JUSTIFICACIÓN DE LA CORRUPCIÓN

JUSTIFICACIÓN DE LA CORRUPCIÓN

Eric Calcagno: Síntesis del texto Para entender la política.

Una insensatez mayor en la vida política de muchos países ha consistido en la actitud tolerante –cuando no cómplice – hacia la corrupción. Cuando lo insoportable se convierte en norma, entonces los criminales lo presentan como un hecho ineludible y fatal, en cuya causa no intervienen individuos sino acontecimientos históricos. De este modo, no hay corrupción porque tal o cual político o funcionario adopten la lógica económica, sino que es culpa del Estado que interviene en la economía. A tal punto se ha banalizado el juicio acerca de la corrupción, que se la presenta con frecuencia como un hecho normal – y hasta beneficioso- en todo régimen político.
Es habitual distinguir tres formas de corrupción: la blanca, la gris y la negra, según sea el grado de reprobación que suscite en la sociedad.

De acuerdo al análisis de Heidenheimer , la corrupción negra corresponde a las peores prácticas y cae bajo el Código Penal. La corrupción gris es condenada por la opinión pública, pero tolerada por los dirigentes (por ejemplo el financiamiento ilegal de los partidos políticos). Por último, la corrupción blanca es, en general, permitida y hasta considerada como “beneficiosa” por la población; consiste en aquellas corruptelas por las cuales se tiene acceso a diversas ventajas. Este es el caso de los funcionarios subalternos, que exigen el pago para acelerar trámites o para perdonar penas. En el folklore de las administraciones públicas existe un amplio muestrario e, incluso, una filosofía justificativa. La gama de situaciones es muy variada, ya que van desde la propina a un policía o un aduanero para eludir infracciones, hasta el porcentaje a pagar para ganar una licitación, hacer efectivo un cobro o recibir un crédito.

Samuel Huntington, escribía que. La corrupción es “como el aceite que permite funcionar los engranajes, aunque manche a quien lo toque”; tanto es así que esta aceptación se ha incorporado al lenguaje popular: se habla de “aceitar” un trámite cuando se soborna a alguien que debe adoptar una decisión. En otros casos de países latinoamericanos, se alegó que, puesto que el desarrollo del país y el reemplazo de las elites requería una burguesía nacional, qué mejor que accedieran a ella los funcionarios enriquecidos, que tenían una clara noción del significado político del cambio.
Esta actitud permisiva-cómplice puede tener al menos dos lecturas. En la primera, estamos frente al ingenuo oportunista que finge organizar los acontecimientos cuando estos lo superan: “La corrupción existe, entonces debe ser buena para la sociedad”.
En la segunda, no hablamos más que de una modalidad precisa de las relaciones de poder. La corrupción funciona así como una instancia de reproducción social, por encima de las instituciones y prácticas legítimas, para hacer perdurar una relación de poder injusta o una lógica económica sin límites.

Eric Calcagno:

Eric Calcagno nace en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, el 9 de Abril de 1967, en el seno de una familia reconocida por sus fuertes lazos con el ámbito académico y el compromiso social.
En 1986, finaliza sus estudios secundarios en el Liceo Franco-Argentino “Jean Mermoz” y viaja a Francia para terminar de formalizar su vocación. Desde muy joven había confirmado que su destino era ser sociólogo y que la política era la herramienta fundamental para transformar la sociedad.
En París se graduó de licenciado y magister en sociología en la Sorbonne, y es en la Ecole Nationale d’administration, uno de los más prestigiosos colegios de postgrado para funcionarios públicos, donde obtiene el diploma internacional de Administración Pública.
A los 26 años regresa a Buenos Aires, habiendo completado su formación académica en el exterior su mayor deseo era volver a la Argentina con la intención de comenzar a participar en su propio país de una estrategia nacional que pudiera dar lugar al desarrollo con justicia social.
Había vuelto para servir y colaborar con un Estado argentino que ya no existía. Transcurrían los años 90 y, dadas las características del gobierno vigente, su militancia se concreta principalmente a través de dos actividades: la práctica docente en la Universidad de Lanús y el periodismo de opinión.
Como profesor universitario se desempeñó en distintas casas de estudio, en especial en el Conurbano Bonaerense, “ahí donde muchos suponen que la gente no debería estudiar”, mientras que como periodista será reconocido como un crítico de la economía neoliberal, destacándose sus aportes en Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur.
En colaboración con su padre escribirá varios documentos y libros de tenor sociopolítico y económico: La deuda externa explicada a todos (1999), Para entender la política, entre la ilusión de lo óptimo y la realidad de lo pésimo (1999), Argentina, derrumbe neoliberal y proyecto nacional (2003), entre otros. En 2004 idearán juntos el libro Una Argentina posible y en 2005 publicará Terra Incógnita, crónica virtual sobre la caída de la convertibilidad.
Es durante la presidencia de Néstor Kirchner que el proyecto de desarrollo nacional con justicia social vuelve a ser una realidad para los argentinos y, en las elecciones de 2005, Eric Calcagno se presenta como Senador Nacional suplente por el Frente para la Victoria para la Provincia de Buenos Aires. La lista era encabezada por Cristina Fernández de Kirchner quien ganaría el máximo de dos bancas en las elecciones de octubre.
A los 38 años, tras la renuncia de Rafael Bielsa en diciembre de 2005, es nombrado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario Argentino en Francia y, a fines de 2007, luego de la victoria electoral de Cristina Fernández de Kirchner como Presidenta de los argentinos, asume su banca y confirma su suplencia como Senador. Ese mismo año será convocado para ocupar el cargo de Subsecretario de la Pequeña y Mediana Empresa en el Ministerio de Economía y Producción de la Nación.
En Junio de 2008, vuelve a asumir su cargo como Senador Nacional por la Provincia de Buenos aires y al día de hoy desempeña sus tareas legislativas en el Honorable Senado de la Nación, el lugar natural en que la política se corporiza en leyes en pos de una mejor Argentina para los argentinos.


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