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“De eso ya se habla” PoR OsVaLdO BaYeR

 BaNdIdA UrBaNa

" BaNdIdA UrBaNa "

Poco a poco, la ética se está adentrando en la interpretación de nuestra historia. Hace unos días, en el propio salón de actos de la Legislatura de Buenos Aires, se realizó un encuentro en el cual se puso el acento en lo que nos pasó a los argentinos en el tratamiento de los pueblos originarios que viven desde hace siglos en estas tierras. Sí, justo allí. En ese edificio, donde hace muy poco se echó la culpa de todos nuestros males a los “trapitos” y a los “limpiavidrios”, se hizo un análisis histórico y se debatió con total amplitud cómo fueron traicionados los principios de Mayo en nuestra historia posterior, basada en el derecho del más fuerte, en el poder de los dueños de la tierra, en los políticos personalistas, en dictaduras militares cada vez más repetidas, y en el atroz proceder racista contra los pueblos originarios.

Se discurrió acerca de la docencia sobre la base de la Libertad y la Verdad, el respeto a los intereses mutuos, y cómo llegar a eso que repetimos al cantar el himno: “ved en trono a la noble igualdad”. Cómo concretar esas sabias palabras de Esteban Echeverría, escritas en 1837: “Asociación, progreso, libertad, igualdad, fraternidad, términos correlativos de la gran síntesis social y humanitaria, símbolos divinos del venturoso porvenir de los pueblos de la humanidad. La libertad no puede realizarse sino por medio de la igualdad, y la igualdad, sin el auxilio de la asociación o del concurso de las fuerzas individuales encaminadas a un objeto: el progreso continuo. El camino para llegar a la libertad es la igualdad. La Igualdad y la Libertad son los principios engendradores de la Democracia”.

¿Dónde quedó esa democracia un siglo después, con la serie de dictaduras militares que llegaron a su más alto índice de abyección con el sistema de la desaparición de personas y el robo de los niños a sus madres? Es increíble. Del pensamiento de Mayo a la picana eléctrica de Uriburu-Lugones.

Lo que nos caracteriza a los argentinos de lo que hicimos con el Pensamiento de Mayo de un Mariano Moreno, un Belgrano o un Castelli, lo tenemos allí: en la Diagonal Sur. A esos pensamientos libertarios, tan libertarios que emocionan, los convertimos en el bronce para hacer la estatua del genocida Roca. Justo un producto de aquella Década Infame que comenzó Uriburu en el ’30 y prosiguieron los políticos de la hipocresía desmandada: el Fraude Patriótico. Y desde ese momento, Roca, el genocida, nos ha marcado el ritmo a los argentinos: no el “ved en trono a la noble igualdad en Libertad”, sino el latifundio, los niños con hambre y las villas miseria.

Sí, fue en el salón de la Legislatura donde –no por supuesto por parte de los legisladores, claro está (aunque algunos de ellos estuvieron en las primeras filas del público dando su solidaridad con los estudios históricos que allí se debatieron)– se realizó esa fiesta de la libertad de ideas y de opiniones. Comenzó con un prólogo de música de la tierra, con esa música profunda, sencilla, como ecos de trinos de mil aves distintas. Y se leyeron poesías acerca de la tierra y su gente escritas por monseñor Angelelli, aquel obispo mártir, asesinado por los uniformados de turno. Ese obispo, además de luchador inclaudicable de los derechos de la gente de la tierra, los describía en idioma poético. Poesías para recitar al compás de guitarras gauchas, para enseñar en nuestras aulas. Angelelli, cuyo cuerpo quedó tirado en la ruta sólo porque quería la dignidad para toda su gente, la gente humilde, de andar pausado que sabe acariciar a la naturaleza.

Decíamos que hay como un renacer de esa temática en las nuevas generaciones. Por ejemplo, lo notamos en las creaciones cinematográficas. Acaba de editarse Octubre pilagá, un documental de Valeria Mapelman. Es el relato de la investigación sobre la masacre cometida en 1947, en el norte argentino, con los pilagás, un pueblo ancestral de aquellas regiones. Cientos de pilagás fueron asesinados en la forma más brutal por la Gendarmería Nacional. Fue en el segundo año del gobierno de Perón. Jamás se ordenó una investigación del hecho. Hay todavía testigos sobrevivientes de la matanza. Con sus rostros se ocupan las cámaras. Tienen la sabiduría del tiempo y hablan pausadamente, sin levantar la voz. Relatan cómo se los encerró en un lugar conocido como La Bomba y se los baleó impunemente. Los ojos tristes, la voz pausada. Detalle por detalle. La sabiduría que va dejando la vejez y la vida humilde. No hablan de venganza, sí de lo injusto. De la incomprensión. Rostros formados con tierra generosa. Nos llevan al lugar. Sí, allí cayeron hombres, mujeres, niños. Desarmados. A tiro limpio les quitaron la vida, sin poder defenderse. Algunos hablan mientras realizan, lentamente, sus tareas. Sí, allí fue, allí están enterrados. Jamás se nos dio una explicación… nada. Los rostros de los niños, que nos miran.

