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Patas cortas


El Tano vio a Rolo al otro lado de la calle y la cruzó corriendo. Ya cerca aminoró el paso y metió la mano derecha en el bolsillo del pantalón.

—¡Rolo! Tanto tiempo viejo, ¿qué es de tu vida? Yo estoy muy bien, me ascendieron a Gerente Regional y estoy ganando un montón de guita. Me compré un departamento y un auto impresionantes. No… novia no tengo, pero no me hace falta. Anoche por ejemplo… ¿te acuerdas de Cecilia y Natalia? Las que eran promotoras, esas dos minas infernales. ¿Sí? Bueno, anoche mismo me hice una fiestita con ellas. Yo solo contra las dos. Una noche única. Ahora que estoy ganando bien, las que antes ni me miraban, se me tiran encima. Bueno viejo, me alegro mucho de verte. Me voy que tengo que pasar a retirar unos cheques de unos negocios que estoy haciendo. Chau, chau.

El Tano, mientras se alejaba, pensaba en la envidia que había generado en Rolo y caminaba satisfecho. Vió a Fabián caminando delante suyo y apuró el paso.

—¡Fabián! ¿Cómo estás? ¿Te acuerdas de Cecilia y Natalia?

—Sí, justamente anoche las sacamos del boliche con Rolo y nos armamos una joda de aquellas los cuatro. Estuvimos hasta las 8 de la mañana… ¿Por?

—No… por nada.

El duende Arturo

Debajo de la cama de la piecita de abajo duerme el duende Arturo. Es juguetón y le gusta el chocolate. Usa un pantaloncito blanco y remerita roja, cualquiera diría que es hincha de River. Juega con las perras cuando salimos y ellas, Mara y Brujita, lo adoran.

Suele salir al patio de madrugada, en calzoncillos largos, para mirar las estrellas y se masturba casi todos los días mirando un hada de porcelana que tenemos en una repisa del living. Le debería buscar alguna duendecilla al pobre, pero es que son muy difíciles de encontrar.

Nunca lo vimos ni lo escuchamos, pero está ahí. Lo sé porque me come los chocolates cuando los dejo en la mesita de luz. La Petiza me dice que no sea boludo, que es la Brujita, pero a mí nadie me saca de la cabeza que es Arturito.

Maldito tornillito

—A la mierda, ¡qué difícil poner este tornillito!

—Pero no entiendo para qué carajo lo sacaste de ahí.

—Es que quería desarmarlo para limpiarlo y ahora no lo puedo poner.

—A ver, dejame a mí.

Después de quince minutos de inútil manipuleo.

—Es imposible. No entiendo para qué carajo lo sacaste.

—Me acabas de decir eso, y te acabo de decir que quería limpiarlo.

— ¿Limpiar qué? Si está todo limpio.

—No sé… eso. ¿Ves ese cosito de ahí atrás?

—La verdad que no lo veo, sos medio maniática vos.

—A ver, dame a mí.

Después de quince minutos de inútil manipuleo.

—Sostené de allá y levantalo un poquito.

— ¿Así?

—No, levantalo un poquito más y correlo para aquí.

— ¿Ahí está bien?

—Un poquito más. Ahí. ¡¡¡¡BIEEEEENNN!!!!

— ¡Bien! Buenísimo. Por suerte zafamos.

Después de diez minutos de estar sentados sin decirse una palabra.

—Qué aburrimiento, ¿no?

—Si. Esto es un embole. ¿Qué podemos arreglar?

Religiones modernas

Con el paso del tiempo las religiones han perdido a la mayoría de sus seguidores, especialmente por su falta de compromiso con los cambios y la modernidad.

Como consecuencia, múltiples religiones y creencias han aparecido en estos últimos años para salvar el vacío dejado por las anteriores. Analicemos algunas de las descubiertas en Argentina:

· Los Santos Adoradores del Choripete (basada en un boliche del Gran Buenos Aires, en donde por $5 te comías un choripán mientras te la chupaban);

· La Iglesia de Pancho y la Sonora Colorada de los Santos de los Últimos Días;

· Fernet, Eres Mi Pastor;

· Pocho La Pantera, el Santo de la Melena Prolija;

· En Busca de la Divina Gloria;

· Lilita Carrió, Una Luz En El Camino;

· Pare de Sufrir! Hágase Hincha de Racing

El solo hecho de pensar hasta dónde puede llegar la cosa asusta a cualquiera. Estamos a la espera de la Iglesia Maradoniana, como para alcanzar el extremo absoluto de la ridiculez.

