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” La causa primaria de la infelicidad no es nunca la situación , sino sus pensamientos sobre ella. “

Sea conciente de los pensamientos que está pensando. Sepárelos de la situación, que es siempre neutra, que es siempre como es. Allí está la situación o el hecho y aquí están mis pensamientos sobre ello. En vez de inventar historias, quédese con los hechos. Por ejemplo, “Estoy arruinado” es una historia. Lo limita y le impide actuar con eficacia. “Me quedan cincuenta centavos en la cuenta” es un hecho. Enfrentar los hechos siempre fortalece. Ser conciente de lo que se piensa, en gran medida, produce las emociones que usted siente. Vea la relación entre sus pensamientos y sus emociones. Más que ser sus pensamientos y sus emociones, sea la consciencia que está más allá de ellos.

En unidad con la vida

Eckhart Tolle

2008

” La Pachamama – Eduardo Galeano “

Hoy a las 11:10

En el altiplano andino, mama es la Virgen y mama son la Tierra y el tiempo.

Se enoja la tierra, la Pachamama, si alguien bebe sin convidarla.

Cuando ella tiene sed, rompe la vasija y las derrama.

A ella se ofrece la placenta del recién nacido, enterrándola entre la flores para que viva el niño; y para que viva el amor, los amantes entierran cabellos anudados.

La diosa tierra recoge en sus brazos a los cansados y a los rotos, que de ella han brotado, y se abre para darles refugio al fin del viaje.

Desde abajo de la tierra, los muertos la florecen.

 EdUaRdO GaLeAnO

" EdUaRdO GaLeAnO "

” AnToNiN ArTaUd “

“ No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte / Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos. / EL DEBER / digo bien / EL DEBER / del escritor, del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro, / una revista de los que ya nunca saldrá, sino al contrario salir afuera / para sacudir / para atacar / al espíritu publico / si no / ¿para qué sirve? / ¿y para qué nació? ”

El Primer Manifiesto del Teatro de la Crueldad(*) se publica en el año 1932 en la revista “Nouvelle Reveu Francaise”. La dirección de la revista estaba a cargo del poeta Paul Valéry, el escritor André Gide y Jean Paulhan. Precisamente en una carta dirigida a este último Artaud especifica el concepto de Crueldad:

“ Querido J. Paulhan:

La crueldad es sobre todo necesidad y rigor. La decisión implacable e irreversible de transformar al hombre en un ser lúcido. De esta lucidez nace el nuevo teatro. Todo nacimiento implica también una muerte. Para dar origen a mi “crueldad” será necesario cometer un asesinato. Hay que asesinar al padre de la ineficacia en el teatro: el poder de la palabra y del texto. El texto es el dios todopoderoso que no le permite al verdadero teatro nacer. Al atentar contra la palabra, atentamos contra nosotros mismos. Hasta ahora, es el lenguaje verbal aquello que nos permite comprender al mundo. Y lo comprendemos mal. Al asesinar al lenguaje verbal, estamos asesinando al padre de todas nuestras confusiones. Por fin seremos libres. Esto vale no sólo para el teatro. Seremos hombres libres en todo aspecto de nuestra vida.”

http://www.youtube.com/watch?v=SjA9OEs0bss

El ombligo de los limbos

Allí donde otros proponen obras yo no pretendo otra cosa que

mostrar mi espíritu.

La vida es un consumirse en preguntas.

No concibo la obra como separada de la vida.

No amo la creación separada. No concibo tampoco el espíritu

separado de sí mismo.

Cada una de mis obras, cada uno de los planes de mí mismo, cada una

de las floraciones heladas de mi vida interior echa su baba sobre mi.

Me reconozco tanto en una carta escrita para explicar el encogimiento

íntimo de mi ser y la castración insensata de mi vida, como

en un ensayo exterior a mí mismo, y que aparece en mí como un

engendro indiferente de mi espíritu.

Sufro que el Espíritu no esté en la vida y que la vida no

esté en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano,

del Espíritu-traducción, o del

Espíritu-intimidación-de-las-cosas para hacerlas entrar en el

Espíritu.

Yo pongo este libro suspendido en la vida, deseo que sea mordido por las

cosas exteriores y antes que nada por todos los sobresaltos en acecho,

todas las oscilaciones de mi yo por venir.

Todas estas páginas se arrastran como témpanos en el

espíritu. Disculpen mi absoluta libertad. Me rehuso a hacer

diferencias entre cada uno de los minutos de mí mismo. No reconozco

el espíritu planificado.

Es necesario terminar con el Espíritu como con la literatura. Digo

que el Espíritu y la vida se comunican en todos lo grados. Yo

quisiera hacer un libro que trastorne a los hombres, que sea como una

puerta abierta y que los conduzca donde ellos no habrían

jamás consentido llegar, simplemente una puerta enfrentada a la

realidad.

Y esto no es un prefacio de un libro como no lo son los poemas que lo

jalonan ni la enumeración de todas las furias del malestar.

Esto no es más que un témpano mal tragado.

