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Nostalgia

¿Por qué entrás esta mañana en mi cabeza con el sabor de lo que ya fue? ¿Por qué cuando vas yo vuelvo, y cuando volvés yo voy? ¿Era tan difícil sincronizar los relojes?
Si cuando quisiste yo no me animé.
Si cuando me animé, no lo pudiste aceptar.
Si cuando lo aceptaste, di marcha atrás.
Si cuando avancé ya estabas en otra.
Si cuando volviste yo ya estaba muerto.

Nostalgias
Tango
1936
Música: Juan Carlos Cobián
Letra: Enrique Cadícamo

Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir…
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas…
Si su amor fue “flor de un día”
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto… pronto le hablará de amor…
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir…
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.

Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental…
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas…
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez…
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
“por los fracasos del amor”…

De mujeres comunes y mujeres inalcanzables.

Traigo del post anterior una serie de inquietudes surgidas a partir de un comentario de Lady y continuadas en un minidebate sostenido por Maia08 y yo.

Y es que si hay algo que honestamente jamás hice fue creérmela. Son un hombre que ya ha empezado a transitar su cuarta década, y soy consciente de todo lo que ello implica. Tengo problemas en la columna, mi voz es espantosa, hay cinco kilos que debería bajar desde hace un par de años y la ortodoncia no me hubiese venido mal, entre otras cosas. Estoy parado en mi realidad y me manejo de acuerdo a lo que ella me permite. Y en ese sentido, comprendo que le resulto atractivo en mayor o menor medida a un determinado target de mujeres. Que si bien uno se fija mucho en aspectos como la inteligencia, la integridad y la forma de ser, eso no significa que desprecie lo estético. Y uno sabe que las mujeres que están dentro de su alcance, responden a la calificación de mujer común. Bella, pero sin deslumbrar. Un cuerpo atractivo, pero lejos de ser perfecto. Una suma de virtudes, pero con defectos apreciables a simple vista. Ese tipo de mujer que atiende en un mostrador, o hace cuentas detrás de un escritorio o enseña en una escuela.

Pero hete aquí que también existe una casta de mujeres inalcanzables. Tal es así que ni siquiera el tiempo les roba su esplendor. En cualquier lugar se destacan por su belleza, se saben por encima de la media y disfrutan de ello. Pueden conseguir casi cualquier hombre que quieran, y descartarlo con la misma facilidad que a un carilina. Se reconocen objeto de deseo, y manejan a quién otorgárselo.

Esas mujeres normalmente están vedadas a los hombres como yo. Su nivel de exigencia es alto, y ciertamente uno ya no es ni joven, ni es hermoso, ni tiene un físico con el que pueda impresionar. Uno se limita a estar entre el montón, territorio usualmente despreciado por ellas por demasiado vulgar. Uno sabe que en cuanto a lo que los ojos pueden ver no alcanza, y por eso trata de suplirlo con chamuyo, con sensibilidad, con creatividad o incluso con afecto. Puede llegar incluso a ganarse la simpatía de una de estas mujeres, tocando los hilos adecuados. Pero nunca poseerla, ya que ese manjar ellas lo reservan para su propia casta de elegidos.

Es entonces, tal vez y no siempre, en que uno se da cuenta de que lo estético puede ser agradable, pero la sustancia es lo que conforma a un ser, y esa es la que generalmente los ojos no captan.

Ninfas petisas, Diosas con sobrepeso, Divinidades en chancletas con enormes corazones, inteligencia apabullante y sensibilidad extrema. Mujeres reales, mujeres de la calle, bellezas de rostro poceado y caderas excedidas. Entre ellas suelen estar las amantes más pasionales y las mujeres más íntegras.

No escribiría, jamás, para marcar los defectos de una mujer. Hoy procuro alabar sus verdaderas virtudes. Las que son impermeables a la sensibilidad traidora de los ojos, y cobran vida en las manos, en los oídos, en el corazón.

Bienvenida a mi vida, mujer de las deliciosas imperfecciones, la sonrisa franca y el abrazo sincero.

Mujer Inalcanzable, adiós.

