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“La memoria tergiversada” Por Osvaldo Bayer ..

Osvaldo Bayer

Ya sabemos eso de que en nuestro país muchos sostienen que a la historia no hay que revisarla, hay “que mirar para adelante”. Esa conducta que los argentinos tenemos desde las primeras traiciones históricas a los principios de mayo es una de las causas de la impunidad que tuvieron todos aquellos que se basaron en la palabra “progreso” para cometer crímenes o negociados que nos han llevado a las catástrofes que se produjeron en la democracia por la traición a aquellos principios libertarios que entonamos en nuestro Himno nacional desde 1813: “Ved en trono a la noble igualdad, libertad, libertad, libertad”.

Negar la historia es nada más que un oportunismo circunstancial que, a la postre, se paga. La Historia positiva de los pueblos siempre está basada en la Etica y no en el llamado “progreso”. Vamos a tratar hoy el caso de tres símbolos manipulados por el poder y el oportunismo. Uno de ellos es el gorro frigio de nuestro escudo nacional, que llevaba la marca de Belgrano y que modificó el general Mitre –quien usó y escribió nuestra historia en su provecho–. Es un proyecto que acaba de presentar el historiador Marcelo Valko al Congreso nacional para volver al uso original como uno de los tantos pasos que habría que dar, en este Bicentenario, para retornar al pensamiento de mayo. Dice el historiador en su presentación: “Algunas de las pruebas que evidencian la intención de los revolucionarios de 1810 para integrarnos a la historia americana se encuentran invisibilizadas ante nuestros propios ojos por los ideólogos de la historia oficial, entre los que se destaca Mitre, que calificaba de ‘amalgama extravagante’ la asociación de las antiguas tradiciones indígenas y las nuevas aspiraciones de la independencia y libertad”. Y agrega: “La que es considerada primera bandera nacional fue donada por Belgrano al Cabildo de Jujuy el 25 de mayo de 1813 y lleva pintado el Escudo de la Asamblea del año 1813. En ella figura el verdadero gorro frigio. También subsiste desde ese tiempo un escudo original pintado en madera. Esos dos símbolos que todavía existen –agrega el historiador– son la prueba de un grave delito cometido contra los sueños e ideales de los mejores revolucionarios”. Sí, en esa bandera y en ese cuadro está el verdadero gorro frigio. Y nos explica: “Tomado de la Revolución Francesa que había proclamado Libertad, Igualdad y Fraternidad, el gorro frigio condensaba aquellos ideales integrados en la nueva América. Sin embargo se impone una diferencia fundamental entre el gorro de la Asamblea del Año XIII, adoptado por Belgrano y su homólogo francés. Tanto en aquella bandera primigenia como en el escudo aparece la borla incaica como remate del gorro”.

Qué espíritu profundo la de nuestros patriotas de Mayo. Querían amalgamar los ideales de la humanidad que luchaba en ese tiempo por la Igualdad en Libertad, con símbolos de la tierra americana. Y está allí, en el gorro frigio con la borla incaica. Un espíritu de fraternidad entre los pueblos originarios y los que eran ya hijos de los europeos venidos a estas tierras. Los ideales de una humanidad fraterna pero también con los rastros de las culturas autóctonas.

Y en el proyecto se nos detalla: “La Asamblea del año 1813 confió el diseño del escudo al platero y grabador Juan de Dios Rivera, quien había participado en la rebelión de Túpac Amaru. Refugiado en Buenos Aires, Rivera americaniza el gorro frigio y la Asamblea del año 1813 lo acepta. Es la misma borla que hoy usan los pueblos originarios del Noroeste y del Altiplano como remate de las orejeras de sus gorros. Y Rivera decidió vestirlo de acuerdo con la cosmovisión americana. De esa forma, nuestro escudo surgió al ideario de Túpac Amaru”.

