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Linepithema humile

Siempre fuimos tan soberbios.

Los hechos se dieron más o menos de este modo. A fines del XIX Argentina estaba pasando por un cierto período de esplendor que le permitía exportar materias primas a todo el mundo. La mayoría de esas exportaciones se hacían por barcos que salían de Buenos Aires y llegaban a distintos puertos en todas partes del mundo. En muchos de esos barcos viajaron algunos polizones casi invisibles: hormigas. Y no sólo hormigas comunes, obreras estériles que morirían al llegar a tierra, no: también viajaron reinas fertilizadas dispuestas a fundar nuevas colonias.

Pero estas hormiguitas viajeras tenían una particularidad: en Argentina, su tierra, tendían a luchar ferozmente entre miembros de distintas colonias. Bastaba con poner juntas a dos hormigas de dos barrios cercanos para ver cómo se atacaban a mordiscones y se arrojaban sustancias tóxicas, en una lucha sin tregua hasta que una de las dos moría. En el extranjero, sin embargo, conocieron el cooperativismo. Tal vez al encontrarse en un ambiente extraño y hostil, las distintas colonias de hormigas argentinas establecieron una política de mutua ayuda, y así fueron creciendo en número y expandiéndose. Su instintiva agresividad fue canalizada hacia las especies locales, generalmente muy superiores en tamaño pero impotentes ante el número cada vez mayor que tenían las invasoras. Lenta y silenciosamente fueron creando su imperio. En lugar de crear nuevas colonias independientes unas de las otras como todas las demás hormigas, éstas fueron formando megacolonias comunicadas entre sí, construyendo monstruosos hormigueros de miles de kilómetros de extensión. Para comienzos del XXI toda la costa oeste de Estados Unidos, Italia, España, Portugal, Francia, Suiza, Hawai, Australia y Nueva Zelanda habían pasado a formar parte de su dominio, exterminando o desplazando a sus rivales autóctonas y alterando los respectivos ecosistemas.

Si bien ya para finales del XX estaban consideradas como plaga, fue la extinción de la lagartija cornuda costera de California la primera señal importante de alarma. Esta lagartija se alimentaban de hormigas nativas, 10 veces más grandes que las argentinas, pero a esta altura notablemente inferiores en número. En su afán expansionista las invasoras eliminaron a sus rivales y dejaron sin alimento a los reptiles, que se negaban a comer a las nuevas habitantes debido a su sabor amargo y desagradable.

Poco a poco las hormigas sudamericanas iban tomando el mundo, formando más colonias y eliminando a más especies. Los esfuerzos por exterminarlas, fumigando amplias zonas con insecticidas varios, resultaban inútiles. Dejó de ser un asunto de los entomólogos cuando se dieron cuenta de que habían alcanzado un número que les permitía desafiar no sólo a sus pares sino a otras especies más grandes. El 7 de agosto de 2006 a las tres de la mañana los habitantes de Waco, Texas, fueron atacados por un ejército de cientos de miles de millones de hormigas. Su ínfimo tamaño y su enorme cantidad constituían su gran fuerza. Podían escurrirse hasta por lo huecos más pequeños de los edificios y eliminar a sus ocupantes no sólo a mordiscones, sino también provocándoles la muerte por asfixia al penetrar en grandes cantidades por todos los orificios del cuerpo de los pobladores. La victoria fue aplastante. Waco quedó en poder de los insectos, y ni siquiera el poderoso ejército americano pudo hacer nada. Uno a uno fueron tomando pequeños pueblos, y luego pequeñas ciudades. Como si tuvieran algún sistema de comunicación intercontinental el 1º de enero del 2007 la isla de Ibiza, en España, cayó en manos del diminuto Imperio.

Fue entonces que Argentina se convirtió en la Tierra Prometida. A alguien se le ocurrió que los argentinos habían convivido cinco siglos con sus hormigas sin problemas, y que allí sería un lugar seguro. Y por un tiempo lo fue. A medida que el mundo iba cayendo bajo la dominación de las hormigas la Patagonia Argentina, hasta entonces despoblada, se fue llenando de nuevos pueblos y ciudades adonde llegaban exiliados de todo el mundo. Mientras tanto las Naciones Unidas, con Estados Unidos a la cabeza, se habían convertido en un organismo militar decidido a exterminar a las hormigas de la faz de la tierra. Pero esto no resultaba fácil. Habían vivido millones de años más que nosotros en este planeta, y eran resistentes incluso a la radiación atómica. Podían meterse por donde querían y no había forma de eliminarlas sin destruir el lugar donde se hubiesen asentado, ya fuese un pueblo o una gran ciudad como Washington, que con todo su poderío cedió el 4 de julio de 2007 ante la cantidad abrumadora del invasor. Al escuchar la noticia de la evacuación del Pentágono, el mundo comprendió que una época había terminado.

Lo que siguió fue casi un trámite. El modus operandi de las hormigas era prácticamente el mismo en todas las ocasiones: atacaban a la madrugada, cuando las ciudades estaban más indefensas. En pocas horas terminaban con la población. Los que podían, huían, los que no, morían. Las invasoras sabían lo que querían: ni perros, ni gatos, ni demás animales eran atacados. De esta manera fueron cayendo New York, París, Londres, Tokio, Beijing, Hong Kong, Sydney. Oceanía fue el primer continente completo en ser desalojado de vida humana a principios de 2010. Luego le siguió África. El otrora poderoso Estados Unidos fue el país más golpeado de América: sólo algunos poblados ubicados más al norte, en el estado de Maine, sobrevivían para fines de 2011. En 2012 ya habían caído Europa y Asia. Sólo restaba América del Sur.

Todo el terror que se había apoderado del mundo a partir de 2007 apenas se había sentido al sur del Ecuador. Brasil, Venezuela, Chile y especialmente Argentina vivieron su momento de mayor esplendor al recibir a los refugiados de todo el mundo. Pero cuando el problema mundial se tornó incontrolable la economía de estos países no pudo resistir la gran demanda de alimento. Entonces llegaron ellas.

Hasta 2012 las hormigas habían respetado a sus pares de América del Sur, quizás por una suerte de cosanguineidad que les impedía volverse contra sus ancestros. Pero con la guerra casi ganada sólo restaba conquistar esa parte del mundo para exterminar esa plaga llamada ser humano y volver al orden natural tan añorado. Durante los primeros meses del año las batallas entre las que venían del norte y las que nunca se habían ido del sur eran interminables. Pero a mediados de mayo las hormigas desaparecieron de Sudamérica. Era imposible encontrar una sola por ningún lado. Algunos optimistas creyeron que finalmente se habían exterminado entre ellas y festejaron. Pero no: estaban firmando un acuerdo. El 16 de junio de 2012 a las 03:45 hora de Argentina atacaron cada hogar, cada edificio, cada persona que encontraron desde el Amazonas hasta Tierra del Fuego.

Desde mediados del Siglo XX estábamos convencidos de que nosotros mismos provocaríamos “el fin del mundo”, mediante guerras nucleares, destruyendo el medio ambiente o asesinados por nuestras propias máquinas. Hoy sobrevivimos 63 familias en la Antártida, refugiados en la Base Comodoro Marambio con comida para un año y medio y sin posibilidad de reabastecernos, ya que pisar el continente significa una muerte segura e inmediata. Esperamos indefensos nuestra propia extinción.

Siempre fuimos tan soberbios.

Poca Cosa


Recostado sobre su cama, Fabio afinó cuidadosamente las seis cuerdas de la guitarra y ensayó un La menor 7, el acorde más triste que conocía. Se puso a jugar con la típica base La-Re-Mi, blues rural y cuadrado, una estructura sencilla con un sinfín de posibilidades. Trabajaba como repartidor en un local de venta de café suelto, pero su mayor anhelo era desentrañar los secretos del blues y poder ganarse la vida con su vocación. Todos los días practicaba un poco con la viola, ya había dominado el shuffle y de a poco se le animaba al slide. Sin embargo sabía que el camino era cuesta arriba, el blues no estaba de moda y ni siquiera era fácil conseguir músicos para formar una banda. Algo había conseguido, de todos modos. Ya tenía cantante y baterista, pero no había forma de conseguir un bajista como la gente. Pensaba en eso y empezaba a deprimirse. Y más ganas de tocar blues le venían. Pensaba en Robert Johnson, que con una mano atrás y otra adelante había grabado veintinueve temas que hicieron historia. Se decía que le había vendido el alma al diablo. Se decía lo mismo de muchos. No le importaba que se dijera lo mismo de él si descubría los secretos del blues. No le importaba venderle el alma al diablo con tal de conseguirlos…

La temperatura en la habitación había subido. De pronto Fabio creyó ver algo que se corporizaba enfrente suyo. Había estado fumando, pensó que podría ser eso, pero no. Algo estaba tomando forma delante de él.

El Diablo no era como lo que uno normalmente esperaría (si es que se puede considerar normal esperar al Diablo). De hecho sólo parecía alguien muy pasado de moda. Usaba un traje gris a rayas que parecía sacado de alguna película argentina de los años treinta, un sombrero bombín, una camisa de seda amarilla y una corbata de moño bordeaux. Fuera de eso, era una persona común y corriente con un par de detalles fuera de lugar, como orejas puntiagudas y ojos amarillos con pupilas rojas. Fabio no podía creer lo que sus ojos le mostraban.

- Perdón por la facha, pero vengo de atender unos asuntitos del siglo pasado –dijo finalmente el Diablo-. Permítame que me presente, mi nombre es Luzbel, pero si quiere puede decirme Señor. Normalmente de este tipo de negocios se ocupa Mefistófeles, que es mi encargado de RRPP, pero últimamente estamos con tanto trabajo que hasta yo tuve que salir a la cancha. Bien, usted me dirá por qué motivo me ha llamado.

Después de unos segundos sin poder reaccionar, Fabio finalmente volvió a la realidad. Sí, eso estaba pasando, el Diablo mismo estaba con él en su cuarto. Fabio tragó saliva y comenzó a hablar.

- Es cierto, yo lo invoqué, Señor. Quiero ser el más grande guitarrista de blues que jamás haya existido, quiero ganar fama y fortuna con mi instrumento, quiero que las mujeres mueran por mí y que cada vez que desee algo lo pueda conseguir sin mayores esfuerzos. Quiero ser poderoso.

