vida, sentir el calor y el color que dormían en la cara interior de sus muslos. Luego era el momento del olfato. Disfrutar del aroma a Channel que despedía, pero mucho más de ese otro a mujer joven y fresca que aún podía encontrarse por debajo del Channel, en su boca, en su vientre, en su sexo. Y en ese sexo comenzar a deleitarme con su sabor, con ese dejo salado que me abordaba desde su flujo, con esas gotas de éxtasis que penetraban a través de mi lengua mientras ella me daba la espalda apoyada contra el vidrio que aplastaba sus pechos y le daba a toda la ciudad el maravilloso espectáculo de una mujer desnuda gozando. Entonces, cuando el momento fue el indicado, me puse de pie y la tomé de las caderas. Con sus manos apoyadas en el blindex hundí mi potencia en su carne tierna y generosa, rebosante en jugo de mujer que me esperaba. Y con un lento y prolongado vaivén la llevé hasta un exquisito orgasmo del que los dos disfrutamos al unísono. Y entonces, así como estaba detrás de ella, con los cuerpos aún recuperándose del momento de placer, me acerqué hasta su cuello y hundí mis colmillos en su yugular. La sangre comenzó a manar en finos chorros escarlata, y mi boca los bebió gota a gota. Creo que los científicos jamás comprenderán cuanta diferencia hay en el sabor de la sangre antes y después de un orgasmo. Poco a poco esa vida que sentía hervir en su interior la fue abandonando, hasta que saciado de mi apetito, y antes de que ella partiera hacia donde ya no la podría rescatar, abrí un tajo con mi uña en una de mis venas y la convidé a beber de ella. Entonces de a poco recuperó el color y la vitalidad. Acababa de morir, es cierto, pero también acababa de nacer a una nueva y larga vida junto a mí. Había sido elegida. No es común que nosotros nos reproduzcamos. Si lo hiciéramos inundaríamos la tierra y pronto nos quedaríamos sin comida. Por eso cada tanto elegimos a una de nuestras víctimas entre todas para que nos acompañe. Hace dieciocho años elegí por última vez, y mi compañera resultó una de las mejores que he tenido en estos siete siglos de existencia. Pero ya es hora de que haga su propio nido, y lo sabe. Ella no está esta noche en casa. Nunca está cuando salgo de cacería. Hace varios meses que vengo eligiendo una nueva hembra para que esté a mi lado, de entre muchas candidatas que fui encontrando en Internet. A veces la tecnología puede ser una ayuda inestimable. Cuando vuelva le presentaré a la nueva integrante de la familia. Ahora corro las cortinas. Pronto llegará ese amanecer que nunca más volveremos a ver. Es hora de descansar.

Mañana la eternidad te espera.

Sympathy for the Devil (Rolling Stones Cover) – Guns N Roses

Un día de laburo

Ella lo esperaba a mediodía en el bar de 9 y 59. Llevaba el cabello recogido con un pañuelo y anteojos oscuros, de los grandes. Él la pasó a buscar en su Mègane Black, completamente negro, vidrios polarizados, seis velocidades. Se saludaron casi tímidamente con un pico y luego tomaron 60 para salir por 13 con rumbo a Camino Centenario. Antes de llegar a City Bell entraron a un hotel. La discreción y el confort eran los denominadores del lugar. La ventanilla del cajero estaba polarizada también, todo el contacto era automatizado y se comunicaban a través de micrófono y parlantes. En ningún momento tomaron contacto con la persona dentro de la cabina. La cochera era individual y tenía un portón para ocultarlos de miradas indiscretas. El lugar entero estaba diseñado para la trampa.

La cochera tenía una escalera que daba directamente a la habitación. Allí se encontraron directamente con la bañera para hidromasaje, redonda, imponente. Más al costado encontraron la gigantesca cama, el televisor de LCD, el frigobar. Ella se quitó el abrigo, los anteojos y se soltó el cabello. Ambos rieron y fueron desvistiéndose, mutuamente y sin prisas. Él se sentó en el borde de la cama y ella comenzó a practicarle sexo oral. A él lo volvía loco cómo lo hacía. Pero esta vez ella quiso intentar algo nuevo. Arrodillada en el suelo, colocó las piernas de él sobre sus hombros para levantar un poco las nalgas y comenzó a acariciarle el perineo. Él, con cierto recelo, se dejó hacer. Entonces, mientras con una mano seguía masturbándolo, su lengua decidió ir en busca de su ano. Él experimentaba una sensación nueva, suponía que le gustaba, pero aún no lo podía asegurar. Entonces ella, casi sin previo y con algo de brusquedad, hundió su índice izquierdo en su recto.

Se escuchó un ruido seco. Él no esperaba esa intromisión en su cuerpo, y su reacción fue casi refleja. Apretó sus piernas y se echó hacia un costado con fuerza.

Entre sus piernas estaba la cabeza de ella.

Él tardó uno o dos segundos en comprender la situación. Con la mano se sacó el dedo que aún estaba en su culo y vio el cadáver tirado en el suelo.

Él comenzó a desesperarse. Estaba en un hotel con el cuerpo muerto de una mujer que no era su esposa y que había entrado junto a él con vida. Durante media hora estuvo dando vueltas, agarrándose la cabeza, tratando de pensar en qué hacer. Se le ocurrían varias formas de deshacerse del cuerpo que había visto en sendas películas, una más macabra que la otra. No se animaba a hacer eso. No se imaginaba tirándola al costado de una ruta ni diseccionándola con una cuchilla de carnicero. Por lo pronto debía hacer algo. Comenzó a vestirla. Si bien el cuerpo no tenía aún la rigidez de un muerto, ya estaba perdiendo calor y flexibilidad. Costó mucho ponerle la ropa, pero la puteada se le escapó mientras le trataba de poner el pañuelo en la cabeza.

Bajarla por la escalera resultó casi imposible. Pudo hacerlo finalmente, pero el esfuerzo lo dejó agotado. Tuvo que decidir si meterla en el baúl o en el asiento delantero. Al final se decidió por el asiento. No quería levantar sospechas al entrar en pareja y salir solo. De manera que tan discretamente como entró se fue del hotel con el cuerpo de su amante como copiloto.

El Mègane se dirigió por Camino Centenario al Norte. Al llegar a Parque Pereyra él sin bajarse del auto reclinó el asiento del acompañante para acomodar el cadáver en el piso entre las dos filas de asientos. No se sentía seguro para nada, pero tenía que actuar lo más fríamente posible. Luego sacó el celular e hizo una llamada.

-¿Julio?

-¿Qué pasa Negrito?

-Necesito que me ayudes viejo. Me mandé una cagada importante.

-¿Qué carajo hiciste esta vez?

-No te puedo contar por celu. Estoy yendo para allá.

-Bueno, te espero. Y guarda con donde te metés.

El Mègane retomó la marcha. La adrenalina lo recorría de punta a punta cada vez que pasaba cerca de una patrulla o de un puesto de control policial.

Cuando estaba llegando al Cruce de Varela dos policías lo detuvieron al costado del camino.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes Oficial.

-Permítame Cédula Verde, Registro y Seguro.

-Aquí tiene, cómo no.