Y eso es lo profundo de quien piensa que no debemos imitar todo aquello que nos viene de Europa o de Estados Unidos. Los llamados liberales positivistas le dieron otra versión a la historia, menospreciando los orígenes mestizos. Y lo dice el historiador Valko en su proyecto: “La amputación experimentada por el escudo para eliminar los rastros americanos no es un tema menor. Los vaivenes heráldicos que siguieron a la eliminación de los principios revolucionarios expresan en última instancia un modelo de país que opta por enquistarse en Buenos Aires en lugar de integrarse al territorio continental”. Y finaliza: “En el Bicentenario es hora de un nuevo descubrimiento, es hora de que regrese la borla incaica al Escudo nacional. Debemos enmendar la amputación ideológica que autentifica la presencia originaria e invisibiliza nuestra pertenencia a Latinoamérica. Debemos restaurar el valor simbólico y de integración continental de nuestro escudo nacional original, tal como fuera diseñado en 1813”.
Sí, volver a lo legítimo y no aceptar correcciones “progresistas” de los que querían demostrar que todos los argentinos somos blancos.
El otro proyecto corresponde a la ciudad de Buenos Aires y a su bandera. La que existe actualmente se debió a la misma que fue iniciativa del concejal radical García Arecha y ya había estado en los deseos del intendente de la dictadura militar de la desaparición de personas, el brigadier Cacciatore. Fue aprobada por el Concejo Deliberante por voto de los radicales y justicialistas y rechazada por el Frente Grande. Por el mismo se aprobó nada menos que la bandera del conquistador Juan de Garay. Tiene la corona de Castilla y León, una cruz sangrienta que representa a la poderosa orden militar y religiosa española de Calatrava, que luchó contra los llamados “infieles” y un águila imperial con cuatro pichones que representan las ciudades fundadas en el Virreinato del Río de la Plata. Por supuesto, el águila lleva la corona de Castilla y León. Juan de Garay expresó que creaba esa bandera “con el fin de ensalzar la Santa Fe católica y servir a la corona de Castilla y León”, entre otros fines.
Cuando fue aprobada, la opinión general fue que los que la apoyaron eran los representantes de la “bandera de Cacciatore”. Y es justo el calificativo, porque esa bandera que tenemos actualmente en nuestra ciudad no refleja de ninguna manera lo que debe ser el emblema de una ciudad, no condice con lo multirracial que es su población y ni siquiera con algunos de los conceptos de los pensadores de Mayo. Por eso los concejales Camps y Naddeo han presentado proyectos para la eliminación de tal bandera que “habla de la lucha contra los infieles y los indígenas”. Y añaden: “El Bicentenario es una oportunidad para instituir una nueva bandera, que respete los principios de la Constitución local que habla de democracia, de derechos humanos y de respeto a la diversidad de la población y a los pueblos originarios”. Por su parte, Camps señala que “es una bandera medieval con símbolos ajenos a los valores actuales de esta ciudad. Una cruz sangrante no se compadece con el criterio ecuménico de esta ciudad”. La diputada Naddeo propone algo bien democrático, que para la nueva bandera se haga un concurso en que participen los alumnos de establecimientos educativos y culturales, así como centros culturales y organizaciones sociales. Esos proyectos serán luego considerados por un jurado en el que estén representantes de docentes de arte, de las carreras de diseño de la Universidad de Buenos Aires, del Instituto Nacional de Arte, de la Sociedad de Artistas Plásticos, de la Comisión del Patrimonio Histórico, de la Junta de Estudios Históricos de la Ciudad, dos representantes de la Comisión de Cultura y Educación de la Legislatura y dos representantes de los ministerios de Cultura y de Educación de la Ciudad. Los diseños seleccionados luego serán exhibidos en el Centro Cultural Recoleta y sometidos a consideración del público, el cual podrá emitir su opinión a través del sistema del voto popular organizado a tal efecto.

Es decir, una forma absolutamente democrática. Porque es seguro que se elegirá el proyecto de una bandera que represente verdaderamente a esta Buenos Aires, con su historia tan discutida, que va de las represiones obreras de Roca a la Semana Trágica de Yrigoyen y a los desfiles militares de las dictaduras. Un proyecto que triunfe sobre la base de aprender de la historia para un porvenir de generosidad.

Nada más que un símbolo, pero una aberración cacciatoriana que hay que lavar, para limpiarnos de las vergüenzas y proponer futuros con ideales.