- Veo que vuela alto, mi amigo –respondió Luzbel-. Está bien, me gusta la gente con ambiciones grandes, siempre implica un desafío realizar sus pretensiones. Ahora bien, sabrá usted que todo tiene un costo. Nosotros especialmente menos que nadie estamos para hacer beneficencia. Y comprenderá que cuanto mayor es el desafío, mayor es el precio. Entonces lo escucho, ¿cuánto está dispuesto a pagar por ver su sueño convertido en realidad?

Fabio no sabía qué decir. Jamás había pensado que el precio pudiese ser otro que el alma, en definitiva eso era lo que se estilaba. Firmar con sangre, besarle el culo al diablo, etc. Así lo expresó.

- De modo que lo que usted tiene para ofrecerme es su alma, ¿no es así? –preguntó el Diablo.

- Y… sssí…

- Ahora decime, pedazo de infeliz, ¿vos te pensás que yo realmente te voy a dar toda esa sarta de boludeces que me pedís a cambio solamente de tu alma? ¿Vos sabes la cantidad de almas que puedo conseguir por día sin gastarme ni siquiera en la mitad de las cosas que me estás pidiendo? No hermano, no entendiste nada. Nuestro negocio son los pecados. Las almas las conseguimos a través de los pecados. Cuanto más pecados comete la gente, más ganancias conseguimos. Entonces empezamos a dedicarnos a la producción en masa de pecados. Y lo bien que nos va. Cada vez que el ministro de economía da un discurso, toneladas de ira. Las fotos en las revistas de las casas de los famosos, envidia. Los culos y las tetas que aparecen todo el tiempo en televisión, lujuria. Cuando un patrón le niega el aumento que tanto merece y necesita su empleado, avaricia. E ira del empleado. Dos por uno. Lo que necesitamos no son músicos sino políticos, narcotraficantes, empresarios, funcionarios corruptos, policías, putas, personas que hagan que sus prójimos pequen constantemente, disparadores y vehículos del pecado. Tengo una propuesta mejor para hacerte: te propongo que ocupes uno de estos puestos. Ministro, dictador de un país centroamericano, narco, lo que quieras. Lo único que te pido es que me generes pecado constantemente. A cambio te doy todo lo que me pedías: mujeres, guita, droga, poder, lo que quieras.

Fabio estaba mudo.

- Pero, ¿y el blues?

- El Blues podés tocarlo en tu tiempo libre, qué te importa el blues. Te estoy ofreciendo poder, fama, dinero, y vos me venís con el blues. Todavía lo tengo al infeliz de Robert Johnson taladrándome el cerebro con la guitarrita. No seas logi, agarrá viaje que te va a ir bien.

- Pero yo lo único que quiero es tocar blues…

- Dios mío, me ponés boludos por todos lados –dijo el Diablo mirando al cielo-. Está bien, pibe, seguí con lo tuyo, capaz que algún día llegás a algo. Nos encontraremos en el Infierno.

Fabio se quedó mirando la silla vacía donde segundos antes estaba sentado Luzbel. No terminaba de entender si lo que había visto era real o tan sólo una alucinación. Despacio, volvió a afinar las cuerdas de su guitarra.



Mal Bicho


Aldo Siragusa era un mal bicho, todos sabemos eso. Tuve la desgracia de conocerlo de chico, en la primaria, antes de que existiera la EGB. Ya en aquella época se iba perfilando como lo que finalmente sería: un flor de garca. Yo lo calé de primera, enseguida me di cuenta que ese chabón no era buena yunta para nadie, y trataba siempre de mantenerme a distancia, pero él como una pesadilla se aparecía siempre donde fuera que yo iba. Si iba a la casa del gordo Germán Rey a hacer los deberes, donde su abuela nos preparaba leche con cascarilla, allí aparecía Aldo. Si en cambio iba a lo del Cordobés, quien llegó a ser un buen amigo, Aldo estaba ahí. Si el negro Maidana me decía que todos iban a ver una película a la casa de Martín Ramundo el último día de clases de séptimo grado, Aldo no podía faltar aunque nadie lo haya invitado. Si inauguraban Halley a la tarde y yo decidía ir con mis nuevos amigos de la secundaria, que ni conocían a los viejos, no importa, Aldo no podía faltar. Pero mi mayor sorpresa fue encontrarlo en casa de Martín cuando ese nombre aún existía y la inocencia iba desapareciendo. Mal o bien, él sabía qué clase de persona era Aldo. Sabía incluso qué clase de persona era el padre de Aldo, que cuando su hijo estaba en sexto grado le pedía a la Señorita Ethel (fama de mala y corazón de madre) que lo tratara con “mano dura”, y en casa decía preferir “perder un amigo y no una tripa” antes de rajarse un soberano pedo delante de quién fuera. Para esa época Aldo ya había madurado su plan de vida, y tenía claro que lo que más le gustaba era sembrar la discordia a su alrededor sin que eso dañe su imagen. Aunque eso signifique cagar de todas formas posibles a los que creían que él era su amigo. Por eso cuando vi esa figura odiosamente conocida en la mesa del patio del Tirma lo primero que me surgió fue:

-¿Qué hace este tipo acá?

Por supuesto que no lo dije en voz alta, no era mi casa y no tenía ningún derecho, pero fue la manera que tuve de hacerle ver al quía que meter en su casa ese tipo de gente no era muy recomendable. El tiempo me dio la razón. De un grupo bastante unido que se había formado en aquella época Aldo se las arregló para lograr un grupo de rivales que competían entre sí a ver quién era más capo, armando y desarmando camarillas y finalmente disolviéndolo en medio de un resentimiento generalizado. Ojo, tal vez todo aquello tuvo su costado positivo, ahí se vio quiénes eran los de veras y quienes los truchos, pero no hay que dejar de destacar el mérito de Aldo en todo esto. Él pacientemente se encargó de sembrar odios, celos y envidias entre el resto de los pibes, y siempre se las arregló para quedar como el bueno de la película. Por supuesto que yo fui una de sus víctimas, pero con la diferencia de que a mí no me defraudó, yo sabía exactamente qué podía esperar de él, y exactamente eso fue lo que recibí. Supongo que tal vez yo era peligroso para él, porque sin estar exactamente dentro del grupo, estaba bastante metido, y sabía qué clase de persona era. De hecho, mi inclusión o mi segregación fue una de las causas de la disolución. Pero al final el tiro le salió por la culata. Los pibes al final se dieron cuenta, y él se quedó solo. Sabía que estaba en falta, y cada vez que se cruzaba con alguno (incluso conmigo) bajaba la cabeza. Al final terminó yéndose a vivir a Entre Ríos, donde quedó definitivamente solo, sin nadie a quién joder, y allí tomó su última decisión. Necesitaba sentirse importante, así que a fines del ’98 hizo la gran Yabrán y se llenó la boca de perdigones.

Sería bueno que esta historia fuese ficción, pero no lo es. Hasta los nombres son reales, y sé que nadie se va a ofender porque no hay nadie que lo llore. Eso es lo malo de ser un mal bicho. Uno no será un santo, pero al menos por algún tiempo habrá flores en mi tumba. Bah, eso creo, qué se yo.


Esto es un sueño



Esto es un sueño –dijo.

La plataforma no tenía más de un metro de ancho por dos de largo, su cuerpo entraba justo en ella, y no sobraba espacio para nada. La sostenía una delgada columna que tenía fijada una escalerilla de mano, única manera de acceder o abandonar la plataforma. Él estaba acostado boca abajo sobre ella, y si se asomaba podía ver lo que le esperaba: un vacío de al menos sesenta metros. Estaba en una zona portuaria, al fondo se podían ver grúas y containers. Hacía un momento había estado hablando con alguien por celular, sabía que esa era la razón por la que había subido, pero no recordaba cómo ni paraqué, ni siquiera dónde había dejado el teléfono. La plataforma comenzó a bambolearse con el viento, y el gritó pidiendo auxilio. Entonces comprendió.

-Esto es un sueño –repitió.

Se puso de pie. Siempre había sufrido de vértigo, pero la conciencia de no estar en la realidad le permitió admirar el panorama en toda su grandeza. Al Este podía ver el Gran Río, e incluso la costa uruguaya si se lo proponía. Al Sur, siguiendo la costa, estaban la Vieja Costanera y la Reserva Ecológica, con gente bañándose en las aguas contaminadas. Al Norte la Costanera Nueva, con su bullicio de tráfico, aviones y restaurantes vacíos al mediodía. Y al Oeste la Ciudad. Se sintió libre. Se paró al borde del vacío, extendió los brazos y dio un paso hacia delante. Cuando llevaba diez o quince metros de caída libre volvió a decir:

-Esto es un sueño.

Hizo pie en el aire y volvió a saltar. Ante su propio asombro siguió así, rebotando en la nada y paseándose por el Puerto. Salió por la entrada de la Terminal 4 y anduvo por Antártida Argentina rumbo a Retiro, siempre a los saltos por el aire. La gente lo miraba con la boca abierta y esto le extrañó, porque supuso que en un sueño a la gente le parecería todo normal. Lentamente fue bajando, y cuando por fin tocó el suelo junto a la boca del subte la gente se abrió formando un círculo alrededor de él. Él salió caminando como si nada, pero de a poco iba tomando conciencia de su poder. Estaba en un sueño, su sueño, y nada podía dañarlo, detenerlo o resistirse a su voluntad. Era impune, podía hacer lo que quisiera. Lo primero que hizo fue acercarse a un kiosco de diarios y descolgar todas las revistas de un tirón. Después tomó a una señorita por el escote y con un sencillo golpe de mano la dejó desnuda ahí mismo, en la puerta del Mitre. No tenía ganas de caminar, así que de un salto llegó a la Plaza San Martín y con dos pataditas tiró al suelo a los patricios que hacían guarda en el Monumento a los Caídos en Malvinas. Se sentó en el aire y así, apoyando la cabeza sobre las manos se alejó flotando calle abajo por Florida. ¡Dios, cómo lo disfrutaba!

Cuando llegó a Lavalle se encontró con los primeros arbolitos. “Cambio, cambio”, escuchaba por todos lados. Decidió que no le vendrían mal unos cuantos dólares, y ahí empezaron sus problemas. El viejo al que quiso sacárselos no quería dárselos. De pronto todo el mundo lo empezó a mirar y se encontró rodeado de policías. Sabía que podía derribarlos de un golpe, o escaparse de un salto, pero decidió enfrentarlos.