Parado junto a la ventanilla el policía examinó con cuidado los documentos durante un interminable minuto. Él rogaba que no quisiese asomarse al interior del auto.

-Muy bien. VTV no corresponde porque es 0 km.

-Claro, lo compre hace un mes el coche.

-Linda máquina, lo felicito. Aquí tiene. Que siga bien.

-Muchas gracias Oficial, hasta luego.

Mientras arrancaba el auto sintió una leve lipotimia. ¡Dios, qué manera de liberar tensiones! Se recupero enseguida y continuó con su ruta. Siguió por Camino General Belgrano y al llegar a la rotonda encaró por Monteverde. Luego de unos kilómetros de andar se metió por unas calles interiores hasta que encontró una delegación policial.

Se detuvo en la puerta y se asomó para saludar al Suboficial de Guardia.

-¿Qué hacés Cachito? ¿Me lo llamás a Julio?

El suboficial entró a la Comisaría y pronto salió seguido de un policía curtido y corpulento que llevaba en sus hombros insignias de Subcomisario.

-¿Cómo andás Negro? Contame qué te pasó.

-Vení, subite al auto Julito.

El policía obedeció.

-Mirá atrás, en el suelo.

Julio abrió los ojos con estupor.

-¿Qué cagada te mandaste macho?

-Qué se yo, fue sin querer… me estaba chupando la pija y le quebré el cuello…

-Mierda, no sé cómo hizo Verónica para sobrevivir tantos años… Mirá, yo de esta te hago zafar, pero te aviso que te va a salir caro eh…

-Sí, me imagino. Arreglámelo y después me pasás la cuenta.

-Si no fueses mi hermano menor te juro que te recagaba a patadas en el orto. Puta que tq parió Negro… Llevá el auto atrás de la seccional así bajamos el cuerpo…

Él llegó a su casa a la hora de siempre. Impecable, como de costumbre.

-¡Buenas tardes mi amor! –le dijo Verónica- ¿Qué tal tu día de trabajo?

-Uno más, como todos –contestó él.

-¡Hola Papi! –lo saludó Emmanuel- ¿Me ayudás con la tarea de inglés?

-Dale –dijo Vero-, ayudalo que yo mientras preparo la cena.

Él se sentó junto a su hijo en la mesa del living y se pusieron a revisar verbos irregulares.

Tenía claro que la imagen de su rostro pálido y frío ya no lo abandonaría por el resto de su vida.

Akhenatón

-Mirá, te voy a pedir que me entiendas por favor, pero a mi me cuesta un poco. No me pidas que me ponga en bolas de una.

Era la primera vez que entrábamos juntos a un hotel, y claro, ¿Cómo no iba a respetar sus tiempos? De manera que traté de ser lo más contenedor posible. Total, teníamos la noche por delante.

-¿Querés que pidamos algo para tomar? ¿Querés que ponga un poquito la tele?

-Sí, gracias, no dudo que la tele va a estar bien.

De manera que me acerqué a la pared y empecé a revisar que había en los distintos canales. Por supuesto, cuando la prendí lo primero en aparecer fue el canal porno. No me pareció lo más adecuado para el momento. De manera que continué. Ante mí aparecieron los canales de aire, los de deportes. Siguieron los infantiles, series y películas. Después llegaron los de música. Y finalmente los de documentales.

-¿Querés que deje un rato el History Channel?

-Dale, a ver.

Estaban dando la historia de Akhenatón, Faraón del Antiguo Egipto.

-Un grosso Akhenatón –dijo ella.

-Se, un grosso –contesté, mientras comenzaba a masajear sus hombros.

-Bah, más que un grosso, un transgresor -dijo mientras se soltaba el pelo.

-Bueno, fue el primero en instaurar una religión monoteísta -dije yo, y la abracé por atrás y besé su cuello.

-Sí, así se le vinieron todos los sacerdotes encima –ella me acariciaba el pelo por detrás de su cabeza.

-Y bueno, vos sabes que la elite dominante adoraba a Amón-Ra y su panteón de Dioses –con delicadeza comencé a desabrochar su blusa.

-Sí, y con eso no se jodía por aquella época –ella se dio vuelta y me sacó la remera.

-No, para nada –me agaché para sacarle los zapatos y las medias.

-Hay quien dice que sus ideas fueron las que le sirvieron de base a Moisés para fundar el judaísmo –ella acariciaba mi espalda.

-Mmmm, permitime que lo dude… -con suavidad le quité el pantalón.

-¿De qué siglo estamos hablando? –ahora ella acariciaba mi pecho.

-Y… Dinastía XVIII, décimo faraón… calculale siglo XIV A.C. –con cuidado le terminé de sacar la blusa.

-Y si… medio tarde… -ella se agachó para desatarme los cordones.

-Tampoco hay que subestimar la influencia de su esposa, Nefertiti, en todo esto –yo le acariciaba el pelo…

-No, por supuesto, pero ¿sabés lo que más me impresionó siempre? –dijo mientras me sacaba las medias.

-¿Qué cosa? –con cariño retiré su collar y sus aros.

-El arte de esa época –dijo, y me desabrochó el cinturón.

-¿El arte? –mis manos se animaron con su bretel.

-Sí, vos fijate que el arte egipcio en general se destaca por la belleza de los cuerpos. Pero durante el reinado de Akhenatón podés ver que en las estatuas había barrigas, que los bajorrelieves mostraban cabezas alargadas, que incluso llegaban a ser feos… -ella me quitó el pantalón.

-Tenés razón, nunca había reparado en eso… -retiré con cuidado su corpiño.

-Por supuesto que con Tutankamón todo volvió a la normalidad… -ella quedó cara a cara frente a mí.

-Los sacerdotes de Amón-Ra se encargaron muy bien de eso… -me agaché y retiré su tanga.

-Bien sabido es que Tutankamón fue un títere… -ella hizo lo mismo con mi boxer.

-Sí, el único motivo por el que pasó a la historia es porque su tumba fue la única que se encontró sin profanar –nuestros cuerpos quedaron desnudos y abrazados.

-Y eso que no era de las más gro…

Entonces le comí la boca e hicimos el amor en todas las posiciones imaginables.

Cortejo de Águilas

Fly me to the moon – Frank Sinatra

En la recepción me tomaron mi nombre, examinaron mi DNI y se ocuparon cuidadosamente de conocer las intenciones de mi visita. Les expliqué que tenía una cita con la señora, pero eso no alcanzaba para sus estrictas medidas de seguridad. Por supuesto que yo estaba de acuerdo con eso, eran demasiado importantes los negocios que teníamos que tratar. En esta ocasión yo representaba al pez chico, pero eso no era motivo para sentirme disminuido. Yo también se mostrar mis dientes.

Mi cliente es una empresa de software e IT que en los últimos años tuvo un crecimiento exponencial. En menos de 36 meses habían pasado del llano a la élite, en una carrera maratónica. Ahora, la multinacional a la que ella representaba había puesto sus ojos en mis representados. Su intención es comprar el 51% del paquete accionario, propuesta que se hizo apenas una semana después de que la SRL se convirtió en Sociedad Anónima.

