Archivo para la categoría ‘pensamientos’

Decisiones

La vida está llena de decisiones. En cada momento, a veces sin darnos cuenta, estamos eligiendo cómo actuar. Decidir qué vamos a desayunar hoy, si vestirnos o pasar el día en bolas o si decirle o no a la amiga de la Petiza que deje de comer hamburguesas con queso porque ya tiene el culo como bote inflable. Pero hay momentos en los que el camino tomado puede determinar gran parte de nuestro futuro.

Es estos casos el error se paga caro, aunque casi siempre tenemos una segunda oportunidad.

Cada decisión tiene sus sacrificios, de los cuales algunos son considerados al momento de elegir y otros tantos se van conociendo con el tiempo. Pequeñas pérdidas que no fueron tenidas en cuenta y que es probable que sean ellas las que hagan la gran diferencia.

Cuando decidí irme a vivir a otro lado las grandes pérdidas saltaban a la vista. La cercanía de la familia, los asados con los amigos y los almuerzos de los domingos en la casa de la abuela fueron considerados. Después empezaron a descubrirse las pequeñas pérdidas.

Me di cuenta de que ya no tenía los mates con mi vieja en las siestas de Santiago, mientras charlamos sobre las cosas simples de la vida.

Por suerte, algún día, tendré otra oportunidad.

Las fiestas en casa

Se acerca el fin de año y las publicidades te invaden con las fiestas. La gente habla de los precios altísimos y consume más que nunca y las vidrieras se pintan de verde y rojo. Papá Noel es el personaje del mes y ya sus renos empiezan a putear por tener que cargar al gordito por todo el mundo en una sola noche.

Es época de amor y felicidad, dicen los comerciales, y algo de razón tienen, pues a la gente se la ve más contenta en las calles. Endeudada hasta la nuez de Adán, pero más contenta. Por supuesto, los más contentos son el señor Carrefour y la señorita WalMart.

La gente se divide entre los que compran arbolitos, moñitos para las puertas de las casas y todo tipo de firuletes verdes, rojos y brillantes hasta para el baño y los pseudo cultos que se quejan de los fines comerciales de las fiestas y prefieren pasarla mal.

Yo me quedo un poco en el medio. Compro mucha garrapiñada y pocos regalos, y me dejo llevar por la alegría de volver al pago a ver a mi gente.

Dos semanitas rodeado de la familia y de los amigos de siempre me emocionan hasta la médula, y que la excusa sea la navidad o el día de San Napoloeón me da exactamente lo mismo.

En fin, se vienen las fiestas y es mejor disfrutarlas que quejarse al respecto.

Adelante

Cada tanto se me da por pensar que esto no tiene vuelta. Que no tenemos salida de donde estamos metidos. Que este país, amansado a latigazos y que no es poca la sangre que ha derramado, tiene mucho miedo a oponerse firmemente ante las injusticias cotidianas.

Que no tenemos armas suficientes para reclamar. Ya las cacerolas no asustan a nadie y cortar las calles y las rutas nos molesta más a nosotros mismos que a ellos.

Estamos todos separados. La pobreza y la ignorancia han abierto una enorme brecha entre unos y otros. Somos muchos, pero cada uno tirando para un lado distinto.

En esos días siento que lo mejor sería irme. Buscar otro destino, pues este lugar no le ofrece un futuro serio a nadie. La angustia me oprime el pecho y empiezo a aflojar, a buscar excusas para no hacer las cosas como tienen que ser hechas.

Por suerte esos días no son muchos y la mayoría del tiempo sigo yendo hacia adelante.

Biblioteca

¡Cómo soñaba con tener una gran biblioteca! Imaginaba grandes volúmenes encuadernados en cuero, colecciones completas de Dostoievski, García Márquez y Borges, ordenadas en una habitación destinada exclusivamente a la exposición y lectura de estos libros.

En otras épocas que no conocí uno se podía jactar de tener una buena biblioteca, tanto por el contenido como por la estética. Prestar un libro era pecado. Mi papá, en la puerta de vidrio del mueble donde guardaba los libros, tenía un cartelito pegado que decía “Libro prestado es libro medio perdido”. Si alguien le pedía un libro él le decía “sacalo” y el pedigüeño se encontraba con ese cartel en la jeta. Siempre estaba el caradura que igual lo llevaba.

Solía perderme en las librerías. Pasaba horas eligiendo libros y gastando fortunas imaginarias pensando todo lo que compraría para llenar esos estantes que alguna vez tendría.

Hoy las librerías son una especie de circo freak orgullosas de su extravagante oferta que incluyen “Galán de barrio porteño” por el excéntrico Mr. Veira, o “Rimas y diretes” de la erudita poetiza Belén Frencese, o “Vení que te la mamo papucho” de la sorprendente quinceañera bailarina, actriz, vedette y privilegiada cantante Iliana Calabró.

Mi sueño de la biblioteca ha quedado truncado. Ya no me animo a entrar en una librería por miedo a lo que puedo llegar a encontrar.

Mi suerte

Te veo sentada en el césped de cara al sol, con los ojitos cerrados como si así pudieras absorber un poco más su luz, y no dejo de pensar en mi suerte.

Suerte de dormir cada noche al lado tuyo y refugiarme entre tus brazos cuando me despiertan mis pesadillas en la madrugada.

