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Chiquilín

La Gaby no era tan linda, pero tenía un culo que inundaba el barrio con la baba de los calentones. Entre esos calentones estaba yo, que desde los catorce años la seguía sin que ella sospechara.

Todas las tardes a la salida del colegio me desviaba un par de cuadras porque a esa hora ella religiosamente iba a comprar el pan en la despensita de doña Sara. Yo la esperaba en la esquina y cuando salía la seguía hasta la puerta su casa, mirándola caminar desde lejos, porque ese zarandeo de caderas era suficiente para ensuciar una media tras otra a la noche.

Después de más de un año de repetir la rutina, en la misma época en que empezaron a asomar mis primeros pendejos, un día en la esquina de su casa volteó la cabeza y me miró a los ojos. No sabía qué hacer. Quería correr, pero iba a dejar en evidencia que la estaba siguiendo. Bajé la cabeza y me puse a patear una piedra.

Se acercó sin apuro. Por primera vez pude verla de cerca y noté que era más linda de lo que pensaba. Se la notaba desenvuelta. Los dos años que me llevaba le daban esa desinhibición que yo no tenía. Sin quitarme los ojos de encima me dijo: “Lucas, no?”. Asentí sin poder siquiera abrir la boca. Nunca antes me había sentido tan nervioso ni tan excitado.

—Hace más de un año que me sigues todos los días y nunca me has dicho una sola palabra.

No podía creer lo que me pasaba. Era un estúpido por no haberme dado cuenta. Continué mirando el suelo sin poder decir nada.

—Sos lindo —Me dijo—, si hubieras tenido un par de años más te dejaba besarme.

Se fue sin dejarme decirle nada. Una mezcla de sentimientos se apoderó de mí. No sabía si estaba triste o feliz.

Esa noche no pude dormir. Amanecí pensando en ella y comprendí que, por primera vez, estaba enamorado.

Mi suerte

Te veo sentada en el césped de cara al sol, con los ojitos cerrados como si así pudieras absorber un poco más su luz, y no dejo de pensar en mi suerte.

Suerte de dormir cada noche al lado tuyo y refugiarme entre tus brazos cuando me despiertan mis pesadillas en la madrugada.

De despertarme cada mañana con tu voz que me acaricia el alma y barre las pesadillas de la noche anterior.

De escuchar tu te amo diario que es suficiente para que cada día valga la pena de ser vivido.

Suerte de sentirme merecedor de tus besos y tus caricias, sin los cuales sería incapaz de sobrevivir más de un día entero.

Y sobre todo, suerte de que seas feliz siendo mi compañera, mi amiga y mi amante, porque en definitiva, para eso vivo.

Para mi PetiZa