Ella tiene fama de implacable. Los que la conocen dicen que es hermosa, fría y letal como una serpiente, o como una sirena. Comenzó a hacerse un nombre cuando a los 26 años trajo de Estados Unidos a dos niños norteamericanos hijos de un matrimonio argentino en crisis. Las cortes de aquellos lugares son muy firmes en cuanto a temas de semejante delicadeza. Ambos padres habían vuelto al país, pero al ser futuros ciudadanos del Tío Sam, la corte había decidido que la custodia debía estar en el país del Norte, y que de ninguna manera una nación del tercer mundo podía ser mejor para ellos que el país en que habían nacido. Ella supo envolverlos en sus argumentos de tal manera que no sólo los niños viajaron a Buenos Aires al día siguiente sino que el mismo fiscal que oficiaba de contraparte le ofreció trabajo allí. Ella estuvo tres años formándose profesionalmente en New York, hasta que según dicen la falta de mate y la mala calidad de la carne la hicieron volver a su terruño. Pero con el antecedente de su éxito su llegada no fue en silencio. No tardó mucho en ser contratada por las más importantes firmas y en tener su propio estudio. Era a todas luces una profesional exitosa. Pero también era de cuidado, claro.

Yo no lo era menos.

Cuando entré a su oficina ella le dijo a su secretaria que nos deje solos y trabó la puerta. El lugar era inmenso, y estaba presidido por un amplio ventanal que miraba directamente a Puerto Madero y más allá el Río y la costa uruguaya.

Ella era exactamente lo que esperaba encontrar. Una atractiva mujer con una postura firme y segura de sí misma. A primera vista me hizo recordar a Uma Thurman, su rostro refinado, sus cabellos rubios, su andar felino. Pero en sus ojos color almendra se adivinaba un fuego interior casi diría inextinguible. Llevaba un trajecito sastre color negro, sobre una blusa blanca de seda. Los anillos que adornaban sus manos y la cadena que colgaba de su cuello, así como el dije que la coronaba eran inconfundiblemente de oro. Como sus cabellos.

-Buenos días doctora, he oído hablar mucho de usted –la saludé, al tiempo que le extendía mi mano.

-Lo mismo yo de usted, doctor –me contestó-. Evidentemente nuestra reputación nos precede.

Black Mamba, pensé.

¿Cómo explicar la sensación de su mano al estrechar la mía? Suave pero firme, delicada, de una sensualidad asombrosa, pero al mismo tiempo fría y calculadora. Su sonrisa de labios rojos contrastaba con su piel tan blanca, y su mirada transmitía cinismo, seducción y oportunidad.

-Bien, doctora, tenemos importantes asuntos que discutir.

-Estamos de acuerdo en eso. Pero por favor, llámeme D. Si no le molesta lo voy a llamar M. ¿Gusta un habano?

Me tendió una cajita de madera llena de auténticos Cohiba, con humidificador y todo. Acepté gustoso. Nuestra charla comenzó a través de la necesidad que tenían mis clientes de conservar algo de poder en cuanto a la toma de decisiones, ya que era muy importante el trabajo realizado como para desinteresarse del mismo, pero al mismo tiempo reconocían que las posibilidades de desarrollo al ampararse en la estructura y la experiencia que los clientes de ella podían ofrecer crecían de manera fantástica, algo que ellos estaban perfectamente de acuerdo en permitir.

Siempre que no los dejaran afuera de la torta, claro.

-Bueno, por supuesto que a veces el más pequeño de los participantes puede quedar un una posición un tanto… vulnerable. Por supuesto, es posible dejarlos cubiertos como para evitar desagradables sorpresas –me dijo ella.

-¿Pero…? -le pregunté.

-Pero por supuesto, eso depende en parte de tu desempeño, M.

Ella salió de detrás del escritorio de roble y se me acercó. El silloncito de cuero donde yo estaba era cómodo y reclinable, pero al mismo tiempo funcional a sus intenciones. De manera que sin previo aviso me echó para atrás y se sentó a horcajadas sobre mi falda. D. comenzó a desanudar mi corbata lila de seda italiana. Por un ligero segundo pensé en las arrugas que exhibiría el pantalón de mi traje Armani preferido cuando tuviese mi reunión de las dieciséis horas con el grupo Roggio. Pero bueno, tal vez tuviese tiempo de pasar por casa y cambiarme. De manera que si a D. no le importaba el estado de mi guardarropa, a mí tampoco me iba a importar el de ella. Así que con mi mano derecha tomé los dorados hilos de su cabello por la espalda y con la izquierda hice saltar los botones de su blusa. Entonces apareció ante mí el encaje de lycra rojo de su corpiño que antes solo intuía, y allí fue cuando hundí mi cara en su cuello.

¿Qué puedo decir? D. resultó, tal como me habían prevenido, una negociadora implacable. En todo momento se mostró ávida de dominar la situación, pero yo le demostré que no soy un juguete manejable. Simplemente la dejaba llevar las riendas hasta que creía que tenía controlado el partido, y en ese momento la daba vuelta y la ponía a mi merced. D. es una mujer intensa, intimidante, arrolladora, pasional y misteriosa. Pero a fin de cuentas es una mujer. Aunque claro, no dejo de reconocer en ella su personalidad, su carácter, su talento y por sobre todo su audacia.

Debo reconocerlo, espero con ansias nuestro próximo enfrentamiento.

3º 9

Eran cerca de las cinco de la tarde cuando llegué a esa esquina de Devoto. Me acerqué al portero eléctrico, tercer piso departamento nueve. Subí por la escalera y al llegar toqué el timbre. La puerta se entreabrió unos centímetros y una voz de mujer me preguntó “¿Usted es el masajista?” Respondí que sí y me dejó entrar.

Ella era una mujer joven, no llegaba a los 30 años, hermosa de cara, pelo lacio castaño oscuro, no muy alta pero con un cuerpo muy bien proporcionado. Sólo un baby doll de seda azul cubría ese cuerpo. Me indicó que la siguiera y me llevó hasta su habitación. Entonces le dije que se acostara boca abajo en la cama. Tomé un poco de aceite y se lo empecé a pasar por la espalda. Para hacerlo tuve que bajar los breteles del baby doll y dejar su piel al descubierto. Con delicadeza empecé a masajearla por los hombros, recorriendo sus omóplatos y su columna. Mis manos la acariciaban, tomaban su piel, se dejaban llevar por su sedosa textura. “¿Solamente la espalda me va a masajear?”, preguntó. Entonces levanté el baby doll por sobre sus nalgas y descubrí que no tenía ropa interior. Con delicadeza comencé a untar con aceite sus piernas. Mis manos recorrían sus gemelos, sus muslos, hasta llegar a sus deliciosos glúteos. Ella dejó escapar un gemido. Mis manos se aventuraron hacia la cara interna de su entrepierna y sutilmente rozaron su intimidad. Ella no opuso resistencia, Entonces besé su cuello. Ella volvió a gemir, y esta vez sin disimulo mis dedos buscaron su sexo. Mis labios buscaban sus orejas, y entonces ella se dio vuelta para encontrarlos con su boca. Todo el esplendor de su cuerpo desnudo quedó ante mis ojos. Ella me rodeó con sus brazos y comenzó a besarme con pasión. Mis manos fueron a buscar sus pechos, hermosos e inmaculados. Mis labios bajaron a degustarlos, su sabor era incomparable. Todo el sabor de su cuerpo era incomparable. Ella tomó la iniciativa de probar también el mío, y así quedamos entrelazados sobre su cama. En un momento no aguantó mas y su boca susurró en mi oido: “Cogeme”. Entonces me encaramé sobre ella y la poseí largo rato, con el baby doll puesto y de diferentes maneras.