Todo esto nos lleva a otra realidad. Y voy directamente a la figura de un represor de extrema crueldad que al parecer, con sus “enseñanzas”, está siempre presente en la actualidad argentina. El coronel Ramón L. Falcón, un indigno represor de extrema cobardía. Digo esto último por la matanza que llevó a cabo, siendo jefe de la Policía, en el acto del 1º de mayo de 1909, cuando ordenó primero atacar a tiros, sin aviso, a las manifestaciones obreras que iban a la Plaza Lorea a recordar a los Mártires de Chicago. Una manifestación de más de setenta mil obreros absolutamente pacífica. Luego de las primeras salvas de las armas largas policiales dio otra orden tan cobarde y cruel como la anterior: se ordenó a la policía a caballo que atacara directamente con sables a los manifestantes. Fue una verdadera orgía de sangre. Lo más cruel fue que los obreros en esas manifestaciones llevaban a sus mujeres y a sus niños, porque las consideraban un lugar de encuentro de toda la familia trabajadora. Pues bien: la segunda calle más larga de Buenos Aires sigue llamándose “Coronel Falcón”, desde 1910. Ningún gobernante ha sido capaz de cambiar esa denominación, como lo pidieron los vecinos de Floresta que quitaron el nombre de Coronel Ramón Falcón a la plaza allí existente. No fue oído el pedido democrático de los vecinos. La plaza se sigue llamando con el nombre de ese cobarde genocida. Mucho peor todavía: el instituto donde se forman los oficiales de la Policía lleva el nombre nada menos que de Ramón Falcón. Después no sabemos cómo explicarnos lo del gatillo fácil, esos crueles crímenes que sigue cometiendo nuestra policía en las calles de todas nuestras ciudades. Podríamos nombrar todos los muertos civiles inocentes que fueron muertos por el gatillo fácil de la ley, “primero se aprieta el gatillo y después se pregunta”. Las últimas tristes muertes han demostrado la total impunidad de ese poder que tenemos desde hace muchas décadas y que se mueve con sus leyes propias. Sólo nos queda proponer, como primer paso hacia una política de absoluta responsabilidad con la educación de esos uniformados, la eliminación del nombre del genocida del instituto formador de oficiales, el cambio de nombre a esa calle y, luego, hacer un examen de todos los docentes de esos institutos que, al parecer, hasta ahora sólo les han enseñado a sus cadetes a ser dueños de la vida y de la muerte.

Símbolos. Pero que influyen en la vida democrática. Limpiemos también esa memoria tergiversada.

Adrian Camps
Fuente:

” El DoMiNgO 23 De MaYo ReCiTaL De ArBoLiTo En JuNiN DeSmOnUmEnTaNdO A RoCa “

  • Amigos, por razones ajenas a la Banda, se suspende la presentación de Arbolito en las Jornadas Desmonumentemos a Roca.

    Hace 27 minutos
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ARBOLITO

en las

Jornadas

Demonumentando a Roca

Domingo 23 de mayo

16:00 Hs

Club Los Indios

(Calle Borges Nº 174)

Junin

Pcia. Buenos Aires

http://desmonumentemosaroca.blogspot.com/

” Todos con Bayer … Desmonumentemos a Roca “

Como Ciudadanos, de una Democracia, no debemos soportar un Monumento a un Genocida como el Gral. J. A. Roca. Ese Monumento fue inaugurado por un Gobierno; No Democrático, en la Década Infame e inspirado, por el hijo de ese genocida que era el Dr. Roca, elegido por el denominado Fraude Patriótico.

El Gral. J. A. Roca fue un asesino de miles de miembros de Pueblos Originarios, para dar esas enormes Pampas, a los miembros de la Sociedad Rural. Además aprobó la Ley de Residencia, por la cual se expulsó a miles de obreros italianos y españoles que luchaban por las 8 horas de trabajo y como si fuera poco fue Autor de la primera Represión contra un Acto Obrero el 1 de Mayo de 1904, donde murió el primer mártir del Movimiento Obrero Argentino, el marinero Juan Ocampo. Por eso “Desmonumentemos a Roca”.

Los convoco a que le demos sentido y contenido a todo lo que puede significar para Ustedes DESMONUMENTAR.

Comenzamos con Roca y seguiremos con el resto de los genocidas. Nos espera una larga tarea desmonumentadora por delante.

