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Las dos caras de un Encuentro

Ufff jueves. Todavía falta un día más. Menos mal que ya terminó. Mejor me voy al alter-office a tomar algo, capaz que encuentro algún conocido. Alguien habrá.

Y alguien hay. Nayla. Qué linda. No sé si hay onda, pero qué linda está. ¿Y la otra quien es? Ahh si, la chica de RRHH. Creo. Serán amigas. Y bueno, yo me mando. Hola chicas, me puedo sentar? Epa. ¿Me pareció o la rubia me sonrió? Y bueno, si te abren la puerta aprovechá. Mmmm Nay no da mucha bola. ¿Y vos como te llamas? Eugenia, qué lindo nombre. ¿Adónde vas Nay? ¿Te vas? Bueno. Chau Nay. Hasta la próxima. Carajo. Te me escapaste otra vez. ¿Y vos, Euge, qué onda? Soltera, casada, separada? Soltera. Ahhh. Mmm. Qué cagada. Las solteras tienden a querer dejar de serlo. Bueno, vamos a ver, a lo mejor es liberal. Y sí. Obvio que me iba a preguntar a mí ahora. ¿Y qué le digo? Soltero, claro. Me saqué el anillo ¿no? Sí, menos mal. Y bueno. Vamos a ver qué onda. Ahhh, así que juntás latitas. Qué lindo. Qué garcha me importan tus latitas. Sonrisa, Mauricio, sonrisa. Nunca la pierdas. Siempre es bueno tener un backup por las dudas. Dios, cómo habla. A ver si meto algún bocadillo. ¿Y qué hacés de tu vida cuando salís de la oficina? Ahh, gimnasio, relax en casa. A ver, esto es clave. Acá decidimos si seguimos adelante o no. ¿Acaso hay alguien dando vueltas por tu vida? Ups. ¿Novio? ¿Relación seria? ¿Cansada de la falta de compromiso? ¿¿¿HIJOS???

Un gusto conocerte Euge. Es tarde, ¿te acompaño hasta tu auto? Sí, claro, dame tu teléfono. Claro, el mío es 0800-NOMEENGANCHASNIENPEDO. Te llamo, claro que te llamo. Sí, dame un beso, eso no se le niega a nadie. Hasta la próxima Euge. Que te garúe finito.

Mejor me vuelvo a casa antes de que la bruja haga escándalo.

La otra cara en Cuentos de Todos, blog de Eugemartinucci http://blogsdelagente.com/cuentos-de-todos/2008/8/3/las-dos-caras-un-encuentro-

Fin de la Noche (Parte 7 final)

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Me desperté cerca de las seis de la tarde y ella me estaba mirando, sentada al borde de la cama, perfecta en espléndida desnudez. Aproveché para mirarla bien, para fijar en mi memoria ese cuerpo que había pasado por mi vida con la intensidad de un Beethoven y la delicadeza de un Mozart. Su inmaculada tez daba el marco perfecto a esos ojos donde los míos se hundían, presos de su irresistible magnetismo. Sus rubios cabellos caían libres y salvajes por sobre sus hombros , y aunque amagaban no querían cubrir sus pechos. Esos hermosos pechos, pequeños pero turgentes, dueños de una presencia y una sensualidad que los destacaba. Su vientre, liso, duro, hermoso, como si fuese obra de un escultor enamorado. Sus piernas, esas piernas que fueron de lo primero que ví en ella pero que a la luz del sol que entraba por la ventana cobraban otra vida. Puse una mano afectuosa sobre su pierna y ella me recibió al mundo de la vigilia con un beso.

Ya sería cerca del mediodía cuando nos dormimos. En un momento llegó su amiga pero ella prefirió volver conmigo. Mas tarde preparó un desayuno para los dos. Y después de desayunar volvimos a la pieza.

No sé cuántas veces fueron. No las conté ni me interesó. Sí puedo decir que cada una fue más mágica, mas intima y más placentera que la anterior. No me apresuré en vestirme. No quería irme en realidad. Pero la noche se ha terminado y nuestro tiempo juntos también. Entonces llega el momento del adiós. Al despedirnos ella me besa con esos labios húmedos y encantadores a los que tan bien me acostumbré.

