*************P A Z*************

PAZ (BIS… Y LAS VECES QUE SEA NECESARIO)

Quisierra agregar un par de textos “algo” esclarecedores…
Desempolvarlos para quienes los tengan empolvados…
y afianzarlos para quienes los tengan presentes en el diario vivir…

Reflexionar estos versos nos lleva a un mundo emocionante…
…Quizá seamos soñadores, pero…

Imagina

IMAGINA QUE NO EXISTE EL CIELO,
ES FÁCIL SI LO INTENTAS,

SIN EL INFIERNO DEBAJO NUESTRO,
ARRIBA NUESTRO, SOLO EL CIELO.

IMAGINA A TODA LA GENTE
VIVIENDO PARA EL HOY…

IMAGINA QUE NO HAY PAÍSES,
NO ES DIFÍCIL DE HACER,

NADIE POR QUIEN MATAR O MORIR,
NI TAMPOCO RELIGIÓN,

IMAGINA A TODA LA GENTE,
VIVIENDO LA VIDA EN PAZ…

IMAGINA QUE NO HAY POSESIONES,
QUISIERA SABER SI PUEDES,

SIN NECESIDAD DE GULA O HAMBRE,
UNA HERMANDAD DE HOMBRES,

IMAGÍNATE A TODA LA GENTE
COMPARTIENDO EL MUNDO

PUEDES DECIR QUE SOY UN SOÑADOR,
PERO NO SOY EL ÚNICO,
ESPERO QUE ALGÚN DÍA TE UNAS A NOSOTROS
Y EL MUNDO SERÁ UNO.

ALL YOU NEED IS LOVE

NO HAY NADA QUE PUEDAS HACER QUE NO PUEDA HACERSE
NADA QUE PUEDAS CANTAR QUE NO PUEDA CANTARSE
NADA QUE PUEDAS DECIR PERO PUEDES APRENDER EL JUEGO
ES FÁCIL

NADA QUE PUEDAS HACER QUE NO PUEDA HACERSE
NADIE A QUIEN PUEDAS SALVAR QUE NO PUEDA SALVARSE
NADA QUE PUEDAS HACER PERO PUEDES APRENDER A SER CON EL TIEMPO
ES FÁCIL

TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR
TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR
TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR, AMOR
AMOR ES TODO LO QUE NECESITAS

NO HAY NADA QUE PUEDAS SABER QUE NO SE SEPA
NADA QUE PUEDAS VER QUE NO SE HAYA VISTO
NINGÚN LUGAR A DÓNDE PUEDAS ESTAR QUE NO SEA DONDE TENÍAS QUE ESTAR
ES FÁCIL

TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR
TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR
TODO LO QUE NECESITAS ES AMOR, AMOR
AMOR ES TODO LO QUE NECESITAS

************* PAZ *************


La mucha o poca historia que este vilipendiado planeta puede ostentar, establece que las diferentes generaciones han conocido invariable y metódicamente a la muerte. La dama invencible y perenne se ha manifestado de las más diversas maneras y representaciones…

Algunos han aprovechado ese furor…
Otros lanzaron sus fragatas con eaquél viento de cola, y…
Y los menos, pero poderosos, han hecho escuela de ello…

Unos la han visto al morir por Dios y por la Patria
Otros, ahogados en campos de concentración…
Algunos han experimentado con hogueras, Cruzadas y otros didácticos elementos para ejercer torturas…
Éstos, los que están aquí, conocen el sufrimiento al vedarse su propia vida…
Aquéllos, se han ocupado sistemáticamente de quitársela al prójimo…
Los del norte, universitarios en el tema, desarrollaron una gama infinita y casi imperecedera al respecto…
Los del sur, la han padecido en hambrunas, desolaciones, incursiones del Imperio y pestes…
Muchos, han caído en los campos de batalla del dinero y la extorsión a la vida…
Unos pocos, se quemaron al intentar llegar al Sol…
Unos tantos perecieron en su intento por franquear los abismos infranqueables de la ambición…
Ciertos, han prolongado sus manos con innumerables elementos percutores de pólvora…
Varios, se han sentado y se siguen sentando detrás del escritorio de hurtada caoba africana que tiene un botón rojo incorporado…
Numerosos, son los que han caído y siguen cayendo sin conocer un mísero por qué…
Cuantiosos, los escombros vecinos que deja la estela negra de los misiles, a su paso…
Considerables, los ahogados, los quemados, los tontos, los distraídos, los ilusos…
Incontables, los que -dicen-los-que-saben-, seguirán el camino que muchos ya han recorrido…

Me pregunto: qué nuevas formas estará ingeniando -el cerebro conocido (teóricamente) más desarrollado y brillante de la galaxia-, para prolongar este emprendimiento testarudo de querer quitar a todo ser viviente de la faz de la Tierra

Give peace a Chance

John Lennon


Ev’rybody’s talking about Bagism, Shagism, Dragism, Madism, Ragism, Tagism This-ism, that-ism Isn’t it the most All we are saying is give peace a chance All we are saying is give peace a chance Ev’rybody’s talking about Ministers, Sinisters, Banisters and canisters, Bishops and Fishops and Rabbis and Pop eyes, And bye bye, bye byes. All we are saying is give peace a chance All we are saying is give peace a chance Let me tell you now Ev’rybody’s talking about Revolution, Evolution, Mastication, Flagelolation, Regulations. Integrations, Meditations, United Nations, Congratulations All we are saying is give peace a chance All we are saying is give peace a chance Oh Let’s stick to it Ev’rybody’s talking about John and Yoko, Timmy Leary, Rosemary, Tommy Smothers, Bob Dylan, Tommy Cooper, Derek Tayor, Norman Mailer, Alan Ginsberg, Hare Krishna, Hare Krishna All we are saying is give peace a chance All we are saying is give peace a chance —————————————————- Démosle una oportunidad a la paz Dos, un, dos, tres, cuatro Todos hablamos de Arrestismo, Sexismo, Obstruccionismo, Colerismo, Harapismo, Rotulismo Este ismo, el otro ismo No es lo máximo Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz Todos hablamos de Ministros, Siniestros, Pasamanos y Latosos Obispos y Pescadores, y Rabinos y Gurúes Y adioses, hasta la vista, hasta luegos, hasta prontos Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz Déjenme decirles ahora Todos hablamos de Revolución, Evolución, Devoración, Flagelación, Regulaciones Integraciones, Meditaciones, Unidas Naciones, Felicitaciones Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz Oh vayamos al grano Todos hablamos de John and Yoko, Timmy Leary, Rosemary, Tommy Smothers, Bob Dylan, Tommy Cooper, Derek Tayor, Norman Mailer, Alan Ginsberg, Hare Krishna, Hare Krishna Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz Todo lo que decimos es démosle una oportunidad a la paz

