Por Colectora
La cita era a medianoche, ella llegó a la una. No era la primera vez que se veían, así que él no se sorprendió. Los mozos del restó no ocultaron demasiado su fastidio al verlos llegar a esa hora, pero a él no le importó. Cenaron, bebieron, rieron. Como en cada encuentro, vivían la noche como si fuese la última. El champagne tiene efectos afrodisíacos sobre algunas personas, y ellos no eran la excepción. continuaron la noche en un bar. Luces bajas, velas, música tenue, un ambiente muy íntimo que favorecía la excitación que iba creciendo. Las burbujas seguían haciendo su trabajo. Las manos se encontraban, las bocas se mezclaban, las lenguas se entrelazaban. la temperatura entre ellos crecía ya avanzada la noche, y entonces, cuando sentían que la ropa les sobraba, ella pronunció la sentencia.
-Ya está bien, vámonos a un hotel.
Se subieron al auto. La madrugada los saludaba plagada de estrellas, y la luna acompañaba su camino. La mano derecha de él iba de la palanca de cambios a la pierna descubierta de ella, y todo parecía asegurar una noche inolvidable. El auto buscó la playa de estacionamiento, y cuando estaban ingresando una voz invisible les dijo detras de un vidrio polarizado:
-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.
Era un contratiempo, por supuesto, pero no era el único hotel de la ciudad. apenas anduvieron 20 cuadras cuando se encontraron con otro, y al llegar a la ventanilla el conserje les dijo:
-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.
Entendieron que se les había hecho demasiado tarde, pero la mutua necesidad de sus cuerpos era más fuerte. Buscaron uno, dos, tres, cuatro hoteles más, y en todos ellos recibían la misma respuesta.
-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.
Decidieron utilizar un recurso extremo, y así fue que tomaron Panamericana rumbo al norte. En Ruta Hotel, Los Jardines de Babilonia, Magnus, la frase resultaba recurrente.
-Lo sentimos, todas nuestras habitaciones están ocupadas.
Mientras el manejaba alejándose de la Capital, ella no aguantó más y le dijo:
-Metete por colectora.
Allí, en un rincón oscuro al costado del camino, dieron rienda suelta a su pasión sin salir del auto. En posiciones inimaginables se dieron placer con sus lenguas, sus manos y su sexo. ella se habia montado a horcajadas sobre él en el asiento de atrás y ahora se movía de arriba a abajo sobre su carne enhiesta. No era la primera vez que estaban juntos, él ya conocía sus preferencias, sus tiempos, su magnifica entrega y sus ansias de lujuria. Por eso no se sorprendió cuando entre gemidos ella le dijo:
-¡El culo! ¡Dámela por el culo! ¡QUIERO QUE ME HAGAS EL CULO!
Él lo estaba esperando, y aunque la situación no era la más propicia, acomodó las piernas de ella sobre su pecho, retiró su miembro y con suavidad, aprovechando la lubricación que su vagina les otorgaba, apoyó el glande en el ano con delicadeza y dejó que ella hiciera el trabajo de empujar. En el exacto momento en que la penetración se concretaba, ella lanzó el grito más desgarrador que él jamás hubiese oído.
-¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH!!!!!
-¡Seeee dale guacha gozá, sentime adentro como sé que te gusta!
- ¡Ay! ¡Ay! ¡Sacámela por favor que me duele, ay SACÁMELA DALE SACÁMELA!
-¡Dale no te me vengas a hacer que no querés si siempre me lo pedís! ¡Sentime adentro tuyo amor!
-¡No, pará, boludo que me dió un calambre en la pierna! ¡AAHHHHH!
Él apenas tuvo tiempo de ensayar una expresión de desconcierto. El movimiento de ella fue instintivo, casi reflejo. Simplemente no pudo aguantar más y tuvo que estirar su pierna con violencia para contener el calambre. En el camino estaba el rostro de él. No lo noqueó, pero lo desestabilizó lo suficiente como para que los dos cayeran para lados opuestos. Aún seguían conectados por la más íntima de las vías.
El grito de dolor salió al mismo tiempo de ambas gargantas. Todavía no sabían que había sido, pero tenían claro que algo entre ellos acababa de romperse.
Cuarenta minutos después ella bajó rengueando del auto para entrar a su casa. No se dió vuelta para despedirse, aunque sabía que no volvería a verlo. Él estaba considerando en ir a la guardia de un hospital.
Mientras manejaba empezó a analizar seriamente la necesidad de conseguirse un bulo.
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qué momentoooo!!!
apoyo la moción del bulo!!
besisss