En el caso de aquellos amigos que se dediquen a las artes gráficas y quieran enviar bocetos para tenerlos en cuenta para una futura publicación los aliento a que las envíen por mail a desmonumentandoaroca@gmail.com  …

El próximo 22 de mayo nos reuniremos en Junin Provincia de Buenos Aires para desmonumentar a Roca.

Espero contar con vos.

http://www.youtube.com/watch?v=izKfQ4G6iCA

“De eso ya se habla” PoR OsVaLdO BaYeR

 BaNdIdA UrBaNa

" BaNdIdA UrBaNa "

Poco a poco, la ética se está adentrando en la interpretación de nuestra historia. Hace unos días, en el propio salón de actos de la Legislatura de Buenos Aires, se realizó un encuentro en el cual se puso el acento en lo que nos pasó a los argentinos en el tratamiento de los pueblos originarios que viven desde hace siglos en estas tierras. Sí, justo allí. En ese edificio, donde hace muy poco se echó la culpa de todos nuestros males a los “trapitos” y a los “limpiavidrios”, se hizo un análisis histórico y se debatió con total amplitud cómo fueron traicionados los principios de Mayo en nuestra historia posterior, basada en el derecho del más fuerte, en el poder de los dueños de la tierra, en los políticos personalistas, en dictaduras militares cada vez más repetidas, y en el atroz proceder racista contra los pueblos originarios.

Se discurrió acerca de la docencia sobre la base de la Libertad y la Verdad, el respeto a los intereses mutuos, y cómo llegar a eso que repetimos al cantar el himno: “ved en trono a la noble igualdad”. Cómo concretar esas sabias palabras de Esteban Echeverría, escritas en 1837: “Asociación, progreso, libertad, igualdad, fraternidad, términos correlativos de la gran síntesis social y humanitaria, símbolos divinos del venturoso porvenir de los pueblos de la humanidad. La libertad no puede realizarse sino por medio de la igualdad, y la igualdad, sin el auxilio de la asociación o del concurso de las fuerzas individuales encaminadas a un objeto: el progreso continuo. El camino para llegar a la libertad es la igualdad. La Igualdad y la Libertad son los principios engendradores de la Democracia”.

¿Dónde quedó esa democracia un siglo después, con la serie de dictaduras militares que llegaron a su más alto índice de abyección con el sistema de la desaparición de personas y el robo de los niños a sus madres? Es increíble. Del pensamiento de Mayo a la picana eléctrica de Uriburu-Lugones.

Lo que nos caracteriza a los argentinos de lo que hicimos con el Pensamiento de Mayo de un Mariano Moreno, un Belgrano o un Castelli, lo tenemos allí: en la Diagonal Sur. A esos pensamientos libertarios, tan libertarios que emocionan, los convertimos en el bronce para hacer la estatua del genocida Roca. Justo un producto de aquella Década Infame que comenzó Uriburu en el ’30 y prosiguieron los políticos de la hipocresía desmandada: el Fraude Patriótico. Y desde ese momento, Roca, el genocida, nos ha marcado el ritmo a los argentinos: no el “ved en trono a la noble igualdad en Libertad”, sino el latifundio, los niños con hambre y las villas miseria.

Sí, fue en el salón de la Legislatura donde –no por supuesto por parte de los legisladores, claro está (aunque algunos de ellos estuvieron en las primeras filas del público dando su solidaridad con los estudios históricos que allí se debatieron)– se realizó esa fiesta de la libertad de ideas y de opiniones. Comenzó con un prólogo de música de la tierra, con esa música profunda, sencilla, como ecos de trinos de mil aves distintas. Y se leyeron poesías acerca de la tierra y su gente escritas por monseñor Angelelli, aquel obispo mártir, asesinado por los uniformados de turno. Ese obispo, además de luchador inclaudicable de los derechos de la gente de la tierra, los describía en idioma poético. Poesías para recitar al compás de guitarras gauchas, para enseñar en nuestras aulas. Angelelli, cuyo cuerpo quedó tirado en la ruta sólo porque quería la dignidad para toda su gente, la gente humilde, de andar pausado que sabe acariciar a la naturaleza.