Pilagás. Agua. Tierra. Manos que trabajan en silencio. El eterno canto de los pájaros, sus llamados, sus colores. Y de pronto, la muerte.

De eso no se habla.

Me vienen a la memoria esas palabras inspiradas en el pensamiento de San Martín, de septiembre de 1822, en que el Congreso Constituyente del Perú se expresó así sobre los pueblos originarios: “Nobles hijos del Sol, amados hermanos, a vosotros virtuosos indios os dirigimos la palabra y no nos asombre que os llamamos hermanos, lo somos de verdad…”.

Otro film documental que acaba de ver la luz es Por el camino del malón de la paz, realizado por Diego Romero y Soledad Berttendorff. Es la historia –investigada por el historiador Marcelo Valko– de 176 coyas que caminaron 2000 kilómetros desde Abra Pampa, en Jujuy, a Buenos Aires, a reclamar justicia por el abuso y la explotación en los ingenios, realizado por los terratenientes, y exigir que se les devuelvan las tierras comunitarias de las que habían sido expulsados, en las que habían habitado durante generaciones. Expulsados por los mismos dueños de todo. Cuando llegan a Buenos Aires, Perón los recibe y tres de los indígenas suben al balcón de la Casa Rosada frente a una multitud. Pero luego fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes –sarcástica ironía–, expulsados y llevados en un tren de carga nuevamente de regreso a Abra Pampa. Luego de 53 años del vergonzoso episodio, quedan todavía cuatro “maloneros” con vida. Y ahí está el relato, más todos los documentos de época.

Se nota en los rostros la injusticia sufrida, que no se ha disipado durante tantos años. Ellos, los hijos de la tierra, vejados por los dueños de esa tierra. Un documental para ver en los institutos de enseñanza y en todos los lugares, para el debate. Los peronistas deben todavía a la ciudadanía una autocrítica por estos dos hechos. Lo mismo que por la masacre de Ezeiza y por las Tres A del “ministro” López Rega. También los radicales deben a nuestra sociedad la autocrítica por las masacres obreras de la Semana Trágica, de 1919, por la represión de las huelgas de peones de las estancias patagónicas, de 1921-22 y por la de los hacheros de La Forestal, del mismo año. Y también los socialistas nos deben una profunda crítica por su apoyo a dictaduras militares, como el caso de Alfredo L. Palacios, que fue embajador en el Uruguay de la dictadura del general Aramburu, y Américo Ghioldi, embajador en Portugal de la dictadura militar de la desaparición de personas.

Esas autocríticas benefician a la democracia. Por algo ha sido que nuestro país tuvo tantas dictaduras militares que interrumpieron gobiernos elegidos por el pueblo. Por los momentos débiles de nuestras democracias.

La misma autocrítica tiene que hacerse nuestra sociedad, mediante la convocatoria de congresos de historiadores, que juzguen nuestro pasado de acuerdo con las normas de la ética, del respeto a la vida y de los derechos de todos. Y así acabar con monumentos y nombre de ciudades de personajes que se basaron en el crimen y en el poder económico.

Pero no nos conformemos con el pasado-actual sino que también vayamos a los problemas del hoy argentino.

Me da mucha pena cuando se persigue a la juventud con encarnizamiento. Relato el episodio: el 19 de mayo del año pasado hubo una protesta de grupos políticos argentinos, en el acto de conmemoración de la fundación del Estado de Israel, por la política de este Estado en cuanto a los palestinos. Ante los gritos y los coros de esos grupos intervinieron la custodia propia israelí y la policía local. Fueron detenidos varios de los participantes de la protesta y se hicieron allanamientos no autorizados. De todas esas intervenciones se solicitó además la captura de Roberto Martino. Debemos decir que Roberto Martino, a quien todos llamamos el Negro, no tiene antecedentes penales y siempre vivió en el mismo lugar declarado. Es decir, se ha llegado a una criminalización de la protesta que es exagerada dentro de las libertades que se debe dar en una democracia. El Negro Martino no hizo ni ostentación de armas ni participó de agresiones. Diversos intelectuales, entre ellos el premio Nobel de la Paz Pérez Esquivel, y la misma organización Apemia, que se organizó para el esclarecimiento de la masacre impune de la AMIA, se han pronunciado a favor del cese de la persecución de Roberto Martino.