Adiós

Me casé a los 23. No hubo apuros del estilo tradicional, mi hija mayor tardó dos años en llegar, pero yo me sentía tan bien con ella que no dudé en pedirle su mano. Antes de conocerla venía de un momento… difícil. Para ser honestos, mi vida corría a una velocidad muy rápida, y ella fue el freno que llegó en el momento indicado. La conocí en la boda de una amiga común, y fue… mágico. Ella era mayor que yo, pero cuando la vi no pensé que tuvese más de 18 años. A la madrugada el frío fue llenando el salón, y con mi saco cubrí sus piernas. Ese momento quiero marcar como el principio de la historia.
La verdad, hasta entonces yo no sabía lo que era estar de novios. Sabía de necesitar, pero no de ser necesitado. Su demanda me cautivó. Por primera vez sentía que con mi sola presencia le podía hacer bien a alguien. Estuvimos de novios durante nueve meses exactos. En ese tiempo nuestra comunión llegó a ser perfecta.
Durante el primer año vivimos en la casa que yo alquilaba con mi vieja, la misma que ahora guarda estos restos maltrechos. Fueron tiempos muy buenos, la pasamos muy bien, pero ellas dos chocaban, inevitablemente. No nos faltaba dinero, ni trabajo, ni amor, pero nos faltaba intimidad. Entonces llegó la propuesta de mi suegro de construir nuestra propia casa arriba de la de él. Ella no estaba del todo segura, durante toda su vida había querido abandonar esa casa, y no veia con buenos ojos la posibilidad de volver. La convencí de que no sería volver a su vieja casa, sino de irnos a la nuestra, y así ella aceptó.
Al principio fue así. Teníamos nuestro lugar propio, ella estaba más cerca de su trabajo, vivíamos felices y nos disfrutábamos. Fue entonces cuando decidimos a traer a Laura con nosotros. Pero durante su ambarazo las cosas empezaron a cambiar. Yo me quedé sin trabajo, y empecé un derrotero de aquí para allá por diferentes lugares. Mi suegra, ante la inminencia de su abuelitud andaba cada vez más seguido por nuestra casa, afectando nuestra independencia y nuestra intimidad. Ella y su marido con la excusa de ayudarnos se inmiscuían cada vez mas en nuestros asuntos y nuestras desiciones, y eso me molestaba.
La llegada de nuestra primer hija fue un oasis. Le dimos tanto amor… Yo no dejaba que ella se levantara a la noche. Iba a buscar a mi nena entre llantos y la acunaba y trataba de calmarla, y solo la molestaba a ella si acaso era necesaria una teta que yo no podia darle. Me convertí en un experimentado cambiador de pañales. Fueron buenos tiempos, pero al mismo tiempo fueron los tiempos en que nuestra atención fue abandonando al otro.
Y es que inmediatamente después vinieron los tiempos malos. Yo no podía conseguir laburo, el país andaba mal, hubo situaciones que me hicieron caer en una depresión importante de la que me costó mucho levantarme. Reconozco que su apoyo fue fundamental, pero al mismo tiempo otras cosas se iban apagando. El deseo ya no era el mismo entre nosotros, y de a poco nos estábamos convirtiendo en buenos amigos que compartían una casa, y cada tanto se sacaban las ganas. La falta de dinero comenzó a pesar, y nuestras vidas de a poquito iban tomando caminos muy próximos, pero caminos separados. En fin, a partir de entonces tuvimos altas y bajas, los dos empezamos a hacer terapia y en muchos aspectos nos hizo muy bien, hubo momentos en que estuvimos muy juntos y otros en los que no tanto, pero jamás volvimos a ser uno.
Y es que los dos descubrimos que ser uno entre los dos implicaba no ser seres completos.
De manera que cuado volví al trabajo con todo, y nuestros problemas económicos desaparecieron, empecé a sentir ganas de vivir.
Nunca le fui infiel, más que de manera virtual al menos. Nunca sentí que la hiciera cornuda. Pero sí sentí que tarde o temprano iba a hacerlo. Y ella no se lo merecía.
A Ignacio lo buscamos bastante, en parte porque lo pedía Laura, en parte porque siempre quisimos dos, pero aunque jamás lo reconoceremos, en parte también porque queríamos salvar algo ya herido de muerte.
No contaré aquí todos los pormenores de la relación, que son muchos, me limitaré a decir que de a poco el fuego se fue apagando, y que continuar era encapricharse en una mentira.
Tardé más de tres años en tomar la decisión.
Estábamos en una de nuestras cíclicas idas y vueltas cuando le dije “no va más”. No lo entendió. Rompió todas nuestras cartas y lloró toda la noche.
Me fui de casa a la semana.
Los primeros tiempos fueron difíciles, después… creo que a todo se acostumbra uno…
Nunca diré una palabra en contra de ella, y aún hoy seguiría diciendo que es la mujer de mi vida.
Solo que no lo es todo lo que yo hubiese querido que fuera.

