Akhenatón
-Mirá, te voy a pedir que me entiendas por favor, pero a mi me cuesta un poco. No me pidas que me ponga en bolas de una.
Era la primera vez que entrábamos juntos a un hotel, y claro, ¿Cómo no iba a respetar sus tiempos? De manera que traté de ser lo más contenedor posible. Total, teníamos la noche por delante.
-¿Querés que pidamos algo para tomar? ¿Querés que ponga un poquito la tele?
-Sí, gracias, no dudo que la tele va a estar bien.
De manera que me acerqué a la pared y empecé a revisar que había en los distintos canales. Por supuesto, cuando la prendí lo primero en aparecer fue el canal porno. No me pareció lo más adecuado para el momento. De manera que continué. Ante mí aparecieron los canales de aire, los de deportes. Siguieron los infantiles, series y películas. Después llegaron los de música. Y finalmente los de documentales.
-¿Querés que deje un rato el History Channel?
-Dale, a ver.
Estaban dando la historia de Akhenatón, Faraón del Antiguo Egipto.
-Un grosso Akhenatón –dijo ella.
-Se, un grosso –contesté, mientras comenzaba a masajear sus hombros.
-Bah, más que un grosso, un transgresor -dijo mientras se soltaba el pelo.
-Bueno, fue el primero en instaurar una religión monoteísta -dije yo, y la abracé por atrás y besé su cuello.
-Sí, así se le vinieron todos los sacerdotes encima –ella me acariciaba el pelo por detrás de su cabeza.
-Y bueno, vos sabes que la elite dominante adoraba a Amón-Ra y su panteón de Dioses –con delicadeza comencé a desabrochar su blusa.
-Sí, y con eso no se jodía por aquella época –ella se dio vuelta y me sacó la remera.
-No, para nada –me agaché para sacarle los zapatos y las medias.
-Hay quien dice que sus ideas fueron las que le sirvieron de base a Moisés para fundar el judaísmo –ella acariciaba mi espalda.
-Mmmm, permitime que lo dude… -con suavidad le quité el pantalón.
-¿De qué siglo estamos hablando? –ahora ella acariciaba mi pecho.
-Y… Dinastía XVIII, décimo faraón… calculale siglo XIV A.C. –con cuidado le terminé de sacar la blusa.
-Y si… medio tarde… -ella se agachó para desatarme los cordones.
-Tampoco hay que subestimar la influencia de su esposa, Nefertiti, en todo esto –yo le acariciaba el pelo…
-No, por supuesto, pero ¿sabés lo que más me impresionó siempre? –dijo mientras me sacaba las medias.
-¿Qué cosa? –con cariño retiré su collar y sus aros.
-El arte de esa época –dijo, y me desabrochó el cinturón.
-¿El arte? –mis manos se animaron con su bretel.
-Sí, vos fijate que el arte egipcio en general se destaca por la belleza de los cuerpos. Pero durante el reinado de Akhenatón podés ver que en las estatuas había barrigas, que los bajorrelieves mostraban cabezas alargadas, que incluso llegaban a ser feos… -ella me quitó el pantalón.
-Tenés razón, nunca había reparado en eso… -retiré con cuidado su corpiño.
-Por supuesto que con Tutankamón todo volvió a la normalidad… -ella quedó cara a cara frente a mí.
-Los sacerdotes de Amón-Ra se encargaron muy bien de eso… -me agaché y retiré su tanga.
-Bien sabido es que Tutankamón fue un títere… -ella hizo lo mismo con mi boxer.
-Sí, el único motivo por el que pasó a la historia es porque su tumba fue la única que se encontró sin profanar –nuestros cuerpos quedaron desnudos y abrazados.
-Y eso que no era de las más gro…
Entonces le comí la boca e hicimos el amor en todas las posiciones imaginables.
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Y…sí..voy a terminar aprendiendo historia con usted….
cuando se viene lo mejor..
lo deja a mi entera imaginación…
No se vale !!
y siga.. alborotando ratones….