Una democracia debe dar libertades a la protesta política, es un derecho de todo ciudadano; claro está, siempre que no se llegue a la agresión ni al deterioro de objetos, como es el caso de aquella protesta en la que estuvo presente Roberto Martino.

La democracia no tiene que temer a la palabra aunque venga en coro de protesta, especialmente de jóvenes que desean ser protagonistas de la vida política de un país.

Esperamos, pues, los amigos del Negro Martino, que de una vez por todas se levante su persecución, así él puede volver a sus estudios y trabajo. Es un pedido también a los miembros de la embajada israelí: un pueblo como el de Israel, que ha sufrido en su larga vida tantas discriminaciones y persecuciones, debería aportar aquí su mano abierta a quien sólo expresó su opinión en un acto público.

La democracia también se funda con generosidad, que en este caso sería verdadera justicia.

na40fo01

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-143649-2010-04-10.html

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Cómo entender a esa rara gente de “pigmento oscuro”

((( Por Norberto Galasso )))

De BaNdIdA UrBaNa

Las incomprensiones y conflictos entre parte de las izquierdas y el peronismo siguen vigentes hasta hoy. Lo mejor del diálogo entre ambas tradiciones nació en los mismos días de octubre de 1945. Los grandes hitos de esa historia.

NoRbErTo GaLaSsO

El Socialismo nace en Europa como consecuencia de las protestas obreras ante la explotación capitalista desarrollada en forma implacable e intensiva desde fines del siglo XVIII. Décadas después, el progreso alcanzado por las ideas en el plano económico, filosófico e histórico permite superar la primera reacción ingenua –el socialismo utópico– y posibilita el surgimiento del socialismo científico. Así, en 1848, se lanza el Manifiesto proclamando que “el fantasma de la Revolución recorre Europa”. Sin embargo, un cuarto de siglo más tarde, el capitalismo ingresa a su etapa superior –el imperialismo – que al explotar colonias y semicolonias, modera el antagonismo de clases en los grandes países desarrollados, en donde el socialismo se vuelve entonces reformista (del rojo al rosado, de Marx a Bernstein).



AlFrEdO L. PaLaCiOs

Este socialismo llega al Plata con los inmigrantes . No nace aquí como consecuencia de la concentración y la revuelta proletaria local –se trata de una semicolonia agropecuaria sin industrias– sino de la difusión realizada en idiomas extranjeros, por los recién llegados que desean continuar en estas tierras la lucha que venían realizando en sus países de origen. Desde el principio, pues, ese socialismo no se encuentra con la clase obrera… porque ella no existe (existen, sí, artesanos y empleados de servicios). No extraña que su dirección política se integre con abogados y médicos y que, aunque hable en nombre de los “obreros”, estos no nutran sus filas. Con el correr de los años, su base social será gran parte de la clase media porteña fuertemente influida por el liberalismo oligárquico de la clase dominante: mitrista en historia, liberal en economía (especialmente libre importadora para consumir artículos baratos), blanca y hasta racista respecto a sus compatriotas mestizos –“oscuramente pigmentados”, según un dirigente conservador– adoradora de la civilización europea o yanqui y enemiga de la barbarie popular y la política criolla.



InMiGrAnTeS EuRoPeOs


Su lucha se centrará en algunas reformas sociales, en el laicismo, el divorcio, el antimilitarismo abstracto y el internacionalismo… en un país dominado por el imperialismo. Así, no distingue entre la causa radical y el régimen conservador, “falaz y descreído” según lo calificaba don
Hipólito. Y así legitima el fraude concurriendo a elecciones. De sus viejas banderas sólo le quedará la influencia sobre algunos gremios no industriales: empleados de comercio (Borlenghi), empleados municipales (Pérez Leirós).



AlIcIa MoReAu De JuStO

Por esta razón, cuando la
crisis económica mundial en los años treinta y luego, la segunda guerra mundial impulsan la industrialización, el Partido Socialista no puede ser cauce político para los nuevos trabajadores industriales, ahora sí obreros, migrantes internos desde lo más profundo de la desocupación del interior del país.