Esto lo escribí como comment en el blog de Eugemartinucci. Consideré que merecía publicarlo como post.

Adentro tuyo


Primero un poco de Música para entrar en clima.

Lucía, tu nombre me recuerda a Serrat, me sabe a hierba también. Creo saber lo que pasa por tu cabeza. Nos conocemos hace algún tiempo ya, y desde entonces nos llevamos muy bien. Disfruto mucho tu compañía, y sé que disfrutás de la mía. Sé que estás confusa, que no querés perder lo logrado. Y la verdad, es que todo lo bueno que tenemos no tiene por qué perderse. Últimamente han surgido nuevas emociones entre nosotros, lo sé. Nuestros momentos juntos dejaron de ser inocente, y cierta excitación ha nacido en medio del simple disfrute. Somos buenos amigos y nos jactamos de eso. Pasamos muy buenos momentos juntos. Pero ahora te me mostrás esquiva. Es como si por negar lo innegable preferís renunciar a lo obtenido. Me decís que es muy bello lo que hay entre nosotros, y que no te gustaría que por boludear se perdiera. Pero lo cierto es que no se puede negar lo que se siente, y si el juego ha cambiado, hacerse el que no lo ve sólo nos dejará con las manos vacías. Es verdad, en tu presencia siento ganas de besarte, siento ganas de acariciarte y de desnudarte. Pero leo en tus ojos los mismos deseos que vuelven hacia mí. No estás más fría, sino todo lo contrario. Pero te noto demasiado contenida. Como si por cuidar lo cultivado te cerraras a lo nuevo. Y personalmente, no creo que deba ser así. Tomar riesgos es animarse a progresar, a crecer. Evitarlos puede resultar en perder mucho más de lo que podríamos ganar. Personalmente creo que dar un paso más sólo puede enriquecer lo que ya tenemos. No hay por qué dejar de lado nuestra amistad, ni de compartir todo lo bello que ya tenemos. Simplemente creo que si podemos disfrutar de tantas cosas juntos, bien podríamos disfrutar de todo lo que la naturaleza pone a nuestro alcance. Últimamente siento que nuestros corazones laten más rápido cuando estamos juntos. Y no hay motivos para ignorar nuestros deseos. Miles de veces he escuchado que la amistad entre distintos sexos es imposible. Pero siempre creí que es posible si tan solo nos permitimos hacernos cargo de lo que los dos queremos. Es nuestra naturaleza, somos humanos y sentimos, y nos atraemos. Sólo nos queda perder lo conseguido, o bien enriquecerlo.

Me encantaría que cenemos juntos esta noche.

Una bolsa de Coto

Sábado a la noche sobre Buenos Aires, una de las más grandes ciudades del mundo. No es noche para quedarse en casa, y esta noche vas a salir. Te espera el brillo de la ciudad, la música, la bebida, te espera la fiesta y una buena compañía. Te espera una buena película, te espera una linda cena. Te espera una mesa, te espera un vaso, te esperan las risas. Te espera la intimidad, te espera el sudor, te esperan los besos y las caricias. Te espera la calma, te espera una sonrisa, te espera dormir en compañía.

Ayer te dí mi corazón en una caja de caoba forrada en terciopelo. Hoy lo encontré apaleado en una bolsa de Coto.