Vuelvo rápidamente a mi hotel, subo y empaco de prisa. No me baño, quiero llevarme su olor, su sudor, sus jugos que aun me cubren. Mañana trabajo, mis vacaciones han llegado a su fin.

¿Volveré a ver a Eugenia en Buenos Aires? No lo sé.

Tal vez la magia viaje con nosotros 400 kilómetros.

Tal vez ni se acuerde de mí a la vuelta.

Pero esta noche no se me va a borrar de la memoria.

La ruta una vez más será mi compañía. La noche vuelve a caer. Hoy es día de recambio, todo el mundo está volviendo. Pierdo tiempo en el peaje, hay demasiada cola. Mi mano busca el celular, seguramente para fijarse la hora. Sin obedecer a mi voluntad, mis dedos marcan el número de ella.

“Te espero en Baires, Eugenia, no tardes mucho”.

FIN

¡Gracias Toter por llevarme a Sobremonte!!!!!

Fin de la Noche (Parte 5)

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…TA QUE TE PARIÓ EVARISTO!!!

No lo puedo creer, justo cuando iba a cumplir la fantasía del ascensor vuelve la luz. Bueno, ya está en todo caso. Fue un mal momento, pero el ascensor finalmente llega al piso donde vive Eugenia. Nos acomodamos la ropa lo más rápidamente posible y al llegar lo vemos a Evaristo en el palier esperándola. Le pide disculpas de todas las maneras que se le ocurre, y ella solo atina a echarlo con una diplomacia que me sorprende y me fascina. Saca la llave de la cartera, abre la puerta del departamento. Cuando entramos nos quedamos frente a frente y al mismo tiempo nos miramos y nos reimos. Está todo bien. Ella me abraza y me besa. Suavemente, pero con pasión. Mis manos bajan por su espalda hasta que dejan atrás su minifalda, entonces vuelven a subir y se encuentran con la piel de sus glúteos. Ella se suelta, me regala una sonrisa y se aleja rumbo a la cocina. “¡Qué momentoooo!” me dice, y algunas frases de compromiso más. Vuelve al minuto con una botella de tinto Syrah, dos copas y un sacacorchos. Me lo ofrece y yo destapo la botella. Las copas se vuelven color rubí y se reflejan en nuestros ojos como señal de la lujuria inminente. Brindamos. El sol entra por la ventana, el nuevo día se presenta. Ella desabrocha mi camisa y luego con sensualidad se quita la blusa. Yo la miro y siento la sangre que se me amontona al sur del continente. Entonces ella me toma de la mano y con suavidad me lleva hasta su cuarto. Una vez allí me quita los pantalones y me regala una deliciosa chupada. ¡Qué bien lo hace! ¡Qué suavidad! ¡Qué calidad! Siento su lengua subiendo y bajando por mi pija con delicadeza, dedicación y hasta me animaría a decir amor. Mis ojos se van para atrás, ya estoy fuera de este mundo, estoy perdido en una dimensión llamada La Boca de Eugenia. La dejo hacer un buen rato, pero en un momento decido que está bien y retiro su cabeza de mi entrepierna. Todavía no le quiero dar mi esencia, ya habrá tiempo para eso. Hago desaparecer la minifalda. Los tacos se quedan, por supuesto. El corpiño y la tanga, no. Mis manos recorren su piel, la acarician, mi boca la besa, encuentra sus pezones, se adueña de ellos, los muerde con delicadeza, los chupa, los saborea. Mis manos llegan hasta sus nalgas, las separan, la atraen hacia mí. Mi lengua dibuja un mapa del placer en su piel, y así llega hasta su pubis perfectamente depilado. Ok, no tan perfectamente pero es lo de menos. Entonces mi lengua y su vulva comienzan un largo y profundo diálogo que solo será interrumpido varios minutos después cuando ella quite mi cabeza para echarme en la cama y subirse encima mío. Agarra un preservativo de la mesita de luz y con maestría me lo pone ayudándose con su boca. Entonces monta sobre mí dándome la espalda al tiempo que yo me agarro de sus tacos, y comienza a moverse de manera lenta y regular, con un vaivén de caderas digno de una gimnasta rusa. Mi cuerpo acompaña su movimiento, y lo hace durante varios minutos más. Finalmente el bamboleo se vuelve cada vez más frenético y juntos llegamos a la cima del placer.

Un cigarrillo compartido sirve de preámbulo para una nueva vuelta.