Decíamos que hay como un renacer de esa temática en las nuevas generaciones. Por ejemplo, lo notamos en las creaciones cinematográficas. Acaba de editarse Octubre pilagá, un documental de Valeria Mapelman. Es el relato de la investigación sobre la masacre cometida en 1947, en el norte argentino, con los pilagás, un pueblo ancestral de aquellas regiones. Cientos de pilagás fueron asesinados en la forma más brutal por la Gendarmería Nacional. Fue en el segundo año del gobierno de Perón. Jamás se ordenó una investigación del hecho. Hay todavía testigos sobrevivientes de la matanza. Con sus rostros se ocupan las cámaras. Tienen la sabiduría del tiempo y hablan pausadamente, sin levantar la voz. Relatan cómo se los encerró en un lugar conocido como La Bomba y se los baleó impunemente. Los ojos tristes, la voz pausada. Detalle por detalle. La sabiduría que va dejando la vejez y la vida humilde. No hablan de venganza, sí de lo injusto. De la incomprensión. Rostros formados con tierra generosa. Nos llevan al lugar. Sí, allí cayeron hombres, mujeres, niños. Desarmados. A tiro limpio les quitaron la vida, sin poder defenderse. Algunos hablan mientras realizan, lentamente, sus tareas. Sí, allí fue, allí están enterrados. Jamás se nos dio una explicación… nada. Los rostros de los niños, que nos miran.

Pilagás. Agua. Tierra. Manos que trabajan en silencio. El eterno canto de los pájaros, sus llamados, sus colores. Y de pronto, la muerte.

De eso no se habla.

Me vienen a la memoria esas palabras inspiradas en el pensamiento de San Martín, de septiembre de 1822, en que el Congreso Constituyente del Perú se expresó así sobre los pueblos originarios: “Nobles hijos del Sol, amados hermanos, a vosotros virtuosos indios os dirigimos la palabra y no nos asombre que os llamamos hermanos, lo somos de verdad…”.

Otro film documental que acaba de ver la luz es Por el camino del malón de la paz, realizado por Diego Romero y Soledad Berttendorff. Es la historia –investigada por el historiador Marcelo Valko– de 176 coyas que caminaron 2000 kilómetros desde Abra Pampa, en Jujuy, a Buenos Aires, a reclamar justicia por el abuso y la explotación en los ingenios, realizado por los terratenientes, y exigir que se les devuelvan las tierras comunitarias de las que habían sido expulsados, en las que habían habitado durante generaciones. Expulsados por los mismos dueños de todo. Cuando llegan a Buenos Aires, Perón los recibe y tres de los indígenas suben al balcón de la Casa Rosada frente a una multitud. Pero luego fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes –sarcástica ironía–, expulsados y llevados en un tren de carga nuevamente de regreso a Abra Pampa. Luego de 53 años del vergonzoso episodio, quedan todavía cuatro “maloneros” con vida. Y ahí está el relato, más todos los documentos de época.

Se nota en los rostros la injusticia sufrida, que no se ha disipado durante tantos años. Ellos, los hijos de la tierra, vejados por los dueños de esa tierra. Un documental para ver en los institutos de enseñanza y en todos los lugares, para el debate. Los peronistas deben todavía a la ciudadanía una autocrítica por estos dos hechos. Lo mismo que por la masacre de Ezeiza y por las Tres A del “ministro” López Rega. También los radicales deben a nuestra sociedad la autocrítica por las masacres obreras de la Semana Trágica, de 1919, por la represión de las huelgas de peones de las estancias patagónicas, de 1921-22 y por la de los hacheros de La Forestal, del mismo año. Y también los socialistas nos deben una profunda crítica por su apoyo a dictaduras militares, como el caso de Alfredo L. Palacios, que fue embajador en el Uruguay de la dictadura del general Aramburu, y Américo Ghioldi, embajador en Portugal de la dictadura militar de la desaparición de personas.

Esas autocríticas benefician a la democracia. Por algo ha sido que nuestro país tuvo tantas dictaduras militares que interrumpieron gobiernos elegidos por el pueblo. Por los momentos débiles de nuestras democracias.

La misma autocrítica tiene que hacerse nuestra sociedad, mediante la convocatoria de congresos de historiadores, que juzguen nuestro pasado de acuerdo con las normas de la ética, del respeto a la vida y de los derechos de todos. Y así acabar con monumentos y nombre de ciudades de personajes que se basaron en el crimen y en el poder económico.