0

Los romanos jamás conocieron el valor que ese pequeño óvalo tendría para las matemáticas. Llegó a Occidente a través de los árabes, y a partir de entonces el mundo cambió. El cero representa la vacuidad, la negación de la existencia.
El cero no suma, no puedo agregarle cero a nada, porque las cosas no cambiarán.
El cero absorbe, porque si quiero multiplicar lo que sea por cero indefectiblemente me quedaré con las manos vacías.
El cero no se puede dividir, porque ¿cómo repartir algo que no existe?
El cero binario simplemente significa una ausencia de señal, la ausencia de bit, un casilla apagada.
El cero absoluto es, literalmente, lo más frío que puedas imaginar.
El cero es la nada.
La nada es el vacío.
Hoy mi colección de vacío tomó la forma de tenue brisa y derribó implacable mi fragil castillo de naipes.
Estoy en 0.

Una mentira de tres décadas

No era mí mejor época, tal vez fuera la peor. La crisis del 2001 había pegado duro y se sentían sus coletazos. Mi esposa me bancaba, pero ya había empezado a cansarse del asunto. La nena tenía dos años recién.
Cuando las cosas se pusieron más difíciles y yo me quedé sin laburo y sin ganas, fue mi mujer quién me recomendó que empezara a hacer terapia. Lo sugirió como una manera de salvarme y salvarnos, y bajo la promesa de seguir mis pasos en cuanto los primeros resultados se vieran.
Pero se sabe que el proceso es paulatino. Ella cumplió su palabra y a los seis meses empezaba la suya propia. Yo empezaba a enfrentarme a mis fantasmas más poderosos.
Y por supuesto, como era de esperar que sucediera tarde o temprano, un día llegué hasta mis padres.
Mi viejo era un tipo normal laburante, que me quiso y me cuidó. Mi vieja también laburaba. Entre ellos no se llevaban bien, apenas recuerdo una vez haberlos visto de reojo darse un pico cuando yo tendría cuatro años. Tenían terribles peleas de las que era testigo. Mi viejo no era habitualmente violento pero recuerdo que me ha dado un par de palizas de antología que coincidieron con los peores momentos con mi vieja. Ella era despreocupada, no le daba bola a nada ni a nadie, ni siquiera a mí. Cuando yo tenía 8 años nos mudamos a una casa en Parque Patricios que durante una década fue mi prisión. No tenía ni nunca tuvo agua caliente, caía revoque desde el techo, las paredes estaban todas picadas y la puerta de calle estaba permanentemente sin llave, incluso cuando yo estaba solo, y ni hablar de la humedad y las goteras. Así vivimos diez años. Un día a finales de 1992 mi viejo se murió. En su velorio apareció una mujer desconocida vestida de negro que lloró sobre su ataúd y se fue sin decir palabra.
Sé que mis padres hicieron lo que pudieron, como cualquier ser humano. Les cuestiono lo malo pero les agradezco lo bueno, lo que hoy
me hizo ser lo que soy. Pero al llegar a mi primer año de terapia sentía la necesidad imperiosa de confrontar a mi madre para entender su lógica, para saber por qué…
