Instructivo para el placer oral de una dama
(Niños salgan por favor de delante del monitor)
Tal vez por una cuestión de baja autoestima, tal vez por querer dejar un recuerdo inolvidable, lo cierto es que siempre antepuse el placer de mi compañera al mío. Estoy convencido de que si yo hago que ella la pase bien, ella se va a encargar de que a mi no me falte lo que le doy. Y el recurso oral es la mejor manera de sacarle mil gritos a una mujer sin necesidad de gastar cartuchos que despues serán necesitados. De manera que en la intimidad del cuarto suelo comenzar con cautela, besando cuello y orejas, degustando el sabor de su lengua y quitando de a poco la envoltura de algodón que los mejores caramelos llevan. Una vez en ropa interior me muevo hacia sus clavículas, corro con mis dedos los breteles y amago sin llegar hasta sus pechos. Con mis manos desabrocho el corpiño y acaricio su espalda, mi boca llega hasta la curvatura de sus pechos sin pasar por sus pezones. Pero los miro, los mido, los huelo, los presiento, los respiro. Entonces la punta de mi lengua decide timidamente catar su sabor, con un golpecito primero, con dedicación después, para finalmente darles suaves mordiscos y hundirlos en mi boca con deleite. Primero uno y luego el otro, asi durante un buen rato. Para este momento mis manos ya buscarán el fino encaje de su tanga, y mientras la quitan con delicadeza mi boca va bajando por el vientre. Se entretiene con el ombligo, juega con la aparente perfección de la piel y se desliza hacia el sur. Mis manos toman el lugar que mi boca dejó vacante en sus pechos y con las puntas de mis dedos jugueteo suavemente con los pezones, firmes, erectos, duros como está mi masculinidad aún dentro del pantalón. Mi lengua llega a su objetivo pero no toma posesión en el momento. Una vez más investiga la zona, explora los pliegues de la piel, está atenta a los primeros gemidos que el oido le trae. Encuentra sus labios, esos otros labios que no se dejan ver como sus pares del norte pero que besan igual o mejor que aquellos. Mi lengua los toma, los acaricia, los muerde, los aprisiona. Escondido entre ellos encuentra su pequeño interruptor de pasiones, y lo saluda con timidez primero, le habla con rodeos, se mueve por sus alrededores, hasta que finalmente toma confianza y lo besa como besó a esa otra lengua ya tan lejana. Los gemidos aumentan, siento unos dedos que se mezclan entre mi pelo, un vientre que se sacude, y voy por mas. Con mi lengua masajeo aquel botón largo rato, mientras mis dedos buscan entre sus nalgas mi próximo objetivo. Lo encuentran tímido pero expectante, no sabe si le darán participación pero ansía, comparte la humedad que le llega desde el frente y espera que llegue su turno. Mi lengua que ya llegó al Polo Sur circunvala dos centímetros hacia el norte encuentra aquel territorio tantas veces inexplorado. Lo rodea, lo apura, lo acaricia y lo penetra. Los gemidos ya son gritos, y los dedos se prenden a mi cabello como desesperados. Mis dedos toman el lugar que mi lengua dejó rojo y mojado, y atienden al clítoris con la suavidad y la dedicación que a este le corresponde. Entonces mientras mi lengua ya juega dentro del ano otros dos dedos se introducen en la vagina, y buscan el lugar que muy pronto ocupará mi sexo ya desbocado. Entonces los gritos crecen, los tirones se multiplican, los músculos se contraen y mi compañera estalla, en una catarata de placer y múltiples sensaciones.
Todavía no me quité la ropa.
(Gracias Ale Sweet por el título)
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Master!!!!!! génio!!!!!
haaaaaaaaaa………… placer 100% garantizado!!!!
Gracias por instruir caballeros sobre el tema!!!
Besos!!!