Texto Surrealista

Publicado en “La Révolution Surréaliste”, Nº 2 (1925)

El mundo fisíco todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una coagulación de agua que refluye.
Pero algo sucedió de golpe.
Nació una aborrecencia quebradiza, con reflejos de frentes, gastados, y algo como un ombligo perfecto, pero vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que derramaba también sangre mezclada con agua, que derramaba sangre cuyas líneas colgaban; y en esas líneas, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro.
Pero el aire era como un vacío aspirante en el cual ese busto de mujer venía en el temblor general, en las sacudidas de ese mundo vítreo, que giraba en añicos de frentes, y sacudía su vegetación de columnas, sus nidadas de huevos, sus nudos en espiras, sus montañas mentales, sus frontones estupefactos. Y, en los frontones de las columnas, soles habían quedado aprisionados al azar, soles sostenidos por chorros de aire como si fueran huevos, y mi frente separaba esas columnas, y el aire en copos y los espejos de soles y las espiras nacientes, hacia la línea preciosa de los seno, y el hueco del ombligo, y el vientre que faltaba.
Pero todas las columnas pierden sus huevos, y en la ruptura de la línea de las columnas nacen huevos en ovarios, huevos en sexos invertidos.
La montaña está muerta, el aire esta eternamente muerto. En esta ruptura decisiva de un mundo, todos los ruidos están aprisionados en el hielo; y el esfuerzo de mi frente se ha congelado.
Pero bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea el silencio del vientre desnudo y privado de hielo, y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos terrestres, trombas de leche.
La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.

” AnToNiN ArTaUd ”

(Marsella, 1896 – Ivry-sur-Seine, 1948) Poeta, ensayista, actor y director de teatro francés, fundador del teatro de la crueldad. En 1910 publicó sus primeros versos bajo el seudónimo de Louis des Attides. Terminó sus estudios en 1914 y al año siguiente ingresó en una clínica mental en la Rouguière, cerca de Marsella, por padecer fuertes dolores de cabeza crónicos originados a partir de una grave meningitis que sufrió a la edad de cinco años.

En 1920 sus padres lo llevaron a París y conoció al psiquiatra Edouard Toulouse, fundador de la revista científico-literaria Demain, para la cual escribió y trabajó como secretario de redacción. Posteriormente estudió actuación en el Théâtre de l’Oeuvre bajo la dirección de Lugné-Poe, y luego se vinculó con Charles Dullin, que acababa de fundar el Théâtre de l´Atelier, en el que participó como actor y realizador.

En 1923 entró en contacto con R. Desnos y A. Breton, y se adhirió de inmediato a los principios del grupo surrealista, convirtiéndose en uno de sus principales miembros. Dirigió la “Central de Investigaciones surrealistas” y participó activamente en la revista La Révolution Surréaliste hasta su ruptura con Breton en 1926, época en que fue expulsado del movimiento junto a P. Soupault, acusados de “desviacionismo literario”.

Con Roger Vitrac y Robert Aron, fundó el Teatro Alfred Jarry, que entre 1926 y 1930 realizó producciones experimentales como su obra Vientre quemado o la madre loca (1927); y participó, como actor cinematográfico, en las películas Napoleón (1927), de Abel Gance, y La pasión de Juana de Arco (1928), de Carl T. Dreyer.

En 1932 escribió Teatro de la crueldad, manifiesto publicado por la Nouvelle Revue Française en su número 229, donde afirmó las bases de lo que posteriormente será El teatro y su doble (1938), su principal obra crítica, y que junto a Ubu rey, de Jarry, representa la síntesis del drama vanguardista del siglo XX. En su teoría, le asigna al teatro la función de destruir los valores culturales artificiales, impuestos por siglos de dogmatismo racionalista, y propone volver al ritual primitivo para reflejar la verdadera realidad del alma humana y las condiciones en que vive: “el drama de crueldad”.

Entretanto había publicado una colección de ensayos, una novela (Le Moine, 1931) y Heliogábalo o El anarquista coronado (1934). El estreno de su tragedia Los Cenci, inspirada en Stendhal y en Shelley, constituyó un rotundo fracaso (1935) y determinó en el autor el abandono definitivo del teatro. En 1936 se embarcó a México, donde dio una serie de conferencias para luego convivir durante meses con los indios tarahumaras, de cuya experiencia data un conjunto de artículos y notas que dio origen a Viaje al país de los tarahumaras. Volvió a la patria y en 1937, ya con la salud muy quebrantada, hizo un viaje a Irlanda; su extremada pobreza le obligó a abandonar Dublín al poco tiempo. Durante el viaje de regreso sufrió un acceso de locura y, desembarcado en Le Havre, fue internado en el asilo de esta ciudad (1937).

De ahí arranca el penoso calvario del autor: sucesivamente trasladado a varios asilos, fue a parar por fin a Rodez (Aveyron), donde permaneció hasta 1946. Tras diez años de internamiento, lo encontramos de nuevo en París; allí pudo darse cuenta de que no era un desconocido. En efecto, en 1938 había visto la luz una colección de sus ensayos sobre teatro bajo el título de El teatro y su doble, obra cuyo éxito perduraba todavía. La aparición de sus Lettres de Rodez (1946) aumentó aún su prestigio.

Alentado por la viva simpatía de que es objeto, Artaud da a las prensas su gran libro Van Gogh, el suicidado por la sociedad (1947). A continuación vieron la luz diversos textos, en su mayoría publicados después de la muerte del autor: Artaud le Momo, Ci-Git, Vie et Mort de Satan le Feu y Para acabar de una vez con el juicio de Dios (1948). Poeta maldito en toda la acepción de la palabra, Antonin Artaud ganó en cierta manera la inmortalidad con su resistencia al mundo exterior. Visionario cuyos textos queman como el vitriolo, su humanidad está por encima de su obra; ésta hace pensar en los fragmentos de una tragedia perdida.

Autoretrato