Creo que mis palabras exactas fueron: “Si me iban a criar de la manera que me criaron, ¿para qué me tuvieron?”
Mi vieja bajó la mirada. las lágrimas que querían escaparse brillaban detras de sus lentes cuando la volvió a levantar.
“Nosotros no te tuvimos”, fue la respuesta. Entonces me habló sobre mi tío, mi padrino, su hermano por parte de madre y quien me malcrió durante toda mi infancia. Él tenia fama de playboy, y más de uno se rió de la paradoja de que muriera un 1º de mayo cuando jamás había trabajado. Era un buen tipo, pero tenía sus cosas, como todos. Una de ellas es que era bastante mujeriego, cosa que no suele ser bien vista en un hombre casado. Al menos por su esposa. Ella era chilena y bastante más grande que él. Él la quería, pero ella nunca se había adaptado del todo ni a la familia ni al país. Nunca entendí si ya no podía tener hijos o si nunca había podido. La cuestión es que él un día le confesó de una de sus aventuras con una compañera de trabajo de ella, y del accidente que le llevaba a confesar. Sabiendo que ya no podrían ser padres, le ofreció hacerse cargo juntos de ese accidente, pero ella en medio del dolor por la traición y porque su marido había obtenido lo que ella jamás podría, le dijo que no.
Entonces él se acordó de su hermana menor, compañera de juergas y borracheras, quien se había hecho tres abortos y ahora que el tiempo apremiaba comenzaba a resentirlo. Élla y su marido aceptaron pero pusieron sus condiciones. El niño sería de ellos. No querían ningún tipo de detalles sobre las circunstancias que lo habían llevado a aus brazos. Lo anotarían en el Registro Civil un 22 de marzo como si fuera propio y él jamás se enteraría de una palabra sobre la verdad.
Aparentemente nací un 10 de febrero. Casi treinta años después mi madre rompió su palabra. Nada sabía ella sobre la anónima amante de mi tío en cuyo vientre yo había estado. Me pidió disculpas y abandonamos el café donde yo la había citado por ser terreno neutral.
Mi terapeuta dice que nunca me vio tan abatido como esa semana. No me dolía tanto lo sucedido, como el hecho de que se haya pasado toda mi vida sosteniendo esa mentira, y que ahora los que podrían haberme traído algo de verdad ya habían muerto. Lloré, puteé, me encerré en mi cuarto, cagué a trompadas a mi colchón y odié a mis padres de crianza, a mi padre biológico y a esa Turca que me había parido y que por alguna desconocida razón no había querido saber nada más de mí.
El jueves consideré que era suficiente y decidí tomarme hasta el sábado para sufrir. Me senté delante de la computadora y empecé a transmutar mi dolor en letras. Sesenta páginas escribí de un cuento que trataba de explicarme por qué. El sábado por la noche me acosté con la sensación de que había cumplido.
El domingo salí a comprar el diario.
El lunes conseguí tres trabajos.

