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INSTITUCIONES Y SUS DESTINOS


La estructura social y el Estado surgen continuamente del proceso vital de individuos determinados, pero no tal como estos individuos son representados en la propia imaginación o en la de otros, sino tal como son en realidad, es decir, cómo actúan, producen…

K. Marx

Quizá la pregunta por las instituciones sea falsa, o más bien, los autores que se proponen para responderla conduzcan a una respuesta de este tipo, la pregunta se torna entonces ideológica.

La categoría de ideología ha sido victima de un abuso que la ha tornado al mismo tiempo polisemica y carente de valor explicativo, la pregunta por las instituciones oculta al mismo tiempo que muestra. Esconde, o mejor dicho, reifica los procesos que motivan la existencia de estas.

El presente escrito, por lo tanto, intentará exponer como concibe cada uno de los autores la problemática de las instituciones que median entre el individuo y la sociedad, al tiempo que pretenderá mostrar como algunas de las conceptualizaciones de las instituciones torna invisible un aspecto muy importante a la hora de pensar la problemática social: los antagonismos producto de los procesos económicos que anteceden lógicamente a las instituciones.

INSTITUCIONES Y SUS DESTINOS…

Para poder desarrollar la idea que tiene cada uno de los autores acerca de las instituciones es imprescindible detenerse primero en como piensan la sociedad. Las instituciones no pueden pensarse aisladas de ella, ya que estas son básicamente un organismo destinado a cumplir un rol en el todo social y por lo tanto, su producto.

Durkheim tiene un enfoque macro sociológico, pretende estudiar lo social como totalidad, como una unidad superior a la mera suma de los individuos. Las propiedades serán del todo y no de cada una de las partes. Foucault, por otra parte entiende lo social como fragmentado, no como una totalidad orgánica al estilo tanto de Durkheim como de Marx, fundamentalmente porque parte de un planteo anti-esencialista, no hay para el un sentido trascendente que pueda atribuírsele al todo social. Es a través de las relaciones de poder que se dan en la sociedad que se construye el sentido de ésta.

Mientras que a Durkheim le interesa el sentido tradicional de la historia y se apega a él, para Foucault esta forma de concebir la historia implica reconciliar la historia con la realidad, se lee como una totalidad cerrada, hay una búsqueda de la Verdad. Lo que él propone es hacer una genealogía, a la cual no le interesa si es verdadero o falso sino que lo importante serán los regimenes de producción de una verdad. Esto implica el rechazo a la historia dotada de sentido de carácter trascendente.

Para Foucault la verdad no es más que un efecto del poder, la genealogía serviría para recuperar lo que hay de vivo en esos discursos. Para desenmascarar la verdadera razón de ser de las instituciones. La diferencia con Durkheim es que mientras que para este las instituciones vendrían a solucionar lo que él ve de problemático en la sociedad, para Foucault estas tienen un carácter represivo. Esto se enlaza a la concepción armónica que el primero tiene de la sociedad, donde habría que reconducir a los individuos que se salen de la norma y los mecanismos para ello serían justamente las instituciones.

Esta concepción armónica de la sociedad es tal en el sentido estructural, ya que Durkheim ve la desviación de la norma como una cuestión individual, mientras que para Marx y Foucault, la sociedad no es armónica, sino que está atravesada por antagonismos, para el primero motivados por diferencias de clase, para el segundo por la desigual distribución del poder.

Sennett no niega las desigualdades sociales, ve el antagonismo como el resultado del mal desarrollo del capitalismo, pero no como una forma de producción agotada, donde las contradicciones sociales no pueden hacer otra cosa que agravarse condenando a una mayoría a una miseria creciente al estilo marxista. La contradicción no es irresoluble, sino solucionable mediante una vuelta al Estado de Bienestar, lo que implicaría la necesidad de un aumento de la burocracia, ya que, a su entender, “para reparar la maquina capitalista” hacen falta “instrumentos burocráticos generales”[1]

Si la sociedad es vista por Durkheim como una totalidad, como un organismo al cual cada una de las partes la hace posible, las propiedades fundamentales serán la conciencia colectiva y la moral, ya que serán estas propiedades las que permitan obtener la unidad.