La memoria del Fakir


PD: La memoria de los fakires y sus ensueños suelen verse punzados por recuerdos que hieren como clavos en la espalda.



Se ríe, sin dientes que apreciar, en la mismísima bocacalle de tu cara.

-¿De qué se ríe, si duerme sobre clavos?, se queja Anjau.
- Este adefesio dice que “nosotros”, los humildes “urbanos” vivimos en lo que él denomina literalmente como lujosos nichos, y nosotros llamamos casas u hogares…

…Pero yo no entendí, dijo Anjau… Le aclaré que debía tratarse de un problema lingüístico y que había cometido seguramente un error al expresar la palabra nicho. Una confusión… Comenté además que aquí en occidente, los nichos se encuentran en los cementerios y los urbanos no vivimos en cementerios; le aseguré que sólo sirven para albergar muertos… y yo sigo vivo, junto a mis vecinos.


Mientras tanto, él lo miraba serenamente como dispensando la
alocución de Anjau.

Éste agregó -en un amontonamiento desmedido de palabras inservibles a los oídos del fakir- que los nichos suelen verse -con
respecto al aspecto- como una suerte de grilla , de pequeños
departamentitos, con un encargado. Este reitera en ocuparse de la limpieza general de los pasillos, encera, recibe a las visitas e
indica en qué departamento -perdón- quise decir, en qué nicho se
encuentra el familiar a quien se busca.

-Y se pagan expensas, continuó Anjau. -Algunos están rodeados de jardines muy bonitos y muy bien conservados, y hasta
estacionamientos poseen.

Así que le repitió que -seguramente- había incurrido en un error
cuando especificó que los ciudadanos de las grandes capitales
vivíamos en nichos.

Anjau soportó estoicamente la mirada del fakir, pesada, intensa.

Le devoraba los pocos rezongos de respiro que tenía el pecho del
francés.

El fakir lo miró fijamente, desperezó su boca y le dijo:

-No señor, no hay error…


**********

-¡Já!¡Lujosos nichos!. Si él vive en una bolsa de tela a la que
llama carpa o tienda, y duerme sobre clavos…¿Qué me puede venir a decir acerca de la casita que han levantado mis esfuerzos y el de
mis queridos vecin
os y cófrades?. ¡Qué insolencia!¡Cuánta falta de
respeto, parado en el umbral de mi puerta… y me mira! ¡Qué descaro…!

**********

Más tarde, Anjau apoyó su figura bajo el dintel de su puerta de calle, con el fin de observar el tiempo pasar desde allí…

-Adiós Don Jeenet. Sí, sí, mi familia bien, ¿y qué tal la
suya?…Bueno, me alegro. Adiós, adiós, ¡que siga tan bien como
hasta ahora…!

…Es un buen hombre Don Jeenet. Trabajó cuarenta y dos años como operario de los trainways. Un verdadero ejemplo de sacrificio. Era un excelente guitarrista pero decidió cambiar ese sueño por la seguridad suya y de su familia y abandonó todo por la empresa. Verdaderamente, un ícono a seguridad, por su innegable tesón…

-¿En qué estaba yo? Ah sí! Ese fakir…

********

Alacranes. Deambulando por allí. Creo que ellos saben detrás
de qué presa se hallan. Yo los observo desde mi catre, sin clavos.

Ese -con clavos- solamente lo uso para los gringos extranjeros y los tontos de cabotaje que sé que cuentan con un buen pasar en la billetera. Para los que quieren circo, pues…a ellos
hay que darles circo. Es indefectiblemente el camino único y
más directo, cómodo y ágil, hacia el dinero fácil.

-¿Para qué pasarme la vida abrazando una chimenea de fábrica si tarde o temprano, de una forma u otra esa misma chimenea se me desmoronará encima?

Mirando el techo de la tienda, si es que una tienda tiene techo;
brazos en froma de pretzels a la nuca. Perfecto apoyo de cuello y
cabeza; relajación absoluta de casi todos los músculos, que duermen.

Atentos los oculares, al observar el irritante y escalofriante
deambular de ciertas pestes desérticas en lo más alto de la tela blanca…

La ceja transpira frío aunque el calor se yergue sobre cualquier
pensamiento. Hasta para un fakir es difícil el tema de las altas
temperaturas. Coloca un pie en la arena. La siente fría y
abrasadora la mismo tiempo, y se arrepiente. Recoge nuevamente la pierna en forma suave y retuerce lo más que puede su delgado cuerpo hasta convertirse en una especie de caracol, o una larva ajusticiada hasta la muerte con una lluvia de sal gruesa.

El fakir descansa tenso, sin perder de vista ni un instante a la pareja de alacranes que ahora parecen adueñarse del techo de la tienda… si es que una tienda puede tener techo.