-Estuvo fantástico, amor –me dijo luego del segundo estallido.

-La próxima te toca a vos hacer de enfermera, dale? -respondí.

Las dos caras de un Encuentro

Ufff jueves. Todavía falta un día más. Menos mal que ya terminó. Mejor me voy al alter-office a tomar algo, capaz que encuentro algún conocido. Alguien habrá.

Y alguien hay. Nayla. Qué linda. No sé si hay onda, pero qué linda está. ¿Y la otra quien es? Ahh si, la chica de RRHH. Creo. Serán amigas. Y bueno, yo me mando. Hola chicas, me puedo sentar? Epa. ¿Me pareció o la rubia me sonrió? Y bueno, si te abren la puerta aprovechá. Mmmm Nay no da mucha bola. ¿Y vos como te llamas? Eugenia, qué lindo nombre. ¿Adónde vas Nay? ¿Te vas? Bueno. Chau Nay. Hasta la próxima. Carajo. Te me escapaste otra vez. ¿Y vos, Euge, qué onda? Soltera, casada, separada? Soltera. Ahhh. Mmm. Qué cagada. Las solteras tienden a querer dejar de serlo. Bueno, vamos a ver, a lo mejor es liberal. Y sí. Obvio que me iba a preguntar a mí ahora. ¿Y qué le digo? Soltero, claro. Me saqué el anillo ¿no? Sí, menos mal. Y bueno. Vamos a ver qué onda. Ahhh, así que juntás latitas. Qué lindo. Qué garcha me importan tus latitas. Sonrisa, Mauricio, sonrisa. Nunca la pierdas. Siempre es bueno tener un backup por las dudas. Dios, cómo habla. A ver si meto algún bocadillo. ¿Y qué hacés de tu vida cuando salís de la oficina? Ahh, gimnasio, relax en casa. A ver, esto es clave. Acá decidimos si seguimos adelante o no. ¿Acaso hay alguien dando vueltas por tu vida? Ups. ¿Novio? ¿Relación seria? ¿Cansada de la falta de compromiso? ¿¿¿HIJOS???

Un gusto conocerte Euge. Es tarde, ¿te acompaño hasta tu auto? Sí, claro, dame tu teléfono. Claro, el mío es 0800-NOMEENGANCHASNIENPEDO. Te llamo, claro que te llamo. Sí, dame un beso, eso no se le niega a nadie. Hasta la próxima Euge. Que te garúe finito.

Mejor me vuelvo a casa antes de que la bruja haga escándalo.

La otra cara en Cuentos de Todos, blog de Eugemartinucci http://blogsdelagente.com/cuentos-de-todos/2008/8/3/las-dos-caras-un-encuentro-

Espontánea

Habíamos tenido unas cuantas charlas por msn, nos habíamos pasado los celulares incluso, hasta que finalmente generamos el encuentro. Mi auto estaba chocado, así que le propuse encontrarnos en una disquería de Corrientes y Callao. Cuando yo ya estaba ahí, ella entonces recién me avisó que venía en coche.

-Me hubieses avisado y no te hacía venir al centro…

-Está bien, soy así, espontánea…

Llegó treinta minutos después en un Ka gris metalizado. Era conciente de haber parado mal y no le importaba demasiado. Se bancó las puteadas de los demás automovilistas como la lady que era, y al subir yo a su auto me recibió con un beso y nos pusimos en marcha.

Ninguno de los dos sabíamos bien a donde ir, y luego de un par de vueltas llegamos a la zona de Plaza Serrano. Ella finalmente propuso un barcito que encontramos en una esquina. Al entrar nos encontramos con un lugar verdaderamente cálido, con un patio cubierto donde reinaba un hogar a leña. Cerca de él nos ubicamos. La luz era tenue, y en cada mesa ardía una vela.

-Qué lindo lugar, ¿lo conocías?

-No, me mandé así, de impulso.

Tomamos unas cervezas y hablamos sobre todo lo que se nos ocurrió. Luego de gastar una buena cantidad de saliva, comenzamos a intercambiarla. No era tarde aún, y fue ella la que propuso:

-Da para seguir con una cena, ¿no?

-¿Y se te ocurre algún lugar bueno para eso?

-Mi casa…

Me confesó más tarde que lo dijo sin siquiera pensarlo, pero no se arrepentía. Llegamos y luego de compartir algunos besos la vi que se dirigía a la heladera y comenzaba a mirar la puerta.

-¿Qué hacés? -le pregunté.

-Busco algún buen delivery…

-Largá esos imanes, dejame que te agasaje.

Esta vez el impulso fue mío, de manera que ábrí la puerta de la heladera y con agrado encontré todo lo que necesitaba. Tomé una botella de martini a medio abrir y busqué una sartén grande donde volqué un buen chorro. Luego puse en ella unos cuantos bifecitos de lomo correctamente desgrasados y dejé que se cocinaran con calma. Puse a hervir arroz blanco y mientras tanto ella me ayudó a picar cebolla de verdeo, puerro y morrón rojo, y yo con mucho cariño fileteé los champignones. Rehogamos todo en una sartén y cuando fue el momento le agregamos un pote de crema de leche. Luego de unos minutos estuvo listo para servir, y fue entonces que me dirigí hacia donde estaba mi mochila y saqué de ella una botella de tinto bonarda cosecha 2005 que había estado esperando el momento de conocerla.

-¡Epa! ¿Y eso? -me preguntó.

-La vi cuando estaba por salir de casa y me la traje -contesté.

La cena fue encantadora. hablamos, comimos, nos besamos, todo a la luz de una vela que de la nada ella trajo para no romper el clima. No teníamos ningún apuro, los dos sabíamos lo que íba a pasar y simplemente nos deleitábamos en saborear la espera. Finalmente nuestros cuerpos cedieron a la pasión contenida, y el amor nos cobijó debajo de sus sábanas.

La última imagen que tuve antes de dormir fue su cara de porcelana, su expresión de nena grande, sus rubios cabellos que jamás se dejaban domar.

Lo primero qué ví al despertar fue cuatro niños, entre siete y once años, que me miraban con curiosidad.

-Mamá, ¿Quién es el señor que está durmiendo con vos?

-Mi nuevo novio, chicos. Querido, vení que te los presento.

Ella es tan espontánea.

Para vos, que sé que me estás leyendo…

Fin de la Noche (Parte 7 final)

Viene de Cuentos de Todos, Blog de eugemartinucci

Me desperté cerca de las seis de la tarde y ella me estaba mirando, sentada al borde de la cama, perfecta en espléndida desnudez. Aproveché para mirarla bien, para fijar en mi memoria ese cuerpo que había pasado por mi vida con la intensidad de un Beethoven y la delicadeza de un Mozart. Su inmaculada tez daba el marco perfecto a esos ojos donde los míos se hundían, presos de su irresistible magnetismo. Sus rubios cabellos caían libres y salvajes por sobre sus hombros , y aunque amagaban no querían cubrir sus pechos. Esos hermosos pechos, pequeños pero turgentes, dueños de una presencia y una sensualidad que los destacaba. Su vientre, liso, duro, hermoso, como si fuese obra de un escultor enamorado. Sus piernas, esas piernas que fueron de lo primero que ví en ella pero que a la luz del sol que entraba por la ventana cobraban otra vida. Puse una mano afectuosa sobre su pierna y ella me recibió al mundo de la vigilia con un beso.