Pero no nos conformemos con el pasado-actual sino que también vayamos a los problemas del hoy argentino.

Me da mucha pena cuando se persigue a la juventud con encarnizamiento. Relato el episodio: el 19 de mayo del año pasado hubo una protesta de grupos políticos argentinos, en el acto de conmemoración de la fundación del Estado de Israel, por la política de este Estado en cuanto a los palestinos. Ante los gritos y los coros de esos grupos intervinieron la custodia propia israelí y la policía local. Fueron detenidos varios de los participantes de la protesta y se hicieron allanamientos no autorizados. De todas esas intervenciones se solicitó además la captura de Roberto Martino. Debemos decir que Roberto Martino, a quien todos llamamos el Negro, no tiene antecedentes penales y siempre vivió en el mismo lugar declarado. Es decir, se ha llegado a una criminalización de la protesta que es exagerada dentro de las libertades que se debe dar en una democracia. El Negro Martino no hizo ni ostentación de armas ni participó de agresiones. Diversos intelectuales, entre ellos el premio Nobel de la Paz Pérez Esquivel, y la misma organización Apemia, que se organizó para el esclarecimiento de la masacre impune de la AMIA, se han pronunciado a favor del cese de la persecución de Roberto Martino.

Una democracia debe dar libertades a la protesta política, es un derecho de todo ciudadano; claro está, siempre que no se llegue a la agresión ni al deterioro de objetos, como es el caso de aquella protesta en la que estuvo presente Roberto Martino.

La democracia no tiene que temer a la palabra aunque venga en coro de protesta, especialmente de jóvenes que desean ser protagonistas de la vida política de un país.

Esperamos, pues, los amigos del Negro Martino, que de una vez por todas se levante su persecución, así él puede volver a sus estudios y trabajo. Es un pedido también a los miembros de la embajada israelí: un pueblo como el de Israel, que ha sufrido en su larga vida tantas discriminaciones y persecuciones, debería aportar aquí su mano abierta a quien sólo expresó su opinión en un acto público.

La democracia también se funda con generosidad, que en este caso sería verdadera justicia.

na40fo01

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-143649-2010-04-10.html

“Debatir la historia, en asamblea”