*********

Se retuerce, de inmediato la sal lo quema hasta el hastío y sobrevienen los gritos, los gritos abrasadores lo vuelcan de la cama hasta rodar al parquet, y Julia, la mujer de Anjau, se
despierta sobresaltada…
Su marido se desgarra en un sueño profundo del cual no puede salir…Algún sueño con arenas y camas de clavo que para su esposa será -por siempre- un enigma.


-¿¡Anjau?! Dime amor, contéstame- y pregunta horrorizada ante un cuerpo inmóvil:
¡¿Qué te ocurre!?, ¡Dime! ¿¡Qué ocurre?!…!…

-”Amar como el Ñandú”-


Para Alejandro Sokol.

Buenos Aires era una mancha parda más, mezclada con las sombras céntricas, en plena noche. El aire iba impregnándose de olores a cervezas vacías y comidas rápidas en el reducto de la esquina de Estados Unidos y la 9 de Julio. Los cientos de voces suburbanas entrelazaban alguna que otra frase coherente mientras se amenizaba la espera. Eructos despiadados y risotadas que saltaban el cerco, hacían distraer los minutos y las horas.

Mientras tanto, irrumpiendo en lo perverso de la oscuridad, balizas azules de los autos policíacos, distorsionaban el opaco del asfalto en espirales, apenas a cien metros de la tribu que hablaba y reía.

De pronto, y tras un pasillo largo de penumbras, llegó un hombrecillo, con un bolso pequeño, de los viejos, de aquellos típicos de club barrial de los años 70. Vestido apenas discretamente y con un corte de cabello rapado al ras, este hombrecillo detuvo su andar para beber del pico de la botella ámbar, tras agradecer por el ofrecimiento del brebaje a aquellos pibes que con ansia esperaban el recital en el club “Cemento”.

Corría 1995, un junio frío de aguaceros… La copiosa lluvia molestaba un poco, pero no llegaba a mojar e inundar como la noche anterior, en que el recital programado debió suspenderse para el día siguiente porque los caños de desagüe no dieron abasto tras semejante tempestad.

Este hombrecillo, sin jamás abandonar su gastado bolsito de mano, levantó temerosamente su rostro, saludó como uno más y se metió a Cemento sin pagar entrada ni mostrar credencial alguna. Unas cuatro horas más tarde de lo estipulado en el boleto de ingreso, el club era un hervidero a pesar del frío reinante afuera. Una hoguera humana en pleno invierno. El calor de los cuerpos, el crepitar de las palmas, el griterío, los cánticos, las banderas… Segundos más tarde las guitarras, la batería, las voces al unísono… y en medio del escenario, aquél hombrecillo simple convertido en antihéroe. En Capitán América del tercer mundo, disfrazado de Oruga, de Tucán, de Astroboy, de Ñandú, invitando a caminar con él un pasillo largo, o un sendero de victoria tras una procesión yéndose a confesar.

“Movete, si ya estás en el cielo…” entonaba este hombrecillo salido de la escuela rockera del más rockero de los rockeros que éstas pampas habían visto hasta entonces. Quizá ahora esté zapando junto a Luca Prodan en alguna parte, compartiendo veinte minutos de felicidad.

Cerca de las cuatro de la mañana, esos pibes que saltaron toda la noche junto a los pibes-de-unos-cuantos-años-más que estaban arriba del escenario, se fueron a sus casas. Se llevaron consigo una ola musical que les refrescó la mente -en vivo- sobre cuál era el soundtrack de sus vidas en ese momento.

Las Pelotas supieron aunar en tribu a esas ovejas perdidas que no soportaban la música de plástico que pasaban las radios de moda. Aquellos antihéroes montañeses le susurraron al oído las cosas que esos pibes pensaban y sentían, y que no podían decir ni contar. No existían palabras para semejantes dudas y dolores.

Y Sokol cantaba esas dudas y dolores. Y cantándolas les ponía un haz de luz mortecina a las sombras más profundas de aquellas pequeñas almitas transpiradas y llenas de preguntas sin respuestas. Preguntas irresolutas que clavaban un dolor sordo en lo más recóndito del alma. Y Sokol decía que “no te engañes como yo, que quise tomar por presa al cazador”.

Y al cantar las penas, pues éstas ya no dolían tanto. Entonces los pibes se animaban a enfrentar los fantasmas más impresionantes, y a las Sombras más profundamente oscuras. Y a las lagunas negras por cruzar, que ya no parecían tan peligrosas después de que el Bocha les dijera “no hay miedo desde aquí, no vayas a explotar…Es todo tan violento, pero no dejes de mirar…”

Supongo que se habrá cansado de repetir. Supongo que finalmente se habrá cansado de soportar tanto veneno. Quizá entendió que tanto anhelo, pues, lastima. Y allí fue, herido en sus manos, despegando sin querer dar dolor… Sabiendo que uno se puede alejar enormemente de sí mismo, pero al fin y al cabo, lo que realmente se ama, es imborrable…

Decálogo para Insomniar


Los caminos que usualmente recorre el ser-humano-disfrazado-de-periodista, en estos tiempos tan intelectualmente violentos, a veces lo invitan a cruzarse con historias que -a prima facie- parecieran pequeñas, individuales y poco dignas de ser contadas a nivel masivo.

Sin embargo, la contrastación posterior de esos relatos íntimos y pequeños con otras bocas similares, íntimas y pequeñas, que exorcizan sus pareceres al respecto, llevan a la pseudo conclusión de que los seres humanos se hermanan mucho más de lo que pretenden separarse, aunque sea en estas diminutas vivencias.

Históricamente distanciados por el color de la piel, la raza étnica, la religión, el sexo, las fronteras, los muros, las guerras, los reinos, las clases sociales, las camisetas de fútbol y todas esas cáscaras, están los “simplemente” seres humanos. Estos han sabido -sin saberlo-, emularse entre sí, tras esos aspectos superfluos que los han diferenciado. Bajo esas caparazones existe un ritmo sanguíneo que termina siendo más símil entre sí, que opresivo y disgregador… Aunque los humanos aún no lo hayan notado y -paradójicamente- se empeñen en distanciarse..

