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Adelante

Cada tanto se me da por pensar que esto no tiene vuelta. Que no tenemos salida de donde estamos metidos. Que este país, amansado a latigazos y que no es poca la sangre que ha derramado, tiene mucho miedo a oponerse firmemente ante las injusticias cotidianas.

Que no tenemos armas suficientes para reclamar. Ya las cacerolas no asustan a nadie y cortar las calles y las rutas nos molesta más a nosotros mismos que a ellos.

Estamos todos separados. La pobreza y la ignorancia han abierto una enorme brecha entre unos y otros. Somos muchos, pero cada uno tirando para un lado distinto.

En esos días siento que lo mejor sería irme. Buscar otro destino, pues este lugar no le ofrece un futuro serio a nadie. La angustia me oprime el pecho y empiezo a aflojar, a buscar excusas para no hacer las cosas como tienen que ser hechas.

Por suerte esos días no son muchos y la mayoría del tiempo sigo yendo hacia adelante.

Argentina a la cacerola

Incorpore en una olla bien profunda pampas, desiertos, playas (tener la precaución al quitarles el océano de dejarles un poco de mar), cordilleras (blancas, verdes y marrones), ríos, lagos, cataratas, jardines y valles. Asegúrese de que cada uno de los ingredientes sea de primera calidad y lo más bello posible.

Sazonar a gusto con distintas razas (negros, blancos, amarillos), credos (católicos, judíos, mormones, etc.) y nacionalidades (uff!).

Mezcle durante 100 años a fuego lento hasta que tome el color de un país que se cree maduro, agregando de a poco pizcas de corrupción.

Sin dejar de mezclar, aumente un poco el fuego y agregue trenes, vías, rutas y cemento. Tenga cuidado de no manchar de cemento toda la superficie de la mezcla.

Agregue fútbol, vino, ciencia y fanfarronería.

Mezcle durante 100 años más incorporando violencia, delincuencia, pobreza, demagogia y el resto de la corrupción (debería haberle sobrado bastante tras la primera incorporación).

Después de 200 años de cocción, apague el fuego y deje enfriar.

El enfriado puede llevar mucho tiempo debido a las altas temperaturas obtenidas durante la cocción. Tenga paciencia.

El banquete debe ser servido únicamente a inversores norteamericanos, españoles y brasileros, petroleros o banqueros, en platos finos acompañado de un buen malbec.