PoR OsVaLdO BaYeR

Asistí a una asamblea popular que trató algo fundamental pero no importante. (No importante para la gente de bien.) Convocados por el Concejo Deliberante de la ciudad, los vecinos discutieron el cambio de nombre de la calle Ataliva Roca, de Castelar. Una discusión que duró varias horas y donde entró a tallar algo fundamental en la vida humana: la Etica. Sí, una asamblea popular del Gran Buenos Aires discutiendo sobre la Etica en la historia. Ataliva Roca, el hermano de Julio Argentino Roca. Lo hizo célebre Domingo Faustino Sarmiento, quien inventó para el idioma argentino el verbo atalivar. Decía Sarmiento como quien recita un proverbio: “El presidente Roca hace negocios y su hermano ‘ataliva’”. Quería decir cobra la coima. Después del genocidio de los pueblos originarios, comenzará el afiebrado negociado de la tierra pública. La preferida será la Sociedad Rural Argentina, la misma de la actualidad. Su presidente de aquel entonces (1879), el estanciero José María Martínez de Hoz, recibirá del gobierno argentino 2.500.000 hectáreas. Sí, lo repetimos una vez más porque ésa es la verdadera historia argentina. Un poder familiar que se mantuvo durante un siglo ya que ese Martínez de Hoz era el bisabuelo directo del “murciélago” Martínez de Hoz que manejó la economía del país mientras “desaparecían” los díscolos que querían terminar con un poder de siempre pese a los parches históricos que hacían mantener esperanzas y cantitos. Sí, los Roca, el Julio Argentino y el Ataliva, repartieron 41.000.000 de hectáreas conquistadas “para el progreso” por el Ejército nacional con el Remington importado de Estados Unidos. Ocho tiros del fusil a repetición para liquidar a los “salvajes, los bárbaros”, en beneficio de los “civilizados”. El pensamiento de los hombres de Mayo convertido con el Remington en estancias para los nuevos dueños del país. Y la tierra se repartió entre los dirigentes de la Sociedad Rural (fíjese el lector cómo el poder de la tierra se ha mantenido a través de más de un siglo en los mismos apellidos, todos apellidos de las comisiones directivas de la Sociedad Rural en sus distintas épocas): Amadeo, Leloir, Temperley, Atucha, Ramos Mejía, Llavallol, Unzué, Miguens, Terrero, Arana, Casares, Señorans, Martín y Omar, Real de Azúa. Sarmiento, en su artículo de El Censor, del 18.XII.1885, denunciará el gran negociado de los hermanos Roca con la tierra pública. Dice Sarmiento que la Campaña del Desierto “fue un pretexto para levantar un empréstito enajenando la tierra fiscal a razón de 400 nacionales la legua, a cuya operación, la Nación ha perdido 250 millones de pesos oro ganados por los Atalivas, Goyos y otras estrellas del cielo del presidente Roca. Pero si se puede explicar, aun cuando no se justifique, esta medida antieconómica y ruinosa para el Estado, por la famosa Campaña del Desierto, después de que ésta se realizó sin batallas ni pérdidas de ningún género para el gobierno, no hay razón, no hay motivo alguno para que tal empréstito continúe hoy abierto… para los amigos del general Roca, máxime cuando la suscripción se cerró hace ya mucho tiempo. Es necesario llamar a cuentas al presidente y a sus cómplices en estos fraudes inauditos. ¿En virtud de qué ley, el general Roca, clandestinamente, sigue enajenando la tierra pública a razón de 400 nacionales la legua que vale 3000? El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días remite por camadas a las oficinas del crédito público órdenes directas, sin expedientes, ni tramitaciones inútiles para que suscriba a los agraciados, que son siempre los mismos, centenares de leguas. Allí están los libros del Crédito Público que cantan y en voz alta para todo el que quiera hacer la denuncia al fiscal. Al paso que vamos, dentro de poco no nos quedará un palmo de tierra en condiciones de dar al inmigrante y nos vemos obligados a expropiar lo que necesitamos, por el doble del valor, a los Atalivas”. Hasta ahí, Sarmiento. Sí, tal cual. Por ejemplo, las colonias santafesinas de los inmigrantes les fueron compradas a Ataliva Roca. Es decir, Julio Argentino le daba las tierras fiscales a su hermano Ataliva y éste las vendía por supuesto con la ganancia esperada. Todo fue un gran negociado. El mismo Sarmiento lo repitió varias veces (textual): “Quieren que el Estado, quieren que nosotros que no tenemos una vaca, contribuyamos a duplicarles o triplicarles su fortuna a los Anchorena, a los Unzué, a los Pereyra Iraola, a los Luro y a todos los millonarios que pasan su vida mirando cómo paren las vacas”. Los apellidos de siempre. Y más todavía, Sarmiento dirá también en El Censor: “El Ejército no ha servido durante la administración de Roca sino para avasallar las libertades públicas. Ataliva Roca, su hermano, es el proveedor de hace muchos años de los enormes ejércitos y de la armada, a más de las expediciones, guarniciones que se hacen en plena paz”. Y más adelante: “Póngase una cruz negra en el mapa de República, en cada uno de los puntos ocupados militarmente por un miembro de la familia Roca, ligados