Ya sería cerca del mediodía cuando nos dormimos. En un momento llegó su amiga pero ella prefirió volver conmigo. Mas tarde preparó un desayuno para los dos. Y después de desayunar volvimos a la pieza.

No sé cuántas veces fueron. No las conté ni me interesó. Sí puedo decir que cada una fue más mágica, mas intima y más placentera que la anterior. No me apresuré en vestirme. No quería irme en realidad. Pero la noche se ha terminado y nuestro tiempo juntos también. Entonces llega el momento del adiós. Al despedirnos ella me besa con esos labios húmedos y encantadores a los que tan bien me acostumbré.

Vuelvo rápidamente a mi hotel, subo y empaco de prisa. No me baño, quiero llevarme su olor, su sudor, sus jugos que aun me cubren. Mañana trabajo, mis vacaciones han llegado a su fin.

¿Volveré a ver a Eugenia en Buenos Aires? No lo sé.

Tal vez la magia viaje con nosotros 400 kilómetros.

Tal vez ni se acuerde de mí a la vuelta.

Pero esta noche no se me va a borrar de la memoria.

La ruta una vez más será mi compañía. La noche vuelve a caer. Hoy es día de recambio, todo el mundo está volviendo. Pierdo tiempo en el peaje, hay demasiada cola. Mi mano busca el celular, seguramente para fijarse la hora. Sin obedecer a mi voluntad, mis dedos marcan el número de ella.

“Te espero en Baires, Eugenia, no tardes mucho”.

FIN

¡Gracias Toter por llevarme a Sobremonte!!!!!

Fin de la Noche (Parte 5)

Viene de Cuentos de Todos, Blog de eugemartinucci

…TA QUE TE PARIÓ EVARISTO!!!

No lo puedo creer, justo cuando iba a cumplir la fantasía del ascensor vuelve la luz. Bueno, ya está en todo caso. Fue un mal momento, pero el ascensor finalmente llega al piso donde vive Eugenia. Nos acomodamos la ropa lo más rápidamente posible y al llegar lo vemos a Evaristo en el palier esperándola. Le pide disculpas de todas las maneras que se le ocurre, y ella solo atina a echarlo con una diplomacia que me sorprende y me fascina. Saca la llave de la cartera, abre la puerta del departamento. Cuando entramos nos quedamos frente a frente y al mismo tiempo nos miramos y nos reimos. Está todo bien. Ella me abraza y me besa. Suavemente, pero con pasión. Mis manos bajan por su espalda hasta que dejan atrás su minifalda, entonces vuelven a subir y se encuentran con la piel de sus glúteos. Ella se suelta, me regala una sonrisa y se aleja rumbo a la cocina. “¡Qué momentoooo!” me dice, y algunas frases de compromiso más. Vuelve al minuto con una botella de tinto Syrah, dos copas y un sacacorchos. Me lo ofrece y yo destapo la botella. Las copas se vuelven color rubí y se reflejan en nuestros ojos como señal de la lujuria inminente. Brindamos. El sol entra por la ventana, el nuevo día se presenta. Ella desabrocha mi camisa y luego con sensualidad se quita la blusa. Yo la miro y siento la sangre que se me amontona al sur del continente. Entonces ella me toma de la mano y con suavidad me lleva hasta su cuarto. Una vez allí me quita los pantalones y me regala una deliciosa chupada. ¡Qué bien lo hace! ¡Qué suavidad! ¡Qué calidad! Siento su lengua subiendo y bajando por mi pija con delicadeza, dedicación y hasta me animaría a decir amor. Mis ojos se van para atrás, ya estoy fuera de este mundo, estoy perdido en una dimensión llamada La Boca de Eugenia. La dejo hacer un buen rato, pero en un momento decido que está bien y retiro su cabeza de mi entrepierna. Todavía no le quiero dar mi esencia, ya habrá tiempo para eso. Hago desaparecer la minifalda. Los tacos se quedan, por supuesto. El corpiño y la tanga, no. Mis manos recorren su piel, la acarician, mi boca la besa, encuentra sus pezones, se adueña de ellos, los muerde con delicadeza, los chupa, los saborea. Mis manos llegan hasta sus nalgas, las separan, la atraen hacia mí. Mi lengua dibuja un mapa del placer en su piel, y así llega hasta su pubis perfectamente depilado. Ok, no tan perfectamente pero es lo de menos. Entonces mi lengua y su vulva comienzan un largo y profundo diálogo que solo será interrumpido varios minutos después cuando ella quite mi cabeza para echarme en la cama y subirse encima mío. Agarra un preservativo de la mesita de luz y con maestría me lo pone ayudándose con su boca. Entonces monta sobre mí dándome la espalda al tiempo que yo me agarro de sus tacos, y comienza a moverse de manera lenta y regular, con un vaivén de caderas digno de una gimnasta rusa. Mi cuerpo acompaña su movimiento, y lo hace durante varios minutos más. Finalmente el bamboleo se vuelve cada vez más frenético y juntos llegamos a la cima del placer.

Un cigarrillo compartido sirve de preámbulo para una nueva vuelta.

Continúa mañana en Cuentos de Todos, Blog de eugemartinucci

Fin de la Noche (Parte 3)

Viene de Cuentos de Todos, Blog de eugemartinucci

Ya está. Aceptó. Ahora solo queda subir. Entramos juntos al ascensor y allí continuamos con el ritual de los besos. Pronto entraremos a su departamento. No me le voy a tirar encima de una, no puedo parecer desesperado. Tal vez le acepte algo de beber. El sol ya entrará por la ventana, compartiremos una copa de vino tinto en el sofá mientras nos miramos a los ojos. La volveré a besar, y ahora sí mis manos buscarán su espalda, sus pechos, sus piernas. Ella también mi acariciará y sin apuro irá desabrochando mi camisa. Besaré su cuello, sus orejas. Quitaré de en medio esos molestos breteles. Ella acariciará mi pecho. Sus manos bajarán lentamente hacia mi vientre. Ya sin falsos pudores me quitará el cinturón y abrirá mi bragueta. Me tocará en lo más íntimo y presa del deseo abrirá su boca para engullirse mi…

CRANK!!!

-¿Hay alguien en el ascensor? -preguntó la voz del portero.

-Siiii, ¿qué pasó Evaristo? -preguntó ella.

-Saltaron los tapones de todo el edificio señorita Eugenia. Le pido disculpas pero va a tardar un rato porque no sabemos de qué departamento salió la falla. Aguantesé, es un ratito nomás.

Podía sentir su excitación. Podía sentir la humedad que ya la cubría en sus partes más íntimas. Podía sentir su completa respuesta hacia mí. Pero lo cierto es que estábamos encerrados en un ascensor con la luz cortada.

Mierda.