Para Marx, la unidad, o mejor dicho la resolución de “la contradicción fundamental”, para decirlo en términos de Mao Tse Tung, se logrará como resultado de la abolición de las clases, en el comunismo.

Además podría decirse que para Durkheim la conciencia colectiva y la moral serán al mismo tiempo propiedades y condiciones de posibilidad de la sociedad como tal. Es por esto que el autor llega a decir: “aspirar a otra moral que la que está implicada en la naturaleza de la sociedad es negar a ésta y por consiguiente, negarse a sí mismo.” [2]

Marx, podría decirse que es solidario de la visión de que la moral es condición de posibilidad del capitalismo, pero en un sentido distinto ya que el sistema necesita reproducir tanto las condiciones materiales de producción como las ideológicas. Esto es para Marx la moral, una ideología o falsa conciencia que hace que el proletariado acepte la existencia del capitalismo como algo natural y necesario.

Desde la perspectiva de Durkheim, donde lo primero es el todo, el individuo no puede pensarse más que como parte, como una unidad que no puede existir por sí misma. Parafraseando a Aristóteles, el hombre es un animal social y sólo podría vivir en soledad si fuera bestia o Dios y el peligro fundamental es el de la disolución de la sociedad misma. Es desde aquí que tiene que leerse la importancia del suicidio, una “alteración del temperamento moral que (…) atestigua una alteración profunda de nuestra estructura social”[3]. La anomia podría decirse que da una alarma y reclama una solución, para lo que hará falta una intervención desde las instituciones, ya que “el hombre no puede adherirse a fines que le sean superiores y someterse a una regla sino percibe por encima de él nada con lo que se sienta solidario”[4]Sin embargo el estado es impotente a la hora de resolver este problema.

Con el pasaje de la sociedad feudal a la sociedad moderna, se da un aumento de la densidad poblacional en las ciudades y con ello aumenta densidad dinámica con lo cual el núcleo de creencias se va diversificando. Se transforman los lazos sociales y por ende la solidaridad mecánica, donde existía un núcleo duro de creencias colectivas que eran compartidas por el todo social y donde el papel del individuo quedaba minimizado a un microcosmos dentro de la sociedad, se convierte en solidaridad orgánica. Esta se caracteriza por poseer creencias disímiles en su seno con nuevas formas de vinculación entre los individuos que estarán dadas de acuerdo a las tareas que realizan. Esta nueva forma de solidaridad es lo que permite una mayor cohesión social y se presenta como solución al problema de la anomia.

Lo que posibilita el cambio de una solidaridad a otra es la profundización de la división del trabajo social.

Para Marx, la propiedad privada y la división del trabajo son dos caras de la misma moneda, no es sólo la división del trabajo, es fundamentalmente la división de los productos de ese trabajo.

Para Foucault en cambio, la división del trabajo vendría a ser un mecanismo mas de las disciplinas, una nueva forma que adquirieron estas en el siglo XIX.

Después de esto, queda claro que para Durkheim las instituciones son una herramienta fundamental en este paso de la solidaridad mecánica a la orgánica, ya que posibilitan una presión social que garantiza la cohesión social.

Al hacer hincapié en la totalidad para demostrar la importancia de la moral y la conciencia colectiva poniéndola como un punto de partida, como “anterior a sus componentes particulares” ya que “esta síntesis es obra del todo”[5] y no como un resultado histórico, deja al descubierto el problema fundamental que invisibiliza este planteo: el antagonismo inherente a la sociedad.