entre sí por los tentáculos viscosos de Ataliva, y saltará a la vista si el Ejército tiene otra misión en ese momento que la de asegurar el mando y la disipación de los caudales públicos a la familia Roca-Juárez Celman”. Para eso se asesinó a miles de los pueblos originarios y se esclavizó a hombres, mujeres y niños. Y qué servilismo a los Roca demostraron todos los gobernantes que siguieron después. El poder de la tierra dominó. Nadie revisó ese período. Por eso, fue respirar aire nuevo este último jueves en Morón. Los vecinos, sí, los vecinos, en asamblea pública comenzaron a analizar la historia y a promover el cambio del nombre de la calle Ataliva Roca. La asamblea fue presidida por el titular del Concejo Deliberante de Morón, doctor Enrique Louteiro. Y así se aprobaba el pedido de los vecinos Jorge Borelli y Juan Mosca. De Castelar. Juan Mosca es, además, presidente de la Sociedad de Fomento de ese barrio de Morón. Todo se inició en una contratapa de este autor en Página/12, por la cual fui invitado a la banca abierta de la sesión del 25 de octubre del 2007, donde planteé la vergüenza societaria que significaba para Morón tener una calle con el nombre de Ataliva Roca, cuyo único mérito era el de haber sido hermano del general Roca y dedicarse a “atalivar”. Durante una hora me dediqué a demostrar con documentos científicamente históricos el negociado que significó la Campaña del Desierto, además del genocidio. El único mérito que tuvo Ataliva Roca en Castelar fue poseer una propiedad en esa localidad. Una de las tantas posesiones de Ataliva en todo el país. En la asamblea del jueves, la directora del Instituto y Archivo Histórico de Morón confirmó que “no encontramos razón para homenajear a este personaje que no realizó ninguna obra beneficiosa para la comunidad que lo haga merecedor de semejante distinción”. En ese momento se leyó un saludo de la Sociedad de Escritores de La Pampa, que felicitaba a la asamblea por la iniciativa. No olvidemos que una localidad de esa provincia también se llama Ataliva Roca. Luego hablaron los vecinos. Fue emocionante escuchar la sabiduría popular que volcaron. Uno de ellos propuso el nombre de Túpac Amaru, el increíble libertador que murió en el más cruel de los tormentos que registra la historia de la perversión humana, llevado a cabo por los españoles con el apoyo de los obispos y del rey católico de España, como se lo designaba oficialmente. Otro vecino propuso el nombre de un poeta popular de Castelar, escritor de muchos libros al calor del ambiente barrial, otro propuso a Favaloro, una vecina de la calle Ataliva Roca propuso el nombre de Micaela Bastidas, la mujer de Túpac Amaru, la compañera fiel de ese rebelde, a quien primero los verdugos hispanos le cortaron la lengua y luego le cortaron la cabeza, acto que tuvo que ser presenciado por su propio marido encadenado y por el hijo de ambos, de apenas 14 años de edad. Occidentales y cristianos los verdugos. Otra vecina de esa calle propuso el nombre de una Madre de Plaza de Mayo, de ahí, justo del barrio, que salió a la calle valientemente para luchar por la vida de su hijo desaparecido. Luego, un vecino propuso el nombre de Félix Luna. Por último, por supuesto, no faltó la provocación. Un hombre entró repentinamente a la asamblea y con voz altisonante dijo: “Yo estoy a favor de Ataliva Roca porque a mí, él no me hizo nada malo”. Claro, pensé, para él le vendría bien el nombre de Jorge Rafael Videla porque tampoco justo a él, no le habrá hecho “nada malo”, sino todo lo contrario. Argumentos típicos de aquellos hombres y mujeres del espectáculo que han reclamado últimamente más represión. La violencia de arriba para encubrir la violencia del sistema. Para los Roca todo el mal venía de los “salvajes, los bárbaros”, como decía él acerca de los pueblos originarios a los cuales San Martín llamaba siempre “nuestros paisanos los indios” y a quienes Manuel Belgrano, en 1810, les reconoció todos los derechos de los que gozaban los demás habitantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los principios libertarios de Mayo transformados luego por la avidez de los que querían poder y propiedades. Pero la asamblea siguió funcionando y, por supuesto, se habló del dolor que puede significar el cambio de una calle que se llamaba así ya en la niñez de uno, pero todo eso debe ser superado por la Etica. Porque, con el mismo criterio, los alemanes continuarían llamando a las principales calles de sus ciudades con el nombre de Adolf Hitler y los españoles seguirían teniendo los monumentos al detestable y mísero Francisco Franco, pero fueron capaces de voltearlos. Todo un ejemplo la asamblea de Morón. Ahora tendrá que tratar el tema el propio Concejo Deliberante. Sus miembros tienen la palabra. Ojalá sea un paso adelante en nuestra historia. Y se siga su ejemplo. No dejar la historia a los Mariano Grondona o a los Rolando Hanglin que todos los días lanzan sus versiones falsas desde las columnas del diario conservador de siempre. No olvidemos jamás a la Etica, con mayúscula.