Esta pequeña historia de gigantes, de muchos, fue relatada hace aproximadamente unos dos siglos y medio, día más…día menos… Se la ha contado una boca a la otra por los llanos centroamericanos. Un hallazgo propio de antropólogos y de arqueólogos más que de un simple periodista. Sin embargo, quienes alzan diariamente la espada de los verbos, para defenderlos a éstos de los oprobios cotidianos, han sabido reflejar con la palabra misma un sendero histórico atemporal. El verbo no entendió de reglas de tiempo, de lapsus históricos, o de olvidos… Traspasó las generaciones y se convirtió en una espada invencible contra los cercenadores de relatos…

“El insomnio tal vez sea uno de los brebajes preferidos por los hombres parcos y nostálgicos que –lejos de vanagloriarse de tales dones- no se jactan de beber y emborracharse con esos elíxires. Sin embargo, el desvelo, es el haz de lava en el volcán del alma que devuelve, regurgita y seduce la sensibilidad. Esa que sirve para arribar a las instancias más nobles de la creación artística.
Se trata de una somnolencia irreproducible en otros estadíos, un frenetismo lamentablemente finito que sólo se recupera y alimenta con más insomnios.
Tengo un amigo que también la disfruta de esa manera (como Tzeda); y fue este amigo de quien te hablo, quien me ha confiado que el insomnio es casi como un estimulante que parece no acabarse nunca. Ni perecer en su efecto, ni derramarse, ni diluirse…no como los estimulantes actuales, sacrílegos, salvajemente puritanos, que han hecho levitar almas nobles como si fuesen hojarascas al viento. y luego, les han perdido el rastro… para dejarlas así, sin ton ni son y bien a la deriva.

Digo que el insomnio devuelve un dolor hermoso, similar a la quemadura de sol ardiente. Un dolor con jugo de cerezas en el labio inferior, un labio partido por los vientos de mitad del año…escuchando un susurro, bien al sur…ese viento incansable. Es uniforme y a la vez impalpable y sin formas. Se derrama, se deshace, se desarma y se vuelve a construir… Otra paradoja que seduce al sosiego, un sosiego que nunca llega. Porque se convierte en un aluvión, un enorme tornado, todo tornado, todo viento circular sin fin…

-¿Me hablas del insomnio o del viento…?
-Quizá de ambos…

Es un dolor símil a la resignación bella, a la dulzura de dejarse perder cuando juegas una partida con un niño de 6 años. Con miedo a dejarse ser, sin utilizar “el pensar”; doloroso, tal como orinar después de hacer el amor durante horas. Un cosquilleo morboso y algo irritante -pero al fin y al cabo- es un padecimiento bello porque es el dolor que antecede al acto final; es un mensaje póstumo e inconfundible. Y ese mensaje cuenta que has sido derrotado por las huestes del sexo.
Es como recostarse tras una ardua y larguísima caminata, sin haber querido caminar. Un cansancio somnoliento que –a pesar del agotamiento- nos permite permanecer de pie. Como mutilarse con el único fin de haber querido romper con la rutina. Sólo eso…reavivar una herida únicamente por vicio, por ser vicioso del vicio.

Casi como rondar la presa antes de devorarla, ese deseo incontenible, la agobiante pero deliciosa tensión de la vigilia… La rigidez que espera a ser saciada… Ése momento, el de la espera… Ay! Si uno pudiera encapsular esa energía para disponer de ella en el momento que quisiese o le resultase necesario…
Resulta como herir con palabras en forma de cuchillos, sabiendo del filo, del tajo, del futuro e inmediato dolor ajeno.
El insomnio abre los poros y deja fluir lo peor de mí, lo peor de mí para vos y para todos también… ¡Pero noooo!!!!! No me malinterpretes. No estoy a disgusto ni contigo ni con nadie en especial. ¿No lo adviertes? Amo a todos y cada uno de los seres de la Tierra y también del inframundo (tan misterioso).
Sí, sí… Te amo a tí, con esos defectos carnosos a la vista, pues estás hecha de carne. Te amo con grietas y decepciones pues así es tu materia viva, tu naturaleza de ser. Te amo con tu carácter de fétida descompostura animal; te amo con el perfume de cien mil tabacos, el de las aguas estancadas que me regalan tus fauces…
¿Te das cuenta? ¡Amo!!!! No odio ya a mis prójimos. Porque podría hasta considerar que odiarlos sería una pérdida innecesaria de tiempo…de preciosos segundos…
Todo es insomnio, un estado de plena vigilia, de tensa calma, donde se puede tocar un aire espeso en enero. El insomnio es muy amable, condescendiente, me quita los velos que sueles tejerme…Tejidos que me ahogan, y ahora… ahora respiro un ratito y… y llega el sosiego, al fin… El insomnio comienza a desaparecer, y el insomne se desvanece para dar paso a la fastidiada figura humana que siempre desanda las mismas calles. Lentamente, se descorre el velo tan dulce y aparece una meseta desértica con vientos uniformes y… un resplandor de sol al atardecer, amarillo viejo… y de pronto una fría mano se posa sobre mi hombro izquierdo… y el escalofrío me despabila…y…

-¡Tzeda!¡Tzeda! Despiértate porque llegarás tarde, dijo una voz que traía en sus manos un humeante jarro de barro con té de hierbas…


“No te mira y se despide a cuentagotas…”

No te mira…y se despide a cuentagotas

Como un carro viejo en medio de la llanura desértica al cual nunca se lo traga el horizonte.
No tiene un por qué definido, pero sin quererlo se convierte en un espectro tras la polvareda que despide su andar. Carruaje fanático del abismo que nunca llega.
Mitad sangre, crin, espuelas y un tejido nervioso a punto de ahorcarse con el correaje. De pelaje rapado, de viento, brillante -como el lustre de un zapato del abuelo-. Casi un destello bajo el sol, que opaca.
Y la otra mitad…la madera, el rechinar viejo y sucio, el amarillo gastado, un resplandor apagado y sosegado. Es apenas un bello saco de arpillera muerto sin su otra mitad, la que lo arrastra por los lares beduinos…

Así es ella, así se despide, a cuenta gotas…

Y por dentro llegas a un aluvión de sangre. Llegas al punto de ebullición, a ese cigarrillo cerca del filtro cuando adviertes -en un junio de madrugada- que ya no hay reemplazos “mata ansiedades” en el espantoso paquete de nicotina.
Y en realidad, no pretendes dolor…Quieres que ella te sujete del cuello de la rosa y te corte de cuajo, sin esquirlas. Quieres un disparo en la sien y no cien puñaladas en el alma.