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Fin de la Noche (Parte 3)

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Ya está. Aceptó. Ahora solo queda subir. Entramos juntos al ascensor y allí continuamos con el ritual de los besos. Pronto entraremos a su departamento. No me le voy a tirar encima de una, no puedo parecer desesperado. Tal vez le acepte algo de beber. El sol ya entrará por la ventana, compartiremos una copa de vino tinto en el sofá mientras nos miramos a los ojos. La volveré a besar, y ahora sí mis manos buscarán su espalda, sus pechos, sus piernas. Ella también mi acariciará y sin apuro irá desabrochando mi camisa. Besaré su cuello, sus orejas. Quitaré de en medio esos molestos breteles. Ella acariciará mi pecho. Sus manos bajarán lentamente hacia mi vientre. Ya sin falsos pudores me quitará el cinturón y abrirá mi bragueta. Me tocará en lo más íntimo y presa del deseo abrirá su boca para engullirse mi…

CRANK!!!

-¿Hay alguien en el ascensor? -preguntó la voz del portero.

-Siiii, ¿qué pasó Evaristo? -preguntó ella.

-Saltaron los tapones de todo el edificio señorita Eugenia. Le pido disculpas pero va a tardar un rato porque no sabemos de qué departamento salió la falla. Aguantesé, es un ratito nomás.

Podía sentir su excitación. Podía sentir la humedad que ya la cubría en sus partes más íntimas. Podía sentir su completa respuesta hacia mí. Pero lo cierto es que estábamos encerrados en un ascensor con la luz cortada.

Mierda.

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Fin de la noche (Parte 1)

La serie que a continuación inicia encuentra su origen en los comentarios vertidos en los post Sobremonté en Sobremonte (parte 1) y Sobremonté en Sobremonte (Final Part) del querido amigo Toter a quien con cariño va dedicada.

La noche de Mar del Plata terminaba, y el sol con timidez comenzaba a teñir el cielo de celeste. Salimos de Sobremonte rumbo al estacionamiento. Debo decir que mi ego estaba por las nubes, ella era hermosa, refinada, inteligente, culta, tal vez profesional y lo más importante: acababa de subir a mi auto.

-¿Para que lado agarro, bombón? -le pregunté.

-Dale derecho por Constitución hasta el mar que yo te guío.

Tenía poco tiempo para actuar. En la euforia de la disco era muy poca la información que había conseguido, y si quería terminar la noche con ella tenía que enterarme de un par de cosas en unos pocos minutos. Aquí cada segundo perdido minaba mis posibilidades de estar desnudo con ella en una cama en las próximas horas. Así que comencé.

-¿Sos de acá o estás de vacaciones?

-Estoy de vacaciones, soy de Buenos Aires en realidad.

En otro contexto hubiese intentado acercarme por ese lado, buscar lugares comunes de la ciudad a la que los dos pertenecíamos, pero en ese momento era irrelevante. Ya habría más tiempo.

-Ahhh, ¿Estás parando en un hotel?

-No, Estoy parando con una amiga en el departamento de mis viejos.

-¿Y tu amiga? ¿No quiso salir esta noche?

-Sí, salió conmigo, pero se fue con un chico que conoció en Sobremonte.

¡BINGO! Era la mejor noticia que podía escuchar. Estaba ahí, en mi auto, con una hermosa mujer con la que bailé toda la noche y compartí una botella de Champagne, llevándola a su departamento donde estaría sola y donde con un poco de chamuyo conseguiría hacerle compañía. Lo que siguió fue un poco más riesgoso. Ya tenía la información que necesitaba, ahora era el momento de utilizarla. Entre primera y segunda, tercera y cuarta, mi mano derecha acariciaba sus piernas, casi totalmente descubiertas por una minifalda que no tenía ganas de taparlas. Ella respondió con una sonrisa y acarició mi mano con la suya.

-Llegamos Bebé. Es aquel edificio que está allá.

Ahora sí había llegado el momento de la verdad, en el que se resolvería si la excursión de la noche era un éxito o un fracaso. Ella amagó con darme un beso en la mejilla, pero fue entonces cuando mi lengua hizo irrupción en su boca, jugando y buscando el punto exacto en que ella diría “Sí”. Entonces finalmente hice la pregunta.

-¿Subimos?

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