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Fin de la noche (Parte 1)

La serie que a continuación inicia encuentra su origen en los comentarios vertidos en los post Sobremonté en Sobremonte (parte 1) y Sobremonté en Sobremonte (Final Part) del querido amigo Toter a quien con cariño va dedicada.

La noche de Mar del Plata terminaba, y el sol con timidez comenzaba a teñir el cielo de celeste. Salimos de Sobremonte rumbo al estacionamiento. Debo decir que mi ego estaba por las nubes, ella era hermosa, refinada, inteligente, culta, tal vez profesional y lo más importante: acababa de subir a mi auto.

-¿Para que lado agarro, bombón? -le pregunté.

-Dale derecho por Constitución hasta el mar que yo te guío.

Tenía poco tiempo para actuar. En la euforia de la disco era muy poca la información que había conseguido, y si quería terminar la noche con ella tenía que enterarme de un par de cosas en unos pocos minutos. Aquí cada segundo perdido minaba mis posibilidades de estar desnudo con ella en una cama en las próximas horas. Así que comencé.

-¿Sos de acá o estás de vacaciones?

-Estoy de vacaciones, soy de Buenos Aires en realidad.

En otro contexto hubiese intentado acercarme por ese lado, buscar lugares comunes de la ciudad a la que los dos pertenecíamos, pero en ese momento era irrelevante. Ya habría más tiempo.

-Ahhh, ¿Estás parando en un hotel?

-No, Estoy parando con una amiga en el departamento de mis viejos.

-¿Y tu amiga? ¿No quiso salir esta noche?

-Sí, salió conmigo, pero se fue con un chico que conoció en Sobremonte.

¡BINGO! Era la mejor noticia que podía escuchar. Estaba ahí, en mi auto, con una hermosa mujer con la que bailé toda la noche y compartí una botella de Champagne, llevándola a su departamento donde estaría sola y donde con un poco de chamuyo conseguiría hacerle compañía. Lo que siguió fue un poco más riesgoso. Ya tenía la información que necesitaba, ahora era el momento de utilizarla. Entre primera y segunda, tercera y cuarta, mi mano derecha acariciaba sus piernas, casi totalmente descubiertas por una minifalda que no tenía ganas de taparlas. Ella respondió con una sonrisa y acarició mi mano con la suya.

-Llegamos Bebé. Es aquel edificio que está allá.

Ahora sí había llegado el momento de la verdad, en el que se resolvería si la excursión de la noche era un éxito o un fracaso. Ella amagó con darme un beso en la mejilla, pero fue entonces cuando mi lengua hizo irrupción en su boca, jugando y buscando el punto exacto en que ella diría “Sí”. Entonces finalmente hice la pregunta.

-¿Subimos?

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Por Colectora

La cita era a medianoche, ella llegó a la una. No era la primera vez que se veían, así que él no se sorprendió. Los mozos del restó no ocultaron demasiado su fastidio al verlos llegar a esa hora, pero a él no le importó. Cenaron, bebieron, rieron. Como en cada encuentro, vivían la noche como si fuese la última. El champagne tiene efectos afrodisíacos sobre algunas personas, y ellos no eran la excepción. continuaron la noche en un bar. Luces bajas, velas, música tenue, un ambiente muy íntimo que favorecía la excitación que iba creciendo. Las burbujas seguían haciendo su trabajo. Las manos se encontraban, las bocas se mezclaban, las lenguas se entrelazaban. la temperatura entre ellos crecía ya avanzada la noche, y entonces, cuando sentían que la ropa les sobraba, ella pronunció la sentencia.

-Ya está bien, vámonos a un hotel.

Se subieron al auto. La madrugada los saludaba plagada de estrellas, y la luna acompañaba su camino. La mano derecha de él iba de la palanca de cambios a la pierna descubierta de ella, y todo parecía asegurar una noche inolvidable. El auto buscó la playa de estacionamiento, y cuando estaban ingresando una voz invisible les dijo detras de un vidrio polarizado:

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Era un contratiempo, por supuesto, pero no era el único hotel de la ciudad. apenas anduvieron 20 cuadras cuando se encontraron con otro, y al llegar a la ventanilla el conserje les dijo:

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Entendieron que se les había hecho demasiado tarde, pero la mutua necesidad de sus cuerpos era más fuerte. Buscaron uno, dos, tres, cuatro hoteles más, y en todos ellos recibían la misma respuesta.

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Decidieron utilizar un recurso extremo, y así fue que tomaron Panamericana rumbo al norte. En Ruta Hotel, Los Jardines de Babilonia, Magnus, la frase resultaba recurrente.

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Mientras el manejaba alejándose de la Capital, ella no aguantó más y le dijo:

-Metete por colectora.

Allí, en un rincón oscuro al costado del camino, dieron rienda suelta a su pasión sin salir del auto. En posiciones inimaginables se dieron placer con sus lenguas, sus manos y su sexo. ella se habia montado a horcajadas sobre él en el asiento de atrás y ahora se movía de arriba a abajo sobre su carne enhiesta. No era la primera vez que estaban juntos, él ya conocía sus preferencias, sus tiempos, su magnifica entrega y sus ansias de lujuria. Por eso no se sorprendió cuando entre gemidos ella le dijo:

-¡El culo! ¡Dámela por el culo! ¡QUIERO QUE ME HAGAS EL CULO!

Él lo estaba esperando, y aunque la situación no era la más propicia, acomodó las piernas de ella sobre su pecho, retiró su miembro y con suavidad, aprovechando la lubricación que su vagina les otorgaba, apoyó el glande en el ano con delicadeza y dejó que ella hiciera el trabajo de empujar. En el exacto momento en que la penetración se concretaba, ella lanzó el grito más desgarrador que él jamás hubiese oído.

-¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!!!!!

-¡Seeee dale guacha gozá, sentime adentro como sé que te gusta!

- ¡Ay! ¡Ay! ¡Sacámela por favor que me duele, ay SACÁMELA DALE SACÁMELA!

-¡Dale no te me vengas a hacer que no querés si siempre me lo pedís! ¡Sentime adentro tuyo amor!

-¡No, pará, boludo que me dió un calambre en la pierna! ¡AAHHHHH!

Él apenas tuvo tiempo de ensayar una expresión de desconcierto. El movimiento de ella fue instintivo, casi reflejo. Simplemente no pudo aguantar más y tuvo que estirar su pierna con violencia para contener el calambre. En el camino estaba el rostro de él. No lo noqueó, pero lo desestabilizó lo suficiente como para que los dos cayeran para lados opuestos. Aún seguían conectados por la más íntima de las vías.

El grito de dolor salió al mismo tiempo de ambas gargantas. Todavía no sabían que había sido, pero tenían claro que algo entre ellos acababa de romperse.

Cuarenta minutos después ella bajó rengueando del auto para entrar a su casa. No se dió vuelta para despedirse, aunque sabía que no volvería a verlo. Él estaba considerando en ir a la guardia de un hospital.

Mientras manejaba empezó a analizar seriamente la necesidad de conseguirse un bulo.