-Esto es un sueño –se dijo una vez más, y él era el que ponía las reglas. ¿Alto o disparo? OK, disparen. Sólo escuchó un estruendo, y el proyectil candente que se abría paso entre la ropa y la carne, desgarrando el tejido y haciendo estallar el corazón que ya no latiría.

-Esto es un sueño –alcanzó a pensar antes de que la luz se apagara.

-Lo siento mucho, señora –dijo el médico.- Su esposo tuvo un infarto mientras dormía. Ya no hay nada que podamos hacer.

Mientras Escribo

Boomp3.com

Me siento a la computadora, como todos los días. Tengo para eso un cómodo sillón donde puedo ponerme casi horizontal con mis pies recostados en una banqueta. El teclado inalámbrico es algo que brinda mucha libertad de movimientos, y yo me la tomo. Entonces llega ella. Estoy por soltar el teclado y tomarla, pero me dice que no lo haga, que le gusta observarme mientras estoy en mi labor creativa. Que le excita verme. Sigo entonces escribiendo estas palabras. Ella juega con sus manos en mi pelo. Acaricia mi incipiente barba de no haberme afeitado esta mañana. Mis manos teclean, pero el deseo crece en mí. Quiero dejar de escribir, pero ella no me lo permite, me obliga a continuar. Sus palmas recorren mi remera, se deshacen de ella, buscan mi piel, mi vello masculino, juegan con él. Mis tetillas caen entre sus dedos, se sienten estimuladas. Siento su boca besar mi cuello, su lengua penetrar mi oreja, sus dientes morderme. Comienza un recorrido que yo tan bien conozco y que a ella tan bien le sale. Sus manos desabrochan los botones de mi jean mientras su lengua inspecciona mi pecho. Mientras mis dedos escriben estas palabras mis piernas quedan al desnudo. Ella las recorre, le gusta encontrar pelo en todo mi cuerpo, lo siente viril y eso afecta su temperatura. Siento su tacto por sobre mis canillas, mis gemelos, mis muslos. Mi boxer blanco de algodón abulta y ella decide quitármelo de encima. Entonces mi pulgar toca la barra espaciadora y ella se encuentra con mi sexualidad enhiesta. La toma con una mano y la mueve lentamente de arriba abajo mientras con la otra acaricia mis testículos. Acerca su rostro, acaricia con sus mejillas mi miembro ¿o acaso es al revés y mi miembro la acaricia? Con su lengua empieza a lamer mi tronco como si fuera un helado, pero un helado a esa temperatura no tendría la rigidez que mi herramienta tiene en este momento. Ella se toma su tiempo, yo escribo. Con suavidad empieza a darme cálidos besitos que se acercan a mi glande rojo de pasión. Entonces finalmente la lengua lo encuentra y empieza a saborearlo lentamente y casi con timidez. Sus ojos me miran, yo suspiro y sigo abocado a mi tarea, cada vez con mayor dificultad. Su boca por fin engulle mi cabeza que la estaba esperando. Ahora son sus dientes los que recorren mi tronco, rayándolo, seduciéndolo, desafiándolo. Mi sable se desliza hacia lo más profundo de su garganta mientras sus manos me toman de la cadera, atrayéndome una y otra vez contra su cabeza para no dejar ni un milímetro afuera de su boca. Mis dedos se mueven sobre el teclado, pero mis nalgas no pueden quedarse quietas, y ella lo sabe. Cada palabra me cuesta más, cada signo de puntuación es una tortura. Mis manos tiemblan, sostener la ortografía y la sintaxis es todo un reto. Muerdo mis labios, miro el techo, no logro obtener la concentración. Siento que mi cuerpo enfurece y que mi sangre está en ebullición, agolpada en ese rincón que pronto cederá a sus encantos y a su talento.

Entonces finalmente exploto, llenando su boca con mi esencia.

Ella me besa y me autoriza a dejar el teclado de lado.

Por fin.

Sangre Nueva

Considero que lo que trae la edad es experiencia. Y a mí experiencia me sobra.

La invité a pasar a mi piso. Casi siempre trato de ir a un lugar neutro, pero cuando la persona me interesa verdaderamente la llevo a mi casa. En general son mujeres, pero cuando uno ha tenido tanto a veces se hastía y quiere probar otra sangre. De todos modos, como el sabor de una tierna mujer en su plenitud no hay otro. De manera que la hice pasar y la invité a ponerse cómoda. Luego la invité a tomar un trago y le clavé mi mirada, esta mirada irresistible con la que he sido dotado. Ninguna ha logrado mantener sus defensas una vez que posé en ella mi mirada. Entonces, sólo fue cuestión de disfrutar lo que ya había obtenido. Ella se dejó quitar la ropa juguetona. Entonces de a poco fui observando su piel de satén, sus piernas de atleta, su culo de gimnasta y su vientre de odalisca. Con ganas tomé entre mis manos sus pechos firmes y duros como dos manzanas deliciosas, e igualmente dulces. Ella se dejaba hacer hasta que en un momento tomó la iniciativa y comenzó a lamer mi pija con ternura primero, luego con deseo, hasta engullirla con pasión desenfrenada una y otra vez. Yo me dejaba placentero, conciente del postre que me esperaba al final. Seguíamos aún en el living, de manera que la llevé hasta el ventanal y allí, contra el vidrio frío que gobernaba desde el piso 21 a esa Buenos Aires invernal, y despojados ambos de la prisión de nuestras ropas, comencé a disfrutar sobre ella de mis sentidos. Mi tacto primero, recorrer con la yema de mis dedos su cuerpo de una perfección que hasta a mí me había sido raro hallar. Dejarme deslizar por su cuello como un presagio, por sus hombros, tentarme con las rojas frutillas de sus pezones rebosantes de vida, sentir el calor y el color que dormían en la cara interior de sus muslos. Luego era el momento del olfato. Disfrutar del aroma a Channel que despedía, pero mucho más de ese otro a mujer joven y fresca que aún podía encontrarse por debajo del Channel, en su boca, en su vientre, en su sexo. Y en ese sexo comenzar a deleitarme con su sabor, con ese dejo salado que me abordaba desde su flujo, con esas gotas de éxtasis que penetraban a través de mi lengua mientras ella me daba la espalda apoyada contra el vidrio que aplastaba sus pechos y le daba a toda la ciudad el maravilloso espectáculo de una mujer desnuda gozando. Entonces, cuando el momento fue el indicado, me puse de pie y la tomé de las caderas. Con sus manos apoyadas en el blindex hundí mi potencia en su carne tierna y generosa, rebosante en jugo de mujer que me esperaba. Y con un lento y prolongado vaivén la llevé hasta un exquisito orgasmo del que los dos disfrutamos al unísono. Y entonces, así como estaba detrás de ella, con los cuerpos aún recuperándose del momento de placer, me acerqué hasta su cuello y hundí mis colmillos en su yugular. La sangre comenzó a manar en finos chorros escarlata, y mi boca los bebió gota a gota. Creo que los científicos jamás comprenderán cuanta diferencia hay en el sabor de la sangre antes y después de un orgasmo. Poco a poco esa vida que sentía hervir en su interior la fue abandonando, hasta que saciado de mi apetito, y antes de que ella partiera hacia donde ya no la podría rescatar, abrí un tajo con mi uña en una de mis venas y la convidé a beber de ella. Entonces de a poco recuperó el color y la vitalidad. Acababa de morir, es cierto, pero también acababa de nacer a una nueva y larga vida junto a mí. Había sido elegida. No es común que nosotros nos reproduzcamos. Si lo hiciéramos inundaríamos la tierra y pronto nos quedaríamos sin comida. Por eso cada tanto elegimos a una de nuestras víctimas entre todas para que nos acompañe. Hace dieciocho años elegí por última vez, y mi compañera resultó una de las mejores que he tenido en estos siete siglos de existencia. Pero ya es hora de que haga su propio nido, y lo sabe. Ella no está esta noche en casa. Nunca está cuando salgo de cacería. Hace varios meses que vengo eligiendo una nueva hembra para que esté a mi lado, de entre muchas candidatas que fui encontrando en Internet. A veces la tecnología puede ser una ayuda inestimable. Cuando vuelva le presentaré a la nueva integrante de la familia. Ahora corro las cortinas. Pronto llegará ese amanecer que nunca más volveremos a ver. Es hora de descansar.

Mañana la eternidad te espera.

Sympathy for the Devil (Rolling Stones Cover) – Guns N Roses

Una Noche Más

Fever – Michael Bublé


¿Donde está esta chica? Uff si no se apura voy a llegar a cualquier hora. Bah, no sé de que me preocupo si todos llegan tarde en definitiva. Pero claro, después me terminan señalando con el dedo. Las minas son así, arpías, no te dejan pasar una. ¿Dónde se metió? Menos mal que Nachito ya se durmió. Menos mal que no dio lata hoy. Seguro que a la madrugada se va a querer pasar conmigo. Y bueno, Sol ya está acostumbrada a esas cosas. Más que llorar un poco… Pero está cortando dientes… Bueno, nada que un poco de Termofrén no solucione. Estos son los momentos en que lo extraño a Ricardo. Bah, el hijo de puta no me ayudaba para nada de todos modos. Pero se me hace grande la cama… En fin, mientras llega Sol voy a ir acomodando las cosas. A ver, le dejo la mamadera bien limpita… ¿hay SanCor Bebé? Sí, menos mal. Estoy con la cabeza en cualquier lado últimamente. A ver, pañales, óleo, Hipoglós… todo bien. Miralo como duerme, es un amor. ¿Dónde está Sol?

Mensaje. Llego en 20, se rompió el bondi. ¡¡Ay nena, te pago un taxi!! Bue, mientras me preparo. ¿Y qué mierda me pongo? A ver, largo… ¿el negro o el rojo? No, mejor el negro, el rojo me marca mucho las tetas y desde que quedé embarazada están enormes. Parezco Moria. Mmmm pero el negro no va sin corpiño… Y bue, será el rojo… A ver, base, rimmel, delineador, sombra, rouge… ¿Por qué mierda no nací hombre así me afeitaba, me ponía perfume y listo? Encima todavía me arden las piernas de la cera… Nunca más voy con esa mina, es un animal… Y justo a Miriam se le ocurre salir de vacaciones… En todo caso ya está. Bueno, vamos al baño… No te puedo creer. ¿Cómo me vengo a olvidar llena la bañera de Nachito? Encima con todos los juguetes… Y bueno, hay que desagotarla… ¿¿Dónde está Sol???