Para Foucault los sujetos no son anteriores a las relaciones de fuerza, es el poder el que construye la subjetividad. Estas relaciones de fuerza imponen sistemas de reglas, normas, leyes. Pero estos productos son incapaces de responder a las asimetrías, a las desigualdades, a las propias relaciones de poder.

De esta manera la anomia solo puede ser pensada por Durkheim como naturalizada, ya que ante la falta de eficacia del estado “no hay nada a su alrededor que los saque de sí mismos” y de esta manera “es inevitable que [los particulares] caigan en el egoísmo o en el desenfreno”[6].

Del mismo modo, mientras que las instituciones sean el resultado necesario de esta totalidad, su génesis y fundamentalmente su función represiva permanecerá en las tinieblas…

Es Marx quien viene a echar luz sobre este tema. Si es cierto que la ideología que transmiten las instituciones tiene una función de cohesión social esto es tan solo un aspecto del problema. Una de las funciones fundamentales como mencionábamos antes de las instituciones es la reproducción de la ideología capitalista, es decir, hacer que los individuos o más bien, las clases asuman de manera voluntaria el lugar que el sistema les otorga dentro de la estructura productiva. Sin embargo las instituciones no son para este más que una resultante de determinado nivel de desarrollo de la estructura económica. Uno de los esfuerzos fundamentales del marxismo es el de echar luz sobre “la trabazón existente entre la organización social y política y la producción”[7]

Si bien Foucault “no ignoraba, por su lado, las coacciones ejercidas por los procesos económicos sobre la organización de los espacios disciplinarios”[8] en Marx estas relaciones de dominación se establecen cuando se logra el poder político ya que “toda clase que aspira a implantar su dominación, […] tiene que empezar conquistando el poder político, para poder presentar su interés como el interés general, cosa que en el primer momento se ve obligada.”[9] Esto muestra como en realidad es a través de las instituciones del estado como una clase afianza y ejerce su dominación. Para Foucault “esa relación no habría sido posible gracias a los sometimientos, los adiestramientos, las vigilancias producidas y administradas previamente por las disciplinas.”[10] De esto se desprende que “no es la burguesía del siglo XIX la que habría inventado e impuesto las relaciones de dominación”[11] sino que las habría heredado y reformulado adaptándolas a sus nuevas necesidades de las que se imponían en los siglos XVII y XVIII. El autor rechaza que el poder se ejerza mediante la violencia o mediante los aparatos ideológicos, el poder no solo crea una ideología, también genera saber y produce verdades. No es solo falsa conciencia, el poder es saber. Hay que rechazar la idea de que el poder está subordinado a la economía, no hay externalidad, no son dos cuestiones ajenas, el poder es siempre una relación.

Las instituciones en este sentido serían las encargadas de la docilizar los cuerpos. Habrá que hacer estos cuerpos dóciles y útiles para la producción. El cuerpo es un campo político en el sentido de que en el opera el poder. Para que haya cuerpos productivos tiene que haber cuerpos sometidos. Todo sometimiento económico conlleva un sometimiento político que lo posibilite.

Totalmente contraria es la posición que mostrará Sennett, quien recuperará la pregunta de Durkheim e incluso su diagnostico., el de anomia, el que ve presentarse nuevamente a partir de 1970 y de la caída del estado de bienestar. “Los creadores del Estado del bienestar nunca dudaron de que para reparar la máquina capitalista hacían falta instrumentos burocráticos generales”[12]

El no ve que la sociedad pueda hacerse cargo por si misma de la problemática social, para esto propondrá un fortalecimiento del aparato burocrático. Cree que la sectores de la sociedad se encontraban mas amparados cuando era el Estado el que se hacía cargo de mantener las instituciones, es decir cuando estas no habían entrado en crisis.

Su planteo se basa en dos ideas centrales, la crisis del mundo del trabajo y la reforma del estado de bienestar, de la cual hará responsables tanto a la derecha como a la izquierda políticas. Afirma que en la década del setenta estaba “de moda” la desinstitucionalización, pone en manos de intelectuales como Goffman y Foucault el haber influido sobre los gobernantes quienes se aprovecharon de ello para dejar caer las instituciones debido al costo económico que les significaba.