También tienes claro que hubieras preferido otro destino; un maldito dibujo terminado alguna vez, no esos bocetos inútiles. Hubieras pretendido que las contradicciones sean de los otros; un “no” a los sueños truncos, un despiadado “no” al desamor…Una incomprensión menos; que el nauseabundo olor no fuese proveniente de tus tripas; un eterno e imperturbable “no”.

Eso hubieses elegido, casi como una obviedad…

Pero no. Solamente hubo un anhelo… y éstos -generalmente- se valen de las ilusiones para verse alimentados y engordados. Comen de los sueños, crecen con tallos de cristal y sus brotes suelen ser patéticamente cursis. Me gustaría, pero no podría describir raíces, verdaderas raíces provenientes de anhelos…pues nunca he visto alguna.

Simplemente son tan elegantes como inútiles. Elementos inertes surgidos de algún fango que no tuvo mejor idea que hacernos resbalar…Así es el anhelo: insensible, inútil, invertebrado, infeliz… Como anhelar un “ella” cuando no existe. Basura sin correspondencia donde ser entregada. Eso es “el anhelo por ella”.

Roñosa ingratitud de cósmicas perturbaciones en el aire y exasperantes gritos mudos que se mueren ahorcados en el estómago…

Como puedes advertir, no tiene asidero…

La basura es sólo basura. Qué sentido tiene insistir. Ya sé que de una larva horrenda nace una bella mariposa, y que solamente vivirá veinticuatro horas…Del excremento sólo criarás eternas moscas…

El anhelo es un traidor ilusorio, que ha servido a la voluntad para hacerte olvidar las frutas putrefactas que cargas en tu costal… Esas que sólo nosotros conocemos y que nuestra cobardía -en forma de de grillete- nos perpetúa al arrastre…a no poder volar.

Pero la piedra más inmensa que nos aplasta a diario es la de la ignorancia, la de no saber que las llaves del cerrojo están siempre en este bolsillo, el más cercano a mi mano…

Crónica de una Lágrima

Viernes 4 de noviembre de 2008 – Saavedra, Buenos Aires , Argentina – Marcha tras el cobarde asesinato de Rodolfo “Rolo” González, de apenas 18 años de edad, ultimado con un balazo en la nuca.

Crónica de una lágrima

Corre por la mejilla. Moja la almohada, empapa la angustia y se cuela por las endijas de un reclamo que exige justicia. Manos al cielo, las de las víctimas de la delincuencia. Eclipsan los últmos soles. Manos vacías de armas y llenas de aplausos. Justicia, claman las voces. Miles de rostros suplicantes cuentan la crónica de una lágrima.

Sería fácil para un niño -con gomera en mano-, matar pajaritos desprevenidos en los árboles del Parque Saavedra…de a uno, piedra tras piedra. Pero agrupados en bandada, éstos se hacen más fuertes, y al tirador le resultaría más difícil interceptarlos. El viernes 4 de diciembre de 2008, Saavedra desperezó sus alas somnolientas tras del asesinato de Rodolfo González. “Juntos es posible”, dijeron las voces marchantes.

Segundo a Segundo

La procesión parece una vena abierta, sangrando. Recorre la avenida Crisólogo Larralde hacia el oeste, cual fluído derramado. El país se desangra en cada uno de los pasos que retumban sus caminantes, y no alcanzan los médicos para que se suture semejante herida. Se apalude y se avanza sin eufemismos, ni barrabravas, ni punteros políticos, ni aparatos de convocatoria, ni choripanes, ni planes Trabajar, ni falsos profetas, ni hipócritas oradores, ni mesías. Sólo pasos…palmas…y flores blancas.

Un fuego quema insufriblemente sobre un ardor que pareciera no sanar ni cicatrizar. El vecindario marcha en favor de la vida, llorando las ausencias. No debiera el ser humano acostumbrarse al dolor, y sin embargo lo hace cada vez con mayor asiduidad. Sin embargo, este no es el caso. La sociedad lamenta el vacío actual, en el mismo sitio donde ayer hubo una huella. Se aplaude incesantemente, tratando de martillar los tímpanos de quienes deben oír este clamor. De quienes deben actuar y no lo hacen. La calle sangra, está viva y se moviliza. No hay palabras ni gritos en el aire. Sólo un repicar rítmico, incansable y furioso. El clap-clap se intensifica y pide justicia. Pero a la vez ruega por paz, por calma, por lucha, por un “basta ya”. Hay perfume de hastío, de resignación rabiosa. Hay sonido de sueño interrumpido, de beso seco y postrero, de caricia áspera, de preguntas sin respuestas, de lágrimas partidas…

Los ojos tienen fuego en la pupila, pues se cansaron de mirar y empezaron a ver. Las voces encuentran ecos en la multitud y el tronar de las palmas es unánime. Todos de acuerdo. Se reclama intespestivamente y se pide, con dolor de llaga, inmersos en una tensa calma. Es que la angustia demuele, pero no vence. Las caídas raspan las rodillas, pero luego se ponen de pie. Y las gentes lloran mientras aplauden…y aplauden más, mientras lloran a cántaros por el hueco dejado por lo irrepetible, el espacio vacío de lo irremplazable.