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Otra vez a la jungla. Como siempre. El chofer detiene el auto. Siempre hay alguno para abrir la puerta y extenderme la mano. Y acá vamos. La alfombra roja, los reflectores, los flashes, las cámaras, y los plomos que preguntan boludeces. En fin, sé que yo me la busqué. Si te gusta la merluza bancate las espinas, decía el Tata. Y la vida no viene despinada. Y bueno. Es el precio de ser una Diva. A regalarle mi mejor sonrisa a esta manada de fieras. Una vez más, ¡comienza el Show!

Un día de laburo

Ella lo esperaba a mediodía en el bar de 9 y 59. Llevaba el cabello recogido con un pañuelo y anteojos oscuros, de los grandes. Él la pasó a buscar en su Mègane Black, completamente negro, vidrios polarizados, seis velocidades. Se saludaron casi tímidamente con un pico y luego tomaron 60 para salir por 13 con rumbo a Camino Centenario. Antes de llegar a City Bell entraron a un hotel. La discreción y el confort eran los denominadores del lugar. La ventanilla del cajero estaba polarizada también, todo el contacto era automatizado y se comunicaban a través de micrófono y parlantes. En ningún momento tomaron contacto con la persona dentro de la cabina. La cochera era individual y tenía un portón para ocultarlos de miradas indiscretas. El lugar entero estaba diseñado para la trampa.

La cochera tenía una escalera que daba directamente a la habitación. Allí se encontraron directamente con la bañera para hidromasaje, redonda, imponente. Más al costado encontraron la gigantesca cama, el televisor de LCD, el frigobar. Ella se quitó el abrigo, los anteojos y se soltó el cabello. Ambos rieron y fueron desvistiéndose, mutuamente y sin prisas. Él se sentó en el borde de la cama y ella comenzó a practicarle sexo oral. A él lo volvía loco cómo lo hacía. Pero esta vez ella quiso intentar algo nuevo. Arrodillada en el suelo, colocó las piernas de él sobre sus hombros para levantar un poco las nalgas y comenzó a acariciarle el perineo. Él, con cierto recelo, se dejó hacer. Entonces, mientras con una mano seguía masturbándolo, su lengua decidió ir en busca de su ano. Él experimentaba una sensación nueva, suponía que le gustaba, pero aún no lo podía asegurar. Entonces ella, casi sin previo y con algo de brusquedad, hundió su índice izquierdo en su recto.

Se escuchó un ruido seco. Él no esperaba esa intromisión en su cuerpo, y su reacción fue casi refleja. Apretó sus piernas y se echó hacia un costado con fuerza.

Entre sus piernas estaba la cabeza de ella.

Él tardó uno o dos segundos en comprender la situación. Con la mano se sacó el dedo que aún estaba en su culo y vio el cadáver tirado en el suelo.

Él comenzó a desesperarse. Estaba en un hotel con el cuerpo muerto de una mujer que no era su esposa y que había entrado junto a él con vida. Durante media hora estuvo dando vueltas, agarrándose la cabeza, tratando de pensar en qué hacer. Se le ocurrían varias formas de deshacerse del cuerpo que había visto en sendas películas, una más macabra que la otra. No se animaba a hacer eso. No se imaginaba tirándola al costado de una ruta ni diseccionándola con una cuchilla de carnicero. Por lo pronto debía hacer algo. Comenzó a vestirla. Si bien el cuerpo no tenía aún la rigidez de un muerto, ya estaba perdiendo calor y flexibilidad. Costó mucho ponerle la ropa, pero la puteada se le escapó mientras le trataba de poner el pañuelo en la cabeza.

Bajarla por la escalera resultó casi imposible. Pudo hacerlo finalmente, pero el esfuerzo lo dejó agotado. Tuvo que decidir si meterla en el baúl o en el asiento delantero. Al final se decidió por el asiento. No quería levantar sospechas al entrar en pareja y salir solo. De manera que tan discretamente como entró se fue del hotel con el cuerpo de su amante como copiloto.

El Mègane se dirigió por Camino Centenario al Norte. Al llegar a Parque Pereyra él sin bajarse del auto reclinó el asiento del acompañante para acomodar el cadáver en el piso entre las dos filas de asientos. No se sentía seguro para nada, pero tenía que actuar lo más fríamente posible. Luego sacó el celular e hizo una llamada.

-¿Julio?

-¿Qué pasa Negrito?

-Necesito que me ayudes viejo. Me mandé una cagada importante.

-¿Qué carajo hiciste esta vez?

-No te puedo contar por celu. Estoy yendo para allá.

-Bueno, te espero. Y guarda con donde te metés.

El Mègane retomó la marcha. La adrenalina lo recorría de punta a punta cada vez que pasaba cerca de una patrulla o de un puesto de control policial.

Cuando estaba llegando al Cruce de Varela dos policías lo detuvieron al costado del camino.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes Oficial.

-Permítame Cédula Verde, Registro y Seguro.

-Aquí tiene, cómo no.

Parado junto a la ventanilla el policía examinó con cuidado los documentos durante un interminable minuto. Él rogaba que no quisiese asomarse al interior del auto.

-Muy bien. VTV no corresponde porque es 0 km.

-Claro, lo compre hace un mes el coche.

-Linda máquina, lo felicito. Aquí tiene. Que siga bien.

-Muchas gracias Oficial, hasta luego.

Mientras arrancaba el auto sintió una leve lipotimia. ¡Dios, qué manera de liberar tensiones! Se recupero enseguida y continuó con su ruta. Siguió por Camino General Belgrano y al llegar a la rotonda encaró por Monteverde. Luego de unos kilómetros de andar se metió por unas calles interiores hasta que encontró una delegación policial.

Se detuvo en la puerta y se asomó para saludar al Suboficial de Guardia.

-¿Qué hacés Cachito? ¿Me lo llamás a Julio?

El suboficial entró a la Comisaría y pronto salió seguido de un policía curtido y corpulento que llevaba en sus hombros insignias de Subcomisario.

-¿Cómo andás Negro? Contame qué te pasó.

-Vení, subite al auto Julito.

El policía obedeció.

-Mirá atrás, en el suelo.

Julio abrió los ojos con estupor.

-¿Qué cagada te mandaste macho?

-Qué se yo, fue sin querer… me estaba chupando la pija y le quebré el cuello…

-Mierda, no sé cómo hizo Verónica para sobrevivir tantos años… Mirá, yo de esta te hago zafar, pero te aviso que te va a salir caro eh…

-Sí, me imagino. Arreglámelo y después me pasás la cuenta.

-Si no fueses mi hermano menor te juro que te recagaba a patadas en el orto. Puta que tq parió Negro… Llevá el auto atrás de la seccional así bajamos el cuerpo…

Él llegó a su casa a la hora de siempre. Impecable, como de costumbre.

-¡Buenas tardes mi amor! –le dijo Verónica- ¿Qué tal tu día de trabajo?

-Uno más, como todos –contestó él.

-¡Hola Papi! –lo saludó Emmanuel- ¿Me ayudás con la tarea de inglés?

-Dale –dijo Vero-, ayudalo que yo mientras preparo la cena.

Él se sentó junto a su hijo en la mesa del living y se pusieron a revisar verbos irregulares.

Tenía claro que la imagen de su rostro pálido y frío ya no lo abandonaría por el resto de su vida.

Akhenatón

-Mirá, te voy a pedir que me entiendas por favor, pero a mi me cuesta un poco. No me pidas que me ponga en bolas de una.

Era la primera vez que entrábamos juntos a un hotel, y claro, ¿Cómo no iba a respetar sus tiempos? De manera que traté de ser lo más contenedor posible. Total, teníamos la noche por delante.

-¿Querés que pidamos algo para tomar? ¿Querés que ponga un poquito la tele?

-Sí, gracias, no dudo que la tele va a estar bien.

De manera que me acerqué a la pared y empecé a revisar que había en los distintos canales. Por supuesto, cuando la prendí lo primero en aparecer fue el canal porno. No me pareció lo más adecuado para el momento. De manera que continué. Ante mí aparecieron los canales de aire, los de deportes. Siguieron los infantiles, series y películas. Después llegaron los de música. Y finalmente los de documentales.

-¿Querés que deje un rato el History Channel?

-Dale, a ver.

Estaban dando la historia de Akhenatón, Faraón del Antiguo Egipto.

-Un grosso Akhenatón –dijo ella.

-Se, un grosso –contesté, mientras comenzaba a masajear sus hombros.

-Bah, más que un grosso, un transgresor -dijo mientras se soltaba el pelo.

-Bueno, fue el primero en instaurar una religión monoteísta -dije yo, y la abracé por atrás y besé su cuello.

-Sí, así se le vinieron todos los sacerdotes encima –ella me acariciaba el pelo por detrás de su cabeza.

-Y bueno, vos sabes que la elite dominante adoraba a Amón-Ra y su panteón de Dioses –con delicadeza comencé a desabrochar su blusa.

-Sí, y con eso no se jodía por aquella época –ella se dio vuelta y me sacó la remera.

-No, para nada –me agaché para sacarle los zapatos y las medias.

-Hay quien dice que sus ideas fueron las que le sirvieron de base a Moisés para fundar el judaísmo –ella acariciaba mi espalda.

-Mmmm, permitime que lo dude… -con suavidad le quité el pantalón.

-¿De qué siglo estamos hablando? –ahora ella acariciaba mi pecho.

-Y… Dinastía XVIII, décimo faraón… calculale siglo XIV A.C. –con cuidado le terminé de sacar la blusa.

-Y si… medio tarde… -ella se agachó para desatarme los cordones.

-Tampoco hay que subestimar la influencia de su esposa, Nefertiti, en todo esto –yo le acariciaba el pelo…

-No, por supuesto, pero ¿sabés lo que más me impresionó siempre? –dijo mientras me sacaba las medias.

-¿Qué cosa? –con cariño retiré su collar y sus aros.

-El arte de esa época –dijo, y me desabrochó el cinturón.

-¿El arte? –mis manos se animaron con su bretel.

-Sí, vos fijate que el arte egipcio en general se destaca por la belleza de los cuerpos. Pero durante el reinado de Akhenatón podés ver que en las estatuas había barrigas, que los bajorrelieves mostraban cabezas alargadas, que incluso llegaban a ser feos… -ella me quitó el pantalón.

-Tenés razón, nunca había reparado en eso… -retiré con cuidado su corpiño.

-Por supuesto que con Tutankamón todo volvió a la normalidad… -ella quedó cara a cara frente a mí.