Chat days

Cuando un hombre prefiere mirar páginas pornográficas en Internet antes que acostarse con su esposa es porque ahí existe un problema grave. La mía ya estaba resignada. La primera vez que me había sorprendido masturbándome junto al monitor había hecho un escándalo considerable, la última ni le había dado importancia. Pero luego de un incidente de infidelidad virtual de mi parte que me llevó hasta Mar del Plata, como buen animal herido decidió hacer algo. Entonces buscó la página porno que yo más frecuentaba, encontró allí una sala de chat, y se propuso hacerme sentir lo mismo que yo a ella.
Pero algo le salió mal. Lo que yo veía era en realidad la sección porno de una página más grande donde existía una comunidad donde había hombres y mujeres que no siempre estaban a la búsqueda de minas en bolas. por lo tanto cuando entró al chat haciendose la gata no tardaron en echarla a patadas. Así que cuando me lo contó yo me enternecí y decidí ayudarla.
Había entrado algunas veces en salones de chat, pero lo cierto es que nunca me había sentido cómodo. Toda esa gente hablando unos encima de otros, en general ni se podía seguir el hilo d ena conversación. Pero cuando entré allí era un poco distinto. La primera vez que entré alguien mandó una trivia. Una trivia es una serie de preguntas que tira un robot y que los presentes deben responder de manera correcta en el menor tiempo posible. El robot le va dando puntos a los que contestan bien y al finalizar la trivia los suma y declara un ganador. Así fue como me enganché con el mundo del chat.
Mi esposa pronto descubrió que le había salido el tiro por la culata. Yo ya no me quedaba mirando páginas porno, pero sí charlando hasta tarde con desconocidos. Yo de a poco fui conociendo gente interesante y de la otra. Hablábamos de todo, nos cagábamos de la risa, iba armando los rompecabezas de sus discursos y sus personalidades. Me encontré que hasta los más jóvenes tenían historias de vida particulares, y con mi curiosidad profesional a flor de piel procuré desenmarañarlas de a poco. Mi lista de contactos de MSN comenzaba a crecer. Al tiempo empezaron las reuniones y pude conocer a varios de los que compartían mis charlas nocturnas, incluidos los dueños del site y sus lugartenientes.
Me fui haciendo un nombre. Mi nick ya era conocido y para algunos ya era un referente. La página que contenía al chat estaba también en pleno crecimiento, y la comunidad se convertía en algo más grande de lo que todos nos imaginábamos. Luego de unos meses fui nombrado operador del chat. La función del operador es mantener la armonía entre los presentes, preservar la sala como un lugar agradable y expulsar a aquellos que no se adaptan. Al principio existían unas cuantas reglas tácitas que todos más o menos respetábamos. Luego los dueños decidieron hacer estas reglas expresas, y la función de operador se convirtió en algo más represivo. Empecé a caerle mal a cierta gente. Para este momento el chat ya no era tan agradable.
Alrededor mi matrimonio se caía a pedazos y nosotros estábamos encaprichados en no verlo. Ella odiaba la computadora, y sostenía que la compu no la quería a ella. Nos separamos luego del regreso de Soda, y yo quedé más que nunca metido en mi mundo virtual.
Una noche en que yo jugando me había cambiado el nick ella entró preguntando por mí. NAda había que la identificara, pero yo supe enseguida que era ella. Contaba que estaba destruida porque su marido había agarrado su ropa y la había dejado. Yo no quise darme a conocer, no me parecía el escenario propicio para un asunto tan privado. Al día siguiente uno demis “amigos” del chat empezó a cuestionarme lo que yo le había hecho y lo mal que me había portado. Había estado hablando con mi ex esposa por privado, Le dije que no era su asunto sino de ella y mío y que si no sabía como habían sido las cosas que se limitara a preocuparse por lo propio. Asintió de mala gana, pero nunca dio muestras de haberlo aceptado. Un episodio aparte del que ya hablaré me dejó mal parado, y mientras tanto ella había empezado a hacerse habitué del chat, por lo que luego de un par de disputas domésticas en público yo opté por retirarme en los momentos en que ella entraba. La lista de mis enemigos se incrementaba. Alguien que se escondía detrás del anonimato empezó a entrar solamente para agredirme, y de paso pasaba en público mis datos personales que de algún lado había conseguido. Jamás sospeché de ella, pero sí del “amigo” con el que ella había hablado en primer lugar.
Un día quise entrar a mi MSN y me dí cuenta de que no podía. Me habían robado la clave. A mi celular llegaban mensajes enviados desde Internet burlándose de este hecho. No pudieron robarme el usuario del chat, pero sí tratar de impedirme la entrada.
Recuperé mi lugar en el chat y mi lista de contactos, si bien la vieja dirección de msn no la pude volver a recuperar. pero ya me había dado cuenta de que clase de gente poblaba esos lugares. Mi ex al poco tiempo también dejó de entrar. Me sentí humillado y traicionado.
Una nueva etapa comenzaba.