“Violencia es Mentir”, Las voces de la marcha:

“Sra. Presidenta, se está cayendo el techo y nadie lo apuntala.”

“Sra. Presidenta: con voto o sin voto, éste es su pueblo.

Humildemente la podemos ayudar.

Pero si no puede ni quiere administrar justicia, haga un paso al costado”.

“¿Tenemos que ponernos pañuelos negros en la cabeza

para que nos escuchen?”

“¿Dónde están las Asociaciones de DDHH?”

“Por un país libre, no liberado, ¡Renuncie Sr. Aníbal Fernández!”

“Basta de estupideces y reuniones con cantantes.

Acá hay un pueblo que pide justicia

y está llorando a sus víctimas”

“Dios quiera que esta sea la última vez que nos autoconvoquemos pidiendo justicia”

La procesión arrastra dos, tres, cuatro cuadras de penurias, dolor y sed de justicia. Pero a su vez el vecino aplaude en pos de la paz. En pos de no querer hacer nunca más manifestaciones que lloren muertes. Se aplaude para no tener que vivir encerrados, con una angustia asfixiante que anuda el pecho. Se camina, por el simple hecho de permitirnos salir a la calle en calma, sin temores. Se marcha por los chicos, porque puedan volver a jugar en las veredas; y los abuelos, a sacar la silla y la pava con el mate. Se reclama para poder andar en bicicleta; para que los jóvenes puedan volver de madrugada un domingo sin que los padres deban permanecer en vela, abrazados a un teléfono, debajo de la almohada.

La sociedad no quiere más rostros en blanco y negro llevados como escudos de lucha. No quiere más velorios prematuros. Existe un genocidio sin banderas, no declarado formalmente, pero que hace más de una década nos azota sin piedad.

En Saavedra se ha detenido el tiempo. El ritmo loco. La velocidad sin sentidos, ni sentido alguno. La ciudadanía está conmovida, harta del atropello. Miles de autos cesan su andar y asisten en respetuoso silencio al deambular de miles de almas en pena. Ruge el país, de punta a punta, por sus muertos y desaparecidos. Hoy, el eco retumbó en el norte de la Capital Macrista.

Siete, ocho, diez cuadras de dolor, y de lucha. De angustia y fuerza que grita para poder desatar las lágrimas que riegan el barrio durante las últimas horas de la tarde. Esto se convierte en “lo real”. Sin frivolidades, sin mentiras, sin números dibjados y borroneados, sin lujos innecesarios, sin hipocresías. Lo real es la gente. la gente y nadie más. La expresión pura, sanguínea, palpable.

Gomeras. Pajaritos. Así caemos. Un genocidio sin bandos. Un genocidio ajeno a la torpeza, la pequeñez, la bajeza de minimizar las cuestiones através del racismo, del hecho de discriminar entre buenos y malos; ricos y pobres; adictos o sanos (”las mías son recetadas”) y demás cuestiones superficiales. No. El genocidio es silencioso, sin trinchera, sin pactos preexistentes espurios, sin zona de exclusión pero con esquinas liberadas… Una lucha sin ejércitos definidos… Sólo la gente… Todos. Ricos, pobres, sanos, enfermos, altos, bajos, hombres, mujeres, todos.

Algunos no tienen armas, y carecen naturalmente del ánimo de querer salir a matar por las mañanas. Otros sí poseen ese ánimo. Esos otros andan “calzados”, tanto en el bolsillo como en la cabeza. Amanecen y salen. Salen y roban. Salen y violan. Salen y matan. Y mañana salen en la tele, y pasado salen a la calle otra vez, a cumplir con su ciclo de vida… con su ciclo de muerte sin miramientos…

Conmovedor minuto de silencio frente a la escuela de la calle Valdenegro. Miles de personas en absoluto silencio… Ellos asisten a esta lucha. Lucha con muertos. Lucha sin bandos. Sólo gente matándose. Gente y nada más. En la esquina de este barrio hay un llanto vivo. En la-casa-de-al-lado-de-su-casa se llora mucho. La lágrima es por ausencia, un grito ahogado e interminable.

Diego Pintos

Arenales, te he visto…


Garúa. En Arenales, Bernard toma rumbo conocido a la izquierda y empieza a bajar. Levanta el cuello del sobretodo mientras va esquivando los gatos negros de la medianoche. La calle es un dibujo en degradé de grises, casi como el tango. Y lo va silbando, lo tararea de a ratos… Esquina tras esquina y más, solamente alza la vista para que no lo arrollen los ómnibus que parecieran hacer caso omiso a lo resbaladizo del pavimento. Ellos aceleran sin medir consecuencias, mientras Bernard previene su muerte para así poder vivir una cuadra más.

Se reportea a sí mismo, juega. “No, no me molesta para nada este frío porteño, porque París en invierno es mucho peor. La ciudad luz se apaga durante seis intensísimos meses, y abducidos van los parisinos, por esa bruma a la que nos acostumbran de chiquitos”.
“En realidad, el problema de París no es la ciudad, sino nosotros, los parisinos. Es casi lo mismo que le ocurre a Buenos Aires con los porteños, un mismo problema que recae en el otro extremo del mundo…”

Casi resbala con un charco de agua sucia y hojitas secas, y se detiene un instante a encender el décimo cigarrillo del día. Una especie de leño, de refugio tibio en esta noche de frío. “Sobre la calle la hilera de focos lustra el asfalto con luz mortecina…” esa luz que se debe parecer mucho al apagado brillo de su mirar.