Durante su planteo intenta dar numerosos ejemplos acerca de cómo las instituciones en verdad eran quienes tendían a restaurar el tejido social.

CONCLUSIONES

Finalmente podríamos ubicar a los autores en dos grupos, por un lado quienes ven en las desigualdades sociales un problema estructural e irresoluble dentro del sistema, de manera que las instituciones vendrían a jugar un rol tanto conservador como de sometimiento, como es el caso de Marx y Foucault, y por otro quienes los piensan como problemas inherentes a una falta de perfeccionamiento del sistema, como Durkheim y Sennett, donde las instituciones deberían perfeccionarse para poder resolver estos problemas. Además tenemos que resaltar que Foucault es quien intenta profundizar el análisis de las instituciones hasta hacerlas llegar a las implicancias que tienen estas en los cuerpos y en posibilitar el surgimiento de este sistema de dominación pero ampliando el espectro de este fenómeno hasta niveles que exceden por mucho el ámbito de las instituciones como ser el fenómeno de la división del trabajo, las jerarquías, las regulaciones sanitarias, en resumen todas las reglamentaciones disciplinarias que lo anteceden. El precio que paga por este aporte, o mas bien por esta concepción, es el de perder de vista niveles de importancia a la hora de garantizar la dominación, quedando igualados aspectos mas bien ideológicos con otros materiales (aunque problematizando esta división ) y al encontrarse el poder en todos lados, es muy difícil obtener una guía para la acción transformadora que Marx planteara como una ruptura con sus antecesores al decir que “los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, mas de lo que se trata es de transformarlo”[13] y nos encontramos con “Discursos que se repiten, discursos que repiten, discursos confusos, discursos que confunden, la mayoría hablan de exclusión social, dimensión ética, valores, pobreza, desigualdad, marginación social, discriminación, ejercicio de la ciudadanía, responsabilidad social, participación ciudadana, redes, democracia, pensamiento critico, pluralismo, tejido social, solidaridad, políticas sociales, etc.

Muchos de ellos ayudan a explicar por qué son necesarios los cambios, por qué deseamos un cambio pero nada nos dicen acerca de como asegurar que esos cambios deseados se organicen y ocurran en la práctica. Tanta importancia tiene lo que se dice como lo que se excluye.”[14]

PATRICIA TATTO




[1] Richard Sennett: El Respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad, Anagrama, Barcelona, 2003 p. 172

[2] Emile Durkheim: Sociología y Filosofía, Miño y Dávila Editores, Madrid, 2000 p. 63.

[3] Emile Durkheim: El Suicidio, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1994 p.467

[4] Idem, p. 469

[5] Durkheim Emile: Sociología y Filosofía, Miño y Dávila Editores, Madrid, 2000 p.50.

[6] Emile Durkheim: El Suicidio, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1994 p.469.

[7] Kart Marx y Federico Engels: La ideología alemana, Pueblos Unidos-Cartago, Buenos Aires, 1985 p.25

[8] Michael Foucault, Defender la sociedad, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000 p. 248

[9] Kart Marx y Federico Engels: La ideología alemana, Pueblos Unidos-Cartago, Buenos Aires, 1985 p. 35

[10] Michael Foucault, Defender la sociedad, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000 p. 248

[11] Idem

[12] Richard Sennett: El Respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdad, Anagrama, Barcelona, 2003 p. 172

[13] Kart Marx y Federico Engels, La ideología Alemana. Tesis sobre Feuerbach XI

[14] De La Sovera, S.: La excesiva inclusión de los discursos de exclusión, en Patrañas del deseo, Nro.5, Publicaciones de Juventud Socialista del MST, Buenos Aires, septiembre 2006, p. 9.