juegos

El comienzo del fin

A veces uno se engaña. Y se engaña feo. Perticularmente, yo venía de un momento muy jodido de mi vida y de a poco estaba viendo como salía el sol. Había estado mucho tiempo sin laburo, había conseguido un laburo más o menos pasable que me ayudó a recobrarme de aquella mala época y acababa de conseguir uno que podía definir realmente como bueno. Mi situación económica había llegado a cambiar, nos podíamos dar lujos con mi esposa, compré mi primer auto. Pero aunque no queríamos verlo, nuestro matrimonio había empezado a derrumbarse, y era un camino que no tenía vuelta atrás.
Hay una imagen que recordaré durante toda mi vida. Fue durante aquel apagón que durante 1999 dejó a media ciudad de Buenos Aires sin luz durante una semana. Por aquella época yo había metido cinco materias del CBC y estaba tratando de dar libre semiología, cosa que no logré, pero me ayudaba con la preparación del que había sido mi último profesor, un uruguayo jodón y macanudo que me daba clases en su departamento de Salguero y Rivadavia. Esa noche la avenida mas larga del mundo estaba oscura y solitaria, y a dos cuadras de distancia se veía un grupo de gente y la luz de unas cuantas gomas que ardían para darle un tono devastador a la escena. Realmente parecía una ciudad en guerra algo que los argentinos conocemos solo por películas, pero en ese momento era algo tangible y real. El uruguayo me esperaba sin luz y con una botella de tinto abierta, al grito de “Hoy no es noche para estudiar, pongámonos en pedo”. Entre los muchos divagues que existieron esa noche, surgió la analogía del apagón como una fisura en la represa institucional que contenía la insatisfacción del pueblo. “Nunca se sabe donde puede aparecer la grieta que desbocará el dique” me había dicho mi profesor.
En mi matrimonio la grieta surgió cuando cambié de trabajo. Yo laburaba en una librería que tenía sucursales en Morón, Lomas de Zamora, Tandil y Mar del plata, y estabamos comunicados entre una y otra a través del ICQ. Por allí conocí a una joven mujer llamada Leticia, unos años menor que yo, bella y encantadora con quien hicimos amistad enseguida. Cuando decidí cambiar de laburo, Leticia se lamentó por mi partida y decidió darme su celular y su mail para que continuáramos en contacto. Ella nunca usaba el msn, pero tal vez debido a eso comenzamos una relación a través de largos parrafos por correo que más temprano que tarde fueron subiendo de tono, y llegaron a convertirse en sutiles pero decididas expresiones del deseo que comenzabamos a sentir el uno por el otro.
Al poco tiempo los mail dejaron de tener respuesta. Yo era un hombre casado, y ella comenzaba a vivir en pareja con un compañero de laburo que no le daba todo lo que necesitaba, pero al menos le daba compañía y la había sacado de la casa de los padres. Durante los siguientes meses no tuvimos noticias el uno del otro, y yo seguí con mi vida creyendo que ahora sí, podría ser feliz. Mi esposa quedó embarazada de mi segundo hijo, economicamente estábamos bien, teníamos auto, no nos podíamos quejar. Pero antes de que pasara un año volví a recibir un mail de Leticia. Supuestamente no iba dirigido a mí sino a un ex novio con el mismo nombre, pero a partir de ese momento la relación volvió a ser fluida. Los e-mail se pusieron calientes, más calientes que antes, y ahora sí, sin hipocresías, hablábamos incluso de la fantasía de tener sexo entre nosotros.
Así surgió la idea de hacer el viaje a Mar del Plata.
Sépanlo: La ruta me fascina. Subirme a mi auto y tomar cualquier cinta de asfalto que me lleve lejos es una de las cosas más relajantes que conozco. Las cosas con mi esposa no estaban bien, y sabía que un respiro de dos días no iba a hacerme mal. Ella no lo tomó bien, pero le dije que necesitaba hacerlo para saber qué era lo que quería de nuestra pareja, y en alguna forma así era.
Un par de días antes de salir, Leticia arrugó.
No me dijo que no quería verme, pero sí que había estado pensando en su novio, y que no quería ponerle los cuernos. Yo ya tenía el viaje armado y decidido, y no iba a volver atrás. Nos encontramos un miércoles a la tarde en un un bar del centro de Mardel, y tuvimos una charla fría y distante. Yo reconocía detrás de esa coraza a la Leticia que tanto me había calentado, pero estaba claro que a ella la inundaba la culpa, y lo más intimo que llegó a haber entre nosotros fue un beso en la mejilla y un abrazo de amigos.
Estuve dos horas en Mar del Plata, dos horas en las que ni siquiera fui a ver el mar. Luego seguí hasta Tandil, donde pasé la noche en la casa de un amigo con quien ya había arreglado, y al otro día me volví para Buenos Aires.
Al regresar mi esposa me dijo que había pensado dejarme en cuanto volviera, pero nos dimos una nueva oportunidad, y seguimos juntos. Yo sentía que más allá del arrugue de Leticia, había vuelto a elegirla a ella. Un par de semanas después nos fuimos a Córdoba a las que fueron nuestras últimas vacaciones juntos.
Cuando volvimos de las vacaciones, recompuestos pero no del todo, Una tarde mientras yo estaba en el laburo mi esposa decidió mandarme una postal a mi casilla de correo. De alguna manera obtuvo la contraseña, y cuando quiso revisar si me había llegado (ja) se encontró con toda la correspondencia que habíamos intercambiado con Leticia.
Nuestro matrimonio no se terminó ahí, aunque a veces pienso que hubiese sido lo mejor. Una vez más decidimos darnos otra oportunidad. Pero como forma de castigarme por haber encontrado a otra persona a través de la computadora, ella decidió entrar en una sala de chat.
Ahí comienza otra historia.


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