-Los sacerdotes de Amón-Ra se encargaron muy bien de eso… -me agaché y retiré su tanga.

-Bien sabido es que Tutankamón fue un títere… -ella hizo lo mismo con mi boxer.

-Sí, el único motivo por el que pasó a la historia es porque su tumba fue la única que se encontró sin profanar –nuestros cuerpos quedaron desnudos y abrazados.

-Y eso que no era de las más gro…

Entonces le comí la boca e hicimos el amor en todas las posiciones imaginables.

Cortejo de Águilas

Fly me to the moon – Frank Sinatra

En la recepción me tomaron mi nombre, examinaron mi DNI y se ocuparon cuidadosamente de conocer las intenciones de mi visita. Les expliqué que tenía una cita con la señora, pero eso no alcanzaba para sus estrictas medidas de seguridad. Por supuesto que yo estaba de acuerdo con eso, eran demasiado importantes los negocios que teníamos que tratar. En esta ocasión yo representaba al pez chico, pero eso no era motivo para sentirme disminuido. Yo también se mostrar mis dientes.

Mi cliente es una empresa de software e IT que en los últimos años tuvo un crecimiento exponencial. En menos de 36 meses habían pasado del llano a la élite, en una carrera maratónica. Ahora, la multinacional a la que ella representaba había puesto sus ojos en mis representados. Su intención es comprar el 51% del paquete accionario, propuesta que se hizo apenas una semana después de que la SRL se convirtió en Sociedad Anónima.

Ella tiene fama de implacable. Los que la conocen dicen que es hermosa, fría y letal como una serpiente, o como una sirena. Comenzó a hacerse un nombre cuando a los 26 años trajo de Estados Unidos a dos niños norteamericanos hijos de un matrimonio argentino en crisis. Las cortes de aquellos lugares son muy firmes en cuanto a temas de semejante delicadeza. Ambos padres habían vuelto al país, pero al ser futuros ciudadanos del Tío Sam, la corte había decidido que la custodia debía estar en el país del Norte, y que de ninguna manera una nación del tercer mundo podía ser mejor para ellos que el país en que habían nacido. Ella supo envolverlos en sus argumentos de tal manera que no sólo los niños viajaron a Buenos Aires al día siguiente sino que el mismo fiscal que oficiaba de contraparte le ofreció trabajo allí. Ella estuvo tres años formándose profesionalmente en New York, hasta que según dicen la falta de mate y la mala calidad de la carne la hicieron volver a su terruño. Pero con el antecedente de su éxito su llegada no fue en silencio. No tardó mucho en ser contratada por las más importantes firmas y en tener su propio estudio. Era a todas luces una profesional exitosa. Pero también era de cuidado, claro.

Yo no lo era menos.

Cuando entré a su oficina ella le dijo a su secretaria que nos deje solos y trabó la puerta. El lugar era inmenso, y estaba presidido por un amplio ventanal que miraba directamente a Puerto Madero y más allá el Río y la costa uruguaya.

Ella era exactamente lo que esperaba encontrar. Una atractiva mujer con una postura firme y segura de sí misma. A primera vista me hizo recordar a Uma Thurman, su rostro refinado, sus cabellos rubios, su andar felino. Pero en sus ojos color almendra se adivinaba un fuego interior casi diría inextinguible. Llevaba un trajecito sastre color negro, sobre una blusa blanca de seda. Los anillos que adornaban sus manos y la cadena que colgaba de su cuello, así como el dije que la coronaba eran inconfundiblemente de oro. Como sus cabellos.

-Buenos días doctora, he oído hablar mucho de usted –la saludé, al tiempo que le extendía mi mano.

-Lo mismo yo de usted, doctor –me contestó-. Evidentemente nuestra reputación nos precede.

Black Mamba, pensé.

¿Cómo explicar la sensación de su mano al estrechar la mía? Suave pero firme, delicada, de una sensualidad asombrosa, pero al mismo tiempo fría y calculadora. Su sonrisa de labios rojos contrastaba con su piel tan blanca, y su mirada transmitía cinismo, seducción y oportunidad.

-Bien, doctora, tenemos importantes asuntos que discutir.

-Estamos de acuerdo en eso. Pero por favor, llámeme D. Si no le molesta lo voy a llamar M. ¿Gusta un habano?

Me tendió una cajita de madera llena de auténticos Cohiba, con humidificador y todo. Acepté gustoso. Nuestra charla comenzó a través de la necesidad que tenían mis clientes de conservar algo de poder en cuanto a la toma de decisiones, ya que era muy importante el trabajo realizado como para desinteresarse del mismo, pero al mismo tiempo reconocían que las posibilidades de desarrollo al ampararse en la estructura y la experiencia que los clientes de ella podían ofrecer crecían de manera fantástica, algo que ellos estaban perfectamente de acuerdo en permitir.

Siempre que no los dejaran afuera de la torta, claro.

-Bueno, por supuesto que a veces el más pequeño de los participantes puede quedar un una posición un tanto… vulnerable. Por supuesto, es posible dejarlos cubiertos como para evitar desagradables sorpresas –me dijo ella.

-¿Pero…? -le pregunté.

-Pero por supuesto, eso depende en parte de tu desempeño, M.

Ella salió de detrás del escritorio de roble y se me acercó. El silloncito de cuero donde yo estaba era cómodo y reclinable, pero al mismo tiempo funcional a sus intenciones. De manera que sin previo aviso me echó para atrás y se sentó a horcajadas sobre mi falda. D. comenzó a desanudar mi corbata lila de seda italiana. Por un ligero segundo pensé en las arrugas que exhibiría el pantalón de mi traje Armani preferido cuando tuviese mi reunión de las dieciséis horas con el grupo Roggio. Pero bueno, tal vez tuviese tiempo de pasar por casa y cambiarme. De manera que si a D. no le importaba el estado de mi guardarropa, a mí tampoco me iba a importar el de ella. Así que con mi mano derecha tomé los dorados hilos de su cabello por la espalda y con la izquierda hice saltar los botones de su blusa. Entonces apareció ante mí el encaje de lycra rojo de su corpiño que antes solo intuía, y allí fue cuando hundí mi cara en su cuello.

¿Qué puedo decir? D. resultó, tal como me habían prevenido, una negociadora implacable. En todo momento se mostró ávida de dominar la situación, pero yo le demostré que no soy un juguete manejable. Simplemente la dejaba llevar las riendas hasta que creía que tenía controlado el partido, y en ese momento la daba vuelta y la ponía a mi merced. D. es una mujer intensa, intimidante, arrolladora, pasional y misteriosa. Pero a fin de cuentas es una mujer. Aunque claro, no dejo de reconocer en ella su personalidad, su carácter, su talento y por sobre todo su audacia.

Debo reconocerlo, espero con ansias nuestro próximo enfrentamiento.

3º 9

Eran cerca de las cinco de la tarde cuando llegué a esa esquina de Devoto. Me acerqué al portero eléctrico, tercer piso departamento nueve. Subí por la escalera y al llegar toqué el timbre. La puerta se entreabrió unos centímetros y una voz de mujer me preguntó “¿Usted es el masajista?” Respondí que sí y me dejó entrar.

Ella era una mujer joven, no llegaba a los 30 años, hermosa de cara, pelo lacio castaño oscuro, no muy alta pero con un cuerpo muy bien proporcionado. Sólo un baby doll de seda azul cubría ese cuerpo. Me indicó que la siguiera y me llevó hasta su habitación. Entonces le dije que se acostara boca abajo en la cama. Tomé un poco de aceite y se lo empecé a pasar por la espalda. Para hacerlo tuve que bajar los breteles del baby doll y dejar su piel al descubierto. Con delicadeza empecé a masajearla por los hombros, recorriendo sus omóplatos y su columna. Mis manos la acariciaban, tomaban su piel, se dejaban llevar por su sedosa textura. “¿Solamente la espalda me va a masajear?”, preguntó. Entonces levanté el baby doll por sobre sus nalgas y descubrí que no tenía ropa interior. Con delicadeza comencé a untar con aceite sus piernas. Mis manos recorrían sus gemelos, sus muslos, hasta llegar a sus deliciosos glúteos. Ella dejó escapar un gemido. Mis manos se aventuraron hacia la cara interna de su entrepierna y sutilmente rozaron su intimidad. Ella no opuso resistencia, Entonces besé su cuello. Ella volvió a gemir, y esta vez sin disimulo mis dedos buscaron su sexo. Mis labios buscaban sus orejas, y entonces ella se dio vuelta para encontrarlos con su boca. Todo el esplendor de su cuerpo desnudo quedó ante mis ojos. Ella me rodeó con sus brazos y comenzó a besarme con pasión. Mis manos fueron a buscar sus pechos, hermosos e inmaculados. Mis labios bajaron a degustarlos, su sabor era incomparable. Todo el sabor de su cuerpo era incomparable. Ella tomó la iniciativa de probar también el mío, y así quedamos entrelazados sobre su cama. En un momento no aguantó mas y su boca susurró en mi oido: “Cogeme”. Entonces me encaramé sobre ella y la poseí largo rato, con el baby doll puesto y de diferentes maneras.

-Estuvo fantástico, amor –me dijo luego del segundo estallido.

-La próxima te toca a vos hacer de enfermera, dale? -respondí.

Las dos caras de un Encuentro

Ufff jueves. Todavía falta un día más. Menos mal que ya terminó. Mejor me voy al alter-office a tomar algo, capaz que encuentro algún conocido. Alguien habrá.

Y alguien hay. Nayla. Qué linda. No sé si hay onda, pero qué linda está. ¿Y la otra quien es? Ahh si, la chica de RRHH. Creo. Serán amigas. Y bueno, yo me mando. Hola chicas, me puedo sentar? Epa. ¿Me pareció o la rubia me sonrió? Y bueno, si te abren la puerta aprovechá. Mmmm Nay no da mucha bola. ¿Y vos como te llamas? Eugenia, qué lindo nombre. ¿Adónde vas Nay? ¿Te vas? Bueno. Chau Nay. Hasta la próxima. Carajo. Te me escapaste otra vez. ¿Y vos, Euge, qué onda? Soltera, casada, separada? Soltera. Ahhh. Mmm. Qué cagada. Las solteras tienden a querer dejar de serlo. Bueno, vamos a ver, a lo mejor es liberal. Y sí. Obvio que me iba a preguntar a mí ahora. ¿Y qué le digo? Soltero, claro. Me saqué el anillo ¿no? Sí, menos mal. Y bueno. Vamos a ver qué onda. Ahhh, así que juntás latitas. Qué lindo. Qué garcha me importan tus latitas. Sonrisa, Mauricio, sonrisa. Nunca la pierdas. Siempre es bueno tener un backup por las dudas. Dios, cómo habla. A ver si meto algún bocadillo. ¿Y qué hacés de tu vida cuando salís de la oficina? Ahh, gimnasio, relax en casa. A ver, esto es clave. Acá decidimos si seguimos adelante o no. ¿Acaso hay alguien dando vueltas por tu vida? Ups. ¿Novio? ¿Relación seria? ¿Cansada de la falta de compromiso? ¿¿¿HIJOS???