“Mientras que los parisinos desfilamos por el empedrado lustrado sin mirarnos los unos a los otros, los porteños se envidian o se ignoran en medio de los carritos y las bolsas de basura. El smog es igual, el gris también, algunos parques vestidos de otoño con sus retazos de hojas secas… Somos diferentes, pero muy parecidos cuando sentimos al desengaño diario…-y humillando este tormento, todavía pasa el viento, empujándome… -”

Intentó apurar el paso en las cuadras subsiguientes. Iba camino al borde del abismo que proponen el cordón y la correntada de la zanja, llena de ramitas secas.

Allí estaba ella, sin más que su linaje descendiendo del taxi. Era una de esas épocas en que viajar en taxi hacía parte de un linaje, de un status. Apoyó la intensa punta de aguja del taco en la parte más débil del ego de Bernard, y éste cayó enmudecido a sus charolados pies. Desde un primer momento presintió conocerla y entre las puertas -la del taxi y del apartamento- la detuvo varias veces entre sus brazos… La mente y la mirada de ella, apagadas por insensibles momentos durante un arduo día, quedaron a merced de los ojos candentes de Bernard.

Supe que era ella, “supe que eras tú”, le dijo. “Judie, tú eres Judie…”
Frotó con firmeza el antebrazo de Bernard mientras ella comenzaba a iluminar las sombras de la noche con su rostro fulguroso. “Parece un pozo de sombra, la noche, y yo, en las sombras camino muy lento”. Ella asintió, se lo hizo saber con un beso y sorprendiéndolo dijo: “soy yo… ¿Judie? Sí, Judie… pasa…“

Subieron unos mil escalones, larguísimos pisos, entre apretujones en la escalera, burlando la feroz sencillez y aburrida celeridad del ascensor.

-¿Para qué aquí? Teniendo una cama de fakir donde hacerlo, dijo ella.

Y fue allí donde lo endulzó de aguijones. Hablaron de la misma escuela a la que habían ido, Bernard nombraba compañeros de clase y ella asentía con una efusividad excitada, mientras guardaba sus secretos en guantes de seda. Habló de su magia, del tarot y los esoterismos, al tiempo que sus extremidades –despiadadas- aguardaban por la inmensidad de Bernard, como tentáculos al acecho.

Le sirvió un café bien cargado mientras se quitaba la ropa. Encendió un cigarrillo y lo compartió con él al tiempo que sus manos comenzaban a percibir la belleza de su vientre. Fundieron en un beso que no se hizo humo… Por un largo tiempo detuvieron ese impiadoso trajinar del reloj. Y después, ese beso sin pijama, fue la excusa para vivir del amor…Un verbo conjugado en presente continuo, antes de morirse en el pretérito del olvido.
El fluir se mezclaba con conversaciones jadeantes, recuerdos de bares, fiestas, noches en vela, libros y risas… y llantos.

Uñas inclementes surcaban la indefensa espalda de Bernard, en medio de gemidos de bestias salvajemente dulces. La lengua de Judie se deshizo en pasión y le regaló como una garúa, su vientre, en la pendiente de los deseos…

Durmió ella. Bernard tomó descuidadamente la llave que estaba sobre la carpeta de la mesita de luz, y Judie abrió los ojos. Lo besó y dijo: -Déjame en paz ahora… pero regresa… “Y por más que quiera odiarla, desecharla y olvidarla, la recuerdo más”.

Mi café se enfrió… no hubo tiempo para beberlo antes, ni ganas de recalentarlo después.

Bernard levantó el cuello del sobretodo y volvió a la calle Arenales, a la garúa…

Se preguntó, mientras alzaba la vista -solamente para que no lo arrollasen en cada bocacalle-, cómo se sentirá ella con respecto a él, y a esa deliciosa mentira que se juraron mutuamente verdad… Él supo que no era Judie… desde un primer momento, pero ella quiso serlo… A Judie nunca le importó cómo se llamaba él… Todo sirvió…

¿Bernard?¿Judie?¿Qué importa?

Disfrutaron el hecho de haberse conocido.

Sí, hoy, recién, por una garúa y un juego de piadosas mentiras, medias verdades…

No importó nunca más…, desde hoy habrían ido a fiestas universitarias, risas de los mismos bufones y libros intercambiados…


“No importó nunca más… sólo nuestro vientre…”, me confió Bernard.

D.P.

El poema fue hallado a las orillas de mar de Libia, en idioma Avestano, hoy yace inconcebiblemente en el museo de la garganta de Olduvai, en Tanzania.

He dejado atrás el mundo de hierro,
estoy ahora perdido en el desierto.
Las sombras de la noche visitó
en la arenisca sección de mi dombo.

Perdí mis dientes a las orillas del océano,
la mujer que arrastré a mi nada se desarmó,
sobre mis manos quedan los rastros del miasma.
Así mis lágrimas humedecen las arenas sangrientas

y cuando la luna trae el hielo sigo solo
por el detenido tiempo de los muertos.
En este valle nacen músicas de sombras
y vagan a mi rumbo serpientes y escorpiones.

Mis ojos castigados no reconocen el paraíso
vagan eternos; vacantes de la paz y de la fe.

“proclasstro siverbulimm, 556 a.C.”

************** ***********

Desperté junto a un río sagrado, en Asia,
desnudo caminé por tiempo largo, hasta
un pueblo que ardía en llamas, el último
cielo se cegó en un relámpago milagroso.

supe que era el tiempo de la guerra,
el fantasma de un tigre blanco en los bosques.

La lluvia era fuerte e impedía adelantar mi marcha
una mujer antigua apareció desde lo alto de una piedra
en sus manos tenía un argentado sable oriental,
cuando se acercó hasta mí, conocí la muerte.

“soldado mongol, siglo v”

Otro sueño más… y van…

“No se cansen de tocar”, dijo Diego como única indicación en el primer tiempo.