Instructivo para el placer oral de una dama

(Niños salgan por favor de delante del monitor)

Tal vez por una cuestión de baja autoestima, tal vez por querer dejar un recuerdo inolvidable, lo cierto es que siempre antepuse el placer de mi compañera al mío. Estoy convencido de que si yo hago que ella la pase bien, ella se va a encargar de que a mi no me falte lo que le doy. Y el recurso oral es la mejor manera de sacarle mil gritos a una mujer sin necesidad de gastar cartuchos que despues serán necesitados. De manera que en la intimidad del cuarto suelo comenzar con cautela, besando cuello y orejas, degustando el sabor de su lengua y quitando de a poco la envoltura de algodón que los mejores caramelos llevan. Una vez en ropa interior me muevo hacia sus clavículas, corro con mis dedos los breteles y amago sin llegar hasta sus pechos. Con mis manos desabrocho el corpiño y acaricio su espalda, mi boca llega hasta la curvatura de sus pechos sin pasar por sus pezones. Pero los miro, los mido, los huelo, los presiento, los respiro. Entonces la punta de mi lengua decide timidamente catar su sabor, con un golpecito primero, con dedicación después, para finalmente darles suaves mordiscos y hundirlos en mi boca con deleite. Primero uno y luego el otro, asi durante un buen rato. Para este momento mis manos ya buscarán el fino encaje de su tanga, y mientras la quitan con delicadeza mi boca va bajando por el vientre. Se entretiene con el ombligo, juega con la aparente perfección de la piel y se desliza hacia el sur. Mis manos toman el lugar que mi boca dejó vacante en sus pechos y con las puntas de mis dedos jugueteo suavemente con los pezones, firmes, erectos, duros como está mi masculinidad aún dentro del pantalón. Mi lengua llega a su objetivo pero no toma posesión en el momento. Una vez más investiga la zona, explora los pliegues de la piel, está atenta a los primeros gemidos que el oido le trae. Encuentra sus labios, esos otros labios que no se dejan ver como sus pares del norte pero que besan igual o mejor que aquellos. Mi lengua los toma, los acaricia, los muerde, los aprisiona. Escondido entre ellos encuentra su pequeño interruptor de pasiones, y lo saluda con timidez primero, le habla con rodeos, se mueve por sus alrededores, hasta que finalmente toma confianza y lo besa como besó a esa otra lengua ya tan lejana. Los gemidos aumentan, siento unos dedos que se mezclan entre mi pelo, un vientre que se sacude, y voy por mas. Con mi lengua masajeo aquel botón largo rato, mientras mis dedos buscan entre sus nalgas mi próximo objetivo. Lo encuentran tímido pero expectante, no sabe si le darán participación pero ansía, comparte la humedad que le llega desde el frente y espera que llegue su turno. Mi lengua que ya llegó al Polo Sur circunvala dos centímetros hacia el norte encuentra aquel territorio tantas veces inexplorado. Lo rodea, lo apura, lo acaricia y lo penetra. Los gemidos ya son gritos, y los dedos se prenden a mi cabello como desesperados. Mis dedos toman el lugar que mi lengua dejó rojo y mojado, y atienden al clítoris con la suavidad y la dedicación que a este le corresponde. Entonces mientras mi lengua ya juega dentro del ano otros dos dedos se introducen en la vagina, y buscan el lugar que muy pronto ocupará mi sexo ya desbocado. Entonces los gritos crecen, los tirones se multiplican, los músculos se contraen y mi compañera estalla, en una catarata de placer y múltiples sensaciones.
Todavía no me quité la ropa.

(Gracias Ale Sweet por el título)

Apenas un detalle

Javier JJB dice:
Hola Flor

Florencia dice:
Hola Javi

Javier JJB dice:
jajaja venimos hablando hace un rato ya y nos saludamos igual!
Florencia dice:
será que tenemos ganas de saludarnos frente a frente?
Javier JJB dice:
mmmm no se…
Javier JJB dice:
puede ser…

Florencia dice:
de todos modos tendríamos que conocernos un poquito mas primero…
Javier JJB dice:
estoy de acuerdo
Javier JJB dice:
empiezo por mí

Florencia dice:
dale

Javier JJB dice:
Me llamo Javier, tengo 35 años
Javier JJB dice:
Soy abogado
Javier JJB dice:
separado
Javier JJB dice:
dos hijos

Florencia dice:
ah si?
Florencia dice:
chiquitos?

Javier JJB dice:
mmm mas o menos
Javier JJB dice:
la nena tiene 7 años
Javier JJB dice:
camila
Javier JJB dice:
mi amorcito
Javier JJB dice:
El nene tiene 13
Javier JJB dice:
tomas

Florencia dice:
ahhh que distanciados

Javier JJB dice:
si… no son de la misma madre…

Florencia dice:
ahh entiendo
Javier JJB dice:
y vos?

Florencia dice:
yo…
Florencia dice:
Florencia
Florencia dice:
33 años
Florencia dice:
saliendo de un largo letargo…
Javier JJB dice:
Ahh y como es eso?

Florencia dice:
mi marido
Florencia dice:
mi ex marido a esta altura
Florencia dice:
es feo tomar conciencia de haber sido cornuda tantos años
Javier JJB dice:
ahhh comprendo
Javier JJB dice:
en mi profesión veo mucho de eso
Javier JJB dice:
hay mujeres que llegan devastadas
Javier JJB dice:
uno debería ser psicólogo tambien, je
Florencia dice:
jajaja me imagino…
Florencia dice:
pero bueno
Florencia dice:
por ahora trato de pensar en mi trabajo
Florencia dice:
y en mi
Florencia dice:
ya le dedique demasiado tiempo de mi vida a ese

Javier JJB dice:
Y si, por supuesto
Javier JJB dice:
y que buscas para vos
Javier JJB dice:
?

Florencia dice:
la verdad?
Florencia dice:
lo que te dije
Florencia dice:
pase mucho tiempo de mi vida dormida
Florencia dice:
dedicandome a la casa y a el
Florencia dice:
hoy quiero vivir

Javier JJB dice:
Y qué significa vivir?

Florencia dice:
querés saber qué significa?
Florencia dice:
significa joda
Florencia dice:
significa hombres
Florencia dice:
significa sexo

Javier JJB dice:
upa

Florencia dice:
sabes hace cuanto que no me regalan un buen orgasmo?
Javier JJB dice:
mmmmm
Javier JJB dice:
creo que diste con el hombre indicado…

Florencia dice:
quiero sentirme mujer
Florencia dice:
quiero gozar con un buen pedazo de carne adentro mio
Florencia dice:
quiero chupar y ser chupada
Javier JJB dice:
mmmmmmm
Javier JJB dice:
suena muy lindo todo eso
Javier JJB dice:
y me encantaria poder dártelo
Javier JJB dice:
encontrarme con vos y besarte los labios
Javier JJB dice:
las orejas
Javier JJB dice:
el cuello

Florencia dice:
mmmm

Javier JJB dice:
entretenerme con tus pechos…

Florencia dice:
siii
Florencia dice:
que lindo

Javier JJB dice:
hundir mi lengua en la tibia humedad de tu vagina y saborear tu clítoris…

Florencia dice:
siiiii

Javier JJB dice:
ser uno con el universo y volar juntos hasta donde el cielo se convierte en infinito…

Florencia dice:
que dijiste?

Javier JJB dice:
eh?

Florencia dice:
Carlos?
Javier JJB dice:
Como me llamaste?

Florencia dice:
Carlos sos vos hijo de puta^?

Javier JJB dice:
Mónica?

Florencia dice:
A todas les decis el mismo verso que me dijiste hace diez años la concha de tu madre??????

Javier JJB dice:
Mónica que haces que no estas cuidando a los chicos?????!!!!
Javier JJB dice:
Que andas queriendo hacerte coger???

Florencia dice:
Si, la puta que te pario, si te voy a esperar a vos me tengo que matar a pajas!!!
Javier JJB dice:
Ah no no no para, esas son las cosas que haces mientras estoy en el laburo???

Florencia dice:
Si, y ya veo las que haces vos!
Florencia dice:
Con razón hace un mes que no me tocás un pelo!
Florencia dice:
Quien sabe cuantas locas te habrás volteado por ahí!
Javier JJB dice:
Ahh claro, la señora anda de levante virtual y ahora yo tengo la culpa!
Javier JJB dice:
Hace cuanto que me metés los cuernos monica????

Florencia dice:
Suguramente no hace tanto como vos!!!!

Javier JJB dice:
Mira, hoy cuando llegue a casa vamos a hablar muy serio!
Florencia dice:
Si señor, claro que vamos a hablar!!!

Javier JJB dice:
Nos vemos en casa! Chau!
Florencia dice:
Chau!

Decálogo del Pirata Online

Guía práctica para el Joven Pirata

Hoy: levante online

En caso de que usted sea un joven o no tan joven pirata dispuesto a sacudir la web en busca de un agujero donde mojarla, debe tener en cuenta una serie de pasos a seguir. Para un trabajo ordenado hemos reducido su tarea a una serie de 10 pasos básicos e inamovibles a los que podremos llamar el Decálogo del Pirata Online.

Los pasos a seguir para la obtención de una señorita (o señora, vaya uno a saber) son lo siguientes:

1.Búsqueda: Sea en salones de chat, páginas de búsqueda, foros o blogs, fotologs, comunidades 2.0 o cualquiera de los lugares donde es posible comunicarse con desconocidos a través de Internet, es importante fijarse bien donde poner el ojo antes de efectuar el disparo. En principio asegurarse la disponibilidad geográfica de la señorita. No tiene sentido levantarse una camboyana por muy buena que esté. A menos, claro, que usted esté en Camboya, lo que facilitaría el trámite. Por otro lado la señorita al menos a primera vista debe ser de su agrado. Pocas cosas más desagradables que mirar el espejo del techo de la habitación y preguntarse “¿Esto me estoy comiendo?” Y por último, sondear la disposición de la susodicha a realizar los actos que usted quiere realizar con ella. ¿Se imagina que luego de un mes de chamuyo la dama en cuestión le diga que en realidad es virgen y está por meterse a un convento? Esta es la parte del proceso donde uno más expuesto al fracaso está. No se deje ganar por la frustración, el que persevera logra su cometido. Siempre.
2.Contacto a través de la red original: la mayoría de estos lugares poseen mensajeros instantáneos, mensajes privados o alguna manera por la cual usted podrá acercarse a la presa sin dejar evidencia al mundo exterior. Por este medio deberá realizar el primer contacto. Atención: si la dama hizo público su msn en la página de origen, Ud. IGUALMENTE debe realizar el primer contacto desde el mensajero. Una solicitud de msn no requerida puede ser considerada una intromisión y resultar contraproducente, aunque la señorita haya puesto un cartel bien grande que diga “AGREGAME!!!!!!!!!!” Nunca hay que dejar de tener en cuenta la volatibilidad de la naturaleza femenina.
3.Luego de un contacto de determinada duración a través del mensajero se procederá a solicitar el msn. Esto nunca se debe hacer de manera directa, ya que puede ser considerado agresivo, sino que se debe intentar que resulte casual. Por ejemplo: «Che, este mensajero es re lento, ¿que te parece si pasamos al msn que es mas cómodo y no se traba tanto?»; «Uhh ¡me mata la impaciencia de tener que eperar a que me llegue tu próximo mensaje! ¿Qué te parece si nos pasamos el msn así charlamos mejor?»; «Ahh, ¡ojalá tuviera acá mis emoticones! ¿Qué tal si pasamos al msn así puedo expresarme como me gusta?»
4.Charla por msn: Una vez obtenido el msn, la charla a través del mismo debe resultar casual y por sobre todo personalizada. No existe una fórmula segura para todas las mujeres. Aquí entra en juego el talento chamuyero del pirata. Si del otro lado hay una mujer sensible pasando por un mal momento, debe ofrecérsele cariño y contención. Si hay una mujer liberada y sexualmente activa, no hay que dudar en poner énfasis en los aspectos fornicatorios. Hay toda una gama de matices entre una y otra que el pirata debe desentrañar.
5.Promediando la charla el pirata llevará como por casualidad el tema hacia lo bueno que sería encontrarse, sin proponerlo directamente pero abriendo la posibilidad. V.G.: “Personalmente debés ser una mujer impactante”; “¡Wow, todo lo que tendrás para decir con una cerveza de por medio!”; “Sí, yo tambien me muero de ganas por ver esa película en el cine.” Sutileza.
6.Luego de que la idea ya esté plantada, solo queda arreglar el encuentro. Éste debe darse en un lugar público pero no multitudinario. El Obelisco, el Congreso o Plaza de Mayo serían los últimos lugares a elegir, Un bar no muy grande en una zona de fácil acceso es ideal. El lugar debe resultarles igual de cómodos a ambos. Por ejemplo, si usted vive en San Isidro y ella en Nuñez, proponga como lugar de encuentro el McDonald’s de Cabildo y Monroe. Luego podrán ir a otro sitio, pero es un lugar de clara referencia difícil de no encontrar. Recuérdelo: procure que ella no se tenga que desplazar tanto como usted. Es una gentileza que será reconocida.
7.El siguiente paso es fundamental: luego de arreglar el encuentro y antes de cerrar la ventana de msn, es IMPRESCINDIBLE el intercambio de celulares, y la comprobación de los mismos mediante mensajes de ida y de vuelta. El no hacerlo implicará que el riesgo de no concretar el encuentro se eleve a un 85%.
8.Bien, ya estamos en el encuentro propiamente dicho. Aquí es donde las armas de seducción virtuales del pirata dejan lugar a las reales. El pirata corre con la ventaja de tener ya suficiente información sobre la fémina como para saber exactamente qué puntos tocar para que la misma se derrita a sus pies. En este momento nada tienen que ver la apariencia física ni la disponibilidad monetaria, es todo cuestión de Charme.
9.Si el punto anterior ha sido bien ejecutado, es momento de llevar a la señorita a un hotel. El buen pirata no necesita que le expliquen que hacer en la habitación del hotel. Prometo más adelante una guía de procedimientos dentro de la habitación de un hotel para aquellos que no son buenos piratas.
10.Una vez cumplimentado el acto, y en aras de seguir ejerciendo la honrosa profesión de pirata, es momento de descartar a la dama de nuestro cuento para recomenzar el procedimiento una vez más desde la página número uno. La doctora Ale Sweet recomienda una buena forma de hacerlo en este link .

Espero que esta guía les haya servido de ayuda y recuerden: No dejen de usar preservativo y tengan saludables polvos.



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