La Mirada del Otro
Perdón, hoy me voy a mover un poquito de mi línea.
Tampoco es que tenga una “línea”, pero en realidad es sobre un poco más que eso sobre lo que me voy a mover.
Anduve perdido. Siempre me tiró mucho
Pero ayer encontré un diario viejo.
Y me dí cuenta de que
Era un Clarín del 29 de agosto. Contaba sobre las condenas a Bussi y Menendez. Y había declaraciones de ellos, claro.
Por ejemplo:
Sepulcro: “Pese a no ser mis jueces naturales, tienen el honor de ser magistrados del lugar que fue cuna de
“Combate justo”: “Me siento un perseguido político de los derrotados de ayer en un combate justo y en las urnas tucumanas y que están hoy en el Gobierno y llenos de rencor.” (Bussi)
“¿Para quién ganamos la batalla?”: “
“Ahorramos sufrimiento”: “Al vencer al enemigo y acortar el tiempo de la guerra, las Fuerzas Armadas ahorramos sufrimiento a
Entonces luego de la inicial indignación, a mí me viene a la cabeza otra cosa.
La mirada del otro.
Como autor de ficción (me niego al calificativo de “escritor”, aunque escribir es una de las cosas que más hago) a veces tengo que desarrollar personajes completamente opuestos a lo que soy. Me gusta eso, es un juego de meterse en zapatos ajenos. Por un momento tengo que ser ese personaje, entender como habla, como piensa, por qué actúa como actúa y cómo va a reaccionar ante determinados estímulos. El autor crea al personaje, pero el personaje tiene vida propia.
Entonces, lo que me vino automáticamente a la cabeza fue meterme en la mente de estos personajes nefastos.
Pienso en Bussi, su sepulcro y su persecución. En Menendez y su guerra de la que salió victorioso. Es verdad que
Pero…
Desconocen que ese mismo gobierno al que alaban fue el responsable del endeudamiento nacional y de la destrucción de la industria argentina, fundamental para la inserción del país en el mundo de manera competitiva.
Desconocen que aquellos a los que masacraron no eran un ejército invasor, sino civiles argentinos, la mayoría de los cuales jamás empuñaron un arma, sino acaso apenas una pluma.
Y por sobre todo desconocen a
Costó mucho tiempo a los argentinos acostumbrarse a que existe una manera escrita de hacer las cosas. Sigue costando para muchos. Más allá de ideologías políticas,
Jamás seremos un país adulto si no nos acostumbramos a reconocer nuestras elecciones conjuntas, buenas o malas.
Argentina duele a veces, demasiado seguido.
Confío en los argentinos, ¿pero hasta qué punto?
En definitiva, sentí mi sangre hervir y comprendí que sigo vivo, que soy capaz de sentir bronca y pasión.
Hoy las cosas comenzarán a cambiar.
No puede ser que haya estado afuera tanto tiempo.
Hoy estoy de vuelta.
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Bien…esta de vuelta…Ahora viene lo mejor…ver las cosas como son…Saludos Demian