CrIsIs DeL 30


Codovilla y el Coronel. Asimismo, la escisión que constituyó el Partido Socialista Internacional, convertida luego en
Partido Comunista, también se sustenta en sectores medios porteños. Para su desgracia, asume la teoría del “socialismo en un sólo país” predicada por Stalin y se constituye en un partido amigo de la Urss cuya función no es hacer la revolución en el país sino acompañar la política exterior de la burocracia soviética. En 1942, su secretario general Victorio Codovilla sostendrá que hay que “convencer a los obreros que no se debe hacer huelga a las empresas británicas y norteamericanas en Argentina pues ingleses y yanquis son aliados de la Urss”. Sólo podría hacerse a las empresas alemanas pues tienen vínculos con el nazismo, enemigo de la Urss. Así, los nuevos obreros que se acercan al partido se ven defraudados y los camaradas gremiales pierden sus cargos. Sólo Rubens Iscaro logra mantenerse como secretario general porque tiene la suerte de que en el gremio de la construcción (Uocra) los empresarios son alemanes y entonces se puede ser un buen defensor de los trabajadores y al mismo tiempo, servir a la Urss. Los demás, como Muzio Girardi en metalúrgicos, pierden la conducción gremial ya en 1942, cuando se crea un sindicato nuevo: la UOM. También esta izquierda, en nombre del socialismo, va por caminos desacertados y frustrantes.

17 De OcTuBrE De 1945

Los obreros, por su parte, irrumpen en la historia un 17 de octubre de 1945, integrando un
movimiento nacional liderado por un militar. ¿Y la izquierda? Integra la Unión Democrática cuyo principal impulsor es el embajador norteamericano Spruille Braden. Surge entonces el peronismo, un movimiento nacional policlasista nutrido de obreros, clase media de bajos recursos, sectores del ejército y de un empresariado nuevo (hijos de inmigrantes, de capitales nacionales, sin conciencia de burguesía nacional) y sectores de la Iglesia. Los trabajadores industriales participan así en un proceso de liberación nacional: ruptura de los mecanismos imperialistas ingleses y rechazo del avance del imperialismo norteamericano, no ingreso al FMI, deuda externa cero, amplia franja de la economía estatizada, depósitos bancarios y comercio exterior nacionalizados, sindicatos fuertes y avance en conquistas sociales y laborales, política latinoamericanista, pacto social entre CGT y empresarios nacionales. Su líder –Perón– denomina a ese frente como “comunidad organizada” y enarbola tres banderas: Justicia Social, Soberanía Política e Independencia Económica, todo en el marco de relaciones capitalistas, aunque con fuertes perfiles no burgueses.



MoViMiEnTo NaCiOnAl JuStICiAlIsTa


Diez años de gobierno,
bombardeo a Buenos Aires, dieciocho años de proscripción y luego, en el ’73, otra vez peronismo. Y aún hoy. Muchos supusieron que cuando muriese el líder se terminaba, pero no fue así. Y todavía son muchos los que en nombre del socialismo continúan confundidos, sin comprender la naturaleza histórica del peronismo.

SaLvAdOr AlLeNdE Y CaMpOra

Tres preguntas. Sólo un pequeño grupo socialista logró entender desde 1945:
Frente Obrero que calificó al peronismo como históricamente progresivo y se planteó la necesidad, no de incorporarse a él, sino de cabalgar a su lado, como izquierda nacional–según lo habían sostenido los maestros del socialismo para los países dominados– desde una perspectiva independiente en lo político, ideológico y organizativo, para “golpear juntos” al enemigo reaccionario, aunque “marchando separados”. Aunque –y aquí se equivocaron– creyeron que ese frente policlasista no duraría mucho tiempo. Pero estuvieron donde deberían estar porque sabían responder políticamente a estas tres preguntas: ¿quién es el enemigo principal? ¿cuál es la correlación de fuerzas entre el campo popular y el campo oligárquico? y ¿cuál es el nivel de conciencia política de las grandes masas de trabajadores? Son sólo tres cuestiones y todavía sirven para no equivocarse.

JoHn WiLlIaM CoOkE

Desde el peronismo,
Hernández Arregui decía: “Soy marxista y porque soy marxista, soy peronista”. Y Cooke sostenía que en el ’45 “el peronismo fue el movimiento que surgió y triunfó contra todos los partidos, que hizo saltar el esquema de los partidos… No es que la izquierda hiciera crisis: es que era una parte de la superestructura del imperialismo y saltó junto con los demás pedazos… Fue una situación revolucionaria donde los esquemas teóricos no servían. Faltaba una izquierda nacional y ese papel pasó a ocuparlo el peronismo, aunque sin definirse como tal”. Desde el Socialismo, Manuel Ugarte planteó en 1912: “En América Latina el socialismo tiene que ser nacional”. Y el Che también lo entendió y por eso escribió: “La caída de Perón me amargó profundamente” (24/9/1955, carta a la madre). Es una constante que los sectores más combativos del peronismo y la izquierda nacional han tendido siempre a confluir: la más importante construcción política del campo popular y la estrategia hacia el Hombre Nuevo. Por eso, hoy, a América Latina también la recorre un fantasma: El Socialismo del siglo XXI.

LuLa, CrIsTiNa Y EvO

((( http://www.elargentino.com/Content.aspx?Id=67586 )))

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