Nunca nadie hizo tanto por una camiseta. Ahora, él luce camperón azul oscuro hasta las rodillas, sin gorra de lana, sin silbato ya; manos a la altura de la cintura sobre su espalda. Frío sentido en el clima escocés y un haz de fuego en su mirada. Mírelo, siendo el faro-guía en el precalentamiento de la Selección Argentina, rondando el medio de la cancha. Observa fijamente al amor de su vida, la redonda, la de tiento –alguna vez-. Luces en el estadio, y en su propio rostro. Iluminación por todas partes, y un foco al Diez. Todos saben quién es el Diez, aunque no lleve ese número en la camiseta, ni camiseta siquiera. Hace frío ahora también.

Luego llegó el momento de las escalinatas hacia las profundidades del escenario, directo al vestuario. Profirió la primera, estruendosa y emocionante arenga hacia sus dirigidos y luego, la ansiedad posterior…la procesión errante. Vueltas y más vueltas sobre la alfombra roja de Glasgow, al borde de un césped que habla muy bien del Pelusa. Que cuenta anécdotas increíbles, magníficas. Es una pena que nuestros científicos aún no hayan descifrado el idioma de la grama. Es que somos curiosos. Queremos saber de las andanzas del mejor de los mejores. Queremos saber muchas más cosas de las que ya sabemos. Como las puteadas resignadas de cientos de arqueros que fueron a buscar pelotas al fondo de la red. Como los deseos que Dieguito conversaba con el césped cuando terminaba los picados en Fiorito, o en los Cebollitas, o en primera, o en Italia, o dónde fuere.

La palabra de sus ayudantes se arrimó minutos antes de la entrada de los equipos; el beso de Bilardo llegó en la mejilla derecha, mientras que el compromiso y la ansiedad corrían desenfrenados por dentro. Pocas veces se ha visto que en un estadio de fútbol haya tres hinchadas: La del local, la del visitante, y la de uno de los directores tácticos.

Diego Armando Maradona.

Blanca palidez en ciertos rostros a la hora de salir a la cancha. Se persigna Diego y sale a la cancha, mientras responde con una sonrisa franca al saludo afectuoso de dos policías escoceses en plena salida del vestuario.

Los jugadores, alineados dentro del terreno de juego, inflan el pecho hasta el borde de la casaca, como un globo de helio; tal como lo hiciera su DT en tantas contiendas futbolísticas. El hombre más fotografiado del estadio, el que dirige el banco de los reemplazos argentinos, ingresa en un trance, porque suena el himno nacional de las pampas. Las cámaras de televisión toman una imagen seria y concentrada que se asoma como un galeón brioso, navegando sobre los acordes de la canción patria. De pronto, el estadio entero mira con ardor esa efigie en las pantallas gigantes, y la gente manifiesta un estallido frenético. Diego es imagen y semejanza del sentimiento sin fronteras. ¿Cuál sentimiento? – Todos… Todos los sentimientos.

Luego, la hora de la verdad futbolística. Diego quiere entrar pero no puede. Ahora mueve las fichas. Cambia, grita, piensa, modifica sus sensaciones, busca y encuentra. Tranquilo…muy tranquilo… Otro sueño más, Diego; otro sueño cumplido…y van…

Dieguito decía: ‘Quiero jugar en Primera, después en la Selección, quiero ganar un Mundial‘.

Diego dice ahora: “Quiero ganar el Mundial 2010. Si no tuviera ese objetivo, me habría quedado en casa tranquilamente mirando la televisión por la noche”,

Entonces, Carlitos se la dio a Jonás, éste a Maxi y Diego gritó gol. Uno a cero. Siempre enojado, pero bien; siempre serio, porque invariablemente quiere ganar. La bronca siempre fue tu mejor combustible, hizo correr la sangre del lado de adentro de la piel, hasta que la atravesaba y se convertía en gol…. Sacá la lengua Pelusa, y pisála de nuevo. Gana “Tu” albiceleste. Es tuya Diez.

Tu equipo toca y toca. Triangula como dicen los libros. Retrocede y avanza como en el ABC del juego más hermoso de todos. Seguro les has advertido a tus jugadores -con tu acostumbrado fuego en la mirada- que “se las prestás un rato, que te la traten bien”. No siempre el gordito es el dueño de la pelota. Es tuya Diez. Tu equipo la cuida, por ahora. Quedáte tranquilo.

Él mira, al igual que sus ayudantes y colaboradores. Todos vemos que todos ven. Pero hay uno que lo ve todo, en todas sus formas. Siente el lenguaje del balón como ninguno. Pues, decir “como pocos” sería un eufemismo, una fruslería frívola. No nos mintamos, ni mintamos a los que no saben nada de esto. Hay uno que sabe, los demás aprendemos de a poco.

No desesperes. Ahora tu equipo no juega bien. Ya no se conversa como antes y los lazos se han desdibujado. Contáles cuál es la música del Río de la Plata... Hacélos tocar en ése son… El escenario -en este momento- se hace más pequeño. Tiene duchas, bancas y armarios. Sólo una voz se oye. Es un trueno lleno de historia, lágrimas en finales de mundiales futbolísticos y arengas desgañitadas. Pero está tranquilo y explica, cuenta de ésas cosas que sus pies ya han hecho.

Diego fue una imagen inmutable. Extraordinariamente impasible, al menos para los ojos humanos. Terminó el debut. Puño apretado, grito y abrazo de gol. Ganó Argentina, como aquella vez en que el Diez debutó en la red con la albiceleste, la misma red que hoy. Su primer gol con la selección mayor lo marcó el 2 de junio de 1979 frente a Escocia en Glasgow, donde Argentina venció al local por 3 a 1.

Tu equipo fue prolijo, Diego. Abrazálos a todos…a todos…a Heinze más…El estreno de cualquier obra de teatro siempre resulta un poco dificultoso. Con el paso de los ensayos y las presentaciones, el elenco se aceita. No te apures, Diego… El tiempo juega para vos.

Diego Pintos – 19 de noviembre de 2008


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