De despertarme cada mañana con tu voz que me acaricia el alma y barre las pesadillas de la noche anterior.

De escuchar tu te amo diario que es suficiente para que cada día valga la pena de ser vivido.

Suerte de sentirme merecedor de tus besos y tus caricias, sin los cuales sería incapaz de sobrevivir más de un día entero.

Y sobre todo, suerte de que seas feliz siendo mi compañera, mi amiga y mi amante, porque en definitiva, para eso vivo.

Para mi PetiZa

Pequeñas molestias

A medida que el tiempo pasa uno se va dando cuenta de las cosas que son realmente importantes. De a poco nos dejamos de molestar por tonterías, o por lo menos nos amargamos menos. El chicle en la zapatilla deja de ser la desgracia del día, que pierda River pasa a chuparnos un huevo y cada vez nos importa menos que ya nadie nos abra la puerta para ir a jugar.

Ahora nos molesta más que nos hagan perder nuestro tiempo destinado al ocio, como cuando viene el vecino a mostrarnos su nueva colección de sifones antiguos y a explicarnos que “color verde sifón está mal dicho porque mirá la variedad de verdes”; o cuando al jueputa del jefe se le ocurre hacer el sábado a la tarde un concurso de “Bailando por un Sueldo” para motivar al grupo de trabajo.

Nos molesta estar en un asado cuando estamos a dieta y que todavía no hayan inventado el chinchulín diet y los pedos perennes del sucio de nuestro compañero de oficina.

Nos molesta la injusticia, la desigualdad, que nuestra Presidente se haga llamar Presidenta y, sobre todo, Tinelli.

Será que uno va creciendo, será que vamos madurando o será que nos vamos haciendo más boludos y esas cosas que ya no nos molestan son las verdaderamente importantes.

La naturaleza del hombre

Cuando más conozco a los hombres, más quiero a mi perro.

Diógenes de Sinope

En unas de las mejores letras de la historia de la música argentina, Trullenque opina que “mientras el hombre se asombre, llore o ría, será la fantasía que Dios creó”. Llega a esta conclusión después de mencionar la capacidad de odio y la estupidez humana, pero creo que hay aspectos que Trullenque no tuvo en cuenta en su análisis.

En su búsqueda de la felicidad el hombre comete tantos errores que termina haciendo imposible conseguir su objetivo. Engañar o robar para obtener un mayor ingreso de dinero, traicionar para pasar un mejor rato ahora, masacres por un poco más de petróleo, violaciones por un segundo de placer, son acciones que, lejos de llevarnos a la felicidad, nos alejan de ella.

Me pregunto si por naturaleza el hombre es bueno o malo. Si nacemos en un entorno bueno, la tendencia es ser buenos. Si nacemos en un entorno malo, lo lógico es que tomemos como natural a la maldad. La duda es: si naciéramos en un entorno neutro, sin influencias buenas ni malas, seríamos buenos o malos? Antes creía que buenos…

Leyendas urbanas


Uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que un día fue feliz.

J.M. Serrat

Las historias incomprobables, leyendas urbanas les dicen unos, son esas en las que alguien te cuenta que a un amigo de un amigo le pasó algo tan raro o gracioso que cuesta creer. Pero son tan buenas que uno sale automáticamente a repetirlas al primer infeliz que se le cruce.

“Un amigo de un amigo fue a buscar a un tipo a su casa para cagarlo a palos y como no lo encontró le pegó una trompada a su madre por ‘haber parido y criado a ese soberano hijo de puta’”.

“Un amigo de un amigo es fanático enfermo de Vilma Palme e Vampiros, y ahora parece que está chocho porque se volvieron a juntar”.

“Tenía las dos zapatillas puestas a secar en la ventana y le robaron una sola”.

“Vivía en la miseria y heredó 500 millones de dólares de un tío que no conocía. Ahora está todo el día de putas y chupando donperiñón”.

“En la despedida de soltero le metieron una anguila en el culo y le comió todas las tripas”.

“El tipo, de la desesperación, levantó un camión de esos Mercedes nuevos, con las manos”.

Historias que muchas veces trascienden el tiempo y el espacio, transmitidas de boca en boca hasta perderse el origen. Siempre sorprendentes y entretenidas. Luego nosotros mismos, descreídos de su veracidad, las repetiremos contando lo que le pasó al amigo de un amigo.


La trampa de la memoria

La memoria tiene la costumbre de ir borrando las manchitas de los buenos recuerdos. Borra, por ejemplo, a los borrachos insoportables de una gran fiesta, a los mates lavados de la siesta con la vieja y a la cara de embole de Seba Seva en un asado con guitarreada.

Con el tiempo, esos buenos recuerdos se van puliendo hasta quedar brillosos como anteojo escupido.

Esa pequeña trampa de la memoria es la culpable de hacernos sentir que antes fuimos más felices. Que de a poco la vida se va haciendo más aburrida y triste. Que Tom y Jerry era mejor que Pokemón y que las fiestas de Navidad en Cayo Coco, amontonados como ganado en la barra para ligar una lata de cerveza, son insuperables.

Pero esa trampita también nos juega a favor, porque cada vez que evocamos a uno de esos recuerdos, limpios de borrachos, de acordes desafinados y de mates lavados, sentimos que se nos llena el alma.