El resignado

La Gallega lo tenía recagando. No dejaba pasar oportunidad para cagarlo a pedos. “¡¡¡Mirá las miguitas de pan en el piso!!!”, “¡¡¡cuándo vas a aprender a levantar la tabla!!!”, “sacate esa camisa que los cuadritos me marean”.

El pobre viejo había soportado más de cuarenta años casado con la Gallega a fuerza de voluntad y de resignación. Pero ese día sería el último.

Llegó la Gallega a la casa y a los gritos, como loca le dijo:

— ¡Negro! Choqué el auto, y agradecé que fui yo, porque si eras vos ¡¡¡TE MATABA!!!.

Cantor

Acomoda a la guitarra en su pierna derecha y mira a la gente a su alrededor esperando atención. Los presentes le devuelven la mirada y empiezan a callarse uno a uno, atentos y expectantes como esperando la palabra del erudito. Acaricia las cuerdas preparando la guitarra y a medida que se desvanece el sonido de su rasguido va quedando en el aire tibio el eco de su acorde y los grillos de fondo. Es una zamba. Los que escuchan se relamen sabiéndose afortunados. Al empezar a cantar el silencio es absoluto. Porque cuando el Negro canta una zamba hasta los grillos se callan para escucharlo.

Pecados

Sobre la inocencia y la estupidez.

El día de la confesión le preguntaron al cura si soñar algo feo era pecado. Sin dudarlo les contestó que sí. “Todo pensamiento malo es pecado, y soñar es pensar”, les dijo. Diego y Jorge se miraron asustados. No entendían cuál era su culpa por soñar. No tenían ningún control sobre sus sueños. Pero ahora estaban puros, sin pecados, y tenía que durar hasta el domingo.

—Vamos a pasar la noche despiertos, así no soñamos. Por las dudas —Sugirió Diego.

—Sí —, asintió Jorge, —si me estoy durmiendo despertame, y si vos te duermes te despierto yo.

Pasaron la noche charlando, contándose sus temores y anhelos, cabeceando cada tanto y mojándose la cabeza de vez en cuando para despabilarse.

—Por suerte el Padre nos advirtió, ¿no? —Dijo Jorge a la madrugada. —Mirá si nos dormíamos y soñábamos pesadillas.

Con el tiempo entendieron que su sacrificio había sido absurdo.

Poner el pecho

Cuando la cosa viene jodida, no queda otro remedio que ponerle el pecho. Hace unos meses murió Alberto, y Sebastián no sólo lloró su muerte, sino que se cargó a su familia a la espalda, llenándose de responsabilidades que rara vez le toca a gente de nuestra edad.

Hace menos murió el Roly, y para peor, Santiago estaba en Roma. No logro imaginarme ese viaje en avión, con la necesidad de estar con alguien que lo abrace, o por lo menos solo, y él rodeado de desconocidos que molestaban con su sola presencia.

La muerte de un padre es una de las pruebas más duras que nos va a tocar vivir. Sin embargo es la muerte más natural de la vida. Está claro, desde el día en que empezamos a entender cómo funciona la cosa, que alguna vez va a pasar. A pesar de esto, creo, uno no llega nunca a estar lo suficientemente preparado.

Cuando me toque (ruego a Dios dentro de muchos años) espero tener el coraje que han tenido, y tienen, Seba y Santi.

Tavo

Gustavo gusta de sí mismo.

Gustavo come Mc Donald’s y toma whiscola.

Gustavo tiene un buen auto para compensar su pelada.

Jamás te niega un peso, aunque sepa que tengas.

No camina, pero no reniega.

Hace bromas pesadas y se divierte de cosas simples.

Gustavo es un adulto con alma de niño.

Gustavo es feliz.

Invencibles

Seba Seva es simplemente genial. Tiene esas salidas irónicas y punzantes que te sacan elogios y aplausos instantáneos. Será que su nombre redundante no le dejó otra opción en la vida que armarse de métodos defensivos para salvaguardar su entereza síquica.

De más chicos se nos dió por jugar al burako de vez en cuando. Él jugaba con la Petiza, y antes de empezar un partido le decía:

Petiza: con tu culo y mi talento, hoy no nos gana nadie.