Un gusto conocerte Euge. Es tarde, ¿te acompaño hasta tu auto? Sí, claro, dame tu teléfono. Claro, el mío es 0800-NOMEENGANCHASNIENPEDO. Te llamo, claro que te llamo. Sí, dame un beso, eso no se le niega a nadie. Hasta la próxima Euge. Que te garúe finito.

Mejor me vuelvo a casa antes de que la bruja haga escándalo.

La otra cara en Cuentos de Todos, blog de Eugemartinucci http://blogsdelagente.com/cuentos-de-todos/2008/8/3/las-dos-caras-un-encuentro-

Espontánea

Habíamos tenido unas cuantas charlas por msn, nos habíamos pasado los celulares incluso, hasta que finalmente generamos el encuentro. Mi auto estaba chocado, así que le propuse encontrarnos en una disquería de Corrientes y Callao. Cuando yo ya estaba ahí, ella entonces recién me avisó que venía en coche.

-Me hubieses avisado y no te hacía venir al centro…

-Está bien, soy así, espontánea…

Llegó treinta minutos después en un Ka gris metalizado. Era conciente de haber parado mal y no le importaba demasiado. Se bancó las puteadas de los demás automovilistas como la lady que era, y al subir yo a su auto me recibió con un beso y nos pusimos en marcha.

Ninguno de los dos sabíamos bien a donde ir, y luego de un par de vueltas llegamos a la zona de Plaza Serrano. Ella finalmente propuso un barcito que encontramos en una esquina. Al entrar nos encontramos con un lugar verdaderamente cálido, con un patio cubierto donde reinaba un hogar a leña. Cerca de él nos ubicamos. La luz era tenue, y en cada mesa ardía una vela.

-Qué lindo lugar, ¿lo conocías?

-No, me mandé así, de impulso.

Tomamos unas cervezas y hablamos sobre todo lo que se nos ocurrió. Luego de gastar una buena cantidad de saliva, comenzamos a intercambiarla. No era tarde aún, y fue ella la que propuso:

-Da para seguir con una cena, ¿no?

-¿Y se te ocurre algún lugar bueno para eso?

-Mi casa…

Me confesó más tarde que lo dijo sin siquiera pensarlo, pero no se arrepentía. Llegamos y luego de compartir algunos besos la vi que se dirigía a la heladera y comenzaba a mirar la puerta.

-¿Qué hacés? -le pregunté.

-Busco algún buen delivery…

-Largá esos imanes, dejame que te agasaje.

Esta vez el impulso fue mío, de manera que ábrí la puerta de la heladera y con agrado encontré todo lo que necesitaba. Tomé una botella de martini a medio abrir y busqué una sartén grande donde volqué un buen chorro. Luego puse en ella unos cuantos bifecitos de lomo correctamente desgrasados y dejé que se cocinaran con calma. Puse a hervir arroz blanco y mientras tanto ella me ayudó a picar cebolla de verdeo, puerro y morrón rojo, y yo con mucho cariño fileteé los champignones. Rehogamos todo en una sartén y cuando fue el momento le agregamos un pote de crema de leche. Luego de unos minutos estuvo listo para servir, y fue entonces que me dirigí hacia donde estaba mi mochila y saqué de ella una botella de tinto bonarda cosecha 2005 que había estado esperando el momento de conocerla.

-¡Epa! ¿Y eso? -me preguntó.

-La vi cuando estaba por salir de casa y me la traje -contesté.

La cena fue encantadora. hablamos, comimos, nos besamos, todo a la luz de una vela que de la nada ella trajo para no romper el clima. No teníamos ningún apuro, los dos sabíamos lo que íba a pasar y simplemente nos deleitábamos en saborear la espera. Finalmente nuestros cuerpos cedieron a la pasión contenida, y el amor nos cobijó debajo de sus sábanas.

La última imagen que tuve antes de dormir fue su cara de porcelana, su expresión de nena grande, sus rubios cabellos que jamás se dejaban domar.

Lo primero qué ví al despertar fue cuatro niños, entre siete y once años, que me miraban con curiosidad.

-Mamá, ¿Quién es el señor que está durmiendo con vos?

-Mi nuevo novio, chicos. Querido, vení que te los presento.

Ella es tan espontánea.

Para vos, que sé que me estás leyendo…

Doppelgänger

A usted le hablo mi querido amigo. Nos conocemos bien, hemos compartido horas de charlas, nos prodigamos mutuo respeto y admiración, y sin embargo nos odiamos tan intensamente…

Recuerdo la primera vez que cruzamos palabra. Sí, la recuerdo, porque la memoria es sabia y guarda los momentos claves, al tiempo que descarta las trivialidades, y sabe como reconocerlas. Es así que mi primer encuentro con usted no se ha perdido.

Es increíble que haya pasado tanto tiempo. Su madre y la mía se habían hecho amigas, y así nuestra amistad fue casi obligatoria. Aquel primer día de salita de tres no fue lo más agradable, Alguien me puso el pie mientras corría y mi nariz fue a dar contra las baldosas del patio. Por supuesto que se que aquella pierna era suya, y usted también lo recuerda. Nunca en todos estos años hubo necesidad de traerlo al caso, pero quiero que sepa que está ahí, no se borra. Recuerdo su casa, divina, impecable, llena de habitaciones, con un inmenso hogar coronando el living y una hermosa pileta coronando el parque. Recuerdo la mía, mucho más humilde por supuesto, y sus filosas palabras que ya de chico me preguntaban cómo es que podía vivir así.

También viene a mi memoria la Señorita Clara, y luego la Señorita Graciela, la Señorita Alejandrina y la Señorita Ethel. Todas ellas lo vieron, pero todas se declararon incompetentes ante lo que no sabían manejar. Los dos éramos brillantes, nuestras calificaciones y nuestros promedios eran los mejores de la escuela, y era la nuestra una sorda competencia por ser cada uno mejor que el otro. Sin embargo, jamás conseguimos sacarnos ni un poco de ventaja. No eran iguales nuestras respuestas en los exámenes, no eran iguales nuestras soluciones a los problemas, ambos demostrábamos una inventiva única, y sin embargo nuestras calificaciones eran las mismas, nuestros boletines eran calcados, y nadie podía acusarnos de copiarnos porque todos sabían que éramos únicos e incomparables.

Nuestros caminos se separaron al llegar a la secundaria, recordará, amigo, tal vez debido a que ninguno de nosotros soportaba ya esa presencia que acompañaba y ensombrecía el propio brillo. ¿Pero se separaron realmente? No tardamos en vernos frecuentando las mismas fiestas, los mismos lugares, compitiendo por las mismas mujeres, a cual más hermosa, rivalizando en popularidad, sabiéndonos ambos encantadores, y aunque no había hombre ni mujer que se resistiera a nuestro carisma y personalidad, evitando siempre la confrontación directa de organizar una reunión social por miedo a que el brillo del otro opaque nuestra estrella.

El tiempo nos convirtió en excelentes RRPP. Los dos teníamos una agenda llena de teléfonos y direcciones que implicaban la apertura de buena cantidad de puertas, y si bien nunca las comparamos, jamás pude entender cómo aquellos contactos que más me costaba lograr podían formar parte de su red también.

En el momento de entrar a la facultad pensé en usted, por supuesto que lo hice. Hacía rato que no sabía de usted más que por referencias, y debía encontrar algo que lo alejara de mi camino. Grande fue mi sorpresa al saber ya en cuarto año de mi carrera que usted andaba por caminos similares, y que pronto ambos seríamos comunicadores sociales egresados de diferentes universidades.

No fue eso obstáculo para apuntar siempre a la excelencia por supuesto. Logré siempre las mejores relaciones, y aún no había obtenido mi título cuando comencé a escribir en una publicación de primer nivel. Mi capacidad de productor periodístico era objeto de admiración, y no tardé mucho en tener la oportunidad de publicar con mi firma mis propios reportajes. Grande fue mi sorpresa cuando al ver mi primer gran entrevista con mi nombre en letras de molde, descubrí que en la misma fecha usted había conseguido lo mismo en la más prestigiosa de nuestras competidoras. A la distancia su sombra continuaba cayendo sobre mí.

Creo que estará de acuerdo conmigo en que el cenit de nuestro paralelismo vino de la mano de Marta y Eugenia. Marta, mi hermosa Marta, la criatura más divina que haya pisado la Tierra. Bella, inteligente, talentosa, dueña de un carácter portentoso y una suavidad sobrecogedora. Enorme fue mi sorpresa cuando en un restaurant me presentó a su hermana gemela Eugenia, igual de encantadora que ella, quien se presentó con usted llevándola del brazo. Increíbles e inmanejables los designios del destino mi amigo, lo cierto es que el evento social que debió tenerme a mí y a mi esposa como protagonistas absolutos, lo tuve que compartir con usted bajo el formato de una boda doble. Noté en sus ojos la misma incomodidad que debió existir en los míos. Y quizás lo peor fue no poder hallar un solo invitado que acudiera a una sola de las bodas, todos eran comunes de nuestras agendas o de nuestras respectivas esposas.

A partir de entonces vivimos en una suerte de espionaje consensuado. Yo sabía de usted a través de mi esposa y usted de mí a través de la suya. Varias veces me ganó de mano al momento de conseguir un reportaje, y fueron otras tantas las que conseguí ganarle yo. Jamás una pizca de ventaja asomaba de ninguno de los dos lados, y llegamos al mismo tiempo a la radio, a los diarios y a la televisión.

El nacimiento de nuestros hijos en la misma fecha producto de sendas cesáreas programadas ya no resultó sorpresa. Creo que ambos sabíamos para esa altura que un cordón invisible ataba la vida de uno con la del otro. Marta y Eugenia lo sabían, y creo aunque nada me lo confirma que a su tiempo fueron mujeres de cada uno de nosotros. Y por supuesto, la trágica muerte de ambas mientras visitaban el World Trade Center no hizo otra cosa que ratificar la odiosa conexión entre nuestros destinos.

A partir de ese momento nuestra competencia se exacerbó, y dejamos de fingir ante el mundo una pacífica convivencia. Nuestras palabras cruzaban de su diario al mío, de su programa a mí programa, y más de una vez me sorprendí modificando mi discurso con el objeto de evitar un acuerdo parcial con usted. Los ofrecimientos políticos no tardaron en llegar, y es así que luego de un importante camino nos encontramos compitiendo por la Jefatura de Gobierno de la ciudad más importante del país.

No lo tome a mal, mi amigo, pero sabemos que sólo uno de nosotros puede ganar esta competencia.

No puedo permitir que gane, pero tampoco puedo permitir que pierda.

Que la tragedia finalmente cierre nuestro círculo diabólico, usted sabe que las cosas en definitiva deben ser así.

Hoy moriremos juntos así como juntos nos hicimos.

Adiós amigo, la Historia nos juzgará.

Fin de la Noche (Parte 7 final)

Viene de Cuentos de Todos, Blog de eugemartinucci

Me desperté cerca de las seis de la tarde y ella me estaba mirando, sentada al borde de la cama, perfecta en espléndida desnudez. Aproveché para mirarla bien, para fijar en mi memoria ese cuerpo que había pasado por mi vida con la intensidad de un Beethoven y la delicadeza de un Mozart. Su inmaculada tez daba el marco perfecto a esos ojos donde los míos se hundían, presos de su irresistible magnetismo. Sus rubios cabellos caían libres y salvajes por sobre sus hombros , y aunque amagaban no querían cubrir sus pechos. Esos hermosos pechos, pequeños pero turgentes, dueños de una presencia y una sensualidad que los destacaba. Su vientre, liso, duro, hermoso, como si fuese obra de un escultor enamorado. Sus piernas, esas piernas que fueron de lo primero que ví en ella pero que a la luz del sol que entraba por la ventana cobraban otra vida. Puse una mano afectuosa sobre su pierna y ella me recibió al mundo de la vigilia con un beso.

Ya sería cerca del mediodía cuando nos dormimos. En un momento llegó su amiga pero ella prefirió volver conmigo. Mas tarde preparó un desayuno para los dos. Y después de desayunar volvimos a la pieza.

No sé cuántas veces fueron. No las conté ni me interesó. Sí puedo decir que cada una fue más mágica, mas intima y más placentera que la anterior. No me apresuré en vestirme. No quería irme en realidad. Pero la noche se ha terminado y nuestro tiempo juntos también. Entonces llega el momento del adiós. Al despedirnos ella me besa con esos labios húmedos y encantadores a los que tan bien me acostumbré.

Vuelvo rápidamente a mi hotel, subo y empaco de prisa. No me baño, quiero llevarme su olor, su sudor, sus jugos que aun me cubren. Mañana trabajo, mis vacaciones han llegado a su fin.

¿Volveré a ver a Eugenia en Buenos Aires? No lo sé.

Tal vez la magia viaje con nosotros 400 kilómetros.

Tal vez ni se acuerde de mí a la vuelta.

Pero esta noche no se me va a borrar de la memoria.

La ruta una vez más será mi compañía. La noche vuelve a caer. Hoy es día de recambio, todo el mundo está volviendo. Pierdo tiempo en el peaje, hay demasiada cola. Mi mano busca el celular, seguramente para fijarse la hora. Sin obedecer a mi voluntad, mis dedos marcan el número de ella.

“Te espero en Baires, Eugenia, no tardes mucho”.

FIN

¡Gracias Toter por llevarme a Sobremonte!!!!!

Fin de la Noche (Parte 5)

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…TA QUE TE PARIÓ EVARISTO!!!

No lo puedo creer, justo cuando iba a cumplir la fantasía del ascensor vuelve la luz. Bueno, ya está en todo caso. Fue un mal momento, pero el ascensor finalmente llega al piso donde vive Eugenia. Nos acomodamos la ropa lo más rápidamente posible y al llegar lo vemos a Evaristo en el palier esperándola. Le pide disculpas de todas las maneras que se le ocurre, y ella solo atina a echarlo con una diplomacia que me sorprende y me fascina. Saca la llave de la cartera, abre la puerta del departamento. Cuando entramos nos quedamos frente a frente y al mismo tiempo nos miramos y nos reimos. Está todo bien. Ella me abraza y me besa. Suavemente, pero con pasión. Mis manos bajan por su espalda hasta que dejan atrás su minifalda, entonces vuelven a subir y se encuentran con la piel de sus glúteos. Ella se suelta, me regala una sonrisa y se aleja rumbo a la cocina. “¡Qué momentoooo!” me dice, y algunas frases de compromiso más. Vuelve al minuto con una botella de tinto Syrah, dos copas y un sacacorchos. Me lo ofrece y yo destapo la botella. Las copas se vuelven color rubí y se reflejan en nuestros ojos como señal de la lujuria inminente. Brindamos. El sol entra por la ventana, el nuevo día se presenta. Ella desabrocha mi camisa y luego con sensualidad se quita la blusa. Yo la miro y siento la sangre que se me amontona al sur del continente. Entonces ella me toma de la mano y con suavidad me lleva hasta su cuarto. Una vez allí me quita los pantalones y me regala una deliciosa chupada. ¡Qué bien lo hace! ¡Qué suavidad! ¡Qué calidad! Siento su lengua subiendo y bajando por mi pija con delicadeza, dedicación y hasta me animaría a decir amor. Mis ojos se van para atrás, ya estoy fuera de este mundo, estoy perdido en una dimensión llamada La Boca de Eugenia. La dejo hacer un buen rato, pero en un momento decido que está bien y retiro su cabeza de mi entrepierna. Todavía no le quiero dar mi esencia, ya habrá tiempo para eso. Hago desaparecer la minifalda. Los tacos se quedan, por supuesto. El corpiño y la tanga, no. Mis manos recorren su piel, la acarician, mi boca la besa, encuentra sus pezones, se adueña de ellos, los muerde con delicadeza, los chupa, los saborea. Mis manos llegan hasta sus nalgas, las separan, la atraen hacia mí. Mi lengua dibuja un mapa del placer en su piel, y así llega hasta su pubis perfectamente depilado. Ok, no tan perfectamente pero es lo de menos. Entonces mi lengua y su vulva comienzan un largo y profundo diálogo que solo será interrumpido varios minutos después cuando ella quite mi cabeza para echarme en la cama y subirse encima mío. Agarra un preservativo de la mesita de luz y con maestría me lo pone ayudándose con su boca. Entonces monta sobre mí dándome la espalda al tiempo que yo me agarro de sus tacos, y comienza a moverse de manera lenta y regular, con un vaivén de caderas digno de una gimnasta rusa. Mi cuerpo acompaña su movimiento, y lo hace durante varios minutos más. Finalmente el bamboleo se vuelve cada vez más frenético y juntos llegamos a la cima del placer.

Un cigarrillo compartido sirve de preámbulo para una nueva vuelta.

Continúa mañana en Cuentos de Todos, Blog de eugemartinucci

Fin de la Noche (Parte 3)

Viene de Cuentos de Todos, Blog de eugemartinucci

Ya está. Aceptó. Ahora solo queda subir. Entramos juntos al ascensor y allí continuamos con el ritual de los besos. Pronto entraremos a su departamento. No me le voy a tirar encima de una, no puedo parecer desesperado. Tal vez le acepte algo de beber. El sol ya entrará por la ventana, compartiremos una copa de vino tinto en el sofá mientras nos miramos a los ojos. La volveré a besar, y ahora sí mis manos buscarán su espalda, sus pechos, sus piernas. Ella también mi acariciará y sin apuro irá desabrochando mi camisa. Besaré su cuello, sus orejas. Quitaré de en medio esos molestos breteles. Ella acariciará mi pecho. Sus manos bajarán lentamente hacia mi vientre. Ya sin falsos pudores me quitará el cinturón y abrirá mi bragueta. Me tocará en lo más íntimo y presa del deseo abrirá su boca para engullirse mi…

CRANK!!!

-¿Hay alguien en el ascensor? -preguntó la voz del portero.

-Siiii, ¿qué pasó Evaristo? -preguntó ella.

-Saltaron los tapones de todo el edificio señorita Eugenia. Le pido disculpas pero va a tardar un rato porque no sabemos de qué departamento salió la falla. Aguantesé, es un ratito nomás.

Podía sentir su excitación. Podía sentir la humedad que ya la cubría en sus partes más íntimas. Podía sentir su completa respuesta hacia mí. Pero lo cierto es que estábamos encerrados en un ascensor con la luz cortada.

Mierda.

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Fin de la noche (Parte 1)

La serie que a continuación inicia encuentra su origen en los comentarios vertidos en los post Sobremonté en Sobremonte (parte 1) y Sobremonté en Sobremonte (Final Part) del querido amigo Toter a quien con cariño va dedicada.

La noche de Mar del Plata terminaba, y el sol con timidez comenzaba a teñir el cielo de celeste. Salimos de Sobremonte rumbo al estacionamiento. Debo decir que mi ego estaba por las nubes, ella era hermosa, refinada, inteligente, culta, tal vez profesional y lo más importante: acababa de subir a mi auto.

-¿Para que lado agarro, bombón? -le pregunté.

-Dale derecho por Constitución hasta el mar que yo te guío.

Tenía poco tiempo para actuar. En la euforia de la disco era muy poca la información que había conseguido, y si quería terminar la noche con ella tenía que enterarme de un par de cosas en unos pocos minutos. Aquí cada segundo perdido minaba mis posibilidades de estar desnudo con ella en una cama en las próximas horas. Así que comencé.

-¿Sos de acá o estás de vacaciones?

-Estoy de vacaciones, soy de Buenos Aires en realidad.

En otro contexto hubiese intentado acercarme por ese lado, buscar lugares comunes de la ciudad a la que los dos pertenecíamos, pero en ese momento era irrelevante. Ya habría más tiempo.

-Ahhh, ¿Estás parando en un hotel?

-No, Estoy parando con una amiga en el departamento de mis viejos.

-¿Y tu amiga? ¿No quiso salir esta noche?

-Sí, salió conmigo, pero se fue con un chico que conoció en Sobremonte.

¡BINGO! Era la mejor noticia que podía escuchar. Estaba ahí, en mi auto, con una hermosa mujer con la que bailé toda la noche y compartí una botella de Champagne, llevándola a su departamento donde estaría sola y donde con un poco de chamuyo conseguiría hacerle compañía. Lo que siguió fue un poco más riesgoso. Ya tenía la información que necesitaba, ahora era el momento de utilizarla. Entre primera y segunda, tercera y cuarta, mi mano derecha acariciaba sus piernas, casi totalmente descubiertas por una minifalda que no tenía ganas de taparlas. Ella respondió con una sonrisa y acarició mi mano con la suya.

-Llegamos Bebé. Es aquel edificio que está allá.

Ahora sí había llegado el momento de la verdad, en el que se resolvería si la excursión de la noche era un éxito o un fracaso. Ella amagó con darme un beso en la mejilla, pero fue entonces cuando mi lengua hizo irrupción en su boca, jugando y buscando el punto exacto en que ella diría “Sí”. Entonces finalmente hice la pregunta.

-¿Subimos?

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Por Colectora

La cita era a medianoche, ella llegó a la una. No era la primera vez que se veían, así que él no se sorprendió. Los mozos del restó no ocultaron demasiado su fastidio al verlos llegar a esa hora, pero a él no le importó. Cenaron, bebieron, rieron. Como en cada encuentro, vivían la noche como si fuese la última. El champagne tiene efectos afrodisíacos sobre algunas personas, y ellos no eran la excepción. continuaron la noche en un bar. Luces bajas, velas, música tenue, un ambiente muy íntimo que favorecía la excitación que iba creciendo. Las burbujas seguían haciendo su trabajo. Las manos se encontraban, las bocas se mezclaban, las lenguas se entrelazaban. la temperatura entre ellos crecía ya avanzada la noche, y entonces, cuando sentían que la ropa les sobraba, ella pronunció la sentencia.

-Ya está bien, vámonos a un hotel.

Se subieron al auto. La madrugada los saludaba plagada de estrellas, y la luna acompañaba su camino. La mano derecha de él iba de la palanca de cambios a la pierna descubierta de ella, y todo parecía asegurar una noche inolvidable. El auto buscó la playa de estacionamiento, y cuando estaban ingresando una voz invisible les dijo detras de un vidrio polarizado:

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Era un contratiempo, por supuesto, pero no era el único hotel de la ciudad. apenas anduvieron 20 cuadras cuando se encontraron con otro, y al llegar a la ventanilla el conserje les dijo:

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Entendieron que se les había hecho demasiado tarde, pero la mutua necesidad de sus cuerpos era más fuerte. Buscaron uno, dos, tres, cuatro hoteles más, y en todos ellos recibían la misma respuesta.

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Decidieron utilizar un recurso extremo, y así fue que tomaron Panamericana rumbo al norte. En Ruta Hotel, Los Jardines de Babilonia, Magnus, la frase resultaba recurrente.

-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.

Mientras el manejaba alejándose de la Capital, ella no aguantó más y le dijo:

-Metete por colectora.

Allí, en un rincón oscuro al costado del camino, dieron rienda suelta a su pasión sin salir del auto. En posiciones inimaginables se dieron placer con sus lenguas, sus manos y su sexo. ella se habia montado a horcajadas sobre él en el asiento de atrás y ahora se movía de arriba a abajo sobre su carne enhiesta. No era la primera vez que estaban juntos, él ya conocía sus preferencias, sus tiempos, su magnifica entrega y sus ansias de lujuria. Por eso no se sorprendió cuando entre gemidos ella le dijo:

-¡El culo! ¡Dámela por el culo! ¡QUIERO QUE ME HAGAS EL CULO!

Él lo estaba esperando, y aunque la situación no era la más propicia, acomodó las piernas de ella sobre su pecho, retiró su miembro y con suavidad, aprovechando la lubricación que su vagina les otorgaba, apoyó el glande en el ano con delicadeza y dejó que ella hiciera el trabajo de empujar. En el exacto momento en que la penetración se concretaba, ella lanzó el grito más desgarrador que él jamás hubiese oído.

-¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!!!!!

-¡Seeee dale guacha gozá, sentime adentro como sé que te gusta!

- ¡Ay! ¡Ay! ¡Sacámela por favor que me duele, ay SACÁMELA DALE SACÁMELA!

-¡Dale no te me vengas a hacer que no querés si siempre me lo pedís! ¡Sentime adentro tuyo amor!

-¡No, pará, boludo que me dió un calambre en la pierna! ¡AAHHHHH!

Él apenas tuvo tiempo de ensayar una expresión de desconcierto. El movimiento de ella fue instintivo, casi reflejo. Simplemente no pudo aguantar más y tuvo que estirar su pierna con violencia para contener el calambre. En el camino estaba el rostro de él. No lo noqueó, pero lo desestabilizó lo suficiente como para que los dos cayeran para lados opuestos. Aún seguían conectados por la más íntima de las vías.

El grito de dolor salió al mismo tiempo de ambas gargantas. Todavía no sabían que había sido, pero tenían claro que algo entre ellos acababa de romperse.

Cuarenta minutos después ella bajó rengueando del auto para entrar a su casa. No se dió vuelta para despedirse, aunque sabía que no volvería a verlo. Él estaba considerando en ir a la guardia de un hospital.

Mientras manejaba empezó a analizar seriamente la necesidad de conseguirse un bulo.

Apenas un detalle

Javier JJB dice:
Hola Flor

Florencia dice:
Hola Javi

Javier JJB dice:
jajaja venimos hablando hace un rato ya y nos saludamos igual!
Florencia dice:
será que tenemos ganas de saludarnos frente a frente?
Javier JJB dice:
mmmm no se…
Javier JJB dice:
puede ser…

Florencia dice:
de todos modos tendríamos que conocernos un poquito mas primero…
Javier JJB dice:
estoy de acuerdo
Javier JJB dice:
empiezo por mí

Florencia dice:
dale

Javier JJB dice:
Me llamo Javier, tengo 35 años
Javier JJB dice:
Soy abogado
Javier JJB dice:
separado
Javier JJB dice:
dos hijos

Florencia dice:
ah si?
Florencia dice:
chiquitos?

Javier JJB dice:
mmm mas o menos
Javier JJB dice:
la nena tiene 7 años
Javier JJB dice:
camila
Javier JJB dice:
mi amorcito
Javier JJB dice:
El nene tiene 13
Javier JJB dice:
tomas

Florencia dice:
ahhh que distanciados

Javier JJB dice:
si… no son de la misma madre…

Florencia dice:
ahh entiendo
Javier JJB dice:
y vos?

Florencia dice:
yo…
Florencia dice:
Florencia
Florencia dice:
33 años
Florencia dice:
saliendo de un largo letargo…
Javier JJB dice:
Ahh y como es eso?

Florencia dice:
mi marido
Florencia dice:
mi ex marido a esta altura
Florencia dice:
es feo tomar conciencia de haber sido cornuda tantos años
Javier JJB dice:
ahhh comprendo
Javier JJB dice:
en mi profesión veo mucho de eso
Javier JJB dice:
hay mujeres que llegan devastadas
Javier JJB dice:
uno debería ser psicólogo tambien, je
Florencia dice:
jajaja me imagino…
Florencia dice:
pero bueno
Florencia dice:
por ahora trato de pensar en mi trabajo
Florencia dice:
y en mi
Florencia dice:
ya le dedique demasiado tiempo de mi vida a ese

Javier JJB dice:
Y si, por supuesto
Javier JJB dice:
y que buscas para vos
Javier JJB dice:
?

Florencia dice:
la verdad?
Florencia dice:
lo que te dije
Florencia dice:
pase mucho tiempo de mi vida dormida
Florencia dice:
dedicandome a la casa y a el
Florencia dice:
hoy quiero vivir

Javier JJB dice:
Y qué significa vivir?

Florencia dice:
querés saber qué significa?
Florencia dice:
significa joda
Florencia dice:
significa hombres
Florencia dice:
significa sexo

Javier JJB dice:
upa

Florencia dice:
sabes hace cuanto que no me regalan un buen orgasmo?
Javier JJB dice:
mmmmm
Javier JJB dice:
creo que diste con el hombre indicado…

Florencia dice:
quiero sentirme mujer
Florencia dice:
quiero gozar con un buen pedazo de carne adentro mio
Florencia dice:
quiero chupar y ser chupada
Javier JJB dice:
mmmmmmm
Javier JJB dice:
suena muy lindo todo eso
Javier JJB dice:
y me encantaria poder dártelo
Javier JJB dice:
encontrarme con vos y besarte los labios
Javier JJB dice:
las orejas
Javier JJB dice:
el cuello

Florencia dice:
mmmm

Javier JJB dice:
entretenerme con tus pechos…

Florencia dice:
siii
Florencia dice:
que lindo

Javier JJB dice:
hundir mi lengua en la tibia humedad de tu vagina y saborear tu clítoris…

Florencia dice:
siiiii

Javier JJB dice:
ser uno con el universo y volar juntos hasta donde el cielo se convierte en infinito…

Florencia dice:
que dijiste?

Javier JJB dice:
eh?

Florencia dice:
Carlos?
Javier JJB dice:
Como me llamaste?

Florencia dice:
Carlos sos vos hijo de puta^?

Javier JJB dice:
Mónica?

Florencia dice:
A todas les decis el mismo verso que me dijiste hace diez años la concha de tu madre??????

Javier JJB dice:
Mónica que haces que no estas cuidando a los chicos?????!!!!
Javier JJB dice:
Que andas queriendo hacerte coger???

Florencia dice:
Si, la puta que te pario, si te voy a esperar a vos me tengo que matar a pajas!!!
Javier JJB dice:
Ah no no no para, esas son las cosas que haces mientras estoy en el laburo???

Florencia dice:
Si, y ya veo las que haces vos!
Florencia dice:
Con razón hace un mes que no me tocás un pelo!
Florencia dice:
Quien sabe cuantas locas te habrás volteado por ahí!
Javier JJB dice:
Ahh claro, la señora anda de levante virtual y ahora yo tengo la culpa!
Javier JJB dice:
Hace cuanto que me metés los cuernos monica????

Florencia dice:
Suguramente no hace tanto como vos!!!!

Javier JJB dice:
Mira, hoy cuando llegue a casa vamos a hablar muy serio!
Florencia dice:
Si señor, claro que vamos a hablar!!!

Javier JJB dice:
Nos vemos en casa! Chau